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‘Afinando al alba. Viaje musical al corazón de un país’, de Tomás Graves
Traducción del autor y de Carmen García-Gutiérrez
Libros del Kultrum, 2025
Cuando se le pregunta a Tomás Graves (Palma de Mallorca, 1953) si ser hijo de Robert Graves ha podido ser alguna vez una carga pesada, sonríe: “De momento, no”, dice. “No es como ser hijo de Al Capone, aunque mi padre fue un poco outsider”.
El autor de ‘Adiós a todo aquello’ y del superventas ‘Yo, Claudio’ huyó de su Inglaterra natal en los años 60 y se recluyó en Mallorca, donde nació Tomás. Y aunque este tomó el camino de la música, ha terminado escribiendo también un libro, ‘Afinando al alba. Viaje musical al corazón de un país’ (Libros del Kultrum, 2025), en el que recoge una suerte de memorias ambientadas en los dos mundos entre los cuales ha crecido, el Mediterráneo y la Gran Bretaña. Recientemente, participó como invitado en el Hay Festival Fórum Sevilla.
“Curiosamente –prosigue Tomás–, la primera idea de mi padre era ir a Francia y trabajar en un diccionario de definiciones poéticas de las palabras, buscando su significado auténtico. Pero conoció a un grupo de gente de Deià que se había establecido allí, y que con la Segunda Guerra Mundial tuvieron que volver, porque no sabían dónde ir. Y mi padre recaló también en ese pueblo mallorquín”.
Tomás creció en plena ola hippie, aunque recuerda que ser hijo de quien era le hacía muy respetado en todas partes. “No me iban a meter un ácido en la Coca-Cola o algo así”, bromea, “pero sí, en cierto sentido, yo era parte de esa comunidad”.

Su casa solía estar abierta a todo tipo de visitas, tanto de desconocidos como de celebridades como Allan Sillitoe o Kingsley Amis, “que también apareció en el pueblo de al lado, en Sóller. Venía de vez en cuando a cenar y cantar con mis hermanos. En el libro menciono que fue su hijo Martin quien me abrió los ojos al rock and roll. Un día fuimos a su casa y nos enseñó unos discos. Para mi hermano y para mí, sobre todo tras descubrir a los Beatles, se nos abrió una nueva dimensión”.
El autor de ‘Afinando al alba’ recuerda que su padre no era especialmente melómano. “Su padre, o sea mi abuelo, era musicólogo y tradujo un montón de letras de canciones tradicionales irlandesas al inglés. Y también escribió letras nuevas para canciones, para temas folclóricas irlandesas. Le dieron no sé cuánto para hacer diez canciones y una de ellas fue un éxito. Entonces no había discos, pero la gente compraba las partituras para tocar en casa”.

A Robert, añade, “le gustaba el jazz, pero más bien en directo, pero no le gustaba escuchar discos. Grababa algunos discos de lecturas, leía sus poesías. Entonces, nos iban llegando cosas de la discográfica y eso era lo que escuchaba. Él cantaba, pero no tocaba un instrumento”. Sin embargo, recuerda que “nos hizo a todos aprender la guitarra o, en el caso de mi hermano, la bandurria. O sea, quería que tuviéramos una base musical”.
Tomás y su hermano formaron su primera banda de rock en los 80. En su libro cuenta su encuentro con los miembros de Soft Machine, David Allen, Robert Wyatt y Kevin Ayers, que también recalaron en Deià. Con Ayers, que está enterrado en el mismo cementerio del pueblo donde descansan los restos de Robert Graves, tocó a menudo antes de que se marchara de la isla. “Todas las chicas se enamoraban de Kevin. Había todas las drogas. Era muy difícil salir de ahí. Deià parecía un paraíso, pero… Yo tuve la suerte de no caer en todo lo que había por ahí. Pero lo veía pasar”.
Por otro lado, Graves describe un mundo previo al turismo masivo, en el que “nadie de la Sierra de Tramuntana iría a Magaluf. Y los de Magaluf pasaban en un autocar sin bajarse, porque no había donde aparcar el autocar. Una paella en Soller y luego al hotel otra vez”.
No obstante, para Tomás el gran cambio de España se produjo en el 92, con las Olimpiadas de Barcelona y la Expo 92, aunque en su opinión hay algo que nunca ha cambiado: el ruido que parece connatural al pueblo. “Yo creo que es precisamente una herencia por la imposición del franquismo, que hace que la gente se tenga que rebelar de alguna manera, aunque sea así, en pequeñas dosis”.
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