Paco Moltó

#MAKMAArte
Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó
Comisariado: Alberto Adsuara y Pablo San Juan
Sala de la Muralla
Col·legi Major Rector Peset
Plaça Forn de Sant Nicolau 4, València
Del 23 de febrero al 16 de abril de 2023

Acción refleja o comportamiento mecánico son dos formas de denominar aquello que se realiza de forma cuasi instintiva. La acción refleja presupone, además, una cierta falta de voluntad; se trataría más bien de una respuesta espontánea que surge como necesidad vital. Y el comportamiento mecánico sería, valga la paradoja conceptual, la forma de naturalizar esa extraña necesidad que le hace a uno responder ante algo de forma casi inconsciente.

Así es como han “trabajado” siempre los grandes fotógrafos… llamémosles de calle: fotografiando lo que apenas miran. Y decimos apenas porque el verdadero fotógrafo de calle se adelanta a los acontecimientos; de tal forma que su acción refleja surge mecánicamente cuando intuye lo que va a pasar décimas de segundos antes de que ocurra.

Desde luego que no siempre es así, pero sólo un buen fotógrafo de calle sabe lo que va a pasar antes de que ocurra, tiene la mirada educada para ello. Que por eso captura el momento decisivo. Así, impulsos que acaban siendo compulsivos en busca de esos momentos. Y muy eficaces en la medida en la que ese buen fotógrafo nos contagia un cierto extrañamiento del mundo.

Un buen fotógrafo de calle no mira, más bien escruta, pero sin mirar. Podría decirse que contempla la realidad con la visión abstracta de un gran angular no invasivo y que son sus manos las que intuyen los acontecimientos debido a inputs cerebrales muy alejados de la consciencia.

Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.

Cuando Paco Moltó deambula con su cámara no puede dejar de ser Paco Moltó, por supuesto, pero de alguna forma sus brazos y sobre todo su dedo índice se activan a partir de una intuición, de una intuición vinculada a un hábito: el de ver sin mirar. Y sólo se puede ver sin mirar cuando se ha mirado mucho, valga la perogrullada.

De la misma forma que hay mucha gente que pasea a su perro por aceras, entre coches y farolas, hay gente que saca a pasear a su cámara por autobuses, metros, barrios, playas, festivales y eventos en general. Y de la misma forma en la que hay perros que mandan sobre sus “amos” hay cámaras que se apoderan de sus dueños.

Y en Paco Moltó no será por falta de cámaras, de hecho, su metodología de trabajo consiste es saber elegir la cámara por la que se dejará dominar en ese paseo que dedicará al ver sin mirar. Pero que nadie se lleve a engaños, el fetichismo de Paco Moltó por lo mecánico nada tiene que ver con esa patología denominada en el gremio “camaritis”.

No, su indiscutible afición a las cámaras proviene de saber que cada paseo requiere de la cámara apropiada; no es lo mismo subir a un metro, que acudir a un evento cultural, que disparar a puerta cerrada, o en un plató. De hecho, mientras la mayoría de fotógrafos terminan haciendo fotos anodinas depositando su fe en su nueva cámara de máximas prestaciones, Moltó adquiere y maneja cámaras que le condicionen y dominen, cámaras que le obliguen a cambiar su predisposición, cámaras que le conduzcan por lo insondable.

Para captar (capturar, extraer, robar) momentos decisivos. Haciendo una analogía musical podríamos decir que si Moltó fuera saxofonista no sería de los que tuviera el mejor saxofón del catálogo -aunque también-, sino de los que tendría todos los tipos de instrumentos de viento. Y esa “amplitud de miras” es la que al fin y al cabo convierte su costumbre en una factoría de imágenes tan personales como abstractas y universales.

Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.

Lo cierto es que hay grados de excelencia en cualquier hacer, que por eso antes hablábamos de mayoría contraponiéndola al quehacer creativo de Moltó. Si no aceptáramos que hay personas que hacen las cosas mejor que otras carecería de sentido… toda la historia del arte. Y son las fotografías las que dejan constancia de esa excelencia, por lo que no nos hace falta recurrir a la metodología hagiográfica para hablar de la excelencia de Moltó, que hace fotografía hasta cuando no lleva cámara.

Así, podemos afirmar que esa excelencia es el resultado de muchos factores; ya hemos hablado de algunos de ellos, pero tan importante como todos ellos estaría el de la técnica; o mejor: el de la técnica y su dominio. Y dominar la técnica no es otra cosa que confrontarse a ella controlándola con creatividad y mesura. La creatividad que demuestra, por ejemplo, eligiendo película infrarroja para realizar un reportaje callejero y la mesura que demuestra a la hora de huir de todo efectismo en el positivado de sus imágenes.

Esa es la combinación perfecta: la creatividad que se produce sin aspavientos, o si se prefiere, una cierta neutralidad en lo creativo. También podría decirse con otro sintagma aún más sofisticado y complejo: subjetividad en lo objetivo y objetividad en lo subjetivo. Pero sin movimientos bruscos. Que así se revela la realidad a través de su objetivo. Con un objetivo: contagiar de su extrañamiento del mundo.

Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.

Al fin y al cabo, podemos determinar que todo es ilusión y que el sueño de la razón produce monstruos. Y la ilusión no deja de ser, en lo fotográfico, más que una creencia que se demuestra falsa en la medida en la que nos engaña con una realidad que (ya) no existe de la forma en la que existió cuando fue capturada.

O si nos ponemos más metafísicos y lúgubres: la ilusión no es más que una creencia que se demuestra falsa en el mismo momento en el que desaparecemos. Lo que, todo se ha de decir, le produjo a Roland Barthes muchos dolores de cabeza cuando faltó su madre y quiso encontrar una fotografía que la pudiera representar de verdad.

En cualquier caso, Moltó se aleja mucho de esta concepción intelectual plomiza de la fotografía. En efecto, si por algo se caracteriza es por poseer, entre otras cualidades, un frecuente pero enigmático sentido del humor. Lo podemos comprobar en toda la producción de su actividad fotográfica compulsiva, pero lo comprobamos especialmente en sus imprescindibles series de ‘Las arenas’ y ‘EMT’.

Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.

 Lo cierto es que no queda nada por deconstruir. Y quizá por eso sea ahora el momento de la reconstrucción. No estaría de más que después de la borrachera deconstructivista tuviéramos una resaca constructiva, aunque sólo fuera para saber verdaderamente quienes fuimos. Algo que resultaría siempre beneficioso en la medida en la que lo es toda introspección… la que por otra parte no puede evitar cierta retrospección.

La obra de Moltó abarca muchos lugares, muchas ciudades, pero siempre puso énfasis en la ciudad de Valencia. Así, contamos con tres excelentes testimonios: ‘Las arenas’, ‘EMT’ y ‘Valencia infrarroja’. Se trata de tres series fotográficas que reconstruyen una Valencia que ya no es, y lo hacen a partir de imágenes que, siendo necesariamente de autor, han alcanzado el grado de anónimas y universales; anónimas en la medida en la que son universales y universales en la medida en la que trascienden el lugar concreto.

En cualquier caso, la ciudad de Valencia nunca ha estado demasiado atenta a estas “pequeñas” cosas, y ha preferido siempre centrarse más en eventos espectaculares, grandilocuentes… y efímeros. A los artistas valencianos siempre les ha hecho falta un reconocimiento exterior para que sus Instituciones les dieran, más tarde que temprano, unas palmaditas en la espalda. Y poco más. Si existen dos excelsos testimonios de lo que fue la Valencia de los años 70, 80 y 90 son sin duda los producidos por Paco Moltó y Juan Peiró. Veamos qué podemos hacer con sus legados.

Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.

Podríamos decir que los buenos fotógrafos de calle son de alguna forma visionarios, valga la paradoja, si nos atenemos a la misma definición del término: Visionario, que provoca en la mente imágenes o estímulos que se perciben como reales sin que tengan existencia verdadera.

En efecto, porque las fotografías con las que el espectador se enfrenta parecen reales pero no dejan de representar cosas que carecen de existencia. Y son visionarios porque se adelantan al futuro en la medida en que sus fotografías adquieren pleno sentido muchos años después de haber sido hechas. Y no sólo en tanto que documentos, sino que también en tanto que objetos estéticos. A cada Era lo suyo: a la Era Digital, los números y las pantallas, a la Era Analógica, el celuloide y el papel.

Nota. En este texto se ha intentado huir de lo hagiográfico, pero la verdad es que después de todo uno no se puede sustraer a la suerte de conocer personalmente al autor. Y en este sentido debo decir dos cosas: primero, de Paco Moltó nunca sabes si va o viene (fotográficamente hablando), y segundo, cuando más peligroso resulta Paco Moltó es cuando parece ir sin cámara.

Paco Moltó
Fotografía de Paco Moltó, en la exposición ‘Real i imaginat. Homenatge a Paco Moltó’, en el Col·legi Major Rector Peset, por cortesía de los comisarios.