El documental no es la realidad

DOCS València: Espai de no Ficció
Del 11 al 21 de mayo de 2017

Los documentales proyectados en la primera edición del festival ‘DOCS València: Espai de no Ficció’, que arrancó el 11 de mayo y se clausura hoy domingo 21 tras diez intensos días de proyecciones y diversas actividades complementarias, deben ser leídos desde la poética alegoría que el caligrama ‘Esto no es una pipa’, inscribe en el inocente y naif dibujo de esa pipa en la pintura de René Magritte.

Esto no es una pipa, de René Magritte.

Esto no es una pipa, de René Magritte.

Este esquemático cuadro de Magritte, en sus diferentes versiones, produce en la mirada del espectador una extraña sensación de incertidumbre, de perplejidad.

Una sensación surgida del propio enunciado ‘Esto no es una pipa’, que Magritte inscribió en él con rasgos escolares. Michel Foucault, en su ensayo precisamente titulado ‘Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte’, señala que la incertidumbre radica en “hacerse reconocer, en dejar aparecer sin equívocos, ni vacilaciones, lo que representa (…) ¿O acaso hay que decir: Dios mío, qué estúpido y simple es todo esto; ese enunciado es perfectamente verdadero, puesto que es evidente que el dibujo que representa una pipa no es una pipa?”

Y es cierto: todo aquello que pasa por el tamiz del ojo del creador queda enmarcado en el caballete de la subjetividad del autor.

Esto no es una pipa, de René Magritte.

Esto no es una pipa, de René Magritte.

Visualizar este cuadro de Magritte resulta en estos momentos pertinente para hablar de ese género del relato audiovisual que es el documental. El documental, al igual que el cuadro de Magritte, utiliza para crear su relato referentes reales -personas, escenarios y sucesos que conforman la realidad-, aunque el espectador no debe olvidar que eso representado no es la realidad.

Esos referentes han sido extraídos de la realidad para formar parte de las sombras de la caverna de Platón. No hay presentación pura de la realidad, sino siempre representación. Es, por tanto, estéril posar la mirada sobre el relato documental manteniendo la creencia que cierta objetividad verídica articula la realidad política, histórica, social, cultural o biográfica de lo allí narrado.

Los elementos estéticos y narrativos del relato documental se estructuran para enfatizar cierta ideología, para provocar ciertas emociones en la mirada del espectador. Un énfasis que, en ocasiones, está en detrimento de la expresión realista. La realidad, base de la inspiración del documental, parece ser rechazada, implícita o explícitamente, a través del humor, la sátira, la ironía, la poesía. La realidad, en el actual y, más concretamente, en el llamado “falso documental», se ha convertido en un medio para expresar determinado fin: la denuncia de ciertas situaciones bajo el prisma siempre subjetivo de quien narra los hechos.

Begoña Siles

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