Dónde estarán las nieves de antaño. Fundación Cerezales Antonino y Cinia (FCAYC)

#MAKMAArte
‘Dónde estarán las nieves de antaño’
Comisario: Alberto Ruiz de Samaniego
Fundación Cerezales Antonino y Cinia (FCAYC)
Cerezales del Condado, León
Hasta el15 de febrero de 2026

“La nieve pone un manto
sobre las heridas del mundo”
(Paul Éluard, ‘Neige’
)

Si vives junto al mar, siempre fantaseas en el invierno con la idea de despertar un día y ver que la arena de la playa se ha convertido en nieve. El primer recuerdo de mi madre es la gran nevada de febrero de 1944 que paralizó la ciudad de Gijón. Yo pensaba que era una exageración propia de la memoria infantil, pero hace unos meses el Muséu del Pueblu d’Asturies recibió una donación del antiguo estudio Foto Ángel, donde destacan las imágenes inéditas de esa nevadona.

Una ciudad sumida en la posguerra recibía un regalo inesperado que detuvo su actividad y le devolvió la alegría. Batallas de bolas, esquiadores por las calles y grandes muñecos de nieve, incluso con la representación de una figura del carnaval el dios Momo, aunque la fiesta estaba prohibida desde 1937.

La nieve nace del frío. Es un fenómeno meteorológico que, aunque para Kant sería objeto de la experiencia sensible, lo percibimos como extraordinario. La nieve se fija en nuestra retina y en la remembranza.

La exposición ‘Donde estarán las nieves de antaño‘ quiere ser una evocación y una “invocación a la nieve”. Su título recoge unos versos de la ‘Ballade des dames du temps jadis’ (‘Balada de las damas de antaño’) del poeta maldito del siglo XVI François Villon.

Villon recurre al tópico literario de tradición grecolatina y medieval del ubi sunt, que hace referencia a la transitoriedad y fugacidad de la vida. El edificio de madera de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (FCAYC), del estudio de arquitectura Alejandro Zaera Polo & Maider Llaguno (AZPML), se convierte en un refugio o cabaña para pensar sobre la nieve, cada vez más tardía y escasa, ahora que el calentamiento global provoca que las precipitaciones sean en forma de lluvia.

La idea del comisario Alberto Ruiz de Samaniego es descubrir “los armónicos de la nieve: sus campos semánticos, simbólicos, emotivos, reflexivos y ocupacionales”.

Dónde estarán las nieves de antaño. FCAYC
Detalle de la exposicion ‘Dónde estarán las nieves de antaño’ en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Imagen cortesía de la FCAYC.

Alberto Puente, curador de la FCAYC, nos cuenta que el proyecto supuso un aprendizaje para el equipo porque, en esta ocasión, se trataba de abordar una investigación de lo natural desde la estética, a través de un “trabajo de campo imaginario en los libros”.

Señala que el punto de partida fue un texto de Alberto Ruiz de Samaniego sobre la obra de Pieter Brueghel el Viejo, ‘Jagers in de Sneeuw’ (‘Cazadores en la nieve’), de 1565. Ruiz de Samaniego nos dirige la mirada hacia esas tres figuras sin rostro que regresan tristes. Podemos intuir el sonido de sus pasos sobre la nieve y el deseo de volver al calor del hogar. La nieve aquí simboliza la pérdida y, al mismo tiempo, la espera que la vida se renueve en la primavera. Su blanco fulgor difumina lo visible y nos sumerge en el ensueño de un mundo cambiante.

Decía Alberto Ruiz de Samaniego en la inauguración que “Gaston Bachelard estudió el agua, el fuego, la tierra y el aire, pero no la nieve. Nosotros hemos hecho el libro que le faltaba a Bachelard” porque “la exposición es un ensayo filosófico en tres dimensiones con diferentes capítulos”. Así, Ruiz de Samaniego hace una selección de textos sobre la nieve de todas las épocas, que se van depositando en nosotros como copos de nieve.

Nos hablan del frío, la luz, el deslumbramiento, la magia, la belleza, el silencio o el sonido, el blancor, la pureza, la memoria, la nostalgia, el tiempo o la muerte. Conceptos que acompañan como serie armónica a la percepción y simbología de la nieve que reflejan las obras que vemos en la exposición.

Iniciamos el camino con un breve ensayo audiovisual de José Mouriño y Alberto Ruiz de Samaniego, ‘Palabras para la nieve’. A continuación, Antonio Gamoneda, autor del ‘Libro del Frío’, nos pide la mano para entrar en la nieve. Las primeras nieves que vislumbramos en las cumbres, como en la imagen de Richard Long, nos recuerdan la importancia del ser y el tiempo. Tras la noche, nos despertamos con la magia de un mundo nuevo. Un mundo transformado por la nieve, enigmático como el universo de Natividad Bermejo, que atravesamos en el trineo de Joseph Beuys hasta refugiarnos en ese gran transparente de Mario Merz.

Las fotografías de Paco Mesa y Lola Marazuela se convierten en pentagramas para los signos del silencio de la nieve. Su blanco manto hace desaparecer las referencias espaciales y solo podemos escuchar y contemplar su inmensidad. Nuestro pensamiento se ve obligado a reestructurarse; sentimos la belleza de esa blancura infinita, pero también el frío hostil que asedia nuestro cuerpo. Nuestra vida sometida a la intemperie, como ese gran caballo de Troya de Xesús Vázquez cercado por la nevada enviada por Zeus.

La ciencia se alía con el arte para atrapar las formas de la nieve y representarlas sobre el papel e incluso producirlas, pero la fascinación transforma el interés científico en una explicación espiritual. Wilson Bentley (1865-1931), fotógrafo estadounidense conocido como The Snowflake Man, fue el autor de las primeras imágenes de cristales de nieve cuando tenía 20 años.

Bentley quiso dibujar los copos de nieve poniéndolos bajo el microscopio, pero no lo logró hasta que decidió adaptarlo a una cámara fotográfica. Se obsesionó con capturar esa belleza efímera regalada desde el cielo y descubrió que eran cristales con formas irrepetibles. Fue abatido por el poder de la nieve y falleció de una neumonía, dejando un archivo de más de 5.000 fotografías. En la misma época, los álbumes de láminas ilustradas de E. Frances Chickering recogen ese deseo de representar esa hermosura accidental de formación divina.

Ukichiro Nakaya (1900-1962) fue un físico japonés nacido cerca del mar, en el área donde se desarrolla el libro de Suzuki Bokushi ‘Hokuetsu Seppu’, traducido como ‘Cuentos del país de la nieve’. Esta obra enciclopédica, además de cuentos, incluía cientos de dibujos de copos de nieve. Nayaka no solo deseaba atrapar las imágenes de la nieve, sino crearla. Consiguió desarrollar copos de nieve artificial en 1936. Decía que “los cristales de nieve deberían llamarse cartas enviadas desde el cielo”. Las imágenes de Bentley y Chickering crearon obras de arte de una geometría perfecta que transcribían esos mensajes celestes.

La nieve puede helar nuestros cuerpos, pero también nos permite disfrutar de ella volviendo a la infancia. Sentimos la fascinación de ver caer la nieve desde la ventana y el primer impulso es salir al exterior a jugar con ella. Esa sensación de tiempo detenido por la nieve, la revivimos al contemplar esa batalla de bolas atrapada por los Hermanos Lumière.

Los muñecos de nieve son una diversión propia del invierno que nos permite modelar una vida que se evapora. Las imágenes que se depositan ante nosotros con el sonido y el ritmo pautado de los antiguos proyectores de diapositivas nos muestran fotografías de la primera mitad del siglo XX, donde aparecen muñecos de nieve de varios países y su reflejo humano junto a ellos. Llaman la atención las jóvenes geishas junto a los yukidarumas que rememoran la figura de un monje budista. Aquí, además de juego infantil, vemos la belleza asociada a la tristeza de aquello que tiene un final, como en el relato de Yasunari Kawabata en ‘País de nieve’.

La exposición nos habla también sobre las relaciones que se establecen entre los seres humanos y su entorno cuando la nieve es sustento y vida. Las fotografías ‘A este lado de las montañas’, del fotógrafo oscense Eduardo Marco Miranda, forman parte del proyecto ‘Geometría del Monumento Natural’, donde reflexiona sobre la construcción del paisaje natural a través del arte y la mercantilización de la naturaleza. Además de cuestionar el canon de la belleza ideal del paisaje de montaña, plantea la necesidad de alcanzar el equilibrio entre las relaciones sociales, económicas y políticas de estos territorios.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Fundación Cerezales #FCAYC (@antoninoycinia)

Álvaro Laiz es un fotógrafo leonés especializado en fotografía antropológica y ambiental. Su videoinstalación forma parte de su proyecto ‘El Cazador’. Laiz viajó hasta el límite sudoriental de Rusia con el mar de Japón, a la región montañosa de Primorje. Allí conviven, no sin fricciones, la comunidad originaria Udegei junto con poblaciones rusas y chinas. Los Udegei viven en contacto con la naturaleza y entre sus creencias animistas está el respeto y temor a tigre de Amur, el mítico tigre siberiano. Ambos, humanos y animales, están ahora en extinción.

Los libros, las partituras y el cine completan nuestra lectura y escucha de la nieve. Si Antonio Gamoneda nos invitaba adentrarnos en la nieve para recorrer juntos el oscuro y frío camino hacia la luz, Julio Llamazares, en ‘Memoria de la Nieve’, nos conduce a un viaje nostálgico al paisaje de su biografía. Es consciente de que “la memoria es como la nieve, escribes sobre ella, y mientras escribes se va derritiendo. Es como siempre escribiera sobre la nieve, no sobre el papel”.

‘Nieve en la cordillera’ es una publicación de 1942 del fotógrafo y cineasta José Suarez donde intercala fotografías de los Andes nevados con un texto poético. Suárez había nacido en Allariz (Orense) y se formó en Derecho en Salamanca mientras continuaba haciendo fotografías y cortometrajes. Allí conoció y trabó amistad con Miguel de Unamuno. Se exilió a causa de la guerra civil a Argentina y Uruguay, donde mantuvo el contacto con otros artistas e intelectuales en el exilio como Luis Seoane, Maruja Mallo, Alejandro Casona o Rafael Alberti. En sus vanguardistas fotografías de técnica cercana a la Nueva Objetividad vemos un sentido espiritual, la figura humana siempre es protagonista con la mirada hacia un infinito inalcanzable.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Fundación Cerezales #FCAYC (@antoninoycinia)

La blanca belleza de la nieve se convierte en un sutil velo blanco que desdibuja los rostros. Vivimos el fatigoso viaje al invierno en la película de Inés García sobre la obra de Schubert. Una fotografía nos muestra las huellas y el cuerpo yacente sobre la nieve y sin sudario del escritor suizo Robert Walser. El paseante de la nieve que buscaba la invisibilidad y el silencio. Alguien desconocido inmortalizó su último paseo en la Navidad de 1956.

Las notas de una canción en la noche de la Epifanía desatan el alma atormentada de Gretta mientras vemos un paisaje nevado tras la ventana. El final de la película ‘The Dead’ (‘Dublineses’), de John Houston, adaptación de los textos de James Joyce, transmite toda la melancolía y nostalgia de la vida que se aleja. El propio director la rodó en 1987 con sus fuerzas mermadas y consciente de que su tiempo se agotaba.

Nuestra travesía finaliza en el encuentro con la desolación de la muerte. Pero, como coda, Robert Walser vuelve a la vida y nos sonríe mientras la nieve cae sobre él.

‘Dónde estarán las nieves de antaño’ es una balada con estrofas poéticas que nos recitan con melancolía lo tradicional y lo extraordinario de la nieve. Las obras de arte se convierten en versos de un hermoso poema visual y sinfónico, casi una cantata profana, que nos habla del sueño y el deseo, la belleza deslumbrante y la oscuridad, la vida y la muerte. Y la invocación fue escuchada, cuando ya habíamos perdido la esperanza, la nieve regresó.

Últimos artículos de María Llaneza (ver todos)