#MAKMAArte
‘Studies for a group portrait (Tentatives 1 &2)’, de Pep Girbent
Pintura Nº 8 de ‘La exposición infinita’
Rimontgó
Gran Vía Marqués del Turia 62, València
De enero a mayo de 2026
Bastará decir que la última obra que Pep Girbent muestra, como parte de ‘La exposición infinita’ que viene creando en el espacio de la inmobiliaria Rimontgó de València, se compone de dos estudios pictóricos realizados a partir de una imagen de la película ‘The Grandmaster’, de Wong Kar-wai.
Bastará decirlo porque, siendo coincidente el gusto del artista con el del director chino a la hora de deleitarse en la creación de imágenes, lo verdaderamente relevante, en el caso de Girbent, es, precisamente, su desmedido interés por enaltecer el propio proceso creativo, allí donde éste se erige en el misterio mismo de la existencia.
Estamos ante la pintura Nº 8 de esa “exposición infinita” que presenta cuatrimestralmente en Rimontgó. Una pintura desplegada en dos estudios que, a partir de una misma imagen, nos devuelven la imposibilidad, enunciada por Heráclito, de bañarse dos veces en el mismo río.
“Es un plano muy cortito de una comida ritual que aparece en ‘The Grandmaster’. Y yo de este plano, que dura pocos segundos, saqué unos dibujos al carboncillo”, explica el artista, para subrayar a continuación que esas dos pinturas las tenía en su estudio desde 2022 y ahora, para traerlas a València, las raspó y las volvió a pintar: “Las redibujé y he insistido con ellas. Ha sido como un campo de pruebas”.

¿Y qué quiere probar Pep Girbent en ese campo visual que se despliega ante nuestros ojos? Pues que la pintura misma –como la novela, la música o el propio cine aludido en esta obra– obedece a dictados que nada tienen que ver con los presupuestos lógicos que permiten concebir la realidad como un espacio acolchado. No, al menos, cuando hablamos de una obra que aspira a elevarse por encima de la propia condición de obra de arte.
“En esta época de imágenes digitales, me interesaba plantear cómo nace poco a poco una imagen hecha a mano, con materia, con voluntad; el fondo mismo de cuando empiezas a trabajar”, apunta Girbent. De manera que ‘Studies for a group portrait (Tentatives 1 & 2)’ –tal es el título de los dos estudios presentados– es precisamente eso: la tentativa misma de mostrar aquello que va emergiendo del inconsciente, por mucho que haya una conciencia detrás guiándonos en tan esquivo proceso creativo.
“Es el proceso arcaico que los pintores realizamos para hacer visible una imagen pintada; el modo en que va apareciendo”, resalta Girbent. Apareciendo, pues, de forma inconsciente que, para la neurología –dejando ahora de lado el psicoanálisis–, es el conjunto de operaciones mentales realizado por nuestro cerebro sin que sea consciente de ello.
Pep Girbent se recluye en su estudio como si fuera el monje amanuense que busca en las letras aquello que no cabe en su más literal significado, sino aquello que lo rehúye por ir apareciendo a golpes de corazón. El amanuense no copia estrictamente, sino que busca crear las condiciones para que tal aparición resulte un misterio incluso para al propio creador.
“Yo soy muy curioso, me interesan muchas cosas a la vez y esto, en ocasiones, va contra mí. Todo lo que pinto sucede dentro de un espacio que para mí es semi-sagrado, que es el espacio donde pasan cosas en el sentido que sea. Y estas piezas [los dos estudios presentados ahora en Rimontgó] pues reflejan un poquito más que las otras este proceso”.
La pintura naciente de Girbent surge de ese fondo en blanco apenas esbozado, donde una serie de figuras femeninas van tomando cuerpo mirando retadoras al espectador que las contempla, primero ligeramente difuminadas y después ya más carnales, revelando la transición, el proceso mismo de la creación, la sucesión de instantes en que van pasando cosas, por seguir el razonamiento del propio artista.
“Es una imagen pintada entre singularidades con todos los avatares de su propio nacimiento, de su propia creación, quedando registrados de una manera o de otra, como si fuera un palimpsesto”. Palimpsesto, precisa Girbent, “en forma de pinturas superpuestas, raspadas y vueltas a pintar”. Todo ello con la intención de que sean “obras que tengan una gran capacidad de sugerencia”.
Fascinado en su momento con la película ‘Deseando amar’, Pep Girbent fue explorando el universo de Wong Kar-wai atraído por su manera de construir imágenes: “Quiero creer, guardando las distancias de cada uno en su mundo, que es una aspiración a la imagen bella. Bella en un sentido amplio. Las imágenes de Wong Kar-wai tienen sensualidad, son suntuosas y tienen un gran nivel de precisión”.
Del fotograma seleccionado, dice que le atrajeron más las ropas y los trajes, que los propios rostros femeninos. Vestidos muy diferentes entre sí, a los que Girbent dedica un tratamiento pictórico distinto: “Me gustó esta imagen a un nivel más formal, por la belleza de los trajes y por hacer la traducción en pintura; por las reminiscencias con la historia de la pintura; por la tradición esta de retratos de grupo, de mosaicos”.
De manera que los rostros femeninos, que desafiantes nos miran, diríase puestos al servicio de la materialidad misma del acto de pintar, de crear, naciendo así del fondo opaco de la existencia previa a la conciencia; como si emergieran de un tiempo ancestral al que se entrega el artista para revivirlo.
“Si te acercas, verás que el tratamiento es muy muy bestia. Es una imagen de altísima complejidad”, subraya Girbent, reconociendo que ambos estudios se postulan “como una obra definitiva que, ya te confieso, nunca verá la luz”. Estudios que, como ‘La exposición infinita’ en la que se inscriben, podrían, efectivamente, no acabar nunca: “Hay dos porque somos humanos y nuestro tiempo es limitado, pero podría ser infinito”, concluye Girbent, a rebufo, quizás, de lo expuesto por Sócrates: “En cualquier dirección que recorras el alma humana nunca tropezarás con sus límites”.

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