Antonio Alcaraz. Galería Alba Cabrera

#MAKMAArte
‘Huellas de papel’, de Antonio Alcaraz
Galería Alba Cabrera
Joaquín Costa 4, València
Hasta finales de octubre de 2026

Antonio Alcaraz (Alicante, 1963) lleva décadas documentando plásticamente las ruinas industriales. A medio camino entre el arquitecto que quiso ser y el artista que finalmente ha sido, mientras va dando clases como profesor en el Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de València, Alcaraz diríase poseído por la nostalgia de las sombras que habitan las fábricas abandonadas que él documenta.

Su documentación, realizada mediante la conjunción del dibujo, la pintura y la fotografía, se caracteriza por acoger a un mismo tiempo el testimonio material de lo que una vez palpitó hasta dejar de existir, y lo que se rebela contra esa muerte para emerger como testimonio vivo en forma de latente memoria.

No es el suyo, por tanto, el solo trabajo del amanuense dedicado a registrar las huellas de ese pasado industrial fenecido, sino el del artista que, una vez inspeccionados los lugares donde habitan esas fantasmales ruinas industriales, muestra los efectos de su largo escudriñar en forma de cierta belleza poética.

Sus fábricas y edificios abandonados, aunque inertes, no están muertos, puesto que Alcaraz los revive mediante su doble práctica investigadora y artística –el studium y el punctum del que hablaba Roland Barthes–, logrando que dichos espacios resuenen por el eco de cuantos las habitaron con su trabajo reuniendo a varias generaciones.

De hecho, si bien reconoce el propio artista que las fábricas fueron el emblema de la explotación denunciada por el pensamiento marxista, también fueron espacios que alumbraron cierta riqueza en los lugares donde prosperó el ruido de su maquinaria. “Claro que se pasaban con la gente o que contaminaban esas fábricas, pero también generaban riqueza, porque hay mucha gente que ha vivido de eso”, subraya Alcaraz.

Su exposición ‘Huellas de papel’, que acoge la Galería Alba Cabrera de València, reúne un conjunto de obras en torno a la papelera San Jorge de Xàtiva, fundada por el empresario Gregorio Molina y que en su día –años 30 del pasado siglo– fue un emporio que dio trabajo a cientos de personas y transformó la economía local.

Abandonada a finales de los 60, contó con la chimenea industrial más alta de la Comunitat Valenciana, con 50 metros de altura, superior a las desaparecidas de la siderurgia del Port de Sagunt, que alcanzaban los 45 metros.

Si bien la muestra gira en torno a esta papelera, ‘Huellas de papel’ también cuenta con obras de otros periodos del artista, todos ellos, no obstante, atravesados por esa mirada testimonial y poética. Como decía Le Corbusier, “la arquitectura es la expresión del alma de una época”, esa a la que Antonio Alcaraz no deja de dedicar sus sucesivos alumbramientos creativos.

Dos obras de la exposición ‘Huellas de papel’, de Antonio Alcaraz, en la Galería Alba Cabrera.

¿De dónde procede tu interés por las fábricas abandonadas?

A ver, viene un poco solo. Yo al principio lo que hacía –hablo de la década de los años 90– era buscar espacios industriales y los pintaba, porque me interesa mucho la arquitectura.

Tanto es así que, en distintas ocasiones, has llegado a decir que te inclinaste por las bellas artes, cuando sentías verdadero interés por la arquitectura.

Eso es. Me fascina la arquitectura y, sobre todo, la parte estética de la arquitectura. Y luego está el tema de la arquitectura industrial, que es un modelo que se repite en todo el mundo y que se caracteriza por su funcionalidad, ya que necesita de espacios diáfanos por donde puedan entrar piezas enormes. De ahí que se repita la estructura en todo el mundo.

De hecho, el sistema constructivo de las cerchas se da en diferentes lugares y países. Es un tipo de naves que se va repitiendo, aunque va por épocas. De ahí que me interese mucho lo que se ha hecho en el siglo XX, lo que ha perdido su uso y se ha quedado ahí abandonado, aunque ahora el sistema constructivo de las chimeneas, afortunadamente, esté protegido.

Estamos hablando del tema de la revolución industrial, a partir del siglo XIX, cuando entra el hierro y se ponen a hacer este tipo de construcciones, como Eiffel, por ejemplo. También hay una repetición en el sentido de que todas cuentan con una estructura más o menos uniforme.

Repetición que se observa en tu obra, porque tú repites constantemente el motivo y hay como repeticiones de imágenes. ¿Sabes que en psicoanálisis la repetición se relaciona con la neurosis, esa búsqueda obsesiva de algo que el sujeto siente perdido y no deja de perseguir?

No, no lo sabía. A ver, yo trabajo desde hace muchísimo tiempo con la repetición de elementos, con la simetría, al tiempo que hago girar las piezas, con lo cual genero una serie de espacios que no son reales.

No son exactamente reales, aunque, en este caso, me centro en la papelera San Jorge de Xàtiva que tiene realmente la chimenea más alta de la Comunidad Valenciana. Pero hay una sola chimenea y yo lo que hago es repetirla poniendo dos en una sola imagen; luego la vuelvo a repetir, poniendo tres en la misma obra. Pero en realidad es una sola chimenea.

De manera que trabajo con un collage de imágenes que manipulo: las giro y las borro según me apetece. Hago un tratamiento digital antes de imprimir.

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En tus imágenes no aparece ningún ser humano.

Nunca. Lo que me interesa es el espacio vacío. La figura la dejé cuando empecé a hacer, precisamente, arquitectura industrial. Yo sí había trabajado temas de figuración, muy rollo expresionismo alemán: Baselitz, Immendorff. Tengo piezas de esa época cuando estaba acabando de estudiar Bellas Artes.

Pero, principalmente, te interesa el paisaje industrial. Un paisaje abominado en su momento por el marxismo, que criticaba las fábricas por ser espacios donde se explotaba al obrero, y que ahora se ha convertido en paisaje objeto de reivindicación patrimonial.

Sí, sí, pero están los dos enfoques. Claro que había explotación, pero también generaron las fábricas mucha riqueza, porque muchísima gente vivía de su trabajo en ellas. El puerto de Sagunto no existía y creció cuando se metieron allí los Altos Hornos del Mediterráneo.

Entonces, yo me dedico a documentar, busco material de cuando la fábrica estaba en marcha y te das cuenta que generaba riqueza también; que hay mucha gente que ha vivido de eso. Y, claro, lo otro también es verdad. Claro que se pasaban con la gente o que contaminaban, porque las papeleras utilizan muchísima agua, pero generó también riqueza. Ahí trabajaba una barbaridad de gente: más de 300 personas en esta papelera de Xàtiva.

Una de las obras de la exposición ‘Huellas de papel’, de Antonio Alcaraz, en la galería Alba Cabrera.

Tú te centras en lo estético, en lo plástico, pero es verdad que, precisamente por esa cualidad poética de tus imágenes, también se puede percibir esa parte un poco fantasmagórica de quienes habitaron esos espacios; sujetos que trabajaron allí y luego desaparecieron.

Yo intento hacer un paisaje industrial con toda su dureza, pero creo que en mi obra luego se suaviza, se ve algo como muy poético y eso a la gente que lo ve le gusta. De manera que cuando ven fábricas abandonadas perciben el pasado como guardián de cierta memoria.

Y cuando puedo entrar en ellas y fotografiarlas por dentro, como es el caso de la papelera San Jorge, pues eso es una maravilla. Ahí sí quedan restos, como calendarios, una mesa con cosas dentro y diferentes objetos, que revelan en cierta forma que ahí trabajó mucha gente.

María Jesús González y Patricia Gómez también se vienen dedicando a la exploración de la memoria depositada en los lugares deshabitados, como por ejemplo psiquiátricos o cárceles. Ellas lo que hacen es arrancar lo que queda en la pared, si hay grafiti, si hay pinturas, mientras que tú lo haces desde la pintura, la fotografía e incluso lo instalativo. También me recuerdan algunas de tus piezas a Anselm Kiefer.

Sí, a mí me gusta mucho lo que hace Kiefer. Es una pasada. Lo que tiene en Italia, en la Pirelli HangarBicocca, es impresionante. Es una instalación de torres de hormigón en una nave abandonada gigante. Brutal. Y luego hay pintura también. 

¿Tú te sientes más pintor que fotógrafo?

Sí. Lo mío es pintura y gráfica. La fotografía es un recurso para documentar, pero yo no me siento fotógrafo. Pero, mira, los que se han interesado por esta exposición de ‘Huellas de papel’ son los de PHotoESPAÑA en Madrid [ríe].

También hay una parte un poco teatral en tu trabajo.

Yo lo que hago es recuperar material industrial. No es material de bellas artes, es todo material industrial. La estructura de hierro la hago yo, la sueldo. Y, luego, el cristal es un cristal de una ventana; esos cristales con doble cámara. Los palés son palés industriales, los neones, todo. Todo eso es material recuperado, material industrial.

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Como el que expones en esta pared de la galería, junto a tus otras obras de la papelera San Jorge, ¿no?

Esto lo he hecho ya dos o tres veces. Esto es una acumulación de obras que hice después de la DANA: cuando estábamos sacando piezas, se mezcló con material que tenía preparado para pintar, con cosas a medias, hecho un asco todo.

Lo íbamos apilando y yo lo veía y decía: “Esto es muy chulo”. Es lo mismo que ves cuando estás en una nave industrial y hay cosas apiladas en algunos lugares. Es una acumulación donde voy mezclando cosas acabadas con cosas que están a medias.

Y la he montado ya varias veces en tamaños siempre enormes, pero diferentes; voy añadiendo obras, quitando y poniendo, pero nunca es igual.

Esta acumulación también da un poco de sensación de trampantojo, porque no sabes muchas veces dónde empieza una obra y termina otra, pudiendo ser una sola o dos a la vez.

Es que algunas llevan detrás un fieltro de lana; materiales industriales que voy acoplando. Y luego están muy manipuladas, muy tocadas: a veces las miras así, de cerca, y parecen más dibujo que fotografía. Algunas otras llevan grafito, como estas del distrito minero de Jaén.

Y, luego, los cielos me los cargo, los borro todos, porque lo que me interesa es la materia industrial y la tierra. Si tú ves esto con el cielo azul, lo verías diferente. A veces, cuando lo paso a gráfica, lo que hago también es manipularlo, le meto como trazos, como brochazos, que lo hago en la pintura igualmente. Entonces, está la fotografía, pero está la parte gráfica también.

No hemos hablado del título de la exposición, ‘Huellas de papel’. ¿Por qué?

Porque es la papelera de San Jorge la que protagoniza la exposición y en ella está como el registro, la memoria de lo que se producía allí, que era papel. Además, yo trabajo muchísimo en papel; me siento muy cómodo trabajando en papel. De hecho, todo lo que hago en la Universidad [Politècnica de València] son libros, es gráfica. O sea, es todo papel.