Perceval Graells traza su memoria

Traçant memòries, de Perceval Graells
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Inauguración: jueves 2 de junio, a las 20.00h
Hasta el 26 de julio de 2016

Traçant memòries es una mirada al pasado. Todos aquellos primeros recuerdos y vivencias de la vida de Perceval Graells. Es volver a la infancia, a los juegos y a aquellos momentos siempre felices con su familia y amigos. La muestra está compuesta por unas 50 obras, algunas en papel y otras en tela pero todas en técnica mixta (óleo, acrílico, ceras, lápiz…)

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Estos recuerdos son sobre todo del lugar donde nació y pasó su infancia, Alicante y del pueblo de su madre, Tarazona de la Mancha. Por eso hacen referencia tanto al campo y sus viñas como al mar Mediterráneo.

Uno de los recuerdos más antiguos que tiene la artista es dibujar y pintar en una mesa blanca y donde las horas pasaban sin darse cuenta. A través de esta exposición quería volver a sentir esa sensación a través del trazo. Tener esa libertad de trazo que tenía en aquellos momentos.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Años más tarde Perceval Graells ha visto algunas pinturas que guardó su padre de sus primeros años de vida y dice que ese trazo tiene mucho que ver con lo que en esta muestra se puede observar.

Perceval Graells.

Perceval Graells. Imagen cortesía de la autora. 

“Mi mami es 2.0”

¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí
Grafito Editorial
Splash Sagunt Comic Festival
Jueves 11, viernes 12 y sábado 13 de febrero de 2016

Las redes sociales no sólo han atrapado a los jóvenes. Los mayores también se han enganchado lo que tiene inesperadas consecuencias en el ámbito familiar. ¿Qué es lo peor que te puede pasar si tu madre tiene Facebook?

“Que se pase el día comentando asuntos privados en el muro público”, responde Carles Ponsí, autor de un desternillante cómic sobre el tema que acaba de publicar el sello valenciano valenciano Grafito Editorial. “Muchas madres de amigos lo hacen, y es desternillante. Una vez leí un comentario de una que decía ‘Te dejaste el Hemoal en casa’. Glorioso”.

Viñeta de ¡Socorro! Mi madre tiene facebook', de Carles Ponsí. Imagen cortesía del autor.

Viñeta de ¡Socorro! Mi madre tiene facebook’, de Carles Ponsí. Imagen cortesía del autor.

Del clásico mamporro de zapatilla al golpe de ratón. Tu peor pesadilla se hace realidad. Has recibido una solicitud de amistad de tu madre en Facebook. Algo terrible, pero sólo el principio.

Este cómic de 96 páginas ayuda a sobrevivir al nuevo tipo de madre 2.0. Gran experto en el tema, Ponsí aconseja que nunca enseñes a tu progenitora “que existe un botón con el cual puedes ocultar las cosas que no quieres que vea tu familia”, indica.  “En general, mejor dejarles que lo descubran solas. Mi madre hace unos descubrimientos alucinantes. Lo último una web que te selecciona vistas random de Google Street View que es genial”.

¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí. Imagen cortesía del autor.

¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí. Imagen cortesía del autor.

Carles Ponsí adelanta un futuro muy real en el cual el protagonista vive rodeado de familiares que se inician en las nuevas tecnologías y convirtiéndole en un cómodo servicio de asistencia técnica.

“A los mayores les cuesta mucho aprender que Twitter es una red social muy loca repleta de sarcasmos y trolls provocadores”, comenta. “Lo que más disfrutan  es  poner un álbum con 300 fotos de sus hijos y nietos para que lo vea todo el mundo. Un sueño hecho realidad”.

Como antídoto a un posible enganche a las redes, Ponsí recomienda leer cómics. “La adicción se debe en parte en basar nuestro ocio y nuestro contacto social en lo que podemos hacer por la pantalla. ¡Pero eso lo podemos disfrutar más allá! El ocio está por todas partes, las personas con las que hablamos son de carne y hueso ¡Vayamos a encontrarlas! Hay que ver este medio como un complemento, no una parte de nuestra vida”.

Portada de ¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí. Grafito Editorial.

Portada de ¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí. Grafito Editorial.

¡Socorro! Mi madre tiene Facebook es el quinto título que publica el sello valenciano Grafito Editorial. El álbum sale a la venta este mes y se puede comprar en la tienda on-line de la editorial y en las librerías que lo soliciten. El primer comprador se ahorrará gastos de envío y recibirá tres regalos. Una guía indispensable para sobrevivir a los ataques geeks de cualquier miembro de su familia, un póster a todo color,  y una ilustración con su madre en modo hacker. Los que compren el cómic antes del 29 de febrero entrarán en el sorteo de una página original firmada por Carles Ponsí.

La gira de presentaciones y sesiones de firmas  comenzará los días 12, 13 y 14 de febrero, en el stand de Grafito Editorial, durante la celebración de las jornadas de cómic Splash Sagunt Comic Festival.

Mami 2.0.

¡Socorro! Mi madre tiene facebook, de Carles Ponsí. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La Caixa Negra, en memoria de Paco Esteve

La Caixa Negra, de José Carlos Díaz
Realización: Xavier Cortés
Interpretación: Sara Vallés
Producida por On Air en colaboración con Visual Producciones

El título del documental ya encierra la doblez con la que juega José Carlos Díaz, director de La Caixa Negra. “Hace referencia a la cámara oscura de la proto fotografía y a la caja negra de los aviones, lugares donde se guarda la memoria de  nuestra vida”. Fruto de la casualidad, Díaz se encontró en el rastro de Valencia esa caja negra a la que alude la película presentada en la Sala Berlanga de la Filmoteca. Y lo que halló en su interior fueron decenas de fotografías a modo de “fragmentos de vida”, según definió el realizador Xavier Cortés, del compositor de música festera Francisco Esteve Pastor, nacido en Muro (Alicante) y del que se celebra el centenario de su nacimiento.

Fotografía de Lía Delby, a la sazón esposa de Paco Esteve, en una imagen de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Fotografía de Lía Delby, a la sazón esposa de Paco Esteve, en una imagen de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Indagando en esas fotografías, como se indaga en la caja negra de los aviones en busca de respuestas por la muerte acaecida, José Carlos Díaz fue reconstruyendo la vida de Paco Esteve. Lo hace mediante la investigación que en el plano de ficción realiza Sara Vallés. Y lo que se va encontrando, a través de testimonios de musicólogos, amigos y familiares, es con la sorprendente carrera de quien ha compuesto casi un centenar de pasodobles y marchas moras, y uno de los que más veces ha ganado el Primer Premio de Música Festera de Alcoi, para regocijo de sus paisanos de Muro.

Fotografía de Paco Esteve y Lía Delby en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Paco Esteve y Lía Delby en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

La caja negra con todas esas fotografías se perdió posiblemente durante algún traslado a raíz de la muerte de Esteve, según se dice al final del documental. Fotografías entre las que despunta una bella cantante, Lía Delby, a la postre Amalia Cuerda, mujer del compositor. Ella coronaba el grupo musical Los Chicos de España, del que también formaba parte su marido. Juntos recorrieron media Europa y Oriente Medio, traspasando fronteras con su música, de la que se ocupa en el documental Luis Prado (Señor Mostaza). “Queríamos que la música tuviera una importancia total; que no fuera un fondo añadido, sino parte de la historia”, explicó Cortés.

Lia Delby y Francisco Esteve en una de las fotografías de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Lia Delby y Francisco Esteve en una de las fotografías de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

José Carlos Díaz, al igual que hizo Sergi Pitarch Garrido en El último abrazo (nominada a los Goya), rescata del olvido la vida de una persona a partir del azar que supone el hallazgo de cierto material. “Nos deshacemos de lo analógico y, por casualidad, resulta luego un hallazgo de gran valor”. Pura arqueología en plena era de Internet. “Sí, en cierto modo”. El grafitero valenciano DEI también aparece en la película, recreando en una pared la figura de ese arqueólogo de imágenes que viene a ser Díaz. “Ayuda a representarme biográficamente”, subraya el director de una obra que considera coral por la “gran labor de todo el equipo”.

Parte del equipo de La Caixa Negra, durante la producción del documental. Imagen cortesía del autor.

Parte del equipo de La Caixa Negra, durante la producción del documental. Imagen cortesía del autor.

El documental, escrito por Díaz junto a Francesc Picó y producido por la valenciana On Air en colaboración con Visual Producciones, fue seguido en la Sala Berlanga por dos de sus sobrinas y el hijo de Paco Esteve y Amalia Cuerda, Rafael Esteve, que en la película recibe finalmente el legado de esa caja negra de manos de Julia (Sara Vallés). Un legado que, como recordó Remigi Morant, vicepresidente de la Federació de Societats Musicals de la Comunitat Valenciana, sirve de reivindicación de los músicos valencianos: “Todas las bandas no serían lo que son sin gente como Paco Esteve”.

Sentados, Rafael Esteve, hijo de Lía Delby y Francisco Esteve, y Sara Vallés, actriz, en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Sentados, Rafael Esteve, hijo de Amalia Cuerda y Francisco Esteve, y Sara Vallés, actriz, en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

José Carlos Díaz, que durante una veintena de años ha estado vinculado a RTVV, siguió haciendo memoria al desear que La Caixa Negra, también presentada en Muro, “ojalá pudiera emitirse en Canal 9 y que esto fuera pronto”. Hasta que tal cosa suceda, el documental seguirá su curso presentándose a festivales y otras televisiones.

Detalle del cartel de la película La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Detalle del cartel de la película La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

A quién le importa, ya sin entradas en Rambleta

A quién le importa, El Musical, de Jorge Berlanga
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina calle San Pío IX. Valencia
Viernes 25 de septiembre, a las 21.00h.
Entradas agotadas

‘A quién le importa, el musical de Jorge Berlanga’, que hace un recorrido por un buen puñado de composiciones míticas de los años ochenta, se presenta el próximo viernes 25 de septiembre en Espai Rambleta de Valencia. El texto, escrito por Jorge Berlanga y adaptado por Enrique y Yeray Bazo, hace un homenaje a 22 temas que popularizaron en los años ochenta su hermano el compositor Carlos Berlanga junto a Nacho Canut, como ‘Un hombre de verdad’, ‘Cómo pudiste hacerme esto a mí’, ‘El rey del Glam’, ‘Perlas ensangrentadas’ o ‘La rebelión de los electrodomésticos’, entre otros.

El musical es además un reconocimiento a dos de las figures insignes de una época emblemática: Jorge y Carlos Berlanga. Desde el inicio se ha concebido como algo más que un musical, una experiencia única que quiere recuperar el espíritu desenfadado de ‘La Movida’, a través de una exposición de obras gráficas de Carlos Berlanga, vídeos, un bar abierto hasta el amanecer que hace un guiño al famoso Rockola y sobre todo el disfrute de una música excepcional y la palabra de los Berlanga.

Escena del musical 'A quién le importa', de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.

Escena del musical ‘A quién le importa’, de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.

Más de 12.000 personas ya han disfrutado de esta inolvidable obra de Carlos y Jorge Berlanga, que llega por primera vez a Valencia.

Óscar despierta en la cama de un hospital. Delirante y desmemoriado no recuerda cómo llegó allí. Una enfermera singular, Sor Yvonne, le atiende y medica. Entre jeringazo y jeringazo empieza a recordar: nombres de amigos, amores perdidos, lugares, situaciones, cambios frenéticos.

Con estas piezas sueltas comienza a reconstruir el relato de su vida (que lo es, también, de toda una década), pero es un relato narcotizado, surrealista y psicodélico. Un relato que nos hará viajar desde un hospital con monjas de dudosa vocación, hasta un infierno muy particular, pasando por clubes, discotecas, cárceles, freidurías.

Un viaje que nos llevará incluso a compartir mesa y copa con Valle-Inclán, Lorca, Conchita Piquer, Warhol o Dalí.

Escena de 'A quién le importa'.

Escena del musical ‘A quién le importa’, de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.

¿Se puede ligar realmente con gente virtual?

Cómo ligar realmente con gente virtual, por Edu Galán
LN3 de Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Viernes 15 de mayo, a las 20.00h

El psicólogo y co-creador de la revista satírica Mongolia, Edu Galán, llega hoy viernes 15 de mayo a LN3 de Las Naves, para hablarnos de ‘Cómo ligar realmente con gente virtual’. La charla tratará durante el rato que le dejen sobre uno de los principales cambios de la psicología humana en el siglo XXI: el paso de las relaciones inmediatas (cara a cara), propias del XX y los siglos anteriores, a las relaciones mediadas (a través de Internet y, por tanto, de redes sociales), propias de nuestro tiempo.

En las primeras, necesariamente se utilizaba el rol social como elemento comunicativo, mientras que en las segundas nuestra identidad puede ser, además, “subida” (uploaded) en el sistema para ser posteriormente “descargada” (downloaded) por todas aquellas personas que lo deseen.

Galán explicará los procesos subterráneos que se producen durante esta “subida” y “bajada” e ilustrará esto con casos prácticos y muy útiles para la, a buen seguro, emocionalidad a flor de piel de los asistentes. Por último, promete el conferenciante que también habrá posibilidad para preguntas del público e, incluso, para alguna que otra risa.

Edu Galán (Oviedo, 1980) es uno de los creadores de la revista satírica Mongolia. Es psicólogo y crítico de cine en el diario La Nueva España y en la revista Cinemanía y colabora en otras publicaciones como eldiario.es o Rolling Stone. Acaba de publicar el ensayo “Morir de pie. Stand-up (y Norteamérica)” (Ed. Rema y vive, 2014) y ha coordinado el libro colectivo sobre series “Todavía voy por la primera temporada” (Ed. Léeme, 2014), a beneficio de Amnistía Internacional.

CinemaScupe

Y a continuación, a partir de las 21.30h, toda una celebración de la caspa cinematográfica. CinemaScupe es una extrapolación a lo grande del clásico plan de peli mala, amigos y cervezas. Es un paso más allá en la tradición del despiporre a costa de films inenarrables, en el que los espectadores disfrutarán con las ocurrencias de Raúl, Sixto y Bóinez, tres adalides del jijijajaísmo que diseccionarán con su ingenio las peculiaridades de las infamias que se muestren en pantalla para lograr que el público disfrute de películas que en otras circunstancias les provocarían úlceras.

En esta ocasión diseccionarán Troll 2, una película de terror italiana-estadounidense de 1990 dirigida por Claudio Fragasso (bajo el seudónimo Drake Floyd). La película recibió una respuesta negativa por parte de la crítica cinematográfica, siendo denominada “una de las peores películas jamás creadas”. Sin embargo, con el pasar de los años fue adquiriendo el estatus de película de culto, además de una creciente base de fanáticos. Detalles acerca de su producción y su posterior popularidad fueron mostrados en el documental Best Worst Movie de 2009.

Edu Galán. Imagen cortesía de Las Naves.

Edu Galán. Imagen cortesía de Las Naves.

«La vejez es un retorno de la adolescencia»

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Sergi Pitarch, camino de los Goya

El último abrazo, de Sergi Pitarch Garrido
Nominación a los Goya
Mejor Cortometraje Documental

Está nominado a los Goya como Mejor Cortometraje Documental. Pero ‘El último abrazo’, presentado en el IVAC-La Filmoteca, se sigue como si fuera una película de ficción plena de suspense. Sergi Pitarch ejerce de improvisado detective, tras hallar en el interior de un bolso adjudicado por 1€ en una subasta, dos cartas de un hombre que anunciaba su suicidio. El 2 de junio de 1946 dejaría de existir, incapaz de superar los siete años que se pasó en la cárcel de San Miguel de los Reyes y la pérdida de sus seres más queridos.

Fotograma de 'El último abrazo', de Sergi Pitarch, película nominada a los Goya como Mejor Cortometraje Documental.

Fotograma de ‘El último abrazo’, de Sergi Pitarch, película nominada a los Goya como Mejor Cortometraje Documental.

Sergi Pitarch le sigue la pista a esas dos cartas, que tenían como destinatarios el impresor Luis Faure y el pintor Enrique García Carrilero. Del remitente apenas conoce su nombre de pila: Mariano. Lo demás es una incógnita que se remonta a los duros, crueles años de la guerra, primero civil española y después mundial. Pitarch bien pudo tirar esas cartas y ese bolso, tras salir del bar del barrio del Carmen donde se lo adjudicó. Pero no, lo que hizo fue deletrear con pasión ese mensaje suicida y construir una historia que competirá por los Goya en febrero.

‘El último abrazo’ es la forma en que Mariano concluía sus cartas, de ahí el emotivo título de la película. Cartas en las que comunicaba a esos dos amigos, Faure y García Carrilero, su trágica decisión: “Cuando recibas la presente, yo habré dejado de existir (…) Las cosas que me ocurrieron, la muerte de mi mujer, los siete años de prisión, la terrible suerte de mi familia, han roto mi voluntad, mi apego a la vida, mis energías. No tengo ningunos deseos, menos el de morir, es decir, de dejar de sufrir (…) No te impresiones mucho por mi muerte. En Belsen, en otros campos y en la guerra han muerto millones de hombres que valían muchísimo. No se pierde nada cuando se muere un hombre tan insignificante como yo. Recibe el último abrazo”.

Una de las cartas que da pie a 'El último abrazo', de Sergi Pitarch, película nominada a los Goya como Mejor Cortometraje Documental.

Una de las cartas que da pie a ‘El último abrazo’, de Sergi Pitarch, película nominada a los Goya como Mejor Cortometraje Documental.

El trayecto que realiza Sergi Pitarch pone los pelos de punta. Primero se dirige a Madrid en busca de alguna pista de Artes Gráficas Faure. Se las da un viejo librero, enseñándole algunas revistas impresas por Faure y donde aparece por primera vez el nombre de Mariano seguido del apellido Rawicz, que se convertirá en el gran tipógrafo de la España de preguerra objeto de la búsqueda. Tipógrafo de origen polaco que vía Leipzig recaló en Valencia, donde diseñó carteles republicanos.

El famoso carte cerámico Abonad con Nitrato de Chile, cuyo diseño se atribuye a Mariano Rawicz, protagonista de 'El último abrazo', de Sergi Pitarch.

El famoso carte cerámico Abonad con Nitrato de Chile, cuyo diseño se atribuye a Mariano Rawicz, protagonista de ‘El último abrazo’, de Sergi Pitarch.

A partir de ahí, todo va encajando gracias a la pericia detectivesca de Pitarch, que convierte su documental en un trepidante viaje de aventuras y al director en improvisado héroe. Santiago de Chile será la culminación de un trayecto con emotivo final. Allí cundirá la sospecha de que Mariano Rawicz fue quien diseñó el famoso cartel cerámico de Nitratos de Chile, que todavía cuelga en no pocas fachadas y edificios de la Comunidad Valenciana.

‘El último abrazo’ no será, después de todo, un abrazo postrero tan letal. Aún así, la mezcla de intriga policial e insistencia heroica por reconstruir una vida conminada al suicidio no deja de supurar dramatismo y aliento poético. El propio Sergi Pitarch reconoció, al presentar su documental en La Filmoteca, que “era impensable hace un año”. Y que esa insistencia, como la de muchos otros, demostraba que el audiovisual valenciano “está tocado, pero no muerto del todo”.

Fotograma de 'Musarañas', películas producida por Álex  de la Iglesia y Nadie es Perfecto, dirigida por Juanfer Andrés.

Fotograma de ‘Musarañas’, película producida por Álex de la Iglesia y Nadie es Perfecto, dirigida por Juanfer Andrés y Esteban Roel, nominada a los Goya.

De hecho, al tiempo que se presentaba ‘El último abrazo’, lo hacían igualmente ‘La máquina de los rusos’, de Octavio Guerra, con la que competirá en los Goya a Mejor cortometraje documental, ‘Musarañas’, de Juanfer Andrés y Esteban Roel, producida por Álex de la Iglesia y Nadie es perfecto, nominada en cuatro apartados distintos, y ‘La distancia más larga’, de Claudia Pinto, nominada a Mejor película iberoamericana. Todas ellas películas con participación valenciana.

Fotograma de 'El último abrazo', de Sergi Pitarch Garrido.

Fotograma de ‘El último abrazo’, de Sergi Pitarch Garrido.

Salva Torres

El Nombre o esa cena salvaje

El Nombre, de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patellière
Versión de Jordi Galcerán
Dirección: Gabriel Olivares
Con Amparo Larrañaga, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró y César Camino
Teatro Olympia
C / San Vicente, 44. Valencia
Hasta el 25 de enero

Que la violencia nos habita es un hecho mayor de nuestra existencia. No sólo por la implosión terrorista en el corazón del mundo civilizado. También por las numerosas muestras de crispación, a las que basta una chispa para prender un gran incendio. Los ejemplos se multiplican, en prensa, televisión y cine. Incluso en el teatro. Como es el caso que nos ocupa: ‘El Nombre’, de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patellière.

De izquierda a derecha, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró, Amparo Larrañaga y César Camino, protagonistas de El Nombre. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

De izquierda a derecha, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró, Amparo Larrañaga y César Camino, protagonistas de El Nombre. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Lo de menos es la excusa que proporciona ese nombre. Amparo Larrañaga, Antonio Molero, Jorge Bosch, César Camino y Kira Miró (esta última ausente de la rueda de prensa en el Teatro Olympia) explicaron que tal nombre es el de cierta criatura a punto de nacer. Su revelación será el desencadenante de la crispación entre el grupo de amigos reunidos para cenar. “Por el nombre que le van a poner a esa criatura, salen todas las rencillas y trapos sucios”, subrayó Molero.

Yasmina Reza se encargó de esa misma violencia, a raíz de un hecho insignificante, en sus obras ‘Arte’ y ‘Un Dios salvaje’. A esta última se refirió el propio Molero, como referente de ‘El Nombre’. “El detonante es igual de absurdo, pero permite abordar temas como la guerra de sexos, la política, la hipocresía o la lucha social”. De manera que una cena habitual entre amigos se acaba convirtiendo en una batalla campal.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

La referencia a la Navidad también apareció en las explicaciones de los protagonistas de ‘El Nombre’, que se presenta en el Olympia en versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Larrañaga y Bosch se refirieron a ella como esa fecha en la que se reúne la familia y, al igual que sucede en la obra, puede dar lugar a “situaciones conflictivas” y a “gente que explota después de muchos años”. “En el 90% de las familias y amigos nunca se dice nada. Las cosas se retienen y hace falta una tormenta perfecta para que salga todo”, señaló Molero.

‘El Nombre’, según César Camino, “es una catarsis”. La violencia se desencadena, a partir de un comentario en apariencia intrascendente, y vuelve a su cauce tras arrasar una cena cordial. “Habla de las  miserias humanas”, destacó Bosch. “Más cosas no se pueden decir”, reconoció Larrañaga. Seres civilizados, con las necesidades básicas cubiertas, poniendo en solfa la educación recibida por un “detonante absurdo”.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

La obra de Delaporte y De la Palletière, como antes las de Yasmina Reza y tantas otras, no deja de mostrar la violencia que anida en el ser humano, para la cual apenas basta una simple y absurda chispa. “Choca que gente burguesa, o lo que entendamos por burguesa, que defiende la cultura del bienestar, pierda los papeles y se comporte como animales”, indicó Molero. “Es una cena que se sale completamente de madre”, subrayó Larrañaga.

Más que un aviso para navegantes, ahora que las aguas de la democracia vienen turbias, ‘El Nombre’ es la constatación de cuán próximos se hallan civilización y barbarie. “Va de la amistad y de la familia”, y de cómo “amigos que tienen ideologías distintas se terminan desahogando sin más”, insistió Amparo Larrañaga. Y añadió: “Es una función coral, en la que cuentan mucho los gestos y las miradas”. Gestos y miradas como antesala de la violencia desencadenada por un nombre, que los actores prefirieron mantener en secreto.

Una escena de 'El Nombre', versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Cortesía del Teatro Olympia.

Una escena de ‘El Nombre’, versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Cortesía del Teatro Olympia.

Salva Torres