El Museo de Cerámica se viste de México

Manuela Ballester en el exilio. El traje popular mexicano
Museo Nacional de Cerámica González Martí
C / Marqués de Dos Aguas, 5. Valencia
Hasta el 28 de junio, 2015

El Museo Nacional de Cerámica presenta la exposición ‘Manuela Ballester en el exilio. El traje popular mexicano’, con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo. La muestra presenta un conjunto de 47 pinturas y dibujos de Manuela Ballester pertenecientes a la serie del traje popular mexicano que la artista desarrolló en México entre 1945 y 1953, durante su exilio (1939-1959). Junto a las obras de Ballester, se exhiben 48 piezas de indumentaria popular mexicana que la pintora adquirió en mercados del país. Todas las piezas expuestas pertenecen a los fondos del Museo y fueron donadas por Manuela Ballester en 1982. La exposición estará abierta al público hasta el 28 de junio.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica. Cortesía del museo.

La muestra, comisariada por Liliane Cuesta, quiere así rendir homenaje a Manuela Ballester dando a conocer esta parte de su obra, a la vez que permite exponer fondos que normalmente se encuentran en los almacenes del Museo. Plasma el interés de la artista por la moda y la indumentaria en general, y por el traje popular en particular, incidiendo en el carácter etnográfico del trabajo de Ballester a la hora de documentarse y recopilar datos sobre el tema.

La exposición quiere cumplir con varios objetivos. Por una parte, se pretende resaltar la figura de la artista Manuela Ballester (Valencia, 1908-Berlín, 1994). Todavía en vida, la obra de Ballester fue objeto de una retrospectiva en la galería Estil de Valencia en 1980. Tras su fallecimiento, se organizó en 1995 una exposición homenaje celebrada a iniciativa del Institut Valencià de la Dona y comisariada por Manuel García, con el objetivo de recuperar y visibilizar el papel desempeñado por mujeres en la historia.

En 2008, se le dedicó el documental ‘Manuela Ballester, el llanto airado’, con guión y dirección de Giovanna Ribes, a iniciativa de la asociación valenciana Dones en Art y con motivo del III Festival Octubre Dones, dedicado a Ballester en el centenario de su nacimiento.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Tanto la figura de Manuela Ballester como su obra es poco conocida del gran público y ha sido muy poco difundida. El Museo quiere contribuir así a difundir la obra de la pintora, centrándose en el periodo del exilio mexicano y la personal mirada a la población mexicana. De la misma manera, rinde homenaje a esta artista dando a conocer parte de la donación que generosamente efectuó al museo en 1982.

En segundo lugar, las piezas seleccionadas para la exposición permiten dar a conocer la indumentaria y artesanía tradicionales mexicanas, patrimonio de los pueblos indígenas de ese país. Muchos de los trajes tradicionales mexicanos, de raíz prehispánica, se han conservado prácticamente iguales a pesar de la presencia colonial española y la introducción de nuevas vestimentas, técnicas y materiales.

En tercer lugar, el Museo quiere potenciar, poner en valor y difundir sus colecciones en general y, en particular, aquellos fondos que por motivos de espacio no se encuentran expuestos de forma permanente, como es el caso de la totalidad de las 95 piezas (pinturas e indumentaria), así como de los documentos de archivo que componen la muestra.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Se trata además de piezas práctica o totalmente desconocidas del gran público y de los investigadores ya que han sido prestadas en contadas ocasiones. Antes de formar parte de las colecciones del museo, las pinturas de Ballester sobre el traje mexicano se expusieron en dos ocasiones en los años sesenta: en 1963 en el Club de Creadores de Cultura de Berlín, y en 1965 en la exposición México y su mundo celebrada en Berlín y Dresde.

La realización de una exposición temporal con piezas procedentes exclusivamente de los fondos del museo conlleva una labor de investigación, documentación, catalogación y difusión de estas piezas que amplían considerablemente la información disponible sobre las mismas y ayudan a ponerlas en valor.

Por último, y en estrecha relación con los otros tres aspectos, el Museo quiere con esta exposición cumplir el deseo de Manuela Ballester, expresado en sus cartas a los directores del museo, de exponer sus obras sobre el traje mexicano, como forma de difundir y valorizar su obra y de dar a conocer al público visitante este particular aspecto, el traje tradicional mexicano.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Cartel de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Museo de Cerámica: ni IVAM, ni MuVIM

60 años del Museo de Cerámica de Valencia
Director: Jaume Coll
C / Poeta Querol, 2. Valencia

Un gran panel cerámico (6×2 metros) de una cocina valenciana con escena de época, pieza recuperada por González Martí que data de 1789, dialoga con otro panel obra de Arcadio Blasco, de su serie Muros para defenderse del miedo (1970). Uno al lado del otro simbolizan buena parte de la historia que atesora el Museo Nacional de Cerámica González Martí, ahora que celebra su 60 cumpleaños. El primero, porque dadas sus dimensiones recuerda la dificultad que tiene el museo para exhibir piezas que, por su tamaño, necesitan dependencias mayores. Los ecos de la tan anunciada como sucesivamente postergada ampliación de su espacio siguen resonando. Y el muro de Arcadio, artista fallecido el pasado año, parece igualmente llamar la atención de un museo que defiende orgulloso su rico patrimonio.

Frente al IVAM o el MuVIM, museos tan propicios al controvertido eco mediático, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí (en lo sucesivo, y por abreviar, González Martí) se yergue silencioso en el palacio del Marqués de Dos Aguas. Pero es un silencio, ya es hora, que clama al cielo. “Es el museo de su especialidad más visitado de Europa”, subraya Jaume Coll, director de la institución dependiente del Ministerio de Cultura. Las cifras son harto elocuentes. “Tenemos más de 130.000 visitas anuales, lo que supone doblar las que tiene el Museo Nacional del Azulejo de Lisboa, que es todo un referente”. El resto de museos de cerámica europeos suelen alcanzar una media de 30.000 visitas.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

No sólo eso. Jaume Coll señala que las webs turísticas especializadas colocan al González Martí como “la quinta atracción turística de Valencia”, tras los parques y el Mercado Central, pero de nuevo como el primer museo en número de visitas. Ni el IVAM, ni el MuVIM, ni el Bellas Artes: el González Martí despunta por encima del resto de espacios museísticos de la ciudad. Con menos pompa, la cerámica es todo un reclamo. Entonces, ¿por qué aparece siempre como en un segundo plano? “Bueno, la gente lo conoce”, apunta Coll, sostenido por la elocuencia de las cifras, “pero no sabe lo que significa; por qué es un museo tan singular”.

Lo dice mientras grupos de estudiantes y personas que aguardan una visita guiada adensan con sus voces las salas del González Martí. Salas repletas de una cerámica singular, que Jaume Coll va describiendo a su paso deletreando cada una de las piezas. Y es que “la producción valenciana no es cualquier cosa”, destaca el director. Por ejemplo, la cerámica de Alcora, con su Real Fábrica de Loza del siglo XVIII. “A nivel europeo es la que produce más cantidad y calidad, alcanzando los dos millones de piezas que van a América”. Manises, cuya cerámica “colorista y de dibujos más populares, menos académicos, despunta en el XIX”. Yendo hacia atrás, está la loza dorada, “imitación del metal y producto estrella del siglo XIV”, además de la implantación de la loza que imitaba a la porcelana como uno de los episodios del siglo X.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll también destaca con orgullo “el gran eco de nuestras exposiciones en el extranjero”. Y cita, como uno de los múltiples ejemplos, la de Lisboa, con 38.000 visitantes, cuando lo normal suele estar en torno a los 23.000. Los grandes pavimentos, alguno de casi 80m2, como el de la Real Fábrica de Azulejos que data de 1808 expuesto en Dallas o Nueva York, protagonizan algunas de esas exposiciones foráneas, a falta del espacio que el González Martí demanda desde hace un tiempo que se hace ya excesivamente largo.

Jaume Coll se muestra cauto, pero se le ve dolido por la “caída en picado” del presupuesto que limita su capacidad de gestión, “aunque el servicio que prestamos sigue siendo igual de digno”. Para este año de celebración por los 60 años del Museo de Cerámica, tienen previsto realizar una exposición de video y fotografía con testimonios e imágenes de cuando se creó el museo en 1954, así como destacar entre las habituales piezas del mes un jarrón de los años 20 de Juan Bautista Huerta, que es junto al que se firmaba y que aparece en todas las imágenes de la época.

El González Martí viene reivindicando con sus cifras de visitantes, su patrimonio y sus actividades, el lugar que por méritos propios merece la cerámica. “Es un arte más y eso fuera de España se entiende, pero aquí no se valora lo suficiente, por prejuicios de nuestra sociedad; es un problema de educación”. De ahí el Curso del Prado impartido en el Museo de Cerámica recientemente a profesionales, con el fin de que la gente sepa el trabajo de dominio de las técnicas y calidad del producto. “Hay que saber mirar y no sólo quedarse con que todo esto es muy bonito, sino conocer lo que representa la cerámica del pasado y el patrimonio que aquí tenemos”. Al arqueólogo Jaume Coll se le nota que lo suyo es seguir excavando.

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Salva Torres