Farra

#MAKMAEscena
‘Farra’, de Lope de Vega, Agustín de Rojas, María Zayas, entre otros
Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC)
Teatro LAVA (Laboratorio de las Artes de Valladolid)
Paseo de Zorrilla 101, Valladolid
7 y 8 de febrero de 2026

La primera sorpresa de ‘Farra’ la proporciona el público. Una variada –y poco frecuente– representación intergeneracional, con niños, jóvenes y adultos, se agolpa en el Laboratorio de las Artes de Valladolid para presenciar una propuesta poco habitual de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), junto a la Cía. Lucas Escobedo.

Disfrutan, gritan, se ríen, se excitan y cabalgan al ritmo acelerado de la obra para, finalmente, recompensar a los artistas con una generosa salva de aplausos. ¿Ha dado la CNTC con la fórmula mágica para, al fin, acercar los clásicos a las nuevas generaciones? En parte sí y en parte no. Para entenderlo mejor necesitarán seguir leyendo.

El argumento de la obra nos sitúa ante una compañía de cómicos que espera al Rey con la esperanza de poder demostrarle su habilidad y virtuosismo. Pero el monarca se retrasa y, entre tanto, los artistas ofrecen al público el verdadero espectáculo.

La auténtica ‘Farra’ es un collage de elementos conducidos por el protagonismo de la música y con el apoyo de recursos circenses, pero que, básicamente, consta de dos partes: una primera que presenta a los autores y obras clásicas, y que tiene una expectativa didáctica; y otra segunda que representa una anécdota de enredo, humor e intriga al modo barroco.

Si nos fiáramos de los comentarios de algunos padres a la salida, mostrando su disposición a volver a leer a los autores del Siglo de Oro, tendríamos que pensar que el objetivo principal ha sido conseguido. ‘Farra’ habría logrado rescatar a los clásicos del abismo del tiempo y los distintos usos culturales.

‘Farra’, de la CNTC y Compañía Lucas Escobedo.

Pero hay que colocar las esperanzas en su sitio. La visión del Siglo de Oro que ofrece la obra es indudablemente entretenida y ágil, pero también superficial. Los grandes autores y las grandes obras aparecen citados, a menudo, por frases que casi todo el mundo conoce: “Vivo sin vivir en mí” (Santa Teresa), “Que toda la vida es sueño” (Calderón de la Barca), “Érase un hombre a una nariz pegado” (Francisco de Quevedo).

Y las semblanzas biográficas son meros brochazos esquemáticos y caricaturescos. Lope de Vega es presentado como un pomposo engolado y mujeriego, y de Quevedo y Góngora se nos cuenta su enfrentamiento radical. Por el camino, eso sí, muchos descubrirán los nombres de Sor Juana Inés de la Cruz, María Zayas o Agustín de Rojas, menos conocidos, quizás, por buena parte de los espectadores.

La principal virtud de ‘Farra’ es también su punto débil. Su vigor y espectacularidad pirotécnica se traducen en una acumulación de estímulos eficaz, pero que, a la postre, no tiene capacidad para generar verdadero sedimento.

Si hay suerte, alguno de los niños de la función pondrá sus manos sobre un texto original, pero se encontrará algo radicalmente distinto a lo que ha visto. Quizás, pese a todo, se enganche porque, efectivamente, los clásicos del Siglo de Oro son ingeniosos y divertidos. Pero es probable que abandone la lectura al encontrarse algo no tan fácil de digerir.

Hay una segunda parte en la que, una vez cumplida la acelerada misión didáctica del comienzo del espectáculo, la compañía representa una anécdota argumental aliñada con recursos de circo (como los malabares con pelotas o el equilibrismo sobre mástil chino).

Esta parte tiene más desarrollo, pero sigue sin darnos claves para entender aquello que se nos quiere acercar. El tono es próximo a las historias de ‘Los payasos de la tele’ y se busca un humor sencillo pero eficaz basado en la complicidad de unos espectadores que conocen la verdad de lo que está pasando, a diferencia de los actores engañados.

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Hay comicidad por repetición, humor físico, mucho movimiento y música, y el público se lo pasa innegablemente bien –de forma muy especial, los niños–. Pero, de nuevo, podemos preguntarnos si todo ello proporciona una adecuada plataforma de aterrizaje de los espectadores en nuestro patrimonio literario más valioso.

La propuesta se presenta como “un canto a la vida, a todo aquello que merece ser disfrutado y compartido”, pero, a la postre, lo que se nos ofrece es una especie de invitación a la fiesta permanente.

Quizás consciente de ello, ‘Farra’ introduce un interludio triste que irrumpe de forma un tanto abrupta sobre la historia, pero que, al menos, proporciona un imprescindible contrapunto emocional. Nos recuerda que hay tristeza en el mundo –y muchos problemas de salud mental– y que, por eso mismo, hay que disfrutar la vida todo lo que se pueda.

Sorprendentemente, esa idea troncal de la obra encuentra su mejor plasmación en la parte final, cuando los actores invitan al público a salir al escenario a compartir sus motivos de celebración. Una niña nos cuenta que sus padres están de aniversario y que lo van a festejar. Un joven nos traslada su satisfacción por haber sacado el carné de conducir, al tiempo que su preocupación por los posibles accidentes.

Poco después, su pareja comparte con el público que acaba de terminar sus estudios de arte dramático. Todo es sencillo, pero suena creíblemente natural, y gracias a ello se impone una visión celebrativa más reposada que no exige la juerga permanente y que nos invita a mirar con ojos agradecidos la realidad cotidiana. Es posible que sea el momento más emocionante del programa.

Una escena de ‘Farra’, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y la Compañía Lucas Escobedo.

El otro elemento que destaca favorablemente es la música. Con un conjunto de voces muy solvente –incluso brillante, en el caso de las dos voces femeninas principales– y una ingeniosa utilización de distintos estilos musicales y géneros, la banda sonora del espectáculo es la verdadera joya de ‘Farra’. Y no extraña, por ello, que haya sido editada en unos CD que los espectadores pueden comprar al término del espectáculo.

Música de época, chirigotas, flamenco, country folk, copla… El modo como la obra avanza a ritmo de canciones es admirable. Se entiende que la obra ganara el premio Max 2025 en la categoría de mejor espectáculo musical porque la integración de la música con la historia es excepcional.

Algo que no puede decirse del mismo modo de la incorporación de los recursos de circo, que, a menudo, se perciben como adornos que enriquecen la escena, pero que resultan un tanto forzados.

Tampoco conviene que el espectador espere una técnica circense virtuosística, pero esto no tiene por qué considerarse un problema. La verdadera pena es que los creadores de ‘Farra’ no hayan logrado sacarles más partido.