#MAKMAMúsica
Marina Heredia
150 aniversario de Manuel de Falla
Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL)
Sala Sinfónica Jesús López Cobos
Centro Cultural Miguel Delibes
Avda. del Real Valladolid 2, Valladolid
15 y 16 de octubre de 2026, a las 19.30h
A la cantaora Marina Heredia le gusta convivir con el mundo sinfónico, pero el escaso repertorio existente no da muchas oportunidades. La obra más célebre en este territorio fronterizo es ‘El amor brujo’ de Manuel de Falla, que ha interpretado en multitud de ocasiones, y a la que vuelve esta semana en Valladolid, en el Centro Cultural Miguel Delibes, en compañía de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL), y bajo la dirección del valenciano Pablo Rus Broseta.
“Cuando canto ‘El amor brujo’ me siento como una leona enjaulada. El cuerpo me pide irme por aquí y por allá, pero hay que ceñirse a lo que está escrito. Aun así, como la he interpretado tantísimas veces, y ya me la se y la disfruto, me permito algunas licencias chiquititas”, explica Marina Heredia.
Podría decirse que ‘El amor brujo’ es una constante en la ya extensa trayectoria de la cantaora granadina. Hace siete años, en 2019, grabó la obra a las órdenes de Pablo Heras-Casado y con el acompañamiento de la Mahler Chamber Orchestra, para el sello Harmonia Mundi, pero en los escenarios la ha interpretado en numerosas ocasiones.

“Como cada vez cambia el director, la obra cambia también”. Confía en que la versión que presenta en Valladolid esté entre las mejores, porque la OSCyL “es una orquesta caliente tocando, sin dejar de ser músicos muy correctos, metódicos y profesionales”.
¿Cuál es para Marina Heredia la mejor versión flamenca de ‘El Amor Brujo’? No lo duda, la que interpretó en directo, y grabó en disco, Lole Montoya, de Lole y Manuel. De la versión de Rocío Jurado dice que no es su preferida, pero que está muy acorde con la concepción de la obra, que busca más que una voz flamenca-flamenca, una voz folclórica flamenca, más ágil.
“Cuando interpretan esta obra las flamencas, se nota. Las cantantes clásicas, por buenas que sean, no tienen ese sentido, ese deje, esa forma de quejarse, que la obra de Falla requiere”, resalta la cantaora.
Además de sus cualidades musicales, y su vigor rítmico y tímbrico, hay otra razón por la que Marina Heredia vuelve una y otra vez a la obra de Manuel de Falla: no hay mucho donde elegir. “Es muy poco el repertorio que permite que una flamenca pueda compartir escenario con una orquesta”.
De hecho, podría decirse que ese repertorio casi se limita a ‘El amor brujo’ y ‘La vida breve’, ambas de Falla, así como algunos arreglos musicales realizados para las canciones de García Lorca. “Por eso mi inquietud es crear repertorio de orquesta para el flamenco”.
Y gracias a un encargo de la orquesta alemana Duisberger, con la que participó en la primera residencia de una artista flamenca con una sinfónica, lo ha hecho realidad. El día 23 lanzará al mercado su nuevo disco ‘En libertad’, cuya primera parte es una composición sinfónica compuesta para Marina Heredia y que narra la historia y camino del pueblo gitano. “Contamos las penurias que hemos pasado, pero con la manera gitana de afrontar las dificultades, siempre cantando y bailando”.

Heredia ha trabajado concienzudamente para asegurarse de que todo lo que cuenta y canta en esta obra se ajusta a la realidad “porque alrededor de los gitanos hay muchas leyendas urbanas”. El compositor de la parte flamenca es el colaborador habitual de la cantaora, José Quevedo Bolita, mientras que de la parte sinfónica se ha encargado Joan Albert Amargós.
“Es la primera vez que canto una obra sinfónica hecha a medida para mí”. La Orquesta de Granada, dirigida por José Trigueros, es el conjunto que da cuerpo a esta creación de ‘En libertad’. Con todo no es la primera vez que busca la compañía sinfónica en una grabación; en ‘Capricho’, donde interpreta repertorio hispanoamericano, tiene un tema con acompañamiento de la Orquesta de Alicante.
“Me gusta la idea de elevar el flamenco y que pueda salir de su zona de confort”, explica la cantaora granadina. Una zona de confort que describe como “sentarse en una silla con una guitarra y ponerte a cantar por soleá. Que está muy bien, y es la base de todo, pero hay que ir a otros sitios de vez en cuando. Aunque luego siempre tengas que volver a la silla para saber de dónde vienes”.
No se trata ya de luchar porque el flamenco se reconozca como ‘gran cultura’: ese reconocimiento ya existe. “Pero durante muchos años hemos tenido el estigma de pensar que el flamenco bueno se hace en un cuarto chico, y hay que abrir puertas a otros escenarios”, explica Marina Heredia. “Sabiendo, eso sí, que no tiene sentido cantar una siguiriya en el Wizink Center”.

Cantaoras como ella continúan el trabajo que realizaron grandes figuras como Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Tomatito o Lole y Manuel. “Estas generaciones han hecho mucho por salir del cuartito y demostrar que se puede estar a la altura de cualquier estilo y de cualquier escenario”. Desde el jazz, el pop o el rock.
Hablaba Heredia de que a las cantantes clásicas les cuesta sintonizar con el tipo de lamento que requiere una obra como “El amor brujo’. Sin embargo, “el quejido es indispensable para el flamenco, que nace como expresión del dolor de un pueblo. Como el jazz y otras músicas que salen de las tripas y las entretelas”.
Su padre, el cantaor Jaime Heredia El Parrón, se lo explicó de una forma muy gráfica cuando ella empezaba a iniciarse en el cante: “Para cantar flamenco hay que pegarle bocados al cante”. No se la olvidan sus consejos: “Tienes que descomponer al que está escuchándote. Lo tienes que conmover, ya sea por pena o por alegría’, eso es lo que me decía”.
“El flamenco tiene mucha verdad y es muy directo, no se anda con rodeos. Los cantaores tienen que ser transparentes y honestos en el escenario para que se pueda ver esa verdad que el flamenco lleva implícita”, explica la intérprete granadina. “Por eso es una de las músicas más difíciles de hacer, interpretar y comprender. Es una música pegada a la vivencia, ya sea de dolor o de otro tipo. Para mí es el arte más marcado por la vida”.
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