#MAKMAArte
‘Chema Madoz. Letra y compás’
Comisario: Juan Pedro Font de Mora
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Hasta el 17 de mayo de 2026
Juan Pedro Font de Mora, comisario de la exposición ‘Letra y compás’, dedicada a Chema Madoz, habló de la muestra que reúne 50 fotografías del, entre otras cosas, denominado poeta visual, como un “pentagrama gigante” desplegado en el Centre del Carme de València y, también, como una “sinfonía fotográfica”. Pentagrama y sinfonía que van poniéndole música a la literatura igualmente evocada en el conjunto expositivo.
Para dar cuenta de esa simbiosis entre la letra y el compás aludidos en el título de la muestra, el comisario, sin duda espoleado por las imágenes que fluctúan entre lo cotidiano y lo fantástico, lo superfluo y lo extraordinario, la cruda realidad pasada por la sartén a fuego lento y el sueño, hace uso de citas de algunos autores con el fin de revelar el carácter surrealista que anida en la obra de Chema Madoz.
Aclaremos, de entrada, que ese carácter surrealista es, literalmente, aquello que tiene que ver con “su realismo”, esto es, la manera que tiene el artista de concebir la realidad como poblada de objetos a los que él, cual ventrílocuo, dota de voz propia, rebelándose tales objetos contra su cautividad funcional, de forma que terminan cobrando vida por obra y gracia del autor que los escucha.

De entre los autores citados por el comisario, destaca Ramón Gómez de la Serna, cuyas greguerías le van como un guante al poeta visual, escultor objetual, escenógrafo o fotógrafo que, al igual que el escritor, encuentra relaciones descabelladas, o simplemente tratadas de un modo singular, entre objetos dispares o en el interior del propio objeto, dando lugar a imágenes sorprendentes.
Así, el arco de cemento de un edificio se convierte en otro construido a base de libros, a cuya imagen le acompaña la siguiente greguería: “El erudito se hace la casa con ladrillos de libros”. No figuran en la exposición las siguientes, traídas aquí a colación porque, ligadas entre sí, creemos que dibujan el perfil de la obra de Chema Madoz.
Por ejemplo, estas: “Cuando se ve lo fantasmal que es una gabardina es cuando está colgada en el perchero”; “¡Cómo nos mira una tienda de objetos de óptica!”; “El sueño es un depósito de objetos extraviados”; “¿Qué es la ilusión? Un suspiro de la fantasía”; “Las sillas aprovechan la oscuridad para echar la zancadilla a sus propietarios”; “En el fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado”.
🗯️ El #CCCC presenta la poesía visual del fotógrafo Chema Madoz, Premio Nacional de Fotografía, que une por primera vez en una exposición música y literatura.
— CCCC Centre del Carme Cultura Contemporània (@centredelcarme) February 6, 2026
🗒️ Os esperamos en su inauguración hoy, 6 de febrero, a las 19:00h. Con entrada libre. pic.twitter.com/LvDy2Fa390
Hay más citas que podríamos asociar, sin forzamiento alguno, con unas cuantas fotografías que integran ‘Letra y compás’. Lean y, luego, procedan a ligarlas con algunas de las imágenes expuestas, siquiera por evocación: “La escritura china es un cementerio de letras”; “Las manos de los pianistas se agarran como náufragos a las teclas”; “El mar debía tener un agujerito por donde irse desaguando”; “La pandereta es la hija alegre que le salió al tambor”.
Nicolás Bugeda, director gerente del Consorci de Museus, definió a Chema Madoz como un “artista multidisciplinar”, puesto que, a su juicio, “no es solo fotógrafo, sino escultor, pintor y muchas cosas más”. De manera que Madoz es y no es todo eso, al igual que en sus imágenes comparecen objetos que son y no son lo que parecen, puesto que la función para la que estaban destinados cobra una nueva dimensión, ya sea porque se comportan díscolamente o porque establecen relaciones con otros objetos de una forma extraña: entre mágica y onírica.

Diríase, por seguir a Gómez de la Serna, que en su obra se suceden “suspiros de fantasía”, al tiempo que se van dando la mano esos objetos “extraviados”, hasta conformar el depósito al que van cayendo por el tobogán del sueño. ‘Letra y compás’ evoca tamaña fantasía, a veces onírica, a veces fruto de un ser tan solo atento a su fértil imaginación, cifrándola únicamente en todo aquello que concierne a la literatura y la música.
En este sentido, Juan Pedro Font de Mora, se refirió a la exposición como “la primera en todo el mundo” de Chema Madoz circunscrita a esa temática. “Él quería ser músico, pero como vio que no era lo suyo, pensó inmediatamente que, si con siete notas musicales se podían hacer grandes obras, imagínate lo que se podía hacer con la cantidad de objetos que nos rodean; las combinaciones a que pueden dar lugar”.
Medio centenar de esas combinaciones tienen lugar en el Centre del Carme, donde estará la exposición hasta el 17 de mayo. Combinaciones repartidas entre aquellas imágenes referidas a la literatura y aquellas otras relacionadas con la música: “25 y 25, dado el carácter obsesivo de Chema”, precisó el comisario, “aunque están mezcladas”, apostilló. Mezcladas, a modo de notas sueltas, para que sea el espectador quien monte su propia sinfonía o novela.

Cabe agregar, siguiendo en esto al crítico Fernando Castro Flórez, que su “poesía sonriente” está igualmente caracterizada por el “sentido del humor”. Como el que aflora en algunas otras greguerías que bien pudieran haber estado en la exposición, de haber sido el campo temático más abierto: “Las narices son los enchufes de las personas”; “el helicóptero es un sacacorchos que vuela”, o “la Y griega mayúscula es la copa de champaña del alfabeto”.
Chema Madoz, como buen ventrílocuo, hace hablar a la infinidad de objetos en los que se fija, mientras nosotros, sus espectadores, viajamos de una fotografía a otra escuchando las múltiples y extrañas voces contenidas en sus teatralizadas composiciones.
Diríase, tras escuchar de nuevo a Gómez de la Serna –”el cerebro es un paquete de ideas arrugadas que llevamos en la cabeza”–, que Chema Madoz lo que hace con su sinfonía de objetos es quitarles las arrugas de lo consabido para que se muestren en la plenitud de su irreverencia. Como refiere el comisario en otra de sus citas, ahora en boca del compositor Alan Hovhaness, “la simplicidad es difícil, no fácil; la belleza es simple”. The End.
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