Miguel Ángel Cuevas. Petróleo. Pasolini

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‘Petróleo’, de Pier Paolo Pasolini
Traducción: Miguel Ángel Cuevas
Nórdica Libros, 2025

Alicantino de 1958, catedrático de Filología Italiana de la Universidad de Sevilla, Miguel Ángel Cuevas es un acreditado estudioso de autores como Luigi Pirandello, Pier Paolo Pasolini, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Vincenzo Consolo o Dino Buzzati, entre otros, además de autor de una valiosa producción poética. Un bagaje que supone un valor añadido a otra de sus facetas: la de traductor.

Precisamente de Pier Paolo Pasolini acaba de traducir, con motivo de los 50 años de su asesinato en Roma, la novela póstuma ‘Petróleo’(Nórdica Libros), una obra monumental y sorprendente llena de claves. El propio Cuevas nos invita a adentrarnos en ese universo único, no apto para lectores holgazanes.   

¿Qué lugar ocupa ‘Petróleo’ en la obra de Pasolini?

‘Petróleo’ no solo es una obra póstuma, es además una obra conclusiva y terminal: algo así como el desaforado encuentro de las obsesiones temáticas y formales de su autor. Puede, pues, considerársela como el legado literario, intelectual y vital de Pasolini: en último término, una abjuración del arte y de la existencia.

Todo ello halla cumplida conformación en la novela. Puede parecer extraño que se afirme esto de una obra que suele tenerse por incompleta; sin embargo, no es una paradoja, porque su carácter incompleto constituye su naturaleza, así como la fragmentariedad, ese machadiano “torpe aliño indumentario” de su apariencia (Machado, dicho sea de paso, es uno de los poetas que más admiraba el joven Pasolini).

Entre los pasolinianos, varios tenemos la impresión de que el texto nunca habría alcanzado grado alguno de completamiento, si por esto entendemos lo pulido de una forma acabada; no, el titubeo, la indefinición, la inconclusión configuran su forma cabal.

Pasolini. Petróleo. Miguel Ángel Cuevas
Pier Paolo Pasolini junto a la portada de su novela póstuma ‘Petróleo’ (Nórdica Libros).

Después de traducir varias obras del autor, ¿qué dificultades o peculiaridades presenta esta para un traductor?

Los problemas que hay que enfrentar para traducir ‘Petróleo’ son ciertamente distintos de los que plantea ‘Chavales del arroyo’ o ‘Una vida violenta’, las novelas de los años 50 que traduje con anterioridad; obras construidas sobre una voluntad de mímesis lingüística de los hablantes lumpenproletarios, lo que exige la construcción de una especie de idiolecto expresionista, sincrético, entre distintas hablas castellanas para la versión.

Se trataba pues, fundamentalmente, en esos casos, de una cuestión estilístico-expresiva. La materialidad del texto de ‘Petróleo’, por su parte, está más próxima a la del verso prosástico de la tragedia ‘Orgía’, que traduje para el Centro Andaluz de Teatro. El desafío de la traducción del texto no consiste, con serlo también, en la mole de la obra; otra es su complejidad: no tanto estilística como de concepción, de ritmo, de aliento, incluso diría que –a ratos– de ahogo.

En su testamento humano y artístico, en esta obra totalizante al tiempo que, fracturada, idealmente in-finita, Pasolini lleva a sus últimas consecuencias una suerte de retractación: pone al lector (y el traductor, como decía Calvino, no es sino un lector privilegiado) ante una aporía, ante varias aporías: etimológicamente, frente a pasos impracticables, prohibidos.

La ardua lectura de ‘Petróleo’ deviene en ejercicio de autoanálisis, examen de conciencia: un examen de conciencia que, en mi caso, ha sido ético y estético. Pasolini pone en tela de juicio la vida y la forma; más aún, las sella con una lápida.

Aquí reside la no pequeña tensión a la que ha de someterse el traductor de ‘Petróleo’: entrar en la obra, en el texto como artefacto explosivo, desmontarlo, desmontar su articulación verbal de sentido, con cuidado de que no le estalle entre las manos; y volver a montarlo después, disponerlo de nuevo para su futura, calculada y posible explosión.

Aquí se revela como un escritor todoterreno, dotado para todos los géneros. ¿Cómo se conjugan todos en una sola obra?

Antes me he referido a ‘Petróleo’ como a una novela; pero en verdad es mucho decir que de eso se trate, aunque uno de los títulos que manejó Pasolini para la obra fue precisamente ese, el de ‘Novela’; otro fue ‘Vas’, término que podría esconder, entre otras cosas, una alusión a un gran recipiente, un calderón o gran caldero en una acepción figurada de recopilación extremadamente confusa y caótica de cosas dispares y discordantes: un centón, a ratos palimpséstico, donde se abordan materias heteróclitas mediante estrategias formales heterogéneas.

En la obra se alternan, en conjugación voluntariamente confusa, variados registros que van del lírico-descriptivo al novelesco; del ensayístico al de la escritura cinematográfica; desde el elenco despojado a la variación; desde lo dramatúrgico a lo periodístico; desde la visión alucinada al realismo pedestre; desde la pornografía al misticismo. ‘Petróleo’ es todo eso: la conjunción –no digo reconciliación– de todo tipo de elementos que en apariencia se repelen.

¿Qué vigencia tienen las ideas de ‘Petróleo’ sobre el poder o la cerrazón mental? ¿No parece a veces más actual que cuando se escribió?

Pasolini es un artista, un autor proteico: poeta –sobre todo poeta–, novelista, cineasta, dramaturgo. El arte no caduca: ¿acaso hemos dejado de leer –los que aún leemos– a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Cervantes? La obra artística no tiene ni fecha de caducidad ni obsolescencia programada.

‘Petróleo’ como obra de arte, no solo sus ideas, tiene absolutamente toda la vigencia, por supuesto. Pero, además, Pasolini es también crítico, ensayista, polemista; y este último, el que aborda la concreción del momento con estrategias casi de sociólogo, el que entra en la dialéctica de la cultura en el sentido antropológico del término, en el debate ideológico y político, este Pasolini es, además, profético.

Acierta a ver con medio siglo de antelación cuestiones que hoy están en el centro del debate: lo que él llamó mutación antropológica y hoy se denomina Antropoceno; o el grado de estulticia inenarrable que es capaz de alcanzar quien ciego e inconsciente (pero no menos culposamente) se somete a los dictados de cualquier tipo de poder.

El nombre de Pasolini iba siempre asociado al escándalo, sobre todo sexual. ¿Puede hoy escandalizarse alguien con ‘Petróleo’?

Depende del grado de soportabilidad, o de cinismo, de cada cual. Diré solo que ‘Petróleo’, hoy, es tan potencialmente escandalosa como sigue siéndolo ‘Saló o los 120 días de Sodoma’, la última película, que bien puede considerarse la contrafigura cinematográfica de la novela.

Fotograma de ‘Saló o los 120 días de Sodoma’, de Pier Paolo Pasolini.

Después de haber ocupado tanto espacio en la literatura, el cine, el teatro, el debate público, la figura de Pasolini no solo es desconocida para muchos jóvenes del mundo, sino también de Italia. ¿Qué ha ocurrido? 

Ha ocurrido que se ha verificado la profecía antropológica, presentada por el narrador de ‘Petróleo’ como una visión, que tiene como protagonista al personaje del Merda: casi cien páginas en la segunda mitad de la novela que pueden leerse como una palinodia (una reescritura invertida, una retractación) de la narrativa romana de los 50, que era en algún sentido una variante del mito del buen salvaje.

Ha ocurrido que el universo mass-mediático ha ocupado el lugar de la realidad: ha dejado definitivamente de ser un mundo virtual para convertirse en el único mundo real. Y quien incita a la disensión es engullido y defecado por un sistema comunicativo muy eficaz, que anula la disidencia. Pero es nuestra responsabilidad –la del periodista, la del profesor, la del escritor, la del crítico de la cultura– intentar negarnos a ello, promover la resistencia.

¿Qué se pierden?

Quien sea siquiera mínimamente consciente (he ahí nuestra responsabilidad) de que algo puede estar perdiéndose, ese no tiene nada perdido aún, todo depende de él. Quien esté encerrado, feliz y estúpidamente encerrado en su mundo falaz de lenguajes falsos y libertades aparentes, ese no se pierde nada: y está bien así, porque es irredimible. Quizá Pier Paolo Pasolini hubiera respondido algo parecido a esto.