El Festival Marenostrum, ¿cancelado por una “suposición”?

Comunicado de Marenostrum Music Festival
Con motivo de la clausura de su festival por parte de la Generalitat Valenciana
Viernes 8 de julio, 2016

Marenostrum Music Festival, empresa organizadora del Festival Marenostrum previsto para los días 8, 9 y 10 julio en Alboraya, y que fue suspendido por la Generalitat Valenciana a última hora, quiere hacer constar que el escrito de Conselleria “llegó siete meses después de ser solicitado, con el montaje realizado y con dos conclusiones totalmente ambiguas e interpretables”. El martes 12 de julio se abre una mesa de trabajo junto a Mónica Oltra, vicepresidenta de la Generalitat, y un equipo de técnicos en busca de la mejor solución para esta situación que el festival califica como “irresponsable, incoherente e insensible por parte del grupo municipal de Compromís, la Conselleria y el Gobierno valenciano”.

La obligación de Marenostrum Music Festival de anunciar su cierre de puertas el pasado día 7 de julio y a tan sólo unas horas de ser inaugurada su tercera edición está basada en un informe de la Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio “que llega siete meses después de ser solicitado, motivado por una denuncia del grupo municipal de Compromís del 22 de junio y con el montaje del festival ya realizado”. Dicho montaje, continúan diciendo los responsables de Marenostrum, “se llevó a cabo amparado por un informe favorable de la Demarcación de Costas, integrada en el Ministerio de Medio Ambiente, junto con otros siete informes positivos de otras instituciones competentes”.

Informe de la Conselleria. Cortesía de Marenostrum Music Festival.

Informe de la Conselleria. Cortesía de Marenostrum Music Festival.

Los servicios jurídicos de la organización denuncian “las inexactitudes expuestas en el escrito de Conselleria y se preguntan si después de siete meses no hay argumentos más sólidos que una ‘suposición’ acerca del movimiento de tierras que en ningún momento se produjo y una interpretación acerca de que el evento ‘no es conveniente ni necesario’ para la localidad de Alboraya”.

“Este informe llevaba 7 meses sin llegar y se realiza motivado por una denuncia de Compromís, realizada a tan sólo 17 días del evento”, explican fuentes de la organización. Previamente a esta denuncia, fuentes de la Conselleria contestaron al Festival “que este informe no llegaría, y que la Conselleria ‘ni autorizaría ni desautorizaría’, permitiendo así que el evento se celebrara”.

Imagen de la zona del Miracle en Alboraya. Cortesía de Marenostrum Music Festival.

Imagen de la zona del Miracle en Alboraya. Cortesía de Marenostrum Music Festival.

La organización de Marenostrum Music Festival quiere poner en valor la regeneración realizada en la partida de Miracle, lugar en el que se debería realizar en estos momentos el Festival, y de la que han sido retiradas 15.000 toneladas de vertidos, depositados ahora en vertederos autorizados y bajo la supervisión de SEPRONA. Una zona hasta ahora abandonada y que servía como lugar para depositar todo tipo de deshechos de particulares. “Gracias a los más de 60.000 euros invertidos por la organización nos encontramos ahora con una zona apta para el cultivo y totalmente regenerada”, explican.

La actuación de la empresa se centra ahora, junto a sus servicios jurídicos, “en buscar la solución más justa para todas las partes. En este sentido se abrirá el próximo martes 12 de julio una mesa de negociación formada por la organización, la vicepresidenta y máxima responsable de Compromís, Mónica Oltra, y técnicos de las instituciones”.

La empresa no comprende “cómo se ha podido llegar al punto de tener que cancelar un evento que conlleva un impacto económico de 3 millones de euros, generando 500 puestos de trabajo directos y con el apoyo de más de 150 proveedores, gremios como el horchatero, agricultores del recinto y numerosos vecinos perjudicados”.

Por último, Marenostrum Music Festival quiere recalcar su “desagradable sorpresa al comprobar cómo el mismo día que el president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, presentaba su programa paraguas junto a la Agencia Valenciana de Turismo para fomentar el turismo de festivales, dejaba caer al nombrado como mejor festival de la Comunitat Valenciana por la asociación FOTUR, con dos años de recorrido y con un cartel plagado de artistas de primer nivel mundial”, concluyen.

Estado de la zona del Miracle en Alboraya antes de la intervención de Marenostrum. Imagen cortesía de Marenostrum Music Festival.

Zona del Miracle en Alboraya. Imagen cortesía de Marenostrum Music Festival.

El tiempo que hiere de Pilar Pequeño

Huellas, de Pilar Pequeño
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

Pilar Pequeño habla de “tiempos acumulados”. De las “huellas que va dejando el paso del tiempo”. También de “recuerdos y nostalgia” y de cómo la naturaleza se encarga de unir “diferentes instantes del pasado”. Lo dice con una voz mansa, serena, a veces abriendo mucho los ojos cuando una pregunta le llega con escasa nitidez. Los abre entonces como abre su objetivo para captar la luz igualmente escasa que, en muchas ocasiones, penetra débilmente los espacios abandonados que tanto le gustan. Espacios que Railowsky acoge en una exposición de elocuente y atinado título: ‘Huellas’.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

La que fuera hace cuatro años premiada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, manifiesta a través de 17 fotografías su concepción del tiempo, de la naturaleza, de la vida. Nada que ver con la sensación de eterna juventud que prima en la publicidad. Como tampoco tienen nada que ver sus imágenes con esa idea del mundo estable, seguro, razonable, que vive de espaldas a lo real de la corrupción que impone el paso del tiempo. “Intento que mis imágenes sean ambiguas”. Ambiguas, no por dejar de mostrar explícitamente esas huellas del implacable tiempo, sino porque “me gusta que el espectador las sienta a su manera”.

No es lo mismo la impresión que lógicamente le produce a Pilar Pequeño fotografiar el edificio abandonado que fuera colegio de su padre (de ahí “el recuerdo, la nostalgia”), que la que pueda tener el espectador ante un lugar que desconoce. Aún así, esa vegetación que invade las habitaciones, estancias y balcones del caserón de finales del siglo XIX en la que Pequeño deposita su mirada, con sus paredes desconchadas y sus frágiles suelos de madera, impacta por igual. “Es la ausencia y la presencia de la gente que ha pasado por allí lo que conmueve”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Pilar Pequeño tomó fotografías en blanco y negro de ese espacio en 2003 y lo volvió a visitar diez años después con su cámara digital y en color. “Aquí en Railowsky, por razones de espacio, he preferido reunir imágenes de un solo edificio, para no mezclar”. Imágenes que siempre realiza utilizando la luz natural. “No utilizo flash porque falsea la realidad”. Y la realidad que quiere captar Pequeño tiene que ver con esas naturalezas muertas del paisaje, las plantas o los bodegones, con los cuales disfruta disponiendo “la escena lumínica”, que va “tamizando con papeles y plásticos”.

Las ‘Huellas’ a las que se refiere la exposición son el depósito acumulado de ese tiempo fugitivo que la artista persigue como lo hacía Marcel Proust, mediante su célebre ‘En busca del tiempo perdido’, o Antonio López en ‘El sol del membrillo’, la película de Víctor Erice. Huellas de lo real del tiempo que va desgastando las cosas, de la vida que se marchita y, en consecuencia, de su carácter frágil y caduco. Los marcos de puertas y ventanas, por las que penetra esa vegetación y esa luz que Pilar Pequeño modula para evitar el letal reinado de las sombras, son “estructuras geométricas” características igualmente de su obra.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

“Yo he seguido siempre mi camino. He hecho lo que me ha gustado”. Y aunque venda lo justo, “no para hacer una vida maravillosa”, lo cierto es que sus fotografías atrapan esa verdad que escapa a los dictados del simple mercado. La verdad de las huellas que el tiempo deposita en esa vasta naturaleza, esas plantas o esos edificios abandonados. Porque el tiempo hiere, Pilar Pequeño lo que hace es contener su escozor mediante el tratamiento artístico de la luz a punto de ser devorada por las sombras. Como ha llegado a decir la propia artista: “En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, es un permanente mirar hacia dentro”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Déjà vu, imágenes que resuenan

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales
Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado
Universitat Politècnica de València UPV
Hasta el 15 de julio de 2014

Somos y no somos, decía Heráclito, para referirse al río en el que jamás entramos dos veces por igual. Esa misma extrañeza es la que nos provocan ciertas imágenes que juraríamos haber visto antes, sin saber dónde ni cómo ni por qué. Lo cierto es que algo resuena en nuestro interior, por evocación de alguna vivencia pasada en forma de imagen que retorna, y no terminamos de localizar la fuente exacta que nos suscita ese temblor presente. Desubicados, zarandeados por el déjà vu (lo ya visto) que genera esa impresión, dudamos siquiera por un instante del ser al que Hamlet interrogaba en su famoso monólogo.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales agrupa un buen puñado de imágenes con la sana intención de provocar en el espectador esa extraña sensación de lo ya visto y, sin embargo, misteriosamente percibido de nuevo. Ya sea el bravío mar de Alberto Adsuara, la reconocible Ophelia de Marta Blasco, los innumerables rostros femeninos de Javier Gayet, los ventiladores de Irene Pérez Hernández o las Naturalezas muertas de Vanessa Colareta. Todo se muestra idéntico a como lo reconocemos, en tanto elementos de cierta serie de imágenes, para reflejar enseguida esa otra cara extraña del mismo río en el que jamás nos bañamos dos veces.

Serie fotográfica de Javier Gayet en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Serie fotográfica de Javier Gayet en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Que las obras mostradas, todas ellas de reciente adquisición por el Fons d’Art i Patrimoni de la Universitat Politècnica de València (UPV), no se hallen ubicadas en ninguna de sus dependencias públicas y, por tanto, exhibidas por vez primera, le agrega extrañeza al déjà vu propuesto por el comisario David Pérez. Extrañeza que tiene que ver tanto con las imágenes que recuerdan otras imágenes similares, como con aquellas otras cuya puesta en escena ha sido pensada para provocar ese efecto de rara percepción. Tal es el caso de las fotografías de Greta Alfaro, cuya mesa repleta de cálidos alimentos contrasta con el nevado paisaje donde se inserta, para observar después otra (¿la misma?) mesa ya devastada en un paisaje agreste.

Obra de David Ferrando en la muestra 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Obra de David Ferrando en la muestra ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

En el fondo, valga la redundancia por aquello del fondo artístico del que proceden las imágenes, diríase que Déjà vu. Relecturas y discronías visuales alienta cierta desazón motivada por esa interrogación del ser desubicado. Cristina Middel lo acusa en sus fotografías con la representación de dos mujeres asustadas, quién sabe si temerosas de un pasado que amenaza con regresar violentamente o sintiendo miedo por un futuro que inquietantemente se abre. Como se abre el campo por culpa de un supuesto meteorito que David Ferrando muestra como metáfora del engaño. Si la naturaleza no miente, los hombres sí, parece decirnos el artista.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Álex Francés abre un agujero en esa misma naturaleza para mostrarnos en su interior el cuerpo desnudo de un hombre, éste sí extrañamente carnal, frente al ficticio meteorito de Ferrando. Francisco Sebastián cierra el círculo de esa naturaleza, en su mayoría protagonizada por la muerte, con su bosque gris. La relación de ciertos objetos en un hierático espacio interior, obra de Nuria Fuster, y la piel “extraída” de un solar del barrio del Cabanyal en Valencia y luego “estampada” a modo de pieza escultórica, de Patricia Gómez y María Jesús González, configuran dos muestras más de ese espíritu enigmático que provoca el retorno de algunas imágenes. La pieza sonora de Nacarid López, realizada a partir de la resonancia del entorno escultórico de la UPV, no hace más que agregar misterio al déjà vu propuesto.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición 'Déjà vu'. Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Salva Torres

Rebeca Plana, en un lugar de la mancha

Top control, de Rebeca Plana
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Hasta finales de junio

Singular y plena de sentido la frase de Markus Lüpertz destacada en una de las paredes de La Gallera: “Tengo el deseo de la luz, pero estoy en la sombra”. La frase viene a expresar bien a las claras, que en su caso es bien a la sombra, lo que la propia Rebeca Plana muestra en su exposición ‘Top control’, serie de pinturas, algunas sobre colchones, dominadas por el intenso color, el trazo rotundo y las manchas. Singular y plena de sentido porque, al igual que Lüpertz, Rebeca Plana se deja llevar por cierta luminosidad interior, producto de su visceral forma de pintar, para reflejar las sombras de tan febril experiencia plástica.

Rebeca Plana, entre dos de sus obras, en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Rebeca Plana, entre dos de sus obras, en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Notorio, en este sentido, la utilización del colchón como soporte para algunas de las obras expuestas en La Gallera. La propia Rebeca Plana lo explica sin ambages: “El colchón porque ahí nacemos, dormimos, follamos y morimos”. Y por si hubiera alguna duda acerca de su directa forma de expresarse, verbal y plásticamente, agrega: “Me considero visceral. No me gusta la ambigüedad”. La visceralidad de su trabajo procede literalmente del lugar del cuerpo que la artista considera primordial a la hora de crear: “Pinto desde el estómago, más que desde el corazón”. Y a las pruebas hay que remitirse.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición 'Top Control' de La Gallera.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición ‘Top Control’ de La Gallera.

‘Top control’ es una sucesión de obras, pensadas para ocupar el lugar que en su día fue recinto de peleas de gallos, en la que Rebeca Plana expresa su particular lucha con la materia. Una lucha, en cualquier caso, exenta de abismos interiores: “No creo en el pintor atormentado”. De manera que Rebeca Plana, dejándose llevar por las contracciones de su estómago, va soltando gruesas y rotundas pinceladas como expresión de esa visceralidad. Son obras, por tanto, producto más del cuerpo que de la mente; más fruto de los ácidos estomacales que del torrente sanguíneo impulsado por los latidos del corazón.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición 'Top Control' de La Gallera.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición ‘Top Control’ de La Gallera.

Al no ser “pintora de caballete” (Rebeca, dixit), sus obras escapan al control del marco establecido, para expandirse por telas y colchones al modo en que lo hacen los sueños y, puestos a desear la luz encontrando la sombra, las pesadillas. De ahí ‘Top control’: “Yo no lo tengo, pero hay que pararse aquí en La Gallera”. De manera que Rebeca Plana, siempre atenta a esa “primera pincelada”, porque en su opinión “nunca hay una última”, pierde el control dentro de la seguridad de su taller, para terminar volcando tamaña visceralidad en el espacio expositivo que en cada caso ejerce de fin (provisional) de trayecto.

Diríase que a Rebeca Plana le duele el mundo y lo aplaca en sus trabajos mediante “saturación de color” y “manchas fuertes”. Los colchones en posición vertical, explicitando su imposible acomodo tradicional, son objeto de esa visceralidad plástica que deseando la luz se topa con el reino de las sombras. El gesto enérgico, abriéndose paso en la vida, es derroche de caudal en la obra de Rebeca Plana. Fiel a los dictados de su estómago, La Gallera arde en deseos motivados por tan efusivas manchas. ‘Top control’, a la espera de las próximas y siempre primeras pinceladas. La luz no encuentra forma de dar sentido a las sombras.

Dos de las obras de Rebeca Plana, en la exposición 'Top control' de La Gallera.

Dos de las obras de Rebeca Plana, en la exposición ‘Top control’ de La Gallera.

Salva Torres

La esencia de lo femenino a través de la naturaleza

Huellas In-ciertas. La esencia de lo femenino a través de la naturaleza. Exposición de arte colectivo entre cuyos artistas encontramos a Evarist Navarro, María Cukier, Dilena Díaz, Antonio Samo, Chiara Sgaramella, Pilar García-Huidobro, Nuria Ferriol, Julia Casesnoves, Josep Aparici y Estela de Frutos.
Comisaria: Sara Abad Catalán
Gestión cultural: Vanesa Abad Catalán
En la Sala de exposiciones de la Facultad de Sociales
C/ De Albalat dels Tarongers, 0. Valencia
Hasta el 10 de Enero de 2014.

Esta exposición colectiva de arte propone una reflexión y una mirada dialogada en torno al vínculo entre Naturaleza y lo Femenino, entendiendo este último a través de conceptos clave como proceso, presencia, instante, cuerpo, receptividad, ecología, imaginación e instinto. A su vez las conexiones con elementos del entorno natural como paisaje, atmósfera, materiales o biología del medio establecerán claves de interpretación y apropiación de significados ocultos más allá de los valores culturales o sociales asociados. Se busca en este recorrido disociar lo femenino del género, en una sociedad que en muchos aspectos, todavía lo vincula a cuestiones de determinismo biológico.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. 

HUELLAS IN-CIERTAS recoge múltiples significados en sí, que viene a mostrar lo esquivo de esta esencia. Ese mostrar es abriendo, dejando a la vista lo que normalmente se queda oculto en lo visible e interpretando indicios a modo de huellas. (Huellas) refleja la memoria de lo que no está, la presencia de una ausencia, algo que hay que desvelar pararse a mirar, buscar e investigar porque no es evidente a primera vista. (In-Ciertas) apunta a la confrontación que se establecerá entre lo que se destila más allá de lo cultural, político o social, a través de esta mirada de lo biológico enraizado en el medio natural y lo que de hecho la conciencia colectiva construida respecto a lo femenino muestra en sí, despertando así valores que quedan ocultos en las sociedades contemporáneas (In), que a la vez han sido o son negados (In), (Ciertas) por entenderlas como esenciales y formando parte de un todo, e (Inciertas) por la ambigüedad también del concepto en sí, en su afirmación-negación presente en los valores sociales y culturales así como por su presencia en la conciencia subjetiva y psicológica individual en constante cambio y mutación.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier.

De esta manera, se pretende mostrar en estas relaciones con la naturaleza y sus elementos señales que nos aproximen a una de-construcción y posterior re-construcción del concepto de lo femenino para revisar, ampliar o cuestionar los significados atribuidos e independizarlos del concepto de género. Con medios de expresión artística como la escultura, la instalación, la fotografía, el dibujo, el audiovisual y la performance haremos un recorrido por el diálogo propuesto. A este itinerario a través de la obra artística se le añade la voz del pensamiento, la de los mismos artistas, que acompañan su obra con una breve cita propia, que aumentará la conciencia reflexiva en torno al enfoque propuesto.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier.