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‘Los tres Reyes Magos. La eficacia simbólica’, de Jesús González Requena
Editorial Akal
Cultos y navideños (XII)
Navidad 2025
“¿Cuál podría ser la índole de la eficacia que les conduce [a los padres] a participar en un rito del que afirman descreer?”, se pregunta Jesús González Requena en su libro ‘Los tres Reyes Magos. La eficacia simbólica’, editado por Akal. Y, para responder a la pregunta, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid dedica 150 páginas repletas de una sorprendente argumentación en torno a la “inesperada capacidad de supervivencia” del rito.
Supervivencia contradictoria “pues los que lo practican, aun cuando se saben afectados por su densidad emocional, no dudan, en la mayor parte de los casos, de proclamar su descreimiento”, señala en el arranca del libro.
Antes de iniciar su abordaje, González Requena se plantea otra cuestión: “¿Se reduciría entonces la supervivencia del rito no más que a una concesión al sentimentalismo, a un anacrónico resto del pasado, destinado, como tantos otros, a su extinción?”
Cuestión que aparece ligada a esta otra: “¿Por qué [si el rito se sostiene] no prestarle, cuando menos, una atención semejante a la que concedemos a los mitos de las culturas más alejadas de la nuestra?” Y añade el autor: “Románticamente ingenuos, pues, ante los mitos de los otros y ásperamente avisados, acremente desconfiados ante los propios, tendemos a ser los modernos”.

Para “probar” la existencia de los Reyes Magos, González Requena se vale de la explicación contradictoria de quienes afirman que los Reyes Magos no existen y que, además, son los padres: “Pues o bien sencillamente no existen, o bien son los padres y entonces existen, en cierta manera”.
En todo caso, advierte que los regalos, aun cuando sean comprados por los padres, es de ellos [de los Reyes Magos] de quienes los niños reciben los regalos. “Y es eso mismo lo que confirma el que nos encontramos, en el proceso del rito, ante un acto de donación simbólica”.
He ahí, según el autor, la estructura propia de todo mito. “Pues, como se sabe, los relatos míticos carecen de autor; a quien los narra y transmite no le es dado identificarse de otra manera que como quien repite un relato sagrado que le precede y que le ha sido dado, de la misma manera en que ahora él lo da de nuevo a quien le escucha”. Es la humildad, en este sentido, la condición del narrador mítico: “Su posición es la de quien renuncia a toda pretensión narcisista de autoría”.
El mito de los Reyes Magos vendría a ubicarse en el interior de una sociedad moderna toda ella volcada del lado de la funcionalidad y la objetividad. “De manera que la razón, el sentido y la eficacia de los relatos que así se desencadenan quedan situados fuera y más allá de ese sujeto cognitivo al que nuestra Modernidad, radicalmente desmitologizada, ha reducido el ámbito de la subjetividad hasta casi su total extinción”.

González Requena no deja de contraponer ambas categorías, la racional y la mítica, a lo largo del libro, para explicar la importancia del rito de los Reyes Magos en el proceso de maduración del niño. “La promesa que el relato contiene sostiene al niño en esa travesía de angustia que es la de sus primeras pesadillas, enseñándole a esperar, a demorar su pulsión, a la vez que a articularla por la senda de los regalos prometidos”.
Por eso el autor se esfuerza en explicar que las palabras que sirven de sustento al rito no pueden ser objetivas, si bien “la materialidad de su existencia se manifiesta en la energía que polarizan”.
De ahí la excepcionalidad de la noche que precede a los regalos: “En ella se conectan, por mediación de los Magos, el universo cotidiano del niño que aguarda sus regalos con el universo del mito”, en el que nació el hijo de un dios que, como él, desencadena el rito.
‘Los tres Reyes Magos. La eficacia de lo simbólico’ se halla salpicado de imágenes que vienen a ilustrar, desde el mundo del arte, la importancia del relato en la construcción del sujeto.

Hay diversas alusiones pictóricas a ‘La adoración de los Magos’, desde Leonardo da Vinci, a Pieter Brueghel, pasando por Alonso Berruguete, Giotto o Alberto Durero. También a los sueños y las pesadillas, en este último caso con la representada por Johann Heinrich Füssli, e incluso referencias cinematográficas, como las dedicadas a ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice.
Con todo ello, González Requena alumbra las figuras “evanescentes” de esos Reyes Magos propiamente simbólicos, cuya presencia (ahora sí real y efectiva) “es el resultado de un acto verbal –el de los padres, que afirman su existencia, pero también del niño, que les escribe su carta- que adquiere, en esa misma medida, el carácter de una invocación”.
Eficacia simbólica, pues, en tanto que es gracias a las palabras que le dan cuerpo como “lo mantienen vivo [el mito] en la memoria de la colectividad a la que pertenece”.
El mantenimiento, pues, del mito de los Reyes Magos pasa por esa filiación simbólica que anuda la vida de padres e hijos y con la que el autor clausura su libro, poniendo en boca de aquellos lo que después no ha dejado de transmitirse de una generación a otra: “Que los Reyes Magos existen –pues yo no los he inventado- y que yo, tu padre, colaboro con ellos. Pues, ¿cómo podrían existir si nadie lo hiciera?”.

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