Gómez Zurdo

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‘De rabia y olvido’, de Raúl Gómez-Zurdo
Huso Editorial, 2025

De rabia y olvido’, la novela del cineasta y escritor valenciano Raúl Gómez-Zurdo sobre la necesidad de sentir, amar y desear frente a la enfermedad, a cargo de Huso Editorial, fue presentada en la SGAE de València el pasado mes de diciembre. La velada literaria, a cargo de la doctora en Filología Francesa por la Universitat Politécnica de València (UPV) Eva Adam, encarece la importancia de la emocionalidad y el deseo dentro de la severa realidad del alzhéimer, así como la urgencia de vivir, cuando vivir es, finalmente, vivir.

Dura, realista y directa, pero también vivaz, pasional y alentadora, ‘De rabia y olvido’ es una historia de amor que, despojada de cualquier convencionalidad romántica, presenta una visión sensible, a la par que pragmática, de la fuerza arrolladora del deseo humano pese al olvido de la enfermedad.

Adelaida, su protagonista, es una octogenaria con alzhéimer avanzado que decide no acudir a su próxima cita médica. Su neurólogo, Rodrigo, es un sanitario harto de sus propios pacientes que, preocupado inexplicablemente por la evanescencia de la anciana, decide llamarla por teléfono mientras se adentra en una genuina negociación consigo mismo: ¿se había enamorado de los profundos ojos azules de Adelaida? ¿Cómo era posible que se hubiera quedado prendado de ella, aquella paciente al borde de perderse para siempre en la transparencia del olvido?

Ambos, dos seres extrañados por el vivir, inician una historia que se desliza por las empapadas calles de una ciudad bajo la lluvia, mientras lidian con la rabia a la que han sucumbido, fruto de sus desalentadoras vivencias personales. Aquella, que había alejado a Rodrigo de sus hijos, buscando que su propia y habitual violencia no los destruyera; aquella, que había irrumpido también en Adelaida, condenada a vivir sometida al capricho de los últimos momentos de conciencia. 

En un enclave habitado por la trascendencia de la música y la insistencia de las obsesiones se produce algo inaudito: el milagro del amor. Pero ¿qué clase de amor puede surgir entre un alma –la de Rodrigo– sumida en la incredulidad y el olvido de la serenidad y otra –la de Adelaida– que, anclada en la rabia de su pasado sin amor, desconfiaba de una última entrega a él?

“’De rabia y olvido’ es una novela fiera, desprovista de sentimentalismos, que muestra lo urgente que es vivir cuando vivir es, por fin, vivir”. Una obra no exenta de la cruda y objetiva realidad de una enfermedad como el alzhéimer, pero que también arroja un destello redentor sobre los últimos momentos de lucidez, necesario para hacer frente al feroz acecho del olvido.

‘De rabia y olvido’ tiene un importante componente autobiográfico, aunque con grandes matices. ¿En qué momento decides sumergirte en la escritura de este libro y por qué? ¿Qué papel juega cada personaje dentro de tu propia experiencia?

Creo que siempre es la historia quien exige ser contada. Se impone con su necesidad. A veces todo parece listo para empezar, pero algo rechina, algo te sugiere que esperes el momento adecuado. Es una sensación poderosa, escurridiza, muy difícil de analizar. No queda más que aguardar en calma tensa, acarreando personajes, vivencias, tonos, imágenes; todo ello con vida propia, hasta que ese momento llega.

Escribí esta novela en un momento difícil, sin la intención de enviarla a mi editora. Quizá por eso su atmósfera es tan homogénea. Pero, una vez comencé, como siempre me ocurre, los personajes tomaron el mando. Nunca sabemos nada de ellos, ni siquiera al perfilarlos en notas previas o creyendo conducirlos por un determinado carácter a un desenlace.

Dudo de que sea la mente quien los propone para desarrollar ideas o producir desahogos y no el ambiente que nos rodea. Hay que dejarlos hablar. Adelaida es la rabia lúcida que desemboca en el olvido. Rodrigo es el olvido de sí mismo que permite a la rabia tomar el control de sus actos. En ambos estoy yo. Soy ambos más de lo que, a veces, me gustaría.

¿Crees que se debería hablar más acerca de la presencia de la emoción vital pese al sufrimiento en la enfermedad? Es decir, ¿qué importancia le das a la afectividad emocional y sexual dentro del propio proceso del alzhéimer?

La enfermedad es, en primer lugar, una emoción vital. Después, también, es deterioro físico y mental. En consecuencia, se debería afrontar la enfermedad propia y ajena, antes que nada, desde el punto de vista emocional. Para mí, esta es la condición para que se dé un conocimiento superior.

Hoy en día, se localiza la enfermedad para extinguirla, pero sin saber de dónde proviene, más allá de las circunstancias ambientales y la genética. Así no nos enteramos de qué va la vida, pues esta conlleva también dolor y sufrimiento como enseñanzas trascendentes. En ese sentido, la sexualidad, que es un impulso primitivo y que en el ser humano te proyecta a tan elevada altura emocional, tiene, desde luego, su modo de ser en cualquier forma de deterioro. 

Pese a ser una historia de amor, ‘De rabia y olvido’ no deja de ser un vivo y crudo relato de la realidad del alzhéimer. A pesar de su dureza, ¿aporta cierta esperanza ante tal desgarradora coyuntura? ¿Qué quieren transmitir las líneas de tu novela acerca de un componente ciertamente implícito dentro de una afección como es la compasión?

La verdadera compasión no tiene que ver con la ocultación del dolor o su tratamiento pusilánime, o, por ejemplo, con retorcer hasta lo inverosímil cualquier argumento para que lo que se considera cierta esperanza quede en el aire. No creo en ello.

La esperanza viene del conocimiento, de la asunción real de nuestra fugacidad y también del contacto estrecho y ecuánime con la enfermedad y la muerte. La gente no quiere saber nada de penas. Sin embargo, a mi juicio, lo que se consigue eludiendo el contacto con ellas es lo contrario, vivir en eterna sospecha del dolor inminente, aterrados ante cualquier evento que nos remueva más de lo conveniente.

Nos estamos convirtiendo en robots. Los robots terminarán siendo más humanos que nosotros. ‘De rabia y olvido’ afronta el reto de mostrar las cosas sin tapujos y denunciar el abandono que muchas personas enfermas sufren. Cuando esto se ve, se lee, resulta más difícil regresar a tu zona de confort sin tomar partido. Intento con esta dureza aludir a la responsabilidad personal de cada uno por contribuir a que el mundo sea un lugar mejor, y eso no es posible mediante el entretenimiento.

¿Por qué decidiste que ‘De rabia y olvido’ sería el título de tu novela y no otro?

Uno de los protagonistas, el doctor, vive en la rabia. No mostramos de dónde le viene, solo su vivencia y su intento desesperado de superarla, que le conduce a una paciente suya con alzhéimer, Adelaida. Así, él se ve abordando situaciones durísimas en las que se ofrece en sacrificio para pagar su culpa.

Esto es Occidente, nuestra sociedad de profunda raíz judeocristiana: culpa y sacrificio. Con él arranca la historia, porque es su desesperado empuje el que nos conduce al amor que está más allá de la convención, en una anciana con alzhéimer avanzado. La rabia es a veces una forma de expresar el desconsuelo y de romper la barrera que nos separa de la dulzura.

¿De qué modo vislumbras la acogida de esta novela por parte del público, sobre todo del lector que sea cuidador o familiar de una persona con alzhéimer?

Escribí sin pensar en el lector. Pienso poco en él porque corro el riesgo de crear aquello que, supuestamente, pueda comprender de lo que escribes. Esto es una ilusión, una tontería. En el fondo, escribir para el lector es la mayor demostración de ego que pueda haber.

Así como el lector no lee para mí, autor de la novela, sino para sí mismo, yo, como autor, no escribo para él, sino para comprenderme a mí mismo y ser lo más honesto posible con lo que tengo que contar y cómo. Cuanto más honesto es con uno mismo, mejor ama el hombre al hombre. 

Por último, siempre les pido a todos mis entrevistados que definan qué es el arte para ellos, aunque, por hoy, haré una excepción y te pediré que me definas qué es para ti el alzhéimer.

El alzhéimer es un camino de vuelta. Es el regreso al origen, al vientre materno, al espermatozoide que lo fecundó, al silencio previo. Es un despojamiento progresivo de tanto con que nos hemos atiborrado en la vida; y en el cuidador, la oportunidad de respetar profundamente una vida vivida, asistiendo a su extinción.

Raúl Gómez Zurdo
El escritor Raúl Gómez-Zurdo. Foto: Jose Ramón Alarcón.