¿Quién fue el arquitecto de Nueva York?

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra
Documental producido por Endora

Cumplidos los 40 años, Rafael Guastavino llegó a la Gran manzana, a finales del siglo XIX, sin conocimientos de inglés, ni tener allí ningún contacto o padrino, y de forma prodigiosa y tras muchos avatares dejó su impronta imperecedera en la ciudad. Una huella tan firme y sólida que este valenciano nacido en la Plaza de la Reina pasó a la historia como ‘El arquitecto de Nueva York’. Este es el título de un largometraje documental de 70 minutos de duración producido por Endora que con un equipo  íntegramente valenciano trata de responder la difícil pregunta ¿Quién fue realmente Rafael Guastavino?

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

En pos de su esquivo rastro la directora de Endora y también del documental, Eva Vizcarra junto a los realizadores viajaron a Vila-real, Nueva York y Boston, y se entrevistaron con numerosos especialistas en la obra de este genio desconocido. “En Endora siempre nos interesamos por la cultura y el arte, especialmente por la arquitectura, y cuando me hablaron de este gran hombre supe que tenía que dedicarle un proyecto”, cuenta Vizcarra.

La producción fue posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, TVE, CulturArts y la aportación de María José Soriano, presidenta de Porcelanosa. En total, algo más de 200.000 euros dedicados a recuperar la memoria y la obra de este valenciano hasta ahora sólo conocido por los arquitectos e intelectuales. El filme se presentó a principios de marzo y se podrá ver el próximo 15 de abril en la serie Imprescindibles de LaDos antes de entrar en el circuito de las salas de exhibición. Manuel de la Reina, Carlos Escutia, ambos ganadores de un Goya, y Miguel Gil forman parte del equipo de producción.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Un millar de edificios

A través de testimonios de expertos y animación en 3D de Primer Frame el documental explica cómo Guastavino (Valencia, 1842-Baltimore, 1908) logró el éxito y se forjó una reputación con sus soluciones constructivas, especialmente con la llamada bóveda tabicada o catalana de origen romano y mediterráneo. En una época en la que Nueva York era pasto de pavorosos incendios,  jugó una gran baza. Construyó unas cuantas pequeñas edificaciones según sus técnicas y tras incendiarlas demostró que resistían las llamas. Así se ganó la admiración y la confianza de sus colegas americanos.

En su etapa estadounidense construyó alrededor de un millar de edificios entre los que destaca la Grand Central Terminal, la estación ferroviaria con mayor actividad del mundo, unos 750.000 viajeros diarios. Espacios tan dispares como la biblioteca pública de Boston o la Catedral de San Juan Divino en Nueva York, cuya inmensa cúpula central podría contener la Estatua de la Libertad. También la primera estación de metro, el Zoológico del Bronx, Carnegie Hall, el edificio de la Reserva Federal o el puente de Queensboroug’s, en el que Woody Allen se inspiró en la película que lleva ese nombre. Sus obras se encuentran también en Baltimore, Boston, Filadelfia y otras ciudades.

Rodaje de 'El arquitecto de Nueva York', de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Rodaje de ‘El arquitecto de Nueva York’, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Mujeriego empedernido

La faceta humana del arquitecto es más difusa, aunque sí parece claro que fue un gran mujeriego. De hecho, su exilio a Nueva York fue provocado en parte por un lío de faldas. Abandonado por su adinerada mujer, harta de sus constantes infidelidades emprendió el viaje con una de sus amantes y uno de sus cuatro hijos, que contaba a la sazón nueve años y que prosiguió su obra en Estados Unidos. Dejaba en Barcelona algunas deudas y a una sobrina embarazada. De su intensa vida sólo quedan tres retratos fotográficos que lo representan en tres momentos de su vida.

También se sabe con certeza que nació en la Plaza de la Reina, que su abuelo residió en Vila-real y que padre era ebanista y de origen italiano. En Barcelona dejó sus estudios en artes por los de la Escuela Especial de Maestro de Obras, donde forjó su estilo a partir de la «construcción cohesiva»: bóvedas para fábricas, masías y fincas que suponían un importante ahorro económico, ya que no requerían de encofrado y eran resistentes al fuego.

Gracias al filme de Endora su rostro será por fin familiar a los valencianos y pasará a la galería de personajes ilustres que pusieron esta tierra a muy alto nivel.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Bel Carrasco

Quico Torres, pionero con el Krión

Reflexiones sobre la materia y la forma, de Quico Torres
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 11 de enero de 2015

Es un material utilizado en la construcción de edificios en Japón. Quico Torres lo descubrió en Porcelanosa y la empresa le ofreció la posibilidad de trabajar con él. A la madera, el hierro, el acero, la piedra o el hormigón, los escultores pueden añadir ahora como herramienta de trabajo el Krión. El primero en hacerlo ya es Quico Torres, cuyas ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’, presentadas en el Centro del Carmen, incluyen esas primeras obras realizadas con Krión. Tan resistentes como frágiles, abren un nuevo campo de experimentación.

Dos de las esculturas de Quico Torres, en la Sala Refectori del Centro del Carmen.

Dos de las esculturas de Quico Torres, en la Sala Refectori del Centro del Carmen.

“No te puedes quedar estancado, tienes que ser valiente, pero con seriedad”, explica Torres. Por eso ha utilizado el blanco, “porque es el color más atrevido”, aunque haya sido el nuevo material quien le haya dado las ideas. “Es caliente, rápido, frágil y fuerte”. Imposible trabajar con moldes, de manera que el artista se la juega con cada pieza, que se convierte en “única” o va “directamente a la basura”. La exigencia es máxima, porque cada plancha de Krión es muy cara. Porcelanosa, patrocinadora de la muestra, ha corrido con los gastos del material.

Escultura en Krión de Quico Torres. Centro del Carmen.

Escultura en Krión de Quico Torres. Centro del Carmen.

Pero ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’ va mucho más allá del Krión. Quico Torres exhibe un compendio de su obra, que va desde las piezas de madera, cuyas formas sinuosas y orgánicas recupera para sus más recientes e innovadoras esculturas blancas, hasta las de piedra, más “metafísicas”, en palabras de Boye Llorens, comisario de la exposición.

En todas ellas, incluida la de hierro forjado, con influencias de Martín Chirino y Salvador Soria, late una misma tensión, que Llorens resume así: “Entre la solidez o el peso y la aparente ingravidez de la forma en el espacio”. O también: “La inquietud y el amor por el trabajo artesanal, que combina el oficio y la poética de lo inútil”. En cualquier caso, Quico Torres no se cansa de decir, siguiendo la influencia de su admirado Salvador Soria, que “lo más importante es la obra, no el artista, porque cuando tú no estés la gente hablará de la obra”.

Esculturas de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Esculturas de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Vicent Berenguer, también por primera vez, ha puesto su música al servicio de una obra de arte, componiendo tres piezas que evoquen esas ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’. “La relación entre la música y la materia es complicada”. Y, en todo caso, “siempre subjetiva”. Lo que resultó sorprendente es el resultado, que tituló, sin saber el que Quico Torres tenía pensado para su exposición, ‘Materiae’. Una materia que llena la Sala Refectori del Centro del Carmen, pero que se propaga en el aire gracias a la música de Berenguer.

Escultura de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Escultura de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Como apunta Llorens, después de todo “el despliegue de la materia en el espacio es la huella que el artista moldea en el aire”. Huella orgánica, de sus esculturas en madera y ahora en Krión, y huella arquitectónica, de sus esculturas en hormigón. Huellas que si bien remiten a la naturaleza de la que se nutre el artista de Benissa, también proceden de la “interpretación onírica” (Llorens) de esa misma naturaleza.

Trabajar con el Krión ha supuesto un salto al vacío para Quico Torres, porque “nadie antes había trabajado con este material, por lo que no tenía referencia alguna acerca de cómo hacerlo”. Jamás utilizado en la escultura con anterioridad, el Krión nace de la mano de Torres como nueva “herramienta poética e inútil”, por seguir a Martín Chirino. “Siempre pensando en la huella del hombre en el mundo”, concluye Llorens.

Quico Torres, entre dos de sus obras, en el Carmen. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Quico Torres, entre dos de sus obras, en la Sala Refectori. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres