Artur Heras o la pintura como combustible

No Ficción. Artur Heras
Sala Estudi General i Acadèmia
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 18 de septiembre de 2016

Artur Heras, acuciado por la rabiosa actualidad del discurso periodístico, tuvo que aclarar: “No hay temas de actualidad en mi obra; no pretendo hacer crónica puntual”. Gay Talese, al que Tom Wolfe atribuyó el nuevo periodismo que a él le adjudicaban, ya advirtió que para escribir un buen reportaje había que poner mucho cuidado en no imaginar absolutamente nada. Se trataba, dijo, de colocarse en la posición de quien nada sabe de antemano y por eso escucha. Y el emigrante le parecía un buen punto de arranque.

“La razón por la que la emigración es necesaria es porque la gente necesita sentirse un extraño. Eso es combustible, te da energía”. Artur Heras diríase que, siguiendo el ejemplo de Talese, se vuelve un exiliado cuando pinta, atendiendo a la extrañeza que le produce la vida. De manera que su obra, lejos de navegar plácidamente por esa actualidad palmaria, se deja empapar de la extrañeza que produce el tejido mismo de la realidad. “Yo escribo reportajes, y un reportaje no es ficción”, que decía Talese y secunda Heras.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

La exposición ‘No-Ficció’, que ocupa dos salas del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, explora esa ficción que no es tal. El propio Heras lo aclara cuando dice que al igual que la literatura, “la pintura está históricamente asociada a la ficción y en cualquier caso, tanto en las historias inventadas como en la transcripción de un hecho real, esta construcción se hace a través del lenguaje”. Y es a través de él como el artista de Xàtiva pone en tela de juicio los lugares comunes, emergiendo la extrañeza propia de quien se descubre atravesado por esas formas pictóricas.

Las más de 400 obras que integran esa ‘No-Ficció’, y que según Heras bien podrían servir de biografía, parecen construir una red mediante la cual contener cierta energía destructiva. De ahí la presencia de calaveras, de muerte, de esqueletos, pero también de esvásticas, de utopías, de rostros cariacontecidos. “Me interesa la pulsión a la hora de crear”, y cómo “cada proyecto es un modo de viajar por la experiencia, sin un plano para ese viaje”. Algo así como el texto y el abismo, con el que el profesor Jesús González Requena distingue ficción y artificio.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

“La palabra ficción no me gusta. Todas las grandes películas y todas las grandes novelas son verdad. Son verdad subjetiva. Son el resultado del trabajo que le ha permitido a un sujeto sobrevivir. Y que permite a otros sobrevivir porque lo revisitan y lo hacen suyo”. Artur Heras acoge en su obra “las emociones y el laboratorio” mediante el cual recrea ciertas experiencias. De ahí la importancia de las citas literarias como parte intrínseca de ciertas vivencias y que le llevan al artista a emitir cierta crítica: “Eso de que una imagen vale más que mil palabras es una soberana estupidez”.

Y con el lenguaje como único medio de acceder a esa extrañeza de quien emigra hacia territorios siempre nuevos, Artur Heras va construyendo esos espacios de ficción que se comportan como reflejo de experiencias vividas. “Arte y artificio están en el mismo registro. Lo que debe quedar claro es que artificio no es sinónimo de mentira: es sinónimo de construcción humana”, apunta González Requena, como abriendo camino hacia la obra Heras, quien dice “reivindicar el poder de les imatges per transcendir les fronteres de la simple percepció, intentant oferir un antídot a l’excés de missatges que inunda les nostres retines”.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Josep Salvador, comisario de la exposición ‘No-Ficció’, explica que en las propuestas de Heras “hay una defensa del carácter revelador y comunicativo de la emoción, más allá de una lógica reductora y programática: la imagen siempre como símbolo o metáfora. Se trata pues de descifrar y no de la simple efusión lírica”. También: descifrar a partir de las formas efusivas que dialogan entre sí en su obra, y que hacen de sus imágenes un territorio a explorar, ajeno a la profusión de mensajes tan nítidos como atropellados.

La Sala Academia de La Nau reúne una veintena de piezas en torno a ‘Les emocions’, mientras que la Sala Estudi General compendia las relacionadas con el ‘Laboratori’, en una de cuyas paredes se suman 365 + 1 imágenes que vienen a radiografiar el actual año bisiesto en otras tantas emociones. “No se trata de ejercicios formalistas, sino que son trabajos que tratan de describir una significación precisa”, señala Salvador. “Son el simulacro de una experiencia”, añade.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, ofrece un título alternativo de la exposición: “La estética aumentada”, refiriéndose a la realidad aumentada tan en boga ahora. Sin embargo, la ‘No-Ficció’ de Artur Heras, en tanto espacio donde múltiples formas combaten entre sí en medio del mundanal ruido, ya parte del aumento que provoca la extrañeza. El artista fija su atención en algo que le conmueve y, a partir de ahí, crea formas que le permitan sobrevivir. En este sentido, Heras, como Talese, se colocan siempre del lado de quien no es el conquistador o el poderoso, sino de quien siente la fragilidad del ser humano.

“La práctica de la pintura es solitaria”, dice. Y en esa soledad ha producido en tres o cuatro años el 90% de la obra inédita que muestra en La Nau. Obra en la que también subyace la idea de memoria “existencial o de ocultamiento de la misma”. Historia e intrahistoria, que diría Unamuno, de esa memoria que vuelve a luchar contra el olvido o los lugares comunes. “Hay mucho de memoria, de cuestionamiento acerca del sentido de la vida”.

Artur Heras, en medio de la vorágine de las presentaciones y las ruedas de prensa, recuerda lo que apuntó el compositor ruso Dmitri Shostakóvich, cuando en plena Guerra Mundial, sitiada Leningrado, hablaba de las emociones que le llevaban a seguir creando sinfonías en medio del horror bélico. He ahí el combustible, sin duda producto de la extrañeza, del que hablaba Talese y del que Artur Heras se nutre para construir la ‘No-Ficció’ que hasta mediados de septiembre se mantendrá en La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Salva Torres

Marat-Sade, teatro de auténtica locura

Marat-Sade, de Atalaya
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Única función: sábado 4 de junio, a las 20.30h

“Es uno de los grandes textos del teatro universal”, dice Ricardo Iniesta, director de Atalaya. Lo cual justifica sobradamente su elección como parte del repertorio de la compañía sevillana. Si a eso le añadimos el hecho de que durante cinco décadas jamás ha llegado a Valencia el Marat-Sade de Peter Weiss, la sola representación en Espai Rambleta el próximo sábado adquiere rango de solemnidad. Algo, sin embargo, ajeno a cuanto ocurre en la obra que describe el choque de caracteres entre el colectivista Marat y el individualista Sade, en el marco de los años posteriores a la Revolución Francesa. Allí donde la solemnidad deja paso a la sordidez.

Pasados más de 200 años desde que Marat fuera asesinado por Charlotte Corday, en el tumultuoso contexto revolucionario, lo cierto es que la obra posee una absoluta actualidad. “Más actual no puede ser, porque se habla de desigualdad, de corrupción, de ir contra los banqueros, los oligarcas, los políticos incompetentes; algo que en Valencia habéis sufrido especialmente”, señala Iniesta. Un espectáculo que dadas las personalidades enfrentadas requería de actores en su madurez. “Es el más difícil que ha afrontado Atalaya y el más extenuante para los actores por su nivel de voltaje, de energía, de compromiso”.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“La obra obliga a los actores a un sobreesfuerzo tremendo”

En este sentido, Iniesta comenta que es “cinco veces” Así que pasen cinco años, la obra con la que Atalaya ha estado en el Teatro Valle Inclán de Madrid, porque “requiere un sobreesfuerzo tremendo”. De ahí la necesidad de “actores muy consolidados”. Se da la coincidencia, además, de que se cumple el centenario del nacimiento de Peter Weiss, lo que termina por convertir Marat-Sade en un espectáculo de “rabiosa” actualidad. Rabia que en el escenario obliga a “darlo todo”.

El título original, con ser largo, resume la acción: La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade, que Weiss acortó a Marat-Sade. Y es que la obra tiene lugar en esa casa de salud mental donde Sade utiliza a internos para representar un hecho de la Revolución Francesa. Teatro dentro del teatro, para poner en escena “el choque entre el individualista exacerbado que es Sade y Marat en tanto representante de las ideas colectivistas que llevaron a la revolución”, explica Iniesta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Más peligroso que el mesianismo es la religión del dinero”

De nuevo, la actualidad. “Esas ideas colectivistas están ahora muy de moda”. Aunque el director de Atalaya subraya que el Marat “más humanista” termina siendo superado por el Sade “cínico, que defiende la destrucción del mundo por el individualismo feroz del hombre”. Hannah Arendt en ‘Sobre la revolución’ dice que “los tiranos se elevan al poder gracias a la ayuda de los pobres o pueblo llano”. ¿Es tan peligroso el mesianismo de ciertos líderes? “Eso es muy peligroso, pero bastante más peligroso son los dictados de la religión y, sobre todo, de la religión del dinero, de aquellos que no quieren que nada cambie”, sostiene Iniesta.

El Marat-Sade que llega a Espai Rambleta viene precedido del éxito cosechado en aquellas ciudades por las que ha ido pasando. “En Barcelona fue toda una catarsis, con el público gritando enfervorizado. Lo mismo que en Málaga, Valladolid…El público la verdad es que ha reaccionado muy cálidamente a nuestra propuesta”. Más que cálidos se muestran los personajes interpretados por Jerónimo Arenal (Marat), Manuel Asensio (Sade), Silvia Garzón (Corday) y Carmen Gallardo (narradora), cuyo papel como maestra de ceremonias “es fundamental” y de quien dice que no se ha llevado el Premio Max “porque no es de Madrid”.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Carlota Corday sería ahora como Marie Le Pen”

De las numerosas versiones de la obra de Peter Weiss, Iniesta dice haber aprendido “por dónde no ir”. Salvo el trabajo de Adolfo Marsillach en 1968, lo que supuso el estreno de Marat-Sade en España, ningún otro le ha aportado algo que no sea para perfilar a su manera los personajes. “A Carlota Corday la he visto en general muy ñoña, cuando era una tipeja peligrosa y llena de fuerza”. Por situarla en la actualidad, sería una mujer “en la extrema derecha, como Marie Le Pen”. Y añade: “Una mujer de los girondinos que defendía postulados reaccionarios y que quería cargarse la revolución”. De ahí el asesinato de Marat, que en pintura inmortalizara Jacques-Louis David.

De Sade tampoco ha encontrado Iniesta en otras obras el personaje que buscaba. Al final ha sido su propia investigación y búsqueda, mediante más de 100 ensayos, las que han ido decantando al maestro del sadomasoquismo. “Quien ha representado la locura y el sadismo no puede aparecer como un gran orador refinado”. El coro o cuarto estado es otro de los protagonistas indiscutibles del Marat-Sade de Atalaya. “El primer estado es la aristocracia, el segundo, la religión, el tercero, la burguesía, y el cuarto, el pueblo”, que viene a “equilibrar la balanza entre Marat y Sade”, explica el director.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Sade termina comiéndose a Marat”

Siendo Peter Weiss, a juicio de Iniesta, “partidario de las ideas de Marat, con el tiempo se fue radicalizando, al contrario de lo que sucede con la gente que se va haciendo mayor”. De manera que la “fuerza de Sade termina comiéndose a Marat, más apocado”. El individualista extremo aplastando al humanista moderado, en lo que bien pudiera constituir otra lección de vigente actualidad. “Esa idea de apocalipsis está sin duda sugerida”. E Iniesta cita ‘La estética de la resistencia’, en la que Peter Weiss revisita Marat-Sade para establecer esa relectura de su propia obra.

“La pobreza, no la carencia, es abyecta porque coloca a los hombres bajo el imperio absoluto de los cuerpos, de la necesidad”, recoge Arendt. Y los cuerpos están muy presentes en la obra de Atalaya. Cuerpos a punto de ser embalsamados, envueltos en mortajas. “Las grandes telas blancas que forman parte del tejido escénico dan esa idea de sábanas, mortajas, telones, columnas, que aluden a lo que sucede en los baños del hospital de Charenton”. Un teatro de locura en tiempos de revolución que alcanza a nuestros días. Todo ello en Espai Rambleta en una sola función que puede ser memorable. Como memorables son Marat y Sade en un pulso plenamente actual. Rabiosamente actual.

Ver la noticia en ARTS de El Mundo Comunidad Valenciana

Escena de Marat-Sade, de Atalaya.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Salva Torres

“Relatos para museos”. Claves de participación

Libro Museo4

Fotografía. Cortesía de Margarita Berlinchón.

El escritor turco Orhan Pamuk defendía recientemente un concepto humano del museo como espacio donde se hable de los individuos, olvidados entre los grandes escaparates de las civilizaciones y los pueblos. En su manifiesto, Pamuk subraya la riqueza de la experiencia individual como expresión narrativa de la sociedad. En este sentido, cada vez hay más propuestas que analizan la interactuación de los espectadores en los museos y su sentido dentro de los discursos.

Nos hacemos eco de la reciente presentación del libro Relatos para museos. Museos para relatos. Narración digital y museos científicos inclusivos: un proyecto europeo.

La publicación revisa cómo hacemos llegar el mensaje del museo a los públicos y tiene como finalidad abrir nuevas formulas para interactuar con colectivos que nunca antes habían tomado parte en las actividades de estos centros. La base fundamental se apoya en los trabajos participativos con medios sociales y su resultado, como comprobamos al leer el libro, desarrolla un consenso sobre los valores en común y el sentido de la democratización del museo en la actualidad. La edición es fruto del proyecto Dialoguing Museums for a New Cultural Democracy (DIAMOND), formado por un equipo de profesionales de los museos de ciencias europeos, principalmente de Italia y Rumanía, y con la única representación española del Museo de Ciencias Naturales de Valencia. Su directora, la museóloga Margarita Belinchón, nos abre las puertas de todo el proceso para conocer mejor el contenido de la publicación, que se acompaña de un CD con las grabaciones de los testimonios en los tres países.

 

Pregunta: Después de este proyecto ¿has descubierto que el museo todavía es muy selectivo?

Margarita Berlinchón: Efectivamente, los museos siguen siendo selectivos. Nosotros procuramos que lo sean cada vez menos. Procuramos hacer el Museo accesible a colectivos de personas que hasta ahora no se podían plantear ir a un museo por limitaciones físicas o de cualquier otra índole. Nuestro objetivo es eliminar las barreras que impiden acercarse a los museos sin ningún tipo de cortapisas. Y no hablo sólo de barreras físicas, también se trata de eliminar las barreras intelectuales, que son más sutiles, pero que impiden que el gozo del conocimiento pueda llegar a la mayoría de los potenciales usuarios.

 

P: Decía el antropólogo y lingüista Gregory Batenson que “los seres humanos piensan mediante historias… incluso sueñan historias”. Todo organismo o sistema, es el resultado de una. “Desde las nuestras personales, hasta aquellas pertenecientes a los bosques de secuoyas o anémonas de mar” ¿Son los museos de ciencias los mejores lugares para contarlas?

M.B.: Claro que sí. De hecho, todos los Museos narran historias, que en este caso, es la Historia Evolutiva.  La Tierra  y los seres vivos que hoy la habitan son el resultado de miles de millones de años de cambios, extinciones y surgimiento de nuevas especies, en definitiva,  la Historia de la Vida.

 

P: El grupo mayoritario con el que habéis trabajado se compone de ciudadanos en riesgo de exclusión social. Contar historias personales, además de alimentar los archivos, ¿funciona para sentirse parte de un museo? Es decir, ¿la narración digital es una buena herramienta de inclusión y de acceso a la cultura?

M.B.: Es una interacción. De hecho, la mayor parte de las historias no son triviales. Hablan de formas de vida, de fragmentos de biografía que son útiles para el mejor conocimiento de la sociedad. Vemos como la transversalidad tiene fiel reflejo en este tipo de actuaciones en que la etnografía, la sociología y, sobre todo, el conocimiento empírico, además del registro documental de la experiencia, forman parte del patrimonio inmaterial, que es preciso preservar, como también recoge, incluso, la legislación vigente. Los usuarios disfrutan de la experiencia. Nosotros hacemos con su memoria un archivo de conocimiento, que en muchos casos, puede perderse para siempre en el caso de que estas personas desaparezcan.

 

P: ¿Qué experiencias con los diferentes participantes del proyecto destacarías? Creo que no es la primera vez que has trabajado personalmente con grupos de exclusión.

M.B.: Todas las experiencias han sido muy gratificantes. Hemos trabajado con colectivos muy dispares, como jóvenes reclusos en el centro Penitenciario de Picassent, con usuarios del Área de Salud Mental de los Hospitales públicos, con enfermos terminales, con niños hospitalizados con problemas oncológicos, y últimamente, con personas mayores de una residencia.

Desde siempre hemos realizado talleres en el Museo, a petición de los usuarios, en que poníamos a su alcance materiales reales para que pudieran ser tocados, observados de cerca y manipulados. Nos dimos cuenta de que transportar los materiales que usábamos en estos talleres era fácil si encontrábamos un contenedor adecuado. De ahí surgieron las maletas didácticas del Museo, una especie de Museo ambulante que llegaba a los colectivos que no pudieran venir al Museo y lo solicitaban. Cada experiencia, lógicamente, tiene un protocolo distinto, pero en todas ellas hemos conseguido despertar el interés provocando la curiosidad y el entusiasmo por el descubrimiento. Es realmente espectacular descubrir, por ejemplo, cómo es el ojo de un insecto a través de un microscopio o tocar un hueso real de dinosaurio. Desde ahí se llega al deseo de saber más. Eso es la base de la investigación científica.

 

P: Por lo que describe el libro, el resultado de la investigación ha derivado en una especie de intercambio de buenas prácticas entre los educadores y responsables técnicos de los museos integrantes en el proyecto. Después de esta experiencia, ¿qué medidas iniciareis para mejorar la relación de vuestros museos con la ciudadanía?

M.B.: Creemos que es preciso diseñar un discurso expositivo imaginativo, incluso divertido, con un lenguaje accesible y visual que resulte muy atractivo, con espacios reales de interacción entre el usuario y el Museo. Un museo científico tiene que hacer de correa de transmisión desde los espacios en que se crea el conocimiento (centros de investigación) y los ciudadanos que costean con sus impuestos la labor de los investigadores.

 

P: Llegados a este punto, la pregunta sería ¿y ahora qué…? Cuál es el siguiente paso del trabajo. ¿Será aplicado a otros museos y otras ciudades?

M.B.: Pues, como siempre, depende del interés que este tipo de actuación suscite en las instituciones, y de que se articulen los mecanismos, tanto de personal especializado como de presupuesto para llevarlo a cabo. En este caso, hemos trabajado con un presupuesto muy escaso, pero eso se ha compensado con la gran calidad profesional de los realizadores. De hecho, la mayor parte del éxito del proyecto ha sido gracias a la competencia de Sandra Illobre, especialista en Museología científica y Didáctica de la Ciencia.

 

P: Pamuk afirma que “el futuro de los museos está dentro de nuestras casas”.

M.B.: Lo suscribo totalmente.  En nuestras casas es donde se desarrolla la mayor parte de nuestra biografía. La base de nuestra historia está en la vida cotidiana, con hechos que casi nunca pasan a los libros,  pero que son los que conforman la esencia de la sociedad. Es verdad aquella máxima de que “somos lo que somos porque fuimos quienes fuimos”.  Si perdemos la memoria, perdemos, no sólo la identidad, sino la perspectiva de futuro. No podemos adelantar sin mirar el retrovisor.

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Fotografía.Cortesía de Margarita Berlinchón.

Maite Ibáñez

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 La publicación puede consultarse públicamente y descargarse de forma gratuita a través del enlace:

http://www.diamondmuseums.eu/downloads/Handbook-Spanish.pdf

El Mediterráneo de Xavier Mollà

Correspondència amb Mediterrània, de Xavier Mollà
Becats Alfons Roig 2013: Jesús Herrera y José Luis Cremades
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 8. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM) acoge la exposición Correspondència amb Mediterrània del fotógrafo Xavier Mollà y Becats Alfons Roig 2013: Jesús Herrera y José Luis Cremades.

Correspondència amb Mediterrània es la primera obra individual que el fotógrafo Xavier Mollà presenta en un museo valenciano. “No es una retrospectiva, no narra la crónica de la actualidad, es una utopía, convencida, para demostrar que en cualquier lugar podemos convivir, porque nos entendemos a pesar de las diferencias religiosas y de los intereses”, afirmó el propio fotógrafo.

Paco Molina (izquierda) y Xavier Mollà, en la exposición 'Correspondència amb Mediterrània'. Imagen cortesía del MuVIM.

Paco Molina (izquierda) y Xavier Mollà, en la exposición ‘Correspondència amb Mediterrània’. Imagen cortesía del MuVIM.

La exposición de Mollà es un trabajo iniciado hace 25 años cuyo resultado final se muestra en el MuVIM, acompañada de un catálogo de gran formato donde colaboran literariamente Ricard Huerta, que a su vez comparte comisariato con Ximo Company, Emilio Garrido y el propio artista de Ontinyent. También hay un documental en torno a la obra del Mediterráneo, donde Garrido y Mollà ofrecen sus impresiones en torno al Mediterráneo. El audiovisual es obra de Josep Escrivà, Carlos Ripollés y Albert Sanz, y la música de Marta Espinós.

Fotografía de Xavier Mollà en la exposición 'Correspondència amb Mediterrània', en el MuVIM.

Fotografía de Xavier Mollà en la exposición ‘Correspondència amb Mediterrània’, en el MuVIM.

La Sala Parpalló exhibe la obra contemporánea de los becados Alfons Roig 2013: Una cosa enorme de José Luis Cremades, y El paisatge al nou Occident de Jesús Herrera. La exhibición de ambas muestras es un homenaje al padre Roig, cuyo legado está depositado en la Biblioteca del MuVIM.

La apertura de ambas propuestas congregó a numerosos representantes del mundo cultural y político valencianos como la vicepresidenta de la Diputación, Maria Josep Amigó, el diputado de Cultura, Xavier Rius, la vicepresidenta de Les Corts, Carmen Martínez, la concejal de Acción Social del Ayuntamiento de Valencia, María Oliver, Carmen Alborch, Romà de la Calle, los diputados provinciales Josep Vicent Bort, Bartolomé Nofuentes, Modesto Martínez y Beatriz Simón, el escritor Ferran Torrent y el director del MuVIM, Paco Molina.

Fotografía de Xavi Mollà, de la exposición Correspondència amb Mediterránia, en el MuVIM.

Fotografía de Xavi Mollà, de la exposición Correspondència amb Mediterránia, en el MuVIM.

 

El Rey Lear, en una residencia de ancianos

Olvidando a Lear, de Mariola Ponce
Festival de Talleres de Teatro Clásico
Sala Russafa
Sábado 20 y domingo 21 de junio de 2015, a las 20.00h

El Festival de Talleres de Teatro Clásico de Sala Russafa, que del 5 al 28 de junio programa nuevos acercamientos a obras y personajes clave en la historia de la literatura, acoge esta semana Olvidando a Lear (20 y 21 de junio) una interesante propuesta escrita y dirigida por Mariola Ponce que parte de El rey Lear y que es fruto del trabajo realizado con alumnos del Centro de Artes Visuales del Puerto de Sagunto.

«Cuando estábamos buscando ideas para el espectáculo, nos encontrábamos con noticias de personas que con su comportamiento y sus decisiones habían hecho mucho daño y nos preguntábamos qué sería de ellos cuando se hicieran mayores», recuerda Ponce, «nos interesaba plantearnos cómo reacciona alguien que ha sido malvado y que, con la edad, empieza a necesitar de los demás».

Cartel de la obra 'Olvidando a Lear, de Mariola Ponce. Cortesía de Sala Russafa.

Cartel de la obra ‘Olvidando a Lear, de Mariola Ponce. Cortesía de Sala Russafa.

Con este punto de partida, Ponce traslada a Lear, el famoso villano creado por Shakespeare, a una residencia de ancianos, a mediados del siglo XX, donde el alzhéimer le hace olvidar por momentos su crueldad, el daño que ha hecho, lo injusto que ha sido en el reparto de sus bienes… Y con el olvido, con su olvido, ¿ha de llegarle el perdón?

Cordelia aparece como una enfermera y el Conde de Kent se convierte en Dr. Kent, mientras que el protagonista se presenta como un hombre hecho a sí mismo, un déspota empresario que alterna episodios de lucidez y demencia, carcomida su memoria por la enfermedad y la vejez. Una versión que demuestra cómo los personajes creados por el maestro inglés pueden existir en cualquier época y contexto.

Tres alumnos que durante meses han profundizado en las técnicas interpretativas dan vida a este acercamiento al clásico de Shakespeare, absolutamente novedoso, que plantea un dilema en torno al valor de la palabra, el recuerdo y la condescendencia.

Futuras grandes estrellas

La programación del festival se completa esta semana con la demostración del Taller de Teatro para Niños que imparte la actriz y docente Amparo Vayà en Sala Russafa. Sus pequeños intérpretes suben a las tablas del centro cultural para contar la historia de ‘Una casa monstruosa’, una pieza terroríficamente divertida, escrita y dirigida por la propia Vayà.

Las futuras estrellas dan vida a seres espeluznantes, pero muy familiares, que viven situaciones hilarantes y sufren continuos enredos domésticos. Una propuesta para disfrutar con los monstruos de la casa de la que se realizará una única función el 21 de junio a las 12h, con un precio de 3€. Para el resto de la programación del festival se ofrece la posibilidad de disfrutar de los espectáculos con entradas simples (6€) o mediante un abono para cuatro representaciones a 18€.

Imagen de 'Olvidando a Lear', de Mariola Ponce. Cortesía de Sala Russafa.

Imagen de ‘Olvidando a Lear’, de Mariola Ponce. Cortesía de Sala Russafa.

La selección de García-Alix en ARCO

Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix
ARCO Madrid 2015
Del 24 de febrero al 1 de marzo de 2015

Alberto García-Alix ha realizado una selección de artistas emergentes participantes en ARCOMadrid 2015, cuyas obras integran la guía ‘Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix’. Los artistas y obras  elegidos son: Xavier Arenós (Fragmentación dinámica del búnker de Antonov-Ovseenko –Galería Rosa Santos), Elena Bajo (Is Music the Essence of the World?–García Galería), Jose Diaz (Nec spe, nec metu -Galería The Goma), Santiago Giralda (Erebus –Moisés Pérez de Albéniz), Arturo Hernández (Sedimentary Color Wheel –José de la Fuente), Hisae Ikenaga (Tubular 1-Formato Comodo), Adrian Melis (Línea de Producción por excedente –ADN galería), Asier Mendizábal (Toma de Tierra, Vista de la instalación Installation View -Carreras Mugica), Carlos Motta (Seis actos: un experimento de justicia narrativa –Instituto de Visión) y Belén Rodríguez (Silkanplastic I –Josh Lilley). Todas sus obras estarán expuestas desde el 25 de febrero al 1 de marzo en ARCOmadrid.

Obra de Arturo Hernández, de la galería José de la Fuente. Imagen cortesía de Ron Barceló Imperial.

Obra de Arturo Hernández, de la galería José de la Fuente. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

“Ha sido muy complicado llevar a cabo esta selección, existe mucho talento emergente en la actualidad y es necesario conocer la historia y el contexto que hay detrás de cada proyecto para poder entenderlo. Por ello, además de investigar cada artista y cada obra, me he dejado guiar por las sensaciones que me han transmitido cada una de ellas, utilizando la emotividad y la comprensión como criterios añadidos”, reconoce García-Alix.  Asimismo, afirma que la puesta en marcha de esta acción por parte de Ron Barceló Imperial “es positiva y muy necesaria”, ya que “supone un reconocimiento y un impulso para los creadores emergentes”.

Obra de , de la galería Carreras Múgica. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Asier Mendizabal, de la galería Carreras Múgica. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Las obras y biografías de los 10 artistas emergentes seleccionados por Alberto García-Alix quedarán plasmados en ‘Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix’, una guía única que, acompañada de un mapa con la localización del stand de cada una de ellas, será distribuida por la organización de ARCOmadrid en los puntos de información y venta de entradas hasta el próximo 1 de marzo, ofreciéndose como un recorrido imprescindible para los asistentes a esta nueva cita con el arte.

Obra de Hisae Ikenaga, de la galería Comodo. Imagen cortesía de Selección ron Barceló Imperial.

Obra de Hisae Ikenaga, de la galería Formato Comodo. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Además de este proyecto, Ron Barceló Imperial refuerza su implicación con el arte en la 34ª edición de la feria de arte contemporáneo a través de la entrega del Premio Ron Barceló Imperial/ARCOmadrid, que en su segunda edición ha reconocido la exposición colectiva ‘The Apartment (Piloto’), de la Galería L21.

Obra de Xavier Arenós, de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Xavier Arenós, de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Adrian Melis, de ADN Galería. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Adrian Melis, de ADN Galería. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

 

The Hole 2. Un agujero rosa picante

‘The Hole 2’, producido por Let’s Go Company
Textos de Alex O’Dogherty y dirección de Víctor Conde
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 2. Valencia
Hasta el 29 de marzo

‘The Hole 2’ llega al Teatro Olympia de Valencia, donde estará hasta el 29 de marzo, con el mismo espíritu que su antecesor y para volver a hacer reír al público con esa mezcla de circo, humor y burlesque. Como apuntó Alex O’Dogherty cuando presentó el espectáculo en el Olympia, «la gente tiene necesidad de divertirse» y puede hacerlo disfrutando de un montaje «fresco y provocador».

Detalle del cartel de The Hole 2. Teatro Olympia.

Detalle del cartel de The Hole 2. Teatro Olympia.

El género burlesque con el que regresa a Valencia aúna cabaret, teatro y circo, aunque en esta ocasión se fusiona con la Revista de los años 70-80 para plantear una reflexión sobre el amor con música en directo, crítica social de noticias de la actualidad diaria y nuevas acrobacias.

‘The Hole 2’ empieza dos años después de donde nos dejó el primero. La vida ha cambiado para la antigua Maestra de Ceremonias, ahora inmersa en una época donde la cultura, la música y la diversión están en crisis. Tras una horrorosa depresión post-party, la anfitriona decidió salir del Agujero, sentar la cabeza y casarse con un abogado de bien, dejando de lado el desenfreno y la diversión para llevar una vida ‘normal’. Lo que no contaba es que en su despedida de soltera la fueran a llevar de vuelta al Agujero donde se reencuentra con su pasado.

El actor Álex O’Dogherty, que ya en la gala de los Goya dejó muestras de su versatilidad como músico, es el maestro de ceremonias -en alternancia con Edu Soto y Víctor Massán- y autor del texto, junto al productor, Iñaki Fernández. De hecho, O’Dogherty tocará con su banda ‘La Bizarrería’ en Valencia, alternando su actuación en ‘The Hole 2’.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

O’Dogherty confesó en su momento que se emocionó cuando le plantearon la posibilidad de hacer ‘The Hole 2’, después de varios años conduciendo su primera parte, un show que ha funcionado tan bien que ha creado ‘marca’. Como autor de los textos de este segundo ‘show’ le preocupaba «estar a la altura del primero sin copiar» y para ello ha abandonado la época de los años 20 para adentrarse en el ambiente de la Revista de los 70.

En esta ocasión, se añade además música en directo y la historia que se relata es «más coherente» de principio a fin. Se puede entender sin necesidad de haber visto ‘The Hole’, aunque aquellos que vieran el origen de la peculiar historia de amor con una rata observarán ahora que «el tiempo ha pasado» y que se cuestiona ahora «si el amor es para siempre».

Álex O'Dogherty en una imagen promocional de The Hole 2. Teatro Olympia de Valencia.

Álex O’Dogherty en una imagen promocional de The Hole 2. Teatro Olympia de Valencia.

Si en el ‘agujero’ anterior se basaba en «pasarlo bien y divertirse», éste reflexiona sobre el amor y se «plantea la viabilidad de una pareja hoy en día», tal y como señaló el autor del texto. El espectáculo tiene dosis de erotismo, es «provocativo, provocador y algo faltón, pero para nada ofensivo». «Siempre ha insinuado más que enseñado, a veces me parece de Walt Disney», bromeó el actor.

Entre las novedades, habrá también «crítica social» y se comentarán noticias de la actualidad diaria. En este sentido, el espectáculo se mantiene «vivo» y podrá incluir comentarios sobre informaciones del mismo día de la función. Además, el público participará activamente, destacando momentos como el sorteo de un jamón, algo que ha ido adquiriendo entidad propia según ha ido avanzando la gira de ‘The Hole 2’.

Álex O’Dogherty recordó que lo que le llevó a escribir ‘The Hole 2’ fue la decisión del Gobierno de implantar el IVA cultural de 21% y que se calificara la cultura como entretenimiento. Entonces él escribió en un tweet ‘¿Quién necesita divertirse?’ y recibió una respuesta tan abrumadora que le motivó para escribir esta historia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: «Amo esta horrible ciudad». Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Carlos Irijalba y el territorio

Carlos Irijalba. The surface
Galería Juan Silió
C/ Sol, 45, bajo. Santander
Inauguración: 16 de agosto, 19,30 h.
Hasta el 10 de octubre de 2014

Carlos Irijalba plantea con «The surface» una visión crítica del espacio-tiempo actual, de clara dominante antropocéntrica. Propone, mediante esculturas y fotografías una reflexión sobre lo relativo de los estados de la materia y al ser humano como una substancia más. Irijalba trata de dar sentido a nuestra actualidad mediante el análisis del territorio que habitamos entendido éste como una línea dinámica en la que el momento actual no supone más que una fracción del grosor de la totalidad.

La exposición se compone de sondeos geotécnicos que muestran la formación del territorio mediante un corte vertical de los estratos de sedimentación, así como otras esculturas de aluminio o asfalto, cuyo denominador común es su estado relativo respecto a las condiciones ambientales o geográficas dadas.

Varias fotografías de diferentes series recientes completan la exposición, plasmando estas circunstancias en el plano de la representación y poniendo en juego narrativas de dimensión humana con otras como perspectivas aéreas o imágenes del propio organismo. Se unen aquí lo endótico y lo exótico, poniendo en el centro el cuestionamiento de la dimensión humana.

Carlos Irijalba. The surface. Cortesía Galería Juan Silió.

Carlos Irijalba. The surface. Cortesía Galería Juan Silió.

Miran al pasado, mientras el presente agoniza

La falta de perspectiva en la interpretación de los acontecimientos –provocada por la dinámica del cortoplacismo electoral- fomenta la toma de decisiones que hoy parecen una fuente de ahorro, cuando en realidad son una hipoteca más que habremos de acarrear. Una hipoteca en forma de una menor cualificación de las personas y, por lo tanto, de una mayor dificultad para que éstas alcancen sus objetivos vitales. Es ahora, en momentos de crisis económica, cuando con más énfasis conviene recordar que la cultura y la educación no son un lujo, sino aspectos de primera necesidad para construir la realidad presente y un futuro mejor. Quienes ostentan responsabilidades públicas deben de ser conscientes de que el arte contemporáneo no es un aderezo, ni un ornamento, y que su exhibición es algo más que un acto social: es una forma de transmisión de conocimiento, un modo de estímulo de la inteligencia colectiva.

Los creadores de hoy, con su trabajo, están ya escribiendo una historia que será valiosa para interpretar nuestro tiempo, démosles la posibilidad de cumplir con su servicio. ¿A qué modelo de sociedad y de ciudadanos aspiramos? Los excesivos recortes en cultura, justificados recurrentemente por la crisis, no solo dejarán entre nosotros una merma de oportunidades, sino que dará lugar a generaciones venideras sin la posibilidad de acceder a la riqueza cultural que nos es propia.

El camino por el que han optado algunas instituciones culturales públicas supone echar mano a colecciones propias y ajenas para cubrir sus programaciones expositivas, bajo la premisa del ahorro presupuestario. No estoy seguro de que esos movimientos garanticen una ventaja al respecto, pues suelen llevar aparejados otros compromisos económicos. De lo que no me cabe duda es que los recursos destinados a ese fin no están sirviendo para impulsar a los agentes artísticos y culturales que operan en la actualidad, que son quienes necesitan de los recursos y el apoyo público para sacar adelante sus investigaciones.

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Recientemente se presentó el programa de exposiciones del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, en el que se agrupan por epígrafes las distintas propuestas a desarrollar durante el presente ejercicio. Lo llamativo del asunto es el volumen de proyectos dedicados a mirar al pasado, bajo la categoría de exposiciones conmemorativas, homenajes, exposiciones históricas, recuperación de artistas, retrospectivas, etc., que suponen alrededor del 75% de las exposiciones programadas. El interés desmedido de la institución por referirse a un tiempo pasado, ese que para algunos siempre fue mejor, lleva implícita la decisión política de estrangular el presente.

Por importante que fuera –que lo es- la aportación artística y cultural realizada por Sorolla, Benlliure, Pinazo o Blasco Ibáñez, con su constante regodeo expositivo y el caudal de recursos que las instituciones públicas han destinado en esa dirección desde hace unos años, nos obliga a advertir que en un momento de carencias como el actual se hace urgente racionalizar el empleo de los presupuestos públicos para poder dar soporte a los creadores de hoy. Pues son éstos, los vivos, los que con mayor premura necesitan apoyo para sacar adelante sus creaciones artísticas e intelectuales.

En los períodos de crisis económica se tiende cíclicamente a la confección de programaciones expositivas mucho más conservadoras, que vuelven su mirada a los creadores del pasado e invitan a abstraerse del presente para revivir glorias pretéritas. Con ello se produce una situación grave, pues por una parte la escasez de recursos hace que se produzcan generaciones “perdidas”, y por otra parte la sociedad queda empobrecida a largo plazo, por haber renunciado hoy al patrimonio resultante de esos creadores a los que no se ha brindado el debido apoyo.

Mirando en exceso al pasado, hacen que nuestro presente agonice. Ese será su legado.

José Luis Pérez Pont