Reyes Magos

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Los Reyes Magos
Cultos y navideños (X)
Navidad 2025-26

Tres hombres coronados duermen plácidamente en una minúscula cama arropados por una única manta que semeja una gran ala. Un ángel toca la mano de uno de ellos para despertarle y le señala una estrella. Quiere advertirles de que deben emprender el viaje de retorno.

El capitel del escultor Gislebertus en la catedral de Saint-Lazare de Autun recrea la escena del sueño de los Magos recogida en los evangelios apócrifos. Ellos también están en duermevela como los niños y niñas en la noche del 5 de enero, que ansían despertarse y obtener lo esperado y lo inesperado.

Los Reyes Magos aparecen citados brevemente en el Evangelio de San Mateo (2, 1-12) como unos magos que vienen de Oriente y ofrecen oro, incienso y mirra al niño recién nacido. Santiago de la Vorágine, en su obra del siglo XIII ‘La Leyenda Dorada’, nos habla de la visita de unos magos que visitan a Jesús a los trece días de su nacimiento y de la estrella que les guiaba, que dio lugar a la festividad de la epifanía: epic (sobre) y phanos (aparición).

También nos dice sus nombres en hebreo, griego y latín: Gaspar, Balthasar y Melchior. Estos últimos son los que identifican sus figuras en el mosaico bizantino de Sant’Apollinare Nuovo en Rávena.

Basilica di Sant’Apollinare Nuovo.

Santiago de la Vorágine nos explica que la palabra mago puede significar ilusionista, hechicero maléfico y sabio, pero concluye que serían tres reyes muy sabios y “he aquí, en síntesis, las maravillas que acaecieron en aquel fecundo viaje de los Magos: vinieron de su país guiados por una estrella; a través de los hombres, y sobre todo por el conocimiento que adquirieron de los vaticinios de los profetas, se enteraron de muchas cosas; regresaron a su lugar de origen conducidos por un ángel; finalmente, enriquecidos con la fe en Jesucristo, descansaron en la paz del Señor”.

En realidad, no tuvieron un reposo pacífico porque la madre del emperador Constantino, Santa Elena, en su afán recopilador de reliquias de la cristiandad, se los llevó a Constantinopla. De ahí fueron trasladados de nuevo hacia Milán y, cuando Federico Barbarroja saquea la ciudad en 1164, los regala a la ciudad de Colonia. Son venerados desde entonces en un enorme relicario triple situado tras el altar mayor de su catedral.

La leyenda de los Reyes Magos se incorporó muy pronto al imaginario artístico y literario. En el siglo XVIII, un canónigo de la Catedral de Toledo descubre un antiguo códice del siglo XII con el texto teatral más antiguo en lengua española. Ramón Menéndez Pidal y Amador de los Ríos le darán el nombre de Adoración o Auto de los Reyes Magos en 1900.

El crítico literario Miguel Ángel Pérez Priego, en su estudio sobre esta obra considera que la fascinación por la historia de los tres “estrelleros” puede ser debida a que simboliza la búsqueda de la verdad, la contraposición entre los humildes y los poderosos y la recreación de un mundo de maravillas.

Ese viaje asombroso comenzó a representarse en las calles de la España a finales del siglo XIX. La primera cabalgata de Reyes se organizó en Alcoy en la noche del 5 de enero de 1866. En medio de la Revolución Industrial, se pensó que los niños y las niñas merecían un momento de felicidad. Mientras que un personaje local, el Tío Piam, les mostraba las puertas de la ciudad por las que entrarían los Reyes Magos, en las casas se preparaban palomitas de maíz, que serían su regalo.

La infancia fue objeto de interés de los artistas de vanguardia en las primeras décadas del siglo XX, tanto desde la pedagogía como en la construcción de juguetes o historias ilustradas. La niñez tendría un papel destacado en el mundo nuevo que soñaban. El pintor e ilustrador Rafael Barradas, con motivo de sus dibujos para ‘Històries per a nois’, decía que “al margen de mi pintura soy un escritor de historietas para niños. Llevo como un lastre sentimental que me hace aspirar a ser su Rey Mago”.

Ramón Acín formó parte de la primera cabalgata de 1917 en Huesca, a iniciativa de El Diario de Huesca.

Ramón Acín, que había creado la escultura de las “pajaricas” como símbolo de libertad y protección de los juegos infantiles, formó parte de la comisión organizadora de la primera cabalgata de Huesca en 1917, nacida por iniciativa del Diario de Huesca. El 6 de enero publicó una ilustración en el diario, en la que convertía al director Alejandro Ber en “Melchor, Gaspar y Baltasar de una pieza”. Acín resume la magia de esa noche: “La voluntad es grande como Dios; si se pone terca hace palpar las mismas fantasías”.

En la noche del 5 de enero de 1935, tres reyes muy especiales recorrieron las calles de Madrid: Salvador Bartolozzi, Ramón Gómez de la Serna y Antoniorrobles (Antonio Robles Soler). La cabalgata, organizada por la Asociación de Editores Españoles, partió del Museo Romántico acompañada de un camión de libros para repartir entre los niños. Les estaban regalando bienes más preciosos que el oro, el incienso o la mirra, porque entre sus páginas los libros atesoran lo extraordinario, todo el conocimiento y todo el ensueño.

Cada año, la estrella despierta a los tres magos para emprender el viaje de las ilusiones y la niña o el niño que duerme en nosotros espera y sueña que los deseos y esperanzas entren por el balcón.

Reyes Magos
Ramón Gómez de la Serna (centro), como Rey Melchor, en la cabalgata de 1935 celebrada en Madrid. A su derecha e izquierda, respectivamente, Antonorrobles y Bartolozzi. Foto: Alfonso Sánchez García.