IVA cultura. IVAM. Arte

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‘IVA cultural, ¡ya!’
Institut Valencià d’Art Modern (iVAM)
20 de febrero de 2026

No recuerdo cuándo fue la última vez que me detuve a observar el vestíbulo del Institut Valencià d’Art Modern: la grandiosidad de su infraestructura y la sobriedad del recinto –en general– suele transportarme a un sitio donde priman sentimientos de solemnidad. Todo lo que se dice dentro del edificio, inevitablemente, hace eco.

El viernes 20 de febrero, entre las 17:00 y 19:00, galeristas y gestores culturales valencianos ocuparon este espacio para reclamar la regularización del IVA cultural, una iniciativa que viene reivindicándose desde inicios del presente mes en toda España bajo el lema ‘IVA cultural, ¡ya!’, consumada a través de la convocatoria de una huelga de galerías de arte a nivel nacional.

“Calculamos que más de 200 galerías han cerrado por todo el país y han colgado el cartel de cierre en sus cuentas de Instagram. No podemos seguir así”, explicaba a EFE la presidenta del Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo, Idoia Fernández, principal promotora de la iniciativa.

La sentada del pasado viernes se celebró paralelamente en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla, el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.

Entre los asistentes a la manifestación en València se encontraban la consellera de Educación y Cultura, Carmen Ortí; la directora del IVAM, Blanca de la Torre; el director del Consorci de Museus, Nicolás Bugeda; la presidenta de LAVAC, Reyes Martínez; y la decana de la Facultad de Bellas Artes, Laura Silvestre.

La protesta colectiva tuvo como objetivo trasladar a la Administración estatal las quejas del gremio y mostrar un frente común contra la “asfixia” fiscal. Buscan acceder al mismo IVA reducido que otros sectores de la cultura: el editorial se sitúa en el 4 %, el relacionado con el espectáculo en el 10 %, mientras que la venta de obras de arte a través de galerías tributa al 21 %.

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Desde la Generalitat se instó al Ejecutivo central a cumplir con la reciente moción del Senado, que pide un trato impositivo “más justo”, reafirmando el papel de las instituciones valencianas como altavoz ante los ministerios de Cultura y Hacienda. El Consell asegura que este “agravio comparativo” penaliza incluso a los artistas locales, situándolos en una desventaja competitiva frente a países como Portugal, Francia o Italia, donde se tributa entre el 5 % y el 6 %, o Alemania, con un 7 %.

Esta brecha reside en que la venta de un bien artístico a través de una galería está jurisdiccionada como una transacción de objeto de consumo y no como un producto cultural. Bajo este criterio, la compra de una escultura es una adquisición patrimonial.

Si una obra se adquiere directamente en el estudio del artista, el IVA es del 10 %; sin embargo, al entrar en el circuito de las galerías, el gravamen salta al 21 %. En un entorno de moneda única, esta sentencia dicta una lógica inevitable: el comprador velará por sus intereses.

La crítica nace de un sistema que parece punitivo hacia los galeristas como intermediarios, hacia las galerías por concebirlas como meros puntos de operación –cuando son lugares donde se produce un trabajo comisarial y de producción creativa esencial– y al artista por complicársele un potencial espacio de exposición lucrativo.

En el hall del IVAM se reunían alrededor de treinta personas. Hice un par de fotos, clic clac, poco a poco el cuchicheo desapareció. La gente se fue y el espacio se agrandó. La repentina magnificencia del local me obligó a salir fuera. En la intemperie, ya percibo el verdadero eco del encuentro: lejos de ser el único problema que afecta al sector, un impuesto que absorbe gran parte de los ingresos brutos condiciona la supervivencia de los agentes más pequeños.