Auge y deceso del nazismo en Sala Russafa

‘Shakespeare en Berlín’, de Chema Cardeña
Arden Producciones
VIII Cicle de Companyies Valencianes
Sala Russafa
Denia 55, València
Del 31 de enero al 17 de febrero de 2019

El teatro a veces funciona como un espejo. Es lo que ocurre con el thriller histórico ‘Shakespeare en Berlín’, que vuelve a Sala Russafa dentro de su VIII Cicle de Companyies Valencianes, justo cuando el panorama político y social español lo hacen más actual que nunca.

Del 31 de enero al 17 de febrero de 2019 sube al escenario del teatro de Ruzafa, donde se creó esta pieza de Arden Producciones que arranca su cuarto año en gira, tras visitar medio centenar de ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Sevilla, además de saltar a Portugal dentro del Circuito Ibérico de las Artes Escénicas. Se trata de uno de los últimos y más exitosos espectáculos de la formación valenciana, impulsora del teatro de Ruzafa; y, para algunos, uno de los mejores textos de Chema Cardeña, quien escribe y dirige la pieza en la que interpreta uno de los papeles y por la estuvo nominado a Mejor Actor de Reparto en los Premios MAX.

Shakespeare en Berlín. MAKMA

“Cuando creamos este espectáculo nunca pensamos que tendría tanto recorrido, pero es que en cada ciudad y en cada momento en que lo hemos representado, el público ha tenido una lectura muy condicionada por lo que estaba pasando en las calles. Por ejemplo, cuando lo estrenamos en Barcelona en 2016, el espectáculo fue acogido con mucho entusiasmo, y al volver un año después, en plena efervescencia del 1 de octubre, la interpretación que hizo el público del mismo espectáculo, fue mucho más intensa”, comenta Cardeña.

Mezclando referencias históricas en una interesante trama de thriller, ‘Shakespeare en Berlín’ recrea el nacimiento, crecimiento y ascenso al poder del nazismo a través de la amistad de un matrimonio, formado por un profesor de fotografía y una directora de cine, con un exitoso actor judío. Los que fueran inseparables compañeros tendrán que atravesar un periodo en que la sociedad se transforma y los transforma, con el auge de políticas populistas y discriminatorias, la pérdida de derechos individuales y el incremento de la confrontación social.

“En los últimos años hemos visto cómo no sólo en el mundo, también en Europa y España crecía la ultra derecha. Y al acabar la función la gente nos decía que cada vez nos parecíamos más a esa Alemania que, en plena depresión económica, encontró un chivo expiatorio perfecto a quien culpar de sus problemas”, argumenta el dramaturgo.

Además del apoyo de la crítica, con el Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2018, la pieza ha recibido otros reconocimientos entre los que Cardeña destaca los dos Premios del Público (El Puig y L’Aculdia), además de la nominación para el mismo galardón en el Certamen de Haro. “Es emocionante que los espectadores se sientan tocados por lo que está ocurriendo en el escenario, que se planteen cómo actuarían ellos, que se genere un debate espontáneo al salir del teatro. Es de las mejores cosas que te pueden pasar como dramaturgo”, admite Cardeña.

Él mismo, Juan Carlos Garés e Iria Márquez, con la colaboración especial de Juan Mandli, dan vida a este espectáculo, homenaje a la palabra y a la emoción, con toques noir y que echa la vista atrás para hablar del presente. “Pero, sobre todo, del futuro, si queremos evitar que la historia se repita”, señala su autor y director.

FEBRERO CON PROPUESTAS VALENCIANAS, NACIONALES E INTERNACIONALES

Durante tres semanas, ‘Shakespeare en Berlín’ permanecerá en Sala Russafa, dentro del VIII Cicle de Companyies Valencianes, en el que también se integra la pieza ‘Anónimas’ (22-24 de febrero). Este espectáculo de danza urbana sobre tacones habla sobre el empoderamiento de la mujer y abre la programación de un ciclo especial dedicada a La Dona, que continuará alrededor de la jornada del 8 de marzo, con diferentes propuestas escénicas y culturales.

Además, el centro acogerá en febrero la producción argentino-española ‘El Trinche’ (19 y 20 febrero) dirigida por Jorge Eines, que se acerca a la figura de este astro del fútbol argentino. Y el ‘Ultrashow’ del humorista canario afincado en Barcelona, Miguel Noguera (15 y 16 de febrero) dará un toque surrealista al fin de semana de los enamorados.
Por último, la programación mensual se completa con una nueva sesión de ‘El Arte de Conocerte’ (9 de febrero), una experiencia escénica que se apoya en la Escuela Gestalt de la psicología, dirigida por el productor teatral y terapeuta Óscar Cortés.

Iria Márquez, Chema Cardeña y Juan Carlos Garés protagonizan 'Shakespeare en Berlín'. Fotografía cortesía de Arden Producciones.

Iria Márquez, Chema Cardeña y Juan Carlos Garés protagonizan ‘Shakespeare en Berlín’. Fotografía cortesía de Arden Producciones.

‘El último chiste del Gran Jacobi’ en la Librería Leo

Presentación de ‘El último chiste del Gran Jacobi’, Eduardo Goldman
Huso Editorial, 2018
Librería Leo
Rinconada Federico García Sanchìz 1, Valencia
Lunes 26 de marzo de 2018 a las 19:00

La Librería Leo acoge la presentación de la novela ‘El último chiste del Gran Jacobi’ (Huso Editorial, 2018), del escritor argentino Eduardo Goldman, que se llevará a cabo el próximo lunes 26 de marzo, a  las 19:00, y contará con la presencia del autor, en un acto que será conducido por el escritor y miembro de MAKMA Jose Ramón Alarcón.

‘El último chiste del Gran Jacobi’ narra la apasionada vida de Paul Jacobi, el comediante judío berlinés que alcanzó la fama con su espectáculo de humor político en el cabaret Barbarroja, durante la República de Weimar, su ocaso por el ascenso del nazismo, su internación en el campo de concentración de Auschwitz y, posteriormente, sus años en Buenos Aires durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983.

Eduardo Goldman. Makma

Se trata de una novela histórica que refleja en detalle la vida cotidiana de los ciudadanos alemanes tanto en el Weimar como en el nefasto Tercer Reich. Siendo además una referencia insoslayable para temas poco divulgados como la Jüdischer Kulturbund (el teatro judío permitido y alentado por Goebbels para refutar las críticas al reich por su antisemitismo), la actuación de Hans Hinkel (presidente de la Cámara Nacional de Cultura del Reich), la película Fronttheater (una comedia auspiciada por el ministerio de Propaganda nazi), la actitud de algunos SS que intentaron salva a prisioneros judíos en el infierno de Auschwitz (como el doctor Hans Münch).

‘El ultimo chiste del Gran Jacobi’ es una novela de creciente acción, desde la primera a la última página. Una historia con grandes dosis de humor, muchas veces negro. La epopeya de una época y, a la vez, un fuerte triángulo amoroso que envuelve al protagonista, Paul Jacobi, una muchacha aria y el capitán de las SS Erich von Thaler, el mejor amigo de Jacobi. Quizás, no tan amigo como para dejar de aprovechar la desgracia del humorista judío y quedarse con su mujer. Pero lo suficiente como para arriesgar su vida en las sombras de Auschwitz para salvarlo de las cámaras de gas.

Eduardo Goldman. Makma

Paul Jacobi ignora que su amigo lo ha venido protegiendo, y que, con la ayuda de Hans Münch, lo “sustrajo” de la marcha de la muerte en la retirada de los alemanes hacia Berlín. Finalmente, Jacobi logra escapar hasta llegar a la Argentina, donde años después deberá enfrentar el mismo horror encarnado en la sanguinaria dictadura militar que enlutará al país sudamericano.

Erich von Thaler sobrevivió a la guerra, internado, luego de un bombardeo a Auschwitz 3, en el hospital de las SS en Lieftherderle. Muchos años después, gracias a una carta que recibe de Ana Sefeld, hija del fallecido periodista que ha investigado esa historia, von Thaler es anoticiado de que Jacobi no ha muerto y reside en la Argentina. Ana ha venido siguiendo la investigación de su padre para filmar un documental sobre la vida de Paul Jacobi. Esto moviliza al ya anciano ex SS a viajar a Buenos Aires, acompañado de su hija, Helga, y buscar allí un perdón que jamás pudo hallar en sí mismo.

La primera edición de este libro fue declarada “de público interés” por el Departamento de Derechos Humanos de la Provincia de Neuquén (Argentina).

Eduardo Goldman (Buenos Aires, 1950) es licenciado en psicología, escritor, guionista. Colaboró en medios gráficos como Diario Popular, La Nación, La Gaceta de Hoy, Humor, Sex Humor Ilustrado, El Gráfico, Feriado Nacional y otros. Ha colaborado en diversos programas de televisión, y sus canciones infantiles han sido grabadas en Argentina, México y España.

Ha publicado cuatro novelas: ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’, ‘Ni siquiera nos queda París’, ‘El último chiste del Gran Jacobi’ y ‘Adiós héroe americano’. También libros de humor: ‘Diccionario Sendra-Goldman de psicología cotidiana’, ‘Todo lo que usted siempre creyó saber acerca del sexo (y en realidad no sabía ni medio)’, ‘Cómo ser intendente y no morirse de angustia’, ‘Ni loco vuelvo a ser presidente’, y otros. Además, dos libros de autoayuda: ‘El hombre superior’ y ‘El cine: una terapia al alcance de todos’.

Su comedia dramática ‘El patio de mi vecino’ obtuvo el primer premio de la Fundación Banco Caseros.

 

Las ‘mamás belgas’ conquistan el mundo

Las Mamás Belgas, de Sven Tuytens
Diputación de Valencia y Ayuntamiento de Ontinyent

De Ontinyent a Bruselas, de Belgrado a l’Alfàs del Pi. La odisea de las mamás belgas, el grupo de mujeres judías que trabajaron de enfermeras en España durante la guerra civil,  ha interesado y conmovido a los habitantes de los cuatro puntos cardinales. El documental Les mamàs belgues, realizado por Sven Tuytens que relata por primera vez su odisea, se verá también en otros festivales internacionales como el Ekurhuleni International de Sudáfrica. El Centro Juan Carlos I de España de la Universidad de Nueva York y otras instituciones culturales se han interesado por él y, gracias a la intervención del hispanista Paul Preston, se proyectará  en Londres, en la London School of Economics, el próximo diciembre.

Todo empezó por una foto. Una imagen que representa a un grupo de mujeres en cuyos semblantes se trasluce cierta expresión de alivio. Fue captada en Barcelona, en 1937, y la mayoría de ellas eran judías que llegaron a España por medio de los sindicatos belgas huyendo de las primeras persecuciones nazis y que realizaron una gran labor como enfermeras en el Hospital Militar Internacional de Ontinyent.

Las Mamás Belgas, de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Las Mamás Belgas, de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Más de 80 años después un documental relata la odisea de estas mujeres atrapadas entre dos guerras y marcadas por la tragedia, pues muchas acabaron en campos de exterminio nazis. Les Mamàs Belgues es un proyecto de Sven Tuytens, corresponsal de la Radiotelevisión belga en España desde hace seis años que ha contado con el apoyo económico del Área de Igualdad de la Diputación de Valencia, el Ayuntamiento de Ontinyent  y el asesoramiento del profesor de Didáctica Joan Torró.

“La idea del documental surgió de la foto de esas mujeres que encontré en el Centro de Estudios de la Segunda Guerra Mundial de Bruselas dirigido por Rudi Van Doorslaer”, dice Tuytens. “En los años ochenta el director de dicho centro escribió un artículo sobre ellas, y pensé que sería muy interesante conocer a fondo su historia. Los episodios de esa época están casi siempre protagonizados por hombres, los combatientes y brigadistas”.

Cartel de 'Las Mamás Belgas', de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Cartel de ‘Las Mamás Belgas’, de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Debido al largo tiempo transcurrido, la idea podría haber acabado en agua de borrajas, pero la buena estrella condujo el proyecto a buen puerto. Fascinado por la historia, Jorge Rodríguez, exalcalde de Ontinyent y presidente de la Diputación, apostó por financiar el filme y los franciscanos que ocupan el vetusto edificio que fue Hospital Militar no pusieron ninguna pega para que se convirtiera por unos días en plató de rodaje. “Me dijeron que no nos dejarían rodar porque la guerra les traía malos recuerdos, pero los padres franciscanos me recibieron con los brazos abiertos y nos dieron todas las facilidades, tal vez por ser un interlocutor extranjero, alguien neutral”, comenta  Tuytens.

La centenaria Rosariet

La aportación del profesor JoanTorró que conocía a fondo la historia por ser natural de Ontinyent fue fundamental. A través de él se conectó con Rosariet, una anciana de 96 años que siendo muy joven trató a las Mamás belgas, como las llamaban cariñosamente los habitantes del pueblo. “Su testimonio es el hilo conductor del argumento, un elemento esencial”, indica Tuytens.

Con un presupuesto de 50.000 euros, el documental se rodó en noviembre de 2015 a lo largo de una semana por la productora valenciana Primera plana. Dura 26 minutos y se ha doblado a varios idiomas: castellano, valenciano con subtítulos en inglés, francés y neerlandés. Incluye imágenes inéditas cedidas por la Filmoteca valenciana como las que captan la llegada a la ciudad de 16 ambulancias donadas por Bélgica a principios de la guerra civil.

Fotograma del documental 'Las Mamás Belgas', de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Fotograma del documental ‘Las Mamás Belgas’, de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Además de las belgas, trabajaron en el Hospital Militar mujeres procedentes de Holanda, Argentina, Cuba y países del este de Europa como Polonia, Rumanía y Hungría que empezaban a sufrir el efecto de los progroms antisemitas alentados por el nazismo. Muchas carecían de conocimientos de medicina pero eso no les impidió realizar una inestimable labor. Resistieron el avance franquista y un par de semanas antes del fin de la contienda partieron a Argelia francesa y desde allí regresaron a Europa. Unas se sumaron a la Resistencia y otras acabaron en los campos de exterminio entre ellas una que había sido madre durante su estancia en Ontinyent; con ella también murió su hijo de cuatro años, nacido en tierras valencianas.

Las mamás belgas. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Las mamás belgas, de Sven Tuytens. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Bel Carrasco

“Jesús ejerció como un verdadero político”

El trono maldito
José Luis Corral y Antonio Piñero
Editorial Planeta

Jesús de Nazaret es el principal protagonista del libro más leído del mundo, la Biblia, y también la figura que inspira miles, quizá cientos de miles de relatos,  tanto en clave de ensayo como de ficción, en torno a su vida y su mensaje. Los historiadores y catedráticos españoles, José Luis Corral y Antonio Piñero, han unidos sus fuerzas y conocimientos para trazar un fresco del tiempo de Jesucristo en el contexto político de su tiempo, en el marco de Israel y el Imperio Romano en el cénit de su poder. ‘El trono maldito’ (Planeta) se presentó este mes en L’Iber con presencia de los autores, Antonio Zarza y Alejandro Noguera.

La historia comienza en el 4 a.C. tras la muerte del cruel tirano Herodes el Grande, cuando se inicia una lucha de poder entre sus hijos. Una truculenta competición de pasiones, sexo y violencia para ganarse el favor del emperador Augusto quien dirá la última palabra. En medio de la vorágine aparece Jesús, un predicador que revoluciona al pueblo judío, pues arremete contra los romanos y la casta sacerdotal judía.

Los autores se han documentado ampliamente  en obras de referencia, como ‘Guerra de los judíos’, de Favio Josefo; ‘Historia romana’, de Dión Casio; ‘Cartas’, de Plinio el Joven; ‘Vidas de los doce césares’, de Suetonio; ‘Historia de Roma desde su fundación’, de Tito Livio, y, por supuesto, los Evangelios y el Nuevo Testamento.  El libro cuenta con mapas, árboles genealógicos de sus principales protagonistas y un apéndice cronológico con los hechos más destacados de la época que retrata.

A lo largo de sus páginas desfila una rica galería de personajes históricos. Desde el difunto Herodes El Grande hasta sus hijos Arquelao, Antipas y Filipo. Desde los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula a los sacerdotes Anás y Caifás. Mitos como Salomé y Livia, mujeres influyentes en la política de su tiempo, como Glafira, Herodías o Rut.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

¿Qué aporta su historia respecto a las escritas sobre esta encrucijada histórica?

‘El trono maldito’ es una novela, y, por tanto, contiene ficción, pero se basa en los documentos que se conservan de la época de Cristo. La principal novedad es que partimos de fundamentos históricos y literarios ausentes de prejuicios. Uno de los principales problemas al abordar la vida de Jesús ha sido precisamente el basarse en demasiados juicios previos. Nosotros los hemos evitado. Algunos lectores me han dicho que la novela les ha hecho reflexionar mucho.

¿Cómo se han organizado Piñero y usted el trabajo?

La novela surge de un guión de Antonio Piñero de unos 400 folios que yo convertí en 800. Después, durante dos años, hemos ido añadiendo o quitando cosas, tras intercambiar correcciones ambos una y otra vez. Ha sido muy fácil trabajar con Antonio porque es un gran historiador y un hombre muy sensato. La obra es 100% de los dos.

¿Cuál es su valoración personal sobre la figura de Jesús?

Es complicado emitir una valoración breve porque la figura histórica de Cristo ha sido muy manipulada y contaminada por siglos de enfoques predeterminados. Yo creo que Jesús fue menos idealista de cómo se presenta en los textos cristianos, y que ejerció como un verdadero político, actuando como tal durante los últimos años de su vida.

¿Por qué un pueblo tan beligerante y defensor de su libertad como el judío se dejó llevar siglos después al matadero?

La resignación que los judíos mostraron en la Alemania nazi es extraña, sí. Los nazis prepararon a conciencia el holocausto, y lo diseñaron con precisión. Los judíos no se esperaban semejante ataque, de modo que los pillaron desprevenidos. Los nazis supieron desarticular cualquier conato de resistencia y los judíos se resignaron a un destino terrible. Además, en los primeros años de la represión nazi nadie los ayudó, pues el ‘odio al judío’, especialmente activo en la Edad Media, estaba todavía presente en el imaginario colectivo de muchos países.

¿Se resolverá alguna vez el eterno problema judeo-palestino?

Hay una parte muy importante del pueblo judío, y todavía con mayor influencia en la política del Estado de Israel, que se considera ‘el pueblo elegido de Dios’ y que tienen ‘derecho divino’ a la Tierra Prometida. Con postulados así, donde se mezclan el más rancio nacionalismo excluyente con el más atávico sentimiento religioso exclusivista, es muy difícil llegar a una situación de paz y estabilidad permanente. La única esperanza es que las nuevas generaciones de judíos y de palestinos aprendan y entienda que el género humano es uno solo, y que deben entenderse y respetarse. Si no ponen en práctica esta idea, el enfrentamiento este estas dos comunidades seguirá durante mucho tiempo.

Portada del libro 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

Portada del libro ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

Bel Carrasco

El gran hotel Budapest, entre dos Europas

El gran hotel Budapest, de Wes Anderson
Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2014

La película “El gran hotel Budapest”, además de la hermosa historia de amistad y amor que se narra, es un homenaje a un acto esencial y diferenciador de la especie humana: el hecho de contar y de escuchar historias como experiencia trascendental del ser humano. Esta es la esencia de la película de Anderson, basada en un cuento de Stefan Zweig, cuya obra de ficción o biográfica, de este autor, es ante todo una reflexión sobre la importancia de ese acto, de contar y de escuchar historias, como vehículo para comprender la esencia del sujeto.

La historia de ‘El gran hotel Budapest’, reciente Premio del Jurado en el Festival de Berlín, empieza como todas las historias: con una interrogación existencial provocada por cierta sorpresa que viene a quebrar el orden de la anodina realidad cotidiana. En la película de Anderson todo se inicia cuando un joven escritor, interpretado por Jude Law, huésped del decrépito Hotel Budapest, se queda fascinado por la presencia de otro huésped: ¿Quién es ese hombre mayor, de mirada melancólica, sentado en el hall?, pregunta al botones.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Ese hombre (Mr. Moustafa / Murray Abraham) es el actual dueño del hotel, cuya historia dará a conocer el pasado tanto del propio hotel como del singular director que lo precedió. Será la figura de éste, Gustave (Ralph Fiennes), el centro de una narración que desvelará cierto acto heroico fundador del relato moderno. Esto es, el relato de valores tales como la racionalidad y el impulso artístico, base de la civilización europea, que tendrá su correlato siniestro en forma de totalitarismo.

Gustave representa la figura del hombre que, en medio de la barbarie, logrará con sus actos preservar la vida del emigrante Moustafa, botones del hotel, posibilitando que éste continúe su digna labor al frente del Gran Hotel Budapest junto a su esposa Agatha (Saoirse Ronan). He ahí la importancia del relato, en tanto espacio de transmisión de experiencias que merecen la pena ser vividas.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Contada en tono de comedia esperpéntica, muy del gusto de Anderson, tal y como ya demostrara en ‘El viaje a Darjeeling’, ‘El gran hotel Budapest’ sigue las peripecias de Gustave y su botones Moustafa, en medio de la guerra europea, para reflejar lo que cuesta mantener la dignidad humana cuando se desata la pasión bélica. Gracias al coraje, tan ingenuo como genuino, de Gustave, el emigrante Moustafa logrará salvar la vida.

Y como corresponde a la cadena de tareas que envuelve al relato, Moustafa corresponderá a tamaña actitud heroica de su jefe, continuando su labor al frente del Hotel Budapest, por el que dará la fortuna heredada con el fin de mantener en pie un hotel amenazado por la voracidad destructora del comunismo radical. La amistad, una vez más, privilegiando el recuerdo del amigo muerto y de la mujer amada, por encima de consideraciones crematísticas hoy tan en boga. La Europa ilustrada, entonces, como ahora, amenazada por intereses espurios: del totalitarismo bélico al económico. Siempre nos quedarán los relatos como antídoto frente a la devastación.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Begoña Siles

Hannah Arendt, la valentía de pensar

Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta

En cines de toda España

“Hannah Arendt”, la película de Margarethe von Trotta, no es un biopic sobre esta filósofa alemana de origen judío que pudo escapar de un campo de concentración en la II Guerra Mundial y exiliarse en los Estados Unidos. A Margarethe von Trotta, directora perteneciente al llamado “nuevo cine alemán” surgido en la década de los setenta del siglo pasado, no le interesa hacer una hagiografía de Hannah Arendt, sino mostrar la soledad e intolerancia que la filósofa sufrió por pensar. Por salirse del lugar común que imponían los prejuicios de la ideología dominante. Una ideología dominante que sólo quería leer en los artículos que Hannah Arendt escribió para el periódico New York Times, sobre el juicio del nazi y miembro de la SS, Adolf Eichmann, que éste era un monstruo antisemita.

Pero Arendt plasma la verdad de un pensamiento: Eichmann no era un monstruo, sólo un ser banal, un ciudadano corriente. Un funcionario del partido que hacía su trabajo de manera disciplinada y ordenada; sin pensar, enviaba los trenes cargados de judíos a los campos de exterminio, siguiendo rigurosamente la normativa burocrática que exigía su puesto laboral. Este hacer sin pensar – esto es, sin discernir, sin tomar conciencia ética de los actos realizados- que Eichmann narraba escrupulosamente en sus declaraciones, Arendt lo llamó la “banalidad del mal”.

Barbara Sukowa en el papel de Hannah Arendt, película de Margarethe von Trotta.

Barbara Sukowa en el papel de Hannah Arendt, película de Margarethe von Trotta.

La película de Von Trotta es un tratado sobre la ardua, solitaria e importante tarea del pensar.  Para no perder la capacidad de discernir entre el bien y el mal, lo bello y lo siniestro, la justicia e injusticia. Para poder tomar la palabra y actuar. Para no convertirnos en seres tecno-burocráticos del engranaje de los gobiernos totalitarios. Para no ser meros transmisores de una ideología dominante de los gobiernos democráticos.  En definitiva, para no perder nuestra esencia humana.

Pensar para cercenar el rizoma del poder que engendra la banalidad del mal. Un rizoma que en estos tiempos de crisis económica y laboral se enraíza en el miedo del ciudadano hasta paralizar su capacidad de pensamiento. La película “Hannah Arendt” es un panegírico del pensamiento de esta filósofa y de su valentía para defenderlo. Una película ideal y recomendable para reflexionar acerca de los tiempos actuales; tiempos igualmente proclives a la claudicación del pensamiento por miedo a sacar los pies del tiesto de la ideología dominante.

Fotograma de la película "Hannah Arendt", de Margarethe von Trotta

Fotograma de la película «Hannah Arendt», de Margarethe von Trotta

Begoña Siles

‘Lore’ clausurará Cinema Jove en clave nazi

Lore, de Cate Shortland

28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Teatro Principal

C/ Las Barcas, 15. Valencia

Viernes 28 de junio

Cinema Jove arrancará el viernes 21 con una película sobre la primavera árabe, La bicicleta verde (Wadjda), de Haifaa Al-Mansour. Y cerrará su 28 edición, una semana después, con un drama en clave nazi, Lore, de Cate Shortland. De manera que el festival empezará con los brotes verdes y primaverales de esa bicicleta rodada íntegramente en Arabia Saudí, y por la primera directora de ese país cerrado a las mujeres, para terminar adentrándose en el invierno e infierno nazi. La trama lo dice todo: una joven, de padres nazis, ha de huir con sus hermanos pequeños del peligro que supone la entrada de las tropas aliadas en Alemania, una vez muerto Hitler y derrotado su gobierno del terror.

Imagen promocional de Lore, de Cate Shortland, película que cerrará las 28 edición de Cinema Jove

Imagen promocional de Lore, de Cate Shortland, película que cerrará las 28 edición de Cinema Jove

Lore parte de una de las tres historias contenidas en el libro de Rachel Seiffert, “El cuarto oscuro”, aquella en la que se narran las peripecias de una joven (Saskia Rosendahl) por salvar a su hermanos en el contexto cambiante de una Alemania nazi tomada por los aliados. De manera que donde antes había seguridad y poder para todos aquellos que estaban de lado de los nazis, ahora invade el temor de las represalias por parte de quienes sufrieron el terror. El argumento da por tanto la vuelta a la tradicional temática del  sufrimiento judío, para centrarse en la otra cara de la moneda: la de los nazis que pierden la guerra.

Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Locarno, donde ganó el Premio Piazza Grande, Lore se presenta ahora en Cinema Jove para clausurar el festival con este drama gélido, pero sin duda reflexivo acerca de las paradojas de la condición humana. Paradojas que Freud resumió en “El malestar en la cultura” como la del sujeto que para vivir en sociedad ha de reprimir su energía pulsional. Pulsión que, no obstante, está siempre al acecho para cobrar su oportuna venganza por las imposiciones a las que obliga la cultura.

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura de Cinema Jove

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura de Cinema Jove

La joven atravesará la Alemania ocupada por los aliados e irá descubriendo los horrores nazis, en los que sus padres participaron, al tiempo que el encuentro con un joven judío le hará despertar amores contradictorios. Lore, en este sentido, es una caja de hondas resonancias, por cuanto desecha el fácil acomodo ideológico, para explorar los recovecos del alma. Costa Gavras, en su Caja de música, ya se adentró en ese doble pliegue de la guerra, al seguir el trayecto de una hija que va descubriendo, pese a la resistencia inicial, el pasado nazi de su padre. El Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove cerrará de esta forma su 28 edición el viernes 28: con las heridas abiertas por la guerra y su dificultosa cicatrización. 

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura del 28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura del 28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Salva Torres

¡Qué penas de muerte!

Las fosas del olvido. Eloy Alonso
Centre Cultural La Nau
C/ Universidad, 2. Valencia
Hasta el 1 de septiembre

El sociólogo Zygmunt Bauman se pregunta, en su libro Modernidad y Holocausto, “¿cómo fue posible tal horror?”. Y dedica las casi 300 páginas del libro a intentar explicarlo. Para ello, lo primero que hace es sortear un primer, y a veces insalvable, obstáculo: “Todo sucedió ‘allí’, en otro tiempo” y “cuanto más culpables sean ‘ellos’, más a salvo estará el resto de ‘nosotros”. Se refiere, claro está, al horror nazi, pero el fondo de la cuestión también afecta a nuestra guerra civil. Bauman se mete de lleno en un asunto que, más allá de la ideología en cuestión, sin duda potenciadora de ese horror, se centra en la pregunta esencial: “¿cómo fue posible tal horror?”

Y lo primero que deja traslucir Bauman es que el odio se fomenta por el cierre estricto en torno a una bandera, a una férrea adscripción identitaria, que tienen, como reverso, un chivo expiatorio al que arrojar toda esa violencia generada por cierta pureza de raza, de genética, de esencias patrias. Una vez inoculado ese virus, lo demás viene solo: explicaciones supuestamente racionales que motiven el odio al otro, cierta legalidad que permita ajusticiar al oponente, y un aparato burocrático que transforme los crímenes en rutina administrativa. “El departamento de la oficina central de las SS encargado de la destrucción de los judíos europeos se denominaba oficialmente ‘Sección de Administración y Economía”, subraya Bauman.

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Con algo parecido se encontró el fotógrafo Eloy Alonso, cuando al pasado año acudió al Archivo Militar de El Ferrol: “Entre más de cuarenta mil viejos y húmedos expedientes, encontré la huella dactilar [de su abuelo] firmando su pena de muerte”. Por eso dice que jamás ha visto su rostro en una fotografía. A su abuelo Gerardo González Iglesias lo fusilaron en las tapias del cementerio civil de Oviedo el 5 de marzo de 1938. Y esa huella dactilar representaba su último acto de resistencia y dignidad. “A veces”, cuenta Alonso, “los condenados a muerte se negaban a firmar sus condenas como última protesta y les obligaban a untar de tinta su dedo pulgar para dejar constancia legal de serles leída su sentencia”.

Cerca de una veintena de imágenes y un video, elocuentemente titulado Contra la impunidad, vienen a rescatar del olvido ese horror producto de la violencia ejercida contra muchas personas en la guerra civil, sin duda formando parte de la alargada sombra que recorrió Europa próximos al ecuador del pasado siglo. Eloy Alonso titula su exposición de La Nau, en el marco del III Festival Internacional de Fotoperiodismo PhotOn, Las fosas del olvido. Un conjunto de imágenes que contienen huellas indelebles de esos crímenes justificados por una causa ¿justa?

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Porque lo que se deduce de toda esa violencia guerrera, es que se desencadena siempre detonada por argumentos indubitables, que el otro jamás llegará a comprender. He ahí tan obtuso enfrentamiento. Eloy Alonso no sólo da fe de esa terquedad con imágenes repletas de fosas, muertes, cráneos, balas y descubrimientos telúricos, sino con pertenencias personales de desaparecidos durante la guerra, postales y periódicos que aluden a tan sangrante periodo bélico. En el video Contra la impunidad, personajes de la cultura prestan su voz y su rostro como testimonio vivo de buena parte de aquella memoria sepultada: Juan José Millás, Pilar y Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Miguel Ríos, Juan Diego y Aitana Sánchez Gijón, entre otros. Más allá de su escorada representación izquierdista, sin duda lógica si tenemos en cuenta la mayor saña nacional, lo interesante de Las fosas del olvido radica en su fondo telúrico, necrófilo, siniestro: “¿cómo fue posible tal horror?” Responder a esta pregunta exige ir más allá de las pasiones ideológicas, para adentrarse en la pulsión de muerte que anida en todos nosotros. De lo contrario, esas fosas del olvido que muestra Eloy Alonso seguirán siendo pasto de encendidos y rabiosos comentarios.

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Salva Torres

El arte, a prueba de bombas

Museo Guggenheim

El arte en guerra: de Picasso a Dubuffet

Bilbao

C/ Abandoibarra, 2

Hasta el 8 de septiembre

 

En tiempos de paz, zarandeada no obstante por la violencia de la crisis económica, resulta fácil pensar en la guerra. La distancia que proporciona el tiempo nos hace inmunes a sus avatares. Y, sin embargo, conviene recordar algo que la exposición El arte en guerra desvela en uno de sus múltiples enunciados explicativos. Tras la liberación de la Francia ocupada, después de cuatro años de “servidumbre y sufrimiento”, se tomó conciencia de lo que allí pasó: “Compromisos, cobardías y, en escasas ocasiones, actos de resistencia”.

Algunos de esos actos de resistencia, protagonizados por artistas, son los que la exposición organizada por el Museo Guggenheim de Bilbao y el Museo de Arte Moderno de la Villa de París recuerda con El arte en guerra. Francia (1938-1947). De Picasso a Dubuffet. Lo recuerda para que no nos olvidemos de ello. ¿De qué? De que en momentos de “servidumbre y sufrimiento”, los actos de resistencia se producen “en escasas ocasiones”. Desde luego, no tantas como luego nos hacen creer los valientes que proliferan como champiñones en tiempos de paz.

Algunas de esas escasas ocasiones aparecen diseminadas por el Museo Guggenheim, en cuyas paredes cuelgan obras de artistas que decidieron entonces reaccionar de manera “espontánea” contra la “voluntad de dominación” imperante. El Régimen de Vichy, con el mariscal Petain al frente, propagó las excelencias del nazismo, mientras algunos artistas utilizaban la función catártica del arte para hacerle “la guerra a la guerra”. Y lo hicieron incluso en las situaciones más extremas de confinamiento. “Las personas detenidas desplegaron todos sus recursos para dar sentido a una vida que se había vuelto absurda”.

El arte, la cultura y, en suma, la creatividad tal y como la entendía el propio Picasso (“crear es resistir”), se erigió en una ocupación que otorgaba a la existencia, cuando ésta se hallaba sin duda amenazada, “una dimensión humana elemental”. De hecho, Picasso vivió el periodo de la ocupación nazi recluido en su taller de la calle Grands-Augustins, donde había pintado el Guernica en 1937, produciendo de manera febril; resistiéndose a la barbarie que muchos daban por buena.

La exposición del Guggenheim está repleta de objetos (pipa de loza con la efigie del mariscal Petain, sellos, bustos), carteles, esculturas y pinturas tan emblemáticas como El rapto de Europa (André Lhote), El regreso de la guerra (Edouard Goerg) o El desastre (Vieira de Silva), de entre una pléyade de artistas: Dufy, Braque,  Magritte, Delvaux, De Chirico, Bellmer, Masson, Miró, Fougeron, Steib o el propio Picasso. También hay obra de la galerista Jeanne Bucher, que protegió a artistas considerados como “degenerados” durante la ocupación. “Ni siquiera en los lugares de encarcelamiento más hostiles a toda forma de libertad se dejó de crear”. Las paredes del Museo Guggenheim de Bilbao son testigos de esa resistencia, en muchos casos heroica, pero siempre escasa. Porque escasas son siempre las ocasiones de demostrar el valor cuando pintan bastos. La Francia ocupada por los nazis así lo revela. El arte en guerra, también.

Salva Torres