Historias urbanas: en busca del sitio perdido

Historias urbanas. J. Albert, C. Godella, F. Llop, P. Martínez

Aula Cultura La Llotgeta

C / Plaza del Mercado, 4. Valencia

Hasta el 24 de mayo

Historias urbanas es el título que engloba cuatro exposiciones sin duda atravesadas por ese denominador común, pero bien diferentes entre sí. Historias que acoge el Aula de Cultura La Llotgeta de la Obra Social de Caja Mediterráneo hasta el 24 de mayo. Historias de cuatro artistas: Jaume Albert, Francisco Llop Valero, Pablo Martínez Muñiz y Carme Godella, éste último, nombrando el trabajo realizado por Idoia Calabuig y Ovidi Sambonet. Historias, en suma, que tienen a la sociedad contemporánea como protagonista, centrando su mirada en la alienación urbana y su necesidad de reencuentro con uno mismo.

Podría decirse que esas Historias urbanas se hallan partidas en dos: las que propician por un lado, Jaume Albert y Pablo Martínez, frente a las consideradas por Carme Godella y Francisco Llop. Las dos primeras, poniendo directamente el acento en la extrañeza que provoca la propia ciudad, con sus eventos de masas o su paradójico vaciado en el límite fronterizo entre lo urbano y lo rural. Y las dos segundas, destacando precisamente todo lo contrario: la proximidad facilitada por el encuentro gastronómico y la cercanía del cliente que se aproxima al banco de toda su vida, dejando de lado el paradójico engaño de las preferentes.

Historias urbanas. Jaume Albert. La Llotgeta

Historias urbanas. Jaume Albert. La Llotgeta

Cuatro propuestas que, así, enlazadas, dibujan el perfil del sujeto posmoderno: cada vez más comunicado, merced al imparable desarrollo de la tecnología, y cada vez más aislado, fruto de la incapacidad para establecer contactos reales, de carne y hueso, que la aparente comunicación escamotea. Es decir, un sujeto instalado en el confort y en el placer que la sociedad del bienestar propicia, mientras siente que en esa red de superficiales contactos apenas se reconoce.

Jaume Albert lo hace con su serie Targets, instantáneas tomadas en la distancia y el anonimato que evocan las grandes concentraciones de masas (mítines, acontecimientos deportivos, proyecciones cinematográficas), para revelar esa ficción que, por un lado, nos atrae y, por otro, nos repele. Atracción generada por la pulsión escópica de esos espectaculares eventos que, a su vez, deja la sensación amarga del posterior vaciado a solas.

Historias urbanas. Pablo Martínez Muñiz. La Llotgeta

Historias urbanas. Pablo Martínez Muñiz. La Llotgeta

Los Maximalismos y otras poéticas del espacio invadido, de Pablo Martínez, siguen el rastro de esa contradictoria sensación entre lo pleno y lo vacío, que el artista sitúa en la periferia de las ciudades. Allí donde el ruido de las grandes urbes se confunde con la desolación de ciertos territorios fronterizos desaparece el sujeto, dejando la impresión de espacios abandonados a su suerte, que es la que le aguarda igualmente al individuo que se mueve entre dos aguas.

Carme Godella se interroga por la construcción de la identidad a través de la gastronomía, sin duda esencial para el ser humano. Fuente de placer, desde esas primeras sensaciones extraídas del seno materno, y de dolor, fruto de su carencia, la alimentación provoca sentimientos encontrados que los artistas de Carme Godella despliegan en su obra titulada precisamente Alimentació és paisatge. Un paisaje interior conformado a través de nuestra relación natural y artificial con la fuente alimentaria.

Francisco Llop, desde su despacho de una entidad financiera, pone su mirada en la cercanía de los clientes que a diario le visitan. Paradójica mirada entre lo que se entiende por fría relación con el abstracto dinero y sus empleados serviciales, y lo que Llop Valero transmite con su cámara, que viene a humanizar esos contactos entre cliente y trabajador de una oficina bancaria. De ahí el titulo de su trabajo: Banca personal. Nada que ver con la ficción programada para extraer comisiones del usuario convertido en cifra de cuenta corriente, y más que ver con la antigua relación de la persona que confiaba en la caja de sus ahorros. Historias urbanas, toda ellas, sobre las que merece la pena pensar. Ahí están, las cuatro y de dos en dos, en La Llotgeta.

Salva Torres