Esa cosa rosa del IVAM

Esa cosa rosa, de Langarita & Navarro y Jerónimo Hagerman
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Inauguración: jueves 14 de junio de 2018

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel Cortés, los arquitectos, Langarita & Navarro, y el artista, Jerónimo Hagerman, han presentado la instalación ‘Esa cosa rosa’, una intervención efímera que permanecerá todo el verano en la explanada del IVAM y que aportará sombra, siguiendo criterios energéticos y ecológicos.

«El colectivo Langarita & Navarro y el artista Jerónimo Hagerman han creado una especie de oasis en la explanada que reivindica lo accesorio, lo efímero, frente a la arquitectura permanente que representa el IVAM», explicó Cortés.

Los responsables de 'Esa cosa rosa'. Imagen cortesía del IVAM.

Los responsables de ‘Esa cosa rosa’. Imagen cortesía del IVAM.

‘Esa cosa rosa’ ocupa una extensión de 340m2, conformada por 400 plantas de especies mediterráneas como las adelfas o las cycas revolutas, distribuidas en cuatro islas. Estas islas están delimitadas por biorollos, compuestos de fibra de coco, y están cubiertas por una lona rosa que se eleva en altura sobre la fachada del edificio y cuya forma rememora las hojas de las palmeras de este jardín improvisado, fundiéndose así con la instalación.

«Según nuestra teoría podemos distinguir dos resistencias en la arquitectura: el busto y el pellejo. El ‘busto’ corresponde a la parte dura, pesada, inerte, de un edificio. El ‘pellejo’ se refiere a todo lo que es perecedero, orgánico, que se pudre o pierde con el paso del tiempo, como las plantas. Nosotros reivindicamos esos tejidos blandos en la arquitectura”, comentó María Langarita.

El arquitecto Víctor Navarro apuntó que el objetivo del proyecto era «transformar un espacio público en un lugar más habitable». A través de elementos textiles y vegetales de gran escala, ‘Esa cosa rosa’ cambia la percepción de este espacio para convertirlo en una estancia exterior donde realizar actividades y reclama la importancia de esa parte “pelleja” que –aunque desaparece- es la que más recordamos de un lugar.

Esa cosa rosa. Imagen cortesía del IVAM.

Esa cosa rosa. Imagen cortesía del IVAM.

El título de la instalación alude al color rosa de las lonas, la tela spinnaker utilizada en los barcos de vela deportivos, un material ignífugo que contribuye a generar una zona húmeda. El colectivo de artistas ha escogido el rosa «porque representa valores como la diversidad o la inclusión», según explicó Jerónimo Hagerman. «Desde el punto de vista óptico, el rosa se complementa a la perfección con el verde de las plantas y genera un gran contraste con la fachada del IVAM».

Tanto los artistas como el director han destacado la funcionalidad de esta intervención como un lugar en el que realizar actividades al aire libre, y invitan al público a «apropiarse de este espacio».

La instalación tiene un importante componente de sostenibilidad ya que se ha realizado «utilizando plantas y tensando unas cuerdas con consumo cero de energía», subrayaron. «El resultado es una intervención mínima, una pequeña transformación que, sin embargo, puede cambiar nuestra relación con los demás y con la ciudad», concluyó el director del IVAM.

La obra de Langarita & Navarro Jerónimo Hagerman forma parte de la línea IVAM Produce que promueve la creación de obra de distintos artistas y pone en valor proyectos site specific para algunos espacios aparentemente no museísticos.

Esa cosa rosa en el IVAM

Esa cosa rosa. Imagen cortesía del IVAM

¿Existen los Paraísos Terrenales?

Paraísos terrenales
Sebastian Chisari, Christto & Andrew, Alex Francés, Miguel Ángel Gaüeca, Jules Julien, Javi Moreno, Miguel Rael, Michael Roy, Eduardo Sourouille, Javier Velasco
Iniciativa de Black Refuge
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: jueves 23 de junio
Hasta el 30 de julio de 2016

Blue is the universal love in which man bathes – it is the terrestrial paradise. (Derek Jarman, Blue, 1993)

No hay otros paraísos que los paraísos perdidos (Jorge Luis Borges, Los conjurados, 1985)

Algunas palabras están colmadas de anhelo. Quién no desearía el paraíso, no lo buscaría, no perseguiría su esencia, identificándolo, tal vez por un instante.  ¿La pesquisa debería iniciarse en el lugar en el que existió, la tierra, o en el lugar que ocupa en nuestro imaginario?

Las palabras son llaves, por ejemplo, Pardes, el término hebreo que designa al jardín, al paraíso y que, al mismo tiempo, funciona como acrónimo de las cuatro posibles formas de interpretación: literal, alusiva, exegética y secreta o mística. La palabra se torna múltiple, poliédrica  y el relato nos indica así las formas de desestabilizarlo, invitándonos a explorar sus distintas capas de sentido.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

¿Acaso te pedí, Creador, que de mi arcilla Me hicieses hombre? ¿Acaso te rogué Que de la oscuridad me ascendieses? (John Milton, El paraíso perdido, 1667)

El jardín de las delicias y el origen, el texto que desea ocupar un lugar al que retornar. La sociedad occidental ha soñado ese espacio, lo ha narrado, recreado, intentando que la idea fuese algo más real.

Pero es imposible habitar el paraíso, pese a que este, incómodo, resida en nosotros. El malestar por este lugar se plasma de manera clara en Frankenstein (1818) de Mary W. Shelley. La novela se inicia con una cita de Milton, pero su presencia continúa a lo largo de todo el relato. El paraíso perdido es una de las lecturas del ser creado por Víctor Frankenstein que rápidamente se identifica a sí mismo con Satán. Tenemos así a  un personaje sin nombre, en busca, a lo largo del relato, de un igual mientras se esfuerza por aprender los códigos del entorno, vive ocultando su naturaleza debido a la presión social y que, al descubrir la idea del paraíso, decide identificarse con la fuerza negativa que nos expulsó de él. Podemos argumentar que una realidad mítica, incapaz de habitar el presente, pues reside en el pasado como perdida y en el futuro como promesa, no debería condicionar nuestra personalidad como le ocurre al protagonista de la novela, pero eso sería obviar que los relatos construyen nuestras identidades.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

(…) si es posible que los lineamientos del paraíso terrenal surjan de la vida ordinaria, entonces esta última tiene que haber sido concebida, no como algún tedioso lugar de contingencia secular y existencia «normal», sino más bien como el producto final de la maldición y el encantamiento (Fredric Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico, 1981)

Uno de los elementos que aparecen en el análisis que Jameson hace de las narraciones mágicas es el paraíso. Este teórico defiende que, al igual que otras realidades míticas, su elaboración parte de nuestra realidad más próxima; no podemos entenderlo sin construirlo desde nosotros mismos. Así que edificamos una idea que nos excluye y que, además, esta dotada de una característica como es la naturalización (1).  Las teorías feministas ya señalaron el subterfugio de lo “natural” y lo “neutro” como valedores de un status quo en el que es muy fácil sentirse desplazado o no integrado.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

El paraíso se convierte así en una heterotopía perversa pues es un lugar ritual  vinculado con lo hegemónico. Este hecho nos obliga a vivir en la constante búsqueda de este no lugar, mientras dejamos que esta travesía nos trasforme, sin ser conscientes que su posible hallazgo nos encerraría en la norma. Aunque, como la palabra y su sentido, puede que la norma se desordene, fragmentándose.

Una exposición colectiva son fragmentos, en este caso, diez artistas que nos permiten aproximarnos a distintos paraísos o, mejor dicho, a como esta idea nos ha trasformado, modificando nuestras identidades.

Encontramos así propuestas atravesadas por estas realidades, en las que nociones como recuerdo, deseo, ruina, cuerpo… se entrelazarán proponiéndonos distintas lecturas de la misma palabra.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Sebastian Chisari (Casablanca, Marruecos; 1990) utiliza la huella para hablarnos del deseo, de cómo un mismo escenario puede generar múltiples interpretaciones.  Christto & Andrew (San Juan, Puerto Rico, 1985 y Johannesburgo, Sudáfrica, 1987) parten del análisis de una identidad en conflicto como es la de la sociedad de Qatar. Alex Francés (Valencia, 1962) toma el cuerpo como espacio de representación y ausencia donde la manualidad del tejido se confunde con lo orgánico de las formas.  Miguel Ángel Gaüeca (Bilbao, 1967) reflexiona sobre la dificultad de conseguir los ideales de belleza para construir un relato en torno a la imagen, el recuerdo y la perdida.  Jules Julien (Bagnols-Sur-Cèze, Francia, 1975) nos confronta con una hiperrealidad construida en la que un color, el azul, condiciona nuestra recepción al estar cargado de connotaciones culturales.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Javi Moreno (Sant Joan d’ Alacant, 1982) recurre al cuerpo adolescente para enunciar los conflictos sobre su sexualización, inocencia o nuestro anhelo de juventud.  Miguel Rael (Lorca, España, 1974) trabaja sobre lo intangible, sobre el misterio y la capacidad de comunicar de la forma y el signo. Michael Roy (La Rochelle, 1973) se sirve de “Me acuerdo” de Joe Brainard y Georges Perec para construir un relato sobre la memoria. Eduardo Sourrouille (Basauri, Bizkaia; 1970) nos habla de nuestras redes familiares y de afecto utilizando a los animales como personificación de actitudes y comportamiento. Javier Velasco (La Línea de la Concepción, Cádiz; 1963) contrapone la artificialidad del laboratorio –azul de metileno, mercurio..- con la organicidad de nuestros cuerpos para evidenciar conflictos.

Y a todo esto se suma otra identidad, la de la persona  que, con su propio paraíso interior, contempla esta muestra.

(1) Para una lectura del paraíso y su relación con lo “natural” véase Northrop FRYE, Anatomía de la crítica: cuatro ensayos, Monte Avila, Caracas, 1977

Eduardo García Nieto

Juanli Carrión mete a Valencia en un jardín

OSS#Valencia (Outer Seed Shadow), de Juanli Carrión
Claustro de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 20 de diciembre de 2015

El proyecto OSS#VLC (‘Outer Seed Shadow: Valencia’), del artista Juanli Carrión y producido por la Universitat de València en colaboración con el Jardín Botánico y la galería Rosa Santos, se materializa en un jardín instalado en el Claustro de La Nau, que reproduce el mapa de la ciudad de Valencia a través de plantas escogidas por 19 inmigrantes durante las entrevistas realizadas a los mismos acerca de su historia de adaptación e identidad cultural. La intervención se podrá visitar hasta el 20 de diciembre.

Los paisajes están cargados de simbolismos y no solo definen lugares, sino también a las personas que los habitan. Las personas se adaptan a los diferentes contextos en los que viven, o se ven forzados a vivir, pero muchas veces su bagaje cultural en continua evolución crea paisajes internos cargados de significado y simbolismo que bien pueden verse reflejados en un jardín.

Vista del jardín de Juanli Carrión en el Claustro de La Nau. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Vista del jardín de Juanli Carrión en el Claustro de La Nau. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Bajo esta premisa el artista visual Juanli Carrión ha creado en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València el proyecto de arte público ‘OSS’ (‘Outer Seed Shadow’) que toma forma de “jardines geopolíticos”, en palabras del artista. Carrión empezó esta experiencia, que materializa la unión entre flora e interacción humana, en Nueva York donde realizó en 2014 una instalación similar en el Soho para analizar la inmigración de Manhattan. Ahora utiliza los mismos parámetros geopolíticos para esta nueva edición del proyecto en Valencia.

El jardín está construido a partir de maderas recicladas dibujando el mapa de Valencia. En su interior conviven las 19 plantas escogidas por los inmigrantes residentes en distintos barrios de la ciudad. Tras las entrevistas (una persona por cada distrito), cada inmigrante eligió una planta para su representación en el jardín. Estas plantas han sido colocadas según el lugar de residencia de cada uno de ellos en la ciudad.

La flora escogida configura un ‘jardín imposible’ en el que conviven plantas que difícilmente compartirían espacio si no hubieran sido escogidas para este proyecto. En ese parterre conviven tomateras elegidas por un inmigrante griego con bambú (Taiwán), geranios (Argelia), eucalipto (Kurdistán), ceibo (Uruguay), mate (Argentina)…

El título que da nombre al proyecto ‘outer seed shadow’ (sombra exterior de semillas) alude en términos botánicos a una región en la que existe un influjo de semillas pero donde debido a condiciones medioambientales adversas, la germinación o la supervivencia de los brotes es reprimida, causando la merma de representación de esta especie en la región. El proyecto extrae de ahí su nombre como contrapunto para la mítica idea del ser humano en una “tierra de las oportunidades”.

Juanli Carrión delante de su instalación artística. Imagen cortesía de La Nau.

Juanli Carrión delante de su instalación artística. Imagen cortesía de La Nau.

Juanli Carrión, apegado a la tierra

Autoctonía, de Juanli Carrión
Galería Rosa Santos
C / Bolsería, 21. Valencia
Inauguración: viernes 18 de septiembre, de 17.00 a 22.00h
Hasta el 23 de octubre de 2015

Rosa Santos se complace en presentar Autoctonía la segunda exposición individual de Juanli Carrión en la galería. En esta ocasión Carrión presentará una nueva serie de dibujos de gran formato que conectan con su proyecto Outer Seed Shadow Valencia (OSS#VLC) que se podrá ver en el claustro de La Nau de Valencia a partir del 18 de septiembre.

OSS#VLC pertenece a la serie OSS que consiste en intervenciones de arte público en forma de jardines geopolíticos materializando la unión entre plantas e interacción humana. Para esta edición Juanli Carrión utiliza la reciente historia de inmigración de Valencia y su trazado geográfico como límites geopolíticos para la creación del jardín. Tras entrevistar a diecinueve inmigrantes (uno por cada barrio de la ciudad) acerca de su historia de adaptación e identidad cultural, cada uno de ellos eligió una planta; las cuales han sido plantadas según el lugar de residencia de cada uno de ellos en un parterre que representa, de forma esquematizada, la ciudad de Valencia.

Obra de Juanli Carrión. Imagen cortesía de Rosa Santos.

Obra de Juanli Carrión. Imagen cortesía de Rosa Santos.

El título de la exposición proviene del mito griego Autóctonos (del griego Autos «uno mismo» y khthon «suelo»; es decir, «hijos de la tierra») concepto que define a los habitantes originarios de un país a diferencia de los colonos o en el caso de la mitología griega los “bárbaros”. En la mitología, autóctonos son aquellos mortales que han surgido a partir de los suelos, rocas y árboles, y por ello poseen la propiedad de la tierra que habitan eternamente. Los autóctonos son héroes nacidos en la tierra, transformados en legendarios por la doctrina subsecuente de la autoctonía. Además de la ideología política de autoctonismo, este concepto que se originó durante la democracia ateniense envía también un mensaje al régimen anterior de tiranos y oligarcas: todos los atenienses, hermanos de la tierra, con independencia de su origen, tienen igual acceso al poder político.

Tomando este mito como punto de partida y su vinculación con el jardín de OSS#VLC, Juanli Carrión se interesa en cómo este mito aún prevalece en la actualidad a modo de ley que define los límites de la autoctonía de los inmigrantes, para lo que cuestiona el texto de la Ley de Extranjería de España usándolo para realizar ilustraciones botánicas de las diecinueve plantas que representan a los inmigrantes entrevistados en OSS#VLC.

Los dibujos están creados coloreando individualmente los 148.123 caracteres de la Ley Orgánica sobre derechos y libertades de los extranjeros de España. En el proceso Carrión desafía algunas de las reglas de la ilustración botánica al usar un material popular como son los lápices de colores o la cadena de montaje (de repetitivo y tedioso trabajo) dotando a los dibujos de una carga política mayor. El resultado son unas piezas únicas donde las cualidades plásticas del lenguaje neutralizan el propio texto.

Esta nueva serie de dibujos enfrenta la política con la poesía de la ciencia. Con ella se materializa la noción de autoctonía para cuestionarla desde el lenguaje implícito en la Ley de Extranjería del estado español. Las palabras se transforman en las plantas del jardín de OSS#VLC. Paradójicamente las palabras/plantas dibujadas son las que condicionan la permanencia en el suelo español de sus diecinueve representantes.

Obras de Juanli Carrión. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Obras de Juanli Carrión. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

En el principio no fue el paisaje

Paisajes de dentro afuera
Fernando López 2007-2014
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 16 de enero, 2015

Como cualquier otro internetés de primera hornada, es decir, 1.0, antes fui un simple homínido; y el primer día que caí en ello tropecé contra una realidad que no era la mía, mejor dicho, que no era yo, porque llegar a ser cosas mías, o yo del todo, viene mucho más tarde. Ese día del primer tropiezo, que se ha de repetir hasta consolidarse y confirmarlo, ese día supe que afuera no estaba yo, y ese día fui uno.

El lector pensará que eso no es nada nuevo; no lo es, pero ocurre cada vez que un homínido salta de la cuna para abordar la realidad que le circunda, a cada golpe contra el entorno se descubre uno, y aprende que no es lo otro. Aunque existe un momento de importancia mayor, cuando se comprende como individuo autónomo y bien diferente al resto.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

La literatura no se pone de acuerdo sobre cuándo surge la conciencia de lo individual entre nosotros (un nosotros que deberíamos ceñir a los europeos que se expandieron por ahí dando lugar a distintos modos de entender el mundo, pero siempre en nuestro idioma) y, según quien, lo presentan como conciencia alumbrada en el Renacimiento del siglo XII europeo, otros lo trasladan al Renacimiento, que echa los dientes en el XIV, pero no habla con autoridad hasta bien entrado el XV, y resulta llamativo que esa conciencia de individualidad, de un ser yo muy distinto, tanto a la realidad que se nos enfrenta cuanto al resto del mundo, surja y se consolide en el XVI, para después dejarnos ver las cosas del exterior de manera enteramente ordenadas, bajo la forma de paisajes, primero urbanos con la plenitud del Renacimiento, y más tarde naturales, a raíz de su decadencia.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

En ese momento el individuo cobra protagonismo en la historia de Europa, mucho antes de la aparición del burgués por la Francia del XVIII, quien aprende a mirar atrás y verse muy distinto, ya no a lo otro, sino de lo anterior, de nuestro pasado, como bien supo mostrar Giovanni Battista Piranesi, nuestro primer contemporáneo.

¿Por qué me doy una vuelta por el tiempo, a mí que no me interesa nada la historia? Para desandar la mía y explicar mi entusiasmo con el paisaje de datos (el datascape de este internetés de primera hornada).

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

El día que empecé a flipar con el paisaje, y sus representaciones más estáticas, el jardín en todas sus variantes, o dinámicas, paisaje puro más tarde hecho land-art, ese día salí de paseo con Fernando López y comencé conversaciones interminables sobre la naturaleza de la representación y su capacidad para plasmar conceptos; incluso, cuando todavía me permitía tales excesos, llegué a explorar con él las fuentes mismas de la naturaleza en los parajes olvidados de Riópar, en su Albacete natal, bajo la excusa de la exploración de arquitecturas industriales abandonadas, con la carga romántica que tiene asomarte al pasado.

Hoy, cuando los interneteses 1.0 escapamos de la conexión perpetua, volver sobre esos paisajes, que insisten en hallar el mejor acomodo sobre maderas encontradas a las que se pregunta qué imagen podrían recibir; hoy, regresar sobre todo eso, me sigue dejando con idénticos interrogantes y ninguna respuesta, pero me enseña cuándo, por qué, e incluso con quién, comencé a tratar de verme a mí proyectado sobre el orden de formas y colores que es el paisaje y, como contraparte interesada en ahormarme, soy yo como individuo. Porque mirar no es ver; y cuando ves, miras de otro modo.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Nilo Casares

Caminos del deseo

Monumento al caminante, de Ismael Teira
Antiguo cauce del río Turia. Valencia.

“Monumento al caminante” es un proyecto de intervención conmemorativa en el parque metropolitano del Turia. Este espacio público, en otro tiempo lecho natural del río, es un buen ejemplo de éxito ciudadano. Para comprenderlo mejor hay que remontarse a 1957, año de la gran riada que desoló Valencia, tras la cual se decidió reencauzar el río por otro trazado. Dieciséis años después una comisión de expertos barajó la posibilidad de construir en el viejo cauce una autopista. Esta idea generó una gran oposición ciudadana reunida bajo el lema “El llit del Túria és nostre i el volem verd” [El lecho del Turia es nuestro y lo queremos verde] que reclamaba más espacios verdes y se mostraba totalmente contraria al denominado “río de gasolina”.

Prensa, 15 de junio de 1982. Oposición ciudadana a la autopista del cauce, bajo el lema “El llit del Túria és nostre i el volem verd”.

Prensa, 15 de junio de 1982. Oposición ciudadana a la autopista del cauce, bajo el lema “El llit del Túria és nostre i el volem verd”.

En los jardines del Turia existen senderos espontáneos, creados de forma colectiva y anónima, llamados “caminos del deseo”, y que se deben al simple acto de caminar campo a través rechazando e, incluso, mejorando el trayecto marcado. Básicamente son itinerarios alternativos producidos por los que prefieren hollar la hierba a transitar por el albero. Los recorridos son fundamentales para la fructífera experiencia del lugar, y estos deben estar diseñados en base a los parámetros propios del jardín paisajista. El tipo de planificación en el caso valenciano ha provocado que la marea diaria de caminantes, runners, ciclistas o paseadores de perros, enmendara los recorridos establecidos para crear, casi sin darse cuenta, su propia senda. Al fin y al cabo, como dijo John Brinckerhoff Jackson, el camino constituye el primer y más básico espacio público.

Ismael Teira. Monumento al caminante. Pancarta, 2014. Cortesía del artista.

Ismael Teira. Monumento al caminante. Pancarta, 2014. Cortesía del artista.

“Pancarta”, 2014, es una parte del proyecto expuesta recientemente en las Atarazanas de Valencia que representa a tamaño real un fragmento de “camino del deseo”. En realidad se trata de dos senderos que discurren paralelos entre sí, y a su vez paralelos al trayecto marcado. La apariencia se asemeja a una pancarta con colores de la Senyera. Las pancartas contienen expresiones de reclamos o deseos ciudadanos, y las banderas motivan el sentimiento de colectividad. En este caso, fue precisamente el deseo colectivo ciudadano el que impulsó primero la construcción del parque y posteriormente el camino.

Ismael Teira. Monumento al caminante. "Camino del deseo" itinerario alternativo. Cortesía del artista.

Ismael Teira. Monumento al caminante. «Camino del deseo» itinerario alternativo. Cortesía del artista.

Se considera como “Monumento al caminante” la acción y el efecto de regenerar el césped de alguno de los tramos del “camino del deseo” interrumpiendo la senda para recrear un terreno donde volver a caminar y, probablemente, volver a erosionar de nuevo otro sendero, recuperando de forma simbólica la mirada del primer caminante, tal como muestran las cuatro pinturas de paisajes que forman parte de este proyecto. El “Monumento al caminante” se inserta dentro de la secuencia “construcción – destrucción – reconstrucción” (camino – jardín – monumento), siendo uno de los conflictos principales la ausencia de escala monumental, dado que la intervención se dispone prácticamente a ras de suelo, y el material empleado no es ni piedra ni bronce, sino semillas de un césped que se disimulará completamente con el entorno. “Tilted Arc” de Richard Serra, levantado en 1981 en Nueva York, condicionó el espacio y también los recorridos habituales.

Ismael Teira. Monumento al caminante. Cortesía del artista.

Ismael Teira. Monumento al caminante. Cortesía del artista.

“Monumento al caminante” está absolutamente condicionado, como no podría ser de otra manera, por el acto de andar. El andar construye el paisaje a través de la propia experiencia del recorrido, y con el manto vegetal completo se quiere homenajear la mirada del primer transeúnte. Caminar puede ser un acto político o reivindicativo, y más aún cuando se consigue por fin hacer camino al andar y dejar la huella.

www.ismaelteira.com

“Escribo poesía occidental inspirada en la oriental”

La durmiente, de Susana Benet
Editorial Pre-Textos. Valencia

Una veintena de poemas leves y etéreos, como la pluma de un ave o el pelo de un gato que flotan en el aire y atrapan un último destello de luz. Veinte cápsulas de belleza concentrada que de lo mínimo asciende a la cumbre desde que se otea la existencia y que reflejan una larga trayectoria, del 2007 al 2013. La fascinación de Susana Benet por la cultura oriental en general y los ‘haikus’ en particular se refleja en su último libro, ‘La Durmiente’, publicado por Pre-Textos, que se presentó el 14 de enero, con la presencia de la autora, escoltada por José Saborit, pintor y poeta, y el editor Manuel Ramírez.

Susana Benet (Valencia, 1950) es licenciada en Psicología y combina la escritura, poesía sobre todo, con la pintura de acuarelas, aunque dice “sentirse más poeta que pintora”. Ha publicado varios poemarios: ‘Faro del bosque’, ‘Lluvia menuda’, ‘Huellas de escarabajo’ y ‘Jardín’. Ha sido incluida en antologías de ‘haikus’ y como acuarelista ha ilustrado varios libros dedicados a esta exquisita expresión poética japonesa.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué ‘La Durmiente’? 

El título tiene que ver con esa frontera que existe entre el mundo real y el soñado, una frontera difusa pues, a veces, ambos se confunden. Duermo mucho y presto mucha atención a los sueños. Algunos poemas han brotado en momentos de somnolencia o de calma, estados de donde surge a veces la inspiración. También me ha sucedido despertarme en mitad de la noche para escribir unos versos que me venían a la cabeza con mucha insistencia. El mundo del sueño es enigmático. Según una de las citas del libro, en el sueño aprendemos a morir y dedico algunos poemas a personas fallecidas.

El libro como tal está dedicado a tu ex pareja, el también poeta José Luis Parra ya fallecido. ¿Qué comentarios crees que le habría suscitado su lectura? 

Creo que habrían sido positivos, pues él fue quien me inició en la poesía y estuvo muy presente en la elaboración de este libro. Conté con su apoyo y su consejo. Desgraciadamente no llegó a ver el resultado final, no llegó a leer todos los poemas que he incluido, pero estoy segura de que habrían tenido su aprobación. Aprendí mucho leyendo sus poemas, que solía pasar a limpio en mi ordenador. Esto me influyó y creo que se percibe en mi tendencia a escribir sobre lo cotidiano, aunque mi forma de expresarme sea distinta a la suya. Es un libro que, de algún modo, le pertenece.

Háblanos de tu fascinación por el ‘haiku’ y la cultura japonesa en general. 

Fue el ‘haiku’ el que me introdujo en la poesía. Fue su brevedad y sencillez lo que me sedujeron. No sé por qué razón me he sentido siempre muy fascinada por lo oriental. No solo por el ‘haiku’, sino también por la poesía china clásica. En este tipo de poesía el lenguaje es claro y sugerente, huye de la pomposidad y el artificio. Predomina la naturalidad, algo que en occidente no es tan frecuente. Lo mismo sucede con la pintura ‘sumi-e’, en la que lo importante es sugerir con pocos trazos una imagen. Con el ‘haiku’ descubrí que podía escribir sobre pequeños acontecimientos cotidianos y transmitir emociones en pocas palabras. Y me di cuenta de que todo, por pequeño e insignificante que parezca, puede convertirse en poema, desde una hormiga hasta una piedra.

Portada de 'La durmiente', de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de ‘La durmiente’, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué crees que la gente lee poesía y por qué es tan minoritaria? 

Constato que existen muchos lectores de poesía, incluso entre personas que no se dedican a la literatura. En los talleres de ‘haiku’ que imparto, los niños parecen disfrutar poniendo en marcha su lado creativo y muestran interés por componer y leer estas pequeñas estrofas. Algo que no siempre se estimula en la enseñanza. En mi caso, leo poesía porque es algo capaz de provocar emociones, lo mismo que la pintura o la música. Tal vez sea minoritaria porque no se divulga ni promociona lo suficiente.

¿Qué te impulsa a ti a escribirla  y cuáles son las vivencias y sentimientos que pretendes expresar con ella? 

Creo que es un impulso que brota de forma espontánea, por el puro deseo de crear, aunque en mi caso también influyó haber tenido acceso a ella durante mi adolescencia. En aquel tiempo, cuando leí a Juan Ramón Jiménez, me impactó tanto que deseaba imitarlo y convertirme en poeta. Más tarde conocí a otros poetas que también me impresionaron, como Rilke o Dickinson.

¿Estás al tanto de las últimas generaciones de poetas? 

Aprecio a muchos poetas actuales, aunque me siento más cercana a José Corredor-Matheos, Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Cabrera o Miguel d’Ors, por citar algunos. Sin olvidar, por supuesto, a José Luis Parra. Y en poesía oriental, podría nombrar a poetas chinos clásicos, como Su Dongpo, Li Po o la poetisa Li Qingzhao, conocidos en España gracias a editoriales como Hiperión. En realidad, lo que intento es escribir poesía occidental inspirándome en la oriental, que me parece de una delicadeza extrema.

La pintura y la poesía combinan bien. ¿Cómo se ‘maridan’ en tu caso?  

Algunos poetas chinos y japoneses eran también pintores. En occidente, también encontramos personajes como Ramón Gaya, pintor y poeta. En cuanto a mí, me considero más poeta que pintora, aunque disfruto mucho con los pinceles, como simple aficionada. Todavía tengo mucho que aprender tanto en pintura como en poesía.

Que una prestigiosa editorial como Pre-Textos apueste por segunda vez por tu obra es un motivo de gran satisfacción. ¿Qué significa esa confianza para ti? 

Que Pre-textos me propusiera publicar mi primer libro de haikus, Faro del bosque, fue una de las mayores alegrías de mi vida y también una sorpresa, pues me dedicaba a escribir haikus por el placer de cultivar esa estrofa, sin más pretensiones. Con los poemas de La durmiente me sentía menos segura, pues nunca me había atrevido con más de tres versos. Sin embargo, la editorial ha vuelto a abrirme sus puertas y brindarme su apoyo, algo que agradezco de corazón. Gracias a ellos comencé a tomarme en serio como poeta.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Bel Carrasco