‘Moonlight’, un retrato del mundo masculino afroamericano

‘Moonlight’, de Barry Jenkins
Estreno en España: 10 de febrero de 2017

En un país como EEUU, donde la identidad masculina es bastante clásica y casposa en general, una película que cuestione estereotipos viriles con tanta empatía emocional, rompe una lanza contra la homofobia y hacia la comprensión y el acercamiento a una realidad inevitable.

Más allá de lo que pudiera suponer ‘Brokeback Mountain’ en el universo masculino americano, ahora llega ‘Moonlight’, un retrato del mundo masculino afroamericano, que nos emociona y nos conmueve en dosis asumibles al ofrecernos retales de una realidad ineludible -que no se puede evitar, aunque se intente ocultar-. Más allá de ser un largometraje de denuncia, como espectadores nos sentimos parte de lo que supone para el protagonista vivir su realidad en busca de la sexualidad que le defina adecuadamente.

Moonlight. Makma

El director Barry Jenkins (‘Medicine for Melancholy’) reflexiona sobre la identidad, el sexo, la amistad y el amor en este drama ya premiado con el Globo de Oro a la mejor película dramática. ‘Moonlight’ nos muestra el proceso de autodescubrimiento de un joven llamado Chiron (interpretado por tres actores diferentes durante su crecimiento físico), que crece en los suburbios de Miami y que trata de adaptarse durante todo el rodaje a la sociedad de su entorno. Pero el miedo y la presión le obligan a mostrar una virilidad que oprime su verdadero ser.

Naomie Harris (‘Skyfall’) borda su papel y obtiene su nominación al Oscar como mejor actriz de reparto; Janelle Monáe también brilla especialmente, enamorando a la cámara en todo momento, y nos sorprende con su veracidad actoral. Pero esta es una película en la que los protagonistas son hombres: Trevante Rhodes (‘Westworld’), Ashton Sanders y Jharrel Jerome bordan la cinta de Barry Jenkins y la película se convierte en el reflejo de una sociedad (afro)americana, aún pendiente de destapar tendencias alternativas en ambientes poco habituales.

El Festival de Cine de Toronto, la revista Rolling Stone, el Globo de Oro, la crítica en general, alaban el trabajo de todo el equipo de ‘Moonlight’, un filme que se convierte en un clásico desde el primer minuto que uno sale de la sala de proyección. Deseamos que tenga suerte en la gala de los Oscar.

Moonlight. Makma

Neus Flores

 

El collage esquizofrénico de Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Del 3 de julio al 1 de noviembre de 2015

“No pienso en el arte mientras trabajo, trato de pensar en la vida”. Jean-Michael Basquiat (1960-1988). En esa vida que se desprendió de él, por azar o no, con una sobredosis de heroína, a la edad de 27 años. Tristemente demasiado joven para descender al mundo de Hades e incomprensiblemente demasiado joven para que su obra estuviese ya aclamada por la crítica, por los coleccionistas y por artistas como Andy Warhol, Jim Jarmusch, David Byrne, Keith Haring. Recordar que Jean-Michael Basquiat fue el primer artista afroamericano en exponer en el amplio circuito de galerías de prestigio de Nueva York y Europa y que su obra Dusthead, pintada cuando tenía 21 años, fue vendida en 1981 por veinte millones de dólares. En la vida de Basquiat, la muerte y la fama surgieron demasiado pronto, demasiado rápido.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El rizoma

El mundo pictórico de la obra de Basquiat, desde el grafiti hasta el lienzo, se distribuye a modo de rizoma. Múltiples significantes abigarran el espacio creativo.  La letra escrita, los números, el dibujo y el color se amalgaman sin orden, ni ley, ni centro. Frases escritas, fórmulas matemáticas, expresiones médicas, dibujos de animales, de objetos infantiles, de cuerpos fragmentados, a modo de los libros de anatomía, se apretujan en el lienzo junto a dos de sus figuras más significativas de su obra: la corona tricorne, icono de su firma, y los seres trazados con la fisionomía del hombre negro.

La obra de Jean-Michael Basquiat es un collage propio de la escritura esquizofrénica del arte visual posmoderno. Basquiat pinta su obra de mayor raigambre artístico en el auge posmoderno de la década de los ochenta del siglo XX.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo, señala que el collage es un rasgo de estilo de la pintura del siglo XX, sea ésta posmoderna o no; la escritura esquizofrénica, junto con el pastiche, son cualidades estílisticas propias del arte posmoderno. Según este autor, un arte, el posmoderno, que expresa muchos aspectos del capitalismo multinacional, de la sociedad de consumo y mass-mediática. Y una escritura posmoderna que está unida a la experiencia esquizofrénica, entendida ésta como un desorden en el lenguaje donde los significantes materiales pululan aislados, desconectados, discontinuos, sin establecer una secuencia coherente en el tiempo y en el espacio.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La obra de Jean-Michael Basquiat está impregnada de la cualidad de la experiencia esquizofrénica. Los significantes en toda su materialidad explotan en el interior del lienzo fragmentando el tiempo y el espacio y estallando toda posiblidad narrativa.

El sentido artístico de la obra de Basquiat está ahí, en la ruptura temporal y espacial, en la falla narrativa, en la materialidad de lo rasgos infantiles de sus dibujos, de sus colores, de sus letras, de sus números, en la inmensa apertura de la boca y en los desproporcionados dientes de esas figuras de seres cubiertos con las máscaras de la fisionomía del hombre negro, afroamericano.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Bocas tétricas, irónicas, iracundas, impotentes para acallar, a pesar de su majestuosa presencia, el desgarro de angustia que produce la discontinuidad que somos y la continuidad perdida que fuimos y seremos, como señala Bataille en su libro Erotismo.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles