#MAKMAArte
‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’, de Melanie Smith
Comisaria: Helena Chávez Mac Gregor
Coordinación: Ramon Escrivà
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 10 de enero de 2027
El título de la exposición de Melanie Smith en el IVAM, ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’, extraído del relato de Julio Cortázar ‘Axolotl’, produce, ciertamente, extrañeza. Es, sin duda, una invitación a la apertura del pensamiento: a “cuestionar aquello que creíamos conocer”, en palabras de la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, o a, igualmente, preguntarnos acerca de “cómo miramos aquello que es diferente, cómo nos relacionamos con otros seres”, según señaló la directora del IVAM, Blanca de la Torre.
Helena Chávez Mac Gregor, comisaria de la muestra, también se refirió a la extrañeza que genera la obra de Melanie Smith, quien presenta en el instituto valenciano sus dos últimas producciones, la precisamente titulada ‘Axolotl’ junto a Tixinda’, como consecuencia del “misterio” derivado de la “capacidad de regeneración” que posee el ajolote, anfibio del Valle de México del que apenas quedan entre 500 y un millar de ejemplares, hallándose en peligro de extinción, al igual que el caracol púrpura que acapara la atención del otro proyecto expositivo.
Y, por último, fue la propia artista la que echó mano de la misma extrañeza para definir su obra “construida a capas y estratos que crean tensiones”, provocando al espectador “para que tenga percepciones distintas”.
Smith habló igualmente del cuento de Cortázar, del que se sirve para titular su doble exposición, nunca antes mostrada conjuntamente, pero reinterpretándolo para poner el acento en la “plasticidad del propio ajolote” por esa capacidad de regeneración y de metamorfosearse en salamandra, cuando no se queda en larva.

Esa plasticidad del ajolote se plantea como metáfora del pensamiento cambiante, cuya solidez produce extrañeza, por cuanto señala la dificultad para ponernos en la piel del otro, impidiendo que fluya esa buscada empatía entre lo humano y lo no humano. En este sentido, resulta loable la propuesta de Melanie Smith, teniendo en cuenta, precisamente, la dificultad que hay en el discurso social para salirnos de los compartimentos estancos propiciados por las más férreas ideologías.
La propia artista se hace eco indirecto de ello en su texto para el catálogo de la exposición, cuando señala que “en los acuarios con plantas, puede formarse un fino biofilm compuesto de ferrobacterias”, donde “las membranas son muy finas y comprimidas, y no pueden pasar muchas cosas a través de ellas”, lo cual, termina diciendo Smith, “se puede pensar que es como la democracia representativa”.
Democracia que funciona, precisa la artista, “como una especie de puente o filtro que recoge la opinión pública, la rabia, las esperanzas y los miedos; los hace pasar a través de algo y surgen la política, las medidas, los resultados y las decisiones”. Ese biofilm es un espacio liminal que representaría “lo intermedio” o “la delgada barrera entre la vida y lo desconocido”; “representan el velo, siempre delicado, entre yo y el mundo”.
Melanie Smith, a través de las dos producciones presentadas en el IVAM, juega con esa capa que hay que atravesar, “tan fina y tensa” a la vez, “y tan vieja con respecto a todas las cosas que suceden a su alrededor”, que –he ahí finalmente el deseo que guía su trabajo– “adelgazará cada vez más hasta desaparecer”, según sostiene en el texto del catálogo.
De manera que su trabajo revela la extrañeza que supone seguir pensando, al margen de ese otro no humano al que nos confronta en su obra: el ajolote y el caracol púrpura, en peligro de extinción. Extrañeza que desaparecería si pensáramos con la plasticidad de quien habita dos mundos contrapuestos que la artista conecta imaginariamente, pero que en el cuento de Cortázar da lugar a cierto encuentro siniestro con lo no humano.

Así lo describe Julio Cortázar en ‘Axolotl’, cuando narra la transformación de un hombre que veía ajolotes a través del cristal de un acuario, para, de pronto, verse al otro lado del vidrio convertido en ese no humano por el que llega a sentir una poderosísima atracción: “El horror venía de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles”.
Podríamos decir, siguiendo a Eugenio Trías en su ensayo ‘Lo bello y lo siniestro”, que, frente al carácter sombrío del cuento derivado, precisamente, de la disolución entre lo humano y lo no humano, Melanie Smith apuesta por lo bello como espacio donde ambos mundos se encuentran merced al pensamiento líquido que diluye las fronteras.

Como explica la comisaria, las 40 obras reunidas en el IVAM articulan “una serie de preguntas sobre la relación entre cultura y naturaleza poniendo en cuestión la idea de separación, evocando una poética que invita a otra manera de mirar, quizás más empática, más curiosa, que quiere, en los límites del propio arte, intentar aprender de los otros seres con los que vivimos”.
‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’ se plantea, por tanto, en términos de diálogo fructífero entre lo conocido y lo desconocido, lo humano y lo no humano, declaración de intenciones que choca con la percepción de la radicalidad en el ámbito político, que bien podría formularse, modificando los términos del título expositivo, de la siguiente forma: ‘Solo una cosa era extraña, no seguir pensando como siempre”.
- Melanie Smith o la dificultad para comprender otras formas de vida…, incluida la nuestra - 23 octubre, 2026
- El IVAM indaga en su programación la empatía con otras formas de vida explorando sus parentescos - 21 octubre, 2026
- Juan Vicente Piqueras: “La poesía intenta dar cuenta de todos los yoes que hay dentro de nosotros” - 16 octubre, 2026


