Jorge Oteiza y el ser estético

El ser estético, Oteiza
Fundación Museo Salvador Victoria
Rubielos de Mora (Teruel)
Hasta el 28 de febrero de 2015

La muestra es una colaboración entre la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra) y la Fundación Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora (Teruel). El primer contacto entre ambas instituciones tuvo lugar en 2010, en un curso sobre la actualidad de los museos desarrollado por la Universidad de Zaragoza en Calatayud. Posteriormente, en el transcurso de las I Jornadas de Museos de Arte Contemporáneo en el Medio Rural, organizadas por el Museo Salvador Victoria en Teruel en 2013, se fraguó la posibilidad de abordar algunas actividades conjuntas, la primera de las cuales es esta exposición que ve ahora la luz, comisariada por los directores de ambos museos: Gregorio Díaz Ereño y Diego Arribas. Es la primera vez que se exhibe en Teruel la obra de Jorge Oteiza, pionero de la escultura contemporánea de nuestro país y padre de la Escuela Vasca de Escultura.

La exposición está integrada por 37 obras: seis esculturas y 31 originales sobre papel, entre dibujos, acuarelas y collages, datadas todas ellas entre 1950 y 1958, la década más fructífera en la producción artística de Oteiza. Durante ese breve periodo, el artista vasco despliega un intenso programa escultórico que va desde la aplicación del vacío a elementos figurativos, como los apóstoles de la fachada de la basílica de Aránzazu, hasta la experimentación espacial aplicada a la desocupación del cubo y la esfera, en la estela del suprematismo de Malevich y los constructivistas rusos. Es también el periodo de su reconocimiento internacional, al recibir en 1957 el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Arte de São Paulo.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Pese a todo ello, Oteiza dará por concluida su investigación escultórica en 1959, pasando a dedicarse con la misma intensidad a otras disciplinas como la arquitectura, la poesía o la antropología y la filología vascas.

En la muestra del museo de Rubielos de Mora, podrá verse precisamente esa apasionada búsqueda de un lenguaje espacial nuevo, radicalmente distinto, que plasmó en numerosas obras sobre papel, con sus anotaciones y observaciones correspondientes, que se presentan relacionadas con cada una de las esculturas en las que acabaron tomando forma.

En la década de los 80 comenzarán los reconocimientos a su dedicación artística. En 1985 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y en 1988 el Premio Príncipe de Asturias. En 1986 su obra formó parte de una muestra internacional de escultura en el Centre Georges Pompidou de París y en 1988 la Fundació Caixa de Pensions organiza una gran retrospectiva de su obra en Madrid, Bilbao y Barcelona. Ese mismo año su obra representará a España en la Bienal de Venecia junto a la de Susana Solano.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Oteiza fue un humanista, un intelectual que escribe, talla, diseña, construye e investiga. Un conversador apasionado y vehemente que dedicó su obra y su vida a la búsqueda de nuevos espacios para el hombre, el hombre de la esperanza, como él mismo lo definía, desde una concepción espiritual y metafísica del arte. Su obra ha sido fuente de inspiración para numerosos escultores y arquitectos, entre los que contó con grandes amigos con los que desarrolló proyectos conjuntos, como Daniel Fullaondo o Sáenz de Oiza, el autor del edificio de la Fundación Museo Jorge Oteiza en Alzuza (Navarra), que alberga su obra, inaugurado en 2003, el mismo año del fallecimiento del artista.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Los comentarios están cerrados.