#MAKMALibros
‘La chica adecuada’, de Raúl Bartleby
Editorial RB, 114 páginas
Disponible en Amazon a partir del 27 de abril
Presentación: Auditorio de la Plaza Séneca, en la Feria del Libro de Alicante
Sábado 9 de mayo de 2026, a las 12.00
Raúl Bartleby, escritor nacido en Alicante, ha construido una trayectoria marcada por la mirada crítica y la exploración de la realidad contemporánea desde la literatura. Su voz directa y descarnada lo ha convertido en uno de los autores más personales del panorama cultural alicantino. Con un estilo que combina introspección, ironía y compromiso con lo cotidiano, del sarcasmo al cinismo, en sus novelas ya es habitual que no haya ningún paso.
Para esta nueva novela de realismo crítico o sucio, ‘La chica adecuada’ (Editorial RB), el autor ha contado con una portada firmada por el pintor ilicitano Nasper, conocido como “el pintor del rock”, cuya estética vibrante y gestual aporta una capa visual que dialoga de forma inesperada con el tono del libro. La combinación de la voz literaria de Raúl Bartleby y la sensibilidad artística de Nasper convierte este lanzamiento en un acontecimiento singular dentro del panorama cultural.
¿Cuál fue la chispa inicial que te llevó a escribir este nuevo libro y en qué momento supiste que sería tu próximo proyecto literario?
Lo cierto es que estaba escribiendo otro, pero cayó un libro en mis manos que no me gustó nada y me dije: «Eso no le pasa a una persona con ese tipo de problemas». Era un libro sobre los problemas del alcohol, pero el libro era malo y, a menudo, es de esos libros de donde se sacan las mejores lecturas.
Me fijé dónde fallaba y me decidí a escribirlo. Para mí, los libros son una metáfora de la vida. Los libros no tienen que dar soluciones ni respuestas, pero si se ha escrito con la franqueza suficiente como para poner de manifiesto los problemas existenciales o generacionales, abrirá una puerta a la reflexión.

La portada está realizada por el pintor ilicitano Nasper, conocido como «el pintor del rock». ¿Cómo nació esta colaboración y qué relación encuentras entre su lenguaje visual y el espíritu del libro?
Pues nos conocimos en un concierto de Lichis. Estaba pintando en directo a Lichis, y Nasper es el típico artista que hace que vuelvas a mirar lo que está haciendo; solo los artistas buenos de verdad consiguen que te gires más de lo debido, que prestes atención, en un mundo donde cada vez es más difícil concentrarse.
Después quedé impresionado con la exposición que tenía en aquel local y nos prometimos algún día hacer algo juntos. Y un día, en la presentación en Murcia de mi anterior libro, la cantante Sara Zamora me presentó a Cristina —no me acuerdo del apellido de ella, creo que Espinosa—, que era la compañera del pintor David Oppenheim (ya fallecido), quien le hizo la portada a Bob Dylan del disco ‘Blood on the Tracks’por los años setenta. Y ahí se me ocurrió.
También debo decir que todo surgió después de varios tequilas a horas raras. Lo demás es cosa de Nasper. La portada describe el libro entero. Es muy impresionante y me siento muy honrado de conocerlo.
¿De qué manera los acontecimientos actuales (sociales, culturales o personales) influyeron en la gestación del libro?
Todo influye en las historias; al fin y al cabo, es de lo que se nutren. Por eso tiene ese realismo crítico y, a veces, sucio. Si las cosas que ocurren no te tocan de verdad, no hay nada sobre lo que escribir.
¿Cómo dialoga este libro con tu obra anterior? ¿Hay continuidades o rupturas buscadas?
Hay cierta similitud por los problemas existenciales y las pinceladas de distopía. Pero, definitivamente, es una novela distinta, aunque el personaje sea el mismo. No busco romper con el personaje, pero sé que algún día me abandonará y puede que eso esté cada vez más cerca.
¿Hay algún personaje que haya resultado especialmente difícil de construir? ¿Por qué?
Todo en el libro es difícil de construir, pero me quedaría con Nora; era un desafío desde el principio. Una mujer elegante y salvaje al mismo tiempo.
¿Cuánto de ficción y cuánto de autobiografía contienen tus libros?
Es difícil saber la mezcla exacta; no domino los porcentajes. La ficción, como todo el mundo sabe, parte de algo que ocurrió de verdad. Pero después, al libro hay que darle lo que necesita en cada momento.
¿Cómo vives el periodo previo a la publicación?
Con nervios, ganas de vomitar y estreñimiento. Es una sensación jodida cuando las cosas ya no dependen de uno.
¿Dónde te ves dentro de 10 años? ¿Crees que escribir tiene futuro? ¿Recomendarías a tu hija que fuera escritora?
Dentro de diez años me veo ganando el premio Azorín (risas). A mi hija no le recomiendo nada. Ser escritor es lo que me define. Ella tendrá que buscar y encontrar lo que le haga seguir adelante.
Aunque le gusta el arte, aún es pronto para saber qué querrá hacer. Respecto a si escribir tiene futuro, sí, la escritura siempre seguirá; la lectura ya es otro tema. Cada vez hay más escritores, o personas que dicen serlo, y menos lectores.
¿Se puede vivir de la escritura?
Por supuesto que sí. Solo tienes que escribir muchos libros y vender muchos libros (risas).
¿Qué ha cambiado en este libro con respecto a otros?
Este libro en concreto es un paso profesional muy grande para mí. Aunque sea una novela corta, la solidez en la manera de contarlo —mi estilo cada vez es más personal— lo hace diferente a lo que se hace hoy. Además, creo que es el libro de amor que mejor me ha salido.



