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‘Cap, cor, carn. El tarot de Subirachs’
Comisaria: Judit Subirachs-Burgaya
Galería Chiquita Room
Villarroel 25, Barcelona
Hasta el 28 de febrero de 2026
La galería barcelonesa Chiquita Room acoge hasta el 28 de febrero ‘Cap, cor, carn. El tarot de Subirachs‘, una exposición comisariada por Judit Subirachs, historiadora del arte, hija del artista y directora del Espai Subirachs, que resulta doblemente singular.
Por un lado, se trata de una muestra que se desmarca de la programación habitual de la galería, centrada generalmente en proyectos de investigación artística y reflexión contemporánea. Por otro, propone una relectura de una faceta poco conocida de uno de los artistas catalanes más reconocidos del siglo XX.
Hablar de Josep Maria Subirachs es hablar casi inevitablemente de su obra pública, una escultura monumental que forma parte del tejido urbano de la ciudad de Barcelona y que, además, preside una de las fachadas de la Sagrada Familia. Una dimensión de su trabajo que ha definido en gran medida la percepción pública del artista, marcada por el peso simbólico y material de los grandes encargos.
Sin embargo, lo que encontramos en Chiquita Room se escapa de este registro para acercarnos a un artista que, como nos comenta la comisaria, entendía el arte de una manera profundamente poliédrica. ‘Cap, cor, carn. El tarot de Subirachs’ nos retrata a un Subirachs sumergido en su estudio, más libre, centrado en su simbología y en formatos que se separan radicalmente de esta monumentalidad para hacer obra de escala humana.

A principios de los años 2000, en el tramo final de su intervención en la Sagrada Familia, Subirachs recibió una particular propuesta de Lluís Corbera, gerente de Naipes Comas: la de diseñar una baraja del tarot desde su estilo.
La bicentenaria empresa naipera, viendo el éxito popular del tarot de Salvador Dalí, le propuso este proyecto a un artista que, en ese momento, desconocía por completo el mundo del tarot. Fue así como Subirachs emprendió un camino que le llevaría a estudiar en profundidad la baraja del tarot. Más allá de su dimensión esotérica, se sintió atraído por su carga simbólica, reconociendo una conexión entre muchas de sus imágenes y su propio lenguaje visual.
A diferencia de la baraja de Dalí, Subirachs realizó un trabajo de lectura más compleja, que exige adentrarse en su mundo. No es casual que lo primero que nos encontramos al pisar la exposición es lo mismo que abriría una sesión de tarot: el reverso de las cartas. Para su diseño, Subirachs acudió al laberinto. «El laberinto es un motivo recurrente en su obra: una metáfora de la condición humana. Él solía decir que “vivimos en un laberinto y cada uno intenta salir de él como puede”», recuerda la comisaria.
Esta imagen, de fuerte carga simbólica procedente sobre todo de la cultura clásica, representa esa invitación a adentrarnos en los lugares más remotos de nuestra propia psique. ¿Nos atreveremos a cruzar el umbral del laberinto sin recurrir al cordón de Ariadna?
La exposición se articula mediante la selección de algunas de las cartas que, dispuestas en las paredes, dialogan con obras de diferentes formatos y momentos de la trayectoria del artista. En el centro de la pequeña sala, se despliegan el resto de cartas de la baraja en una vitrina.
Esta variedad de formatos es otro de los puntos que la comisaria destaca de la muestra: «Esta exposición permite descubrir obras muy poco conocidas de Subirachs. No queríamos una exposición cronológica, sino simbólica, con obras de distintas etapas».
Por ello, conviven en el espacio litografías, esculturas de pequeño formato, una medalla, un dibujo original y, para quienes continúen hasta el fondo de la galería, una pintura del artista. Y es que a Subirachs le interesaba especialmente la obra gráfica y de menor formato precisamente por su capacidad de llegar a un público más amplio; este tarot, con una edición limitada de 2.000 ejemplares, se inscribe plenamente en esta lógica.
Entre las piezas expuestas, destaca especialmente la litografía correspondiente a la carta de Los Amantes, titulada ‘Renacimiento’ y fechada en 1995. En ella, Subirachs tomó como clara referencia ‘Los desposorios de la Virgen’, cuadro de Raffaello Sanzio, para reducir la escena al encuentro entre los dos desposados, manteniendo el espacio simbólico y la perspectiva renacentista para finalmente añadir la luna, otro de sus símbolos recurrentes. Años después, Subirachs volvería la mirada a esta litografía para transformarla en el arcano mayor número VI del tarot.

El resultado de esta exposición es también fruto de la estrecha conexión entre Judit Subirachs y Laura González, la galerista al frente de Chiquita Room. La comisaria nos relata cómo, siendo consciente de la relación de la galería con el tarot (cada 5 de enero, la galería suele celebrar su noche de reinas, un encuentro bajo las cartas del tarot) mostró en su momento a la galerista la baraja de Subirachs. Tiempo después, Laura la contactó para preguntarle por el proyecto, y poco a poco se fue materializando una muestra que responde al carácter cercano y cuidado del espacio expositivo, construida, como señala Judit, a partir del equilibrio entre ambas miradas.
El tarot de Subirachs es, en definitiva, un profundo reflejo de su concepción de la creatividad, que para él no partía de la inspiración, sino de la reflexión pura. El proyecto terminó por convertirse en un espacio de reinterpretación simbólica de su universo visual, donde las 78 cartas forman parte de este sistema reflexivo.
Una exposición que, alejándose de la museología clásica y desde la mirada intimista del lugar que la acoge, genera una relación emocional con la obra, tendiendo puentes entre el mundo del arte y el del tarot, y permitiendo que ambos públicos se encuentren en un territorio común.

