Doble excepción

Shape & Forms de 1010, CT, Nawer, Nelio y SatOne
Plastic Murs
C/ Dénia 45, Valencia.
Inauguración 16 diciembre a las 20.00h
Hasta el 21 de enero de 2017

Mucho ha evolucionado el fenómeno ochentero del grafitti de raíces Hip-Hop, al tiempo que ha ido adoptando nuevas denominaciones y naturalezas menos vandálicas y callejeras. Desde entonces, el mundo de las galerías no ha dejado de echar cables y tender puentes para tratar de integrar aspectos sin duda valiosos e interesantes. Sin embargo, no es sino hasta fechas recientes cuando estamos viendo superado el enorme recelo que los artistas urbanos han sentido hacia el mercado del del arte y acortando la distancia que han estado guardando. Afortunadamente, la convivencia está demostrando que las incompatibilidades no son ni mucho menos genéticas, sino más bien culturales.

La segunda excepción tiene que ver con la minoritaria presencia de la abstracción en el arte urbano. Sus orígenes derivados de la firma y el poder iconográfico de determinados tipos de imágenes, han dejado un papel muy secundario a las manifestaciones abstractas… pero también esto está cambiando a velocidad de vértigo.

Bajo el doble juego de Shapes & Forms, nos encontramos con obras de cinco artistas sobradamente conocidos en el panorama internacional. Todos han sabido compaginar diferentes facetas de su actividad artística con una naturalidad que sería inimaginable hace un par de décadas. Cuando menos evidentes son las referencias figurativas, más claras y profundas han de ser las motivaciones y las raíces que animan y vivifican sus respectivas poéticas.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Nawer construye unos espacios expansivos que como pequeñas galaxias parecen extenderse desde su centro hasta rebasar los márgenes perimetrales del soporte. Formas geométricas y líneas duras conviven con unos contrapuntos evanescentes y un tanto gestuales.

SatOne despliega una actividad que se podría calificar de barroca. Con una cuidada puesta en escena en la que domina una paleta limpia, de formas abigarradas que generan ritmos sinuosos y dinámicos cuya fuerza no puede encerrarse en los límites ortogonales de la obra.

Nelio realiza una propuesta que conjuga la acción inherente al proceso de pintar con una geometría sintética -a veces orgánica- que suele dialogar con el fondo, especialmente cuando el soporte es un muro abandonado, mientras que en sus pinturas tiende a una ordenación cuasi alfabética.

1010 juega a la repetición creciente o decreciente de una forma cerrada marcadamente lobular que somete a variaciones cromáticas que finalizan o empiezan en un negro absoluto que todo lo absorbe, que todo lo contiene y, por lo tanto, todo puede surgir de él.

Finalmente, CT, su trabajo, es a la vez el más estrictamente geométrico y el que entronca de modo más directo con la tradición del nombre. Aunque en su caso, fuerza el juego de variaciones y fragmentaciones de sus iniciales de referencia a extremos y resultados tan independientes como autónomos. Dos letras, dos tintas.

Como no hay dos sin tres, ¡una exposición de excepción!

Juan Bautista Peiró

Lukas Ulmi. Laberintos visuales

Lukas Ulmi. Laberintos visuales
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del Mocadoret, 4, Valencia
Hasta el 16 de noviembre de 2013

 Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí.

 Italo Calvino, Las ciudades invisibles

 

Romper con el antiguo entendimiento de la escultura como una forma de expresión encerrada en sí misma, concibiendo la necesidad de circunscribir su potencial expresivo a unas pocas y axiomáticas categorías formales, en una búsqueda o retorno a la estructura primaria, describe el itinerario iniciático con que nos acerca Lukas Ulmi a su nueva obra. Sin embargo, al escultor le contemplan años de creación que interpretan los interrogantes del universo, dibujando el espacio mediante hermosas levedades espaciales de objetos encontrados. Restos de vida engarzados en sutiles móviles con los que nos mostraba una particular arqueología del lenguaje; ramas, piedras, esqueletos de la naturaleza que ya la pensadora malagueña, María Zambrano, en su personalísima poética concebía como las semillas del conocimiento, de la razón, y de los que ahora, el artista, en cierto modo se desprende.

Su capacidad para dialogar con el vacío trazando formas geométricas e infinitas en universos hipotéticos se define muy bien en esta nueva serie de “Laberintos visuales”, que nos presenta. Arquitecturas móviles que despliegan espacios infinitos en su interior a través de coetáneos cubos, engarzados con imanes. Una suerte de construcciones cercanas al Minimal Art con las que concebir los sencillos determinantes espaciales, como señalaba el escultor minimalista Robert Morris: simplicidad de formas no quiere decir necesariamente simplicidad de vivencia artística. Las formas unitarias no reducen las relaciones, sino que las ordenan. Cuando la hierática naturaleza dominante de las formas unitarias actúa como constante, no se neutralizan las relaciones singularizantes de dimensión, proporción, etc, sino que, por el contrario, se asocian más sólida e inesperadamente.  En este sentido, Ulmi da una vuelta de tuerca a la modernidad, circundando aquel arte cinético de mediados de siglo xx dentro de un particularísimo postminimalismo volátil.

Sus obras albergan un insólito y misterioso movimiento, intrínsecas al concepto kantiano de belleza que resume los elementos en formas simples, lidiando con el aire. Sorprendentes esculturas que debaten ilusiones ópticas mediante delicadas dobleces y estructuras simples, conforman el trabajo. Trazos de alambre asumidos como una cosmogonía, símbolo de los universos temporales, tan presentes a lo largo de su trayectoria. Amante del movimiento y la simplicidad estética, Ulmi domina la escultura como un auténtico fabulador que quiere acercarse a los misterios de la creación, sin dogmas ni aspavientos. Lugares paradójicos, fija simbólicamente un movimiento del exterior hacia el interior, de la forma a la contemplación, de la multiplicidad a la unidad, del espacio a la ausencia de espacio, del tiempo a la ausencia del tiempo. Representa también el movimiento contrario: de dentro hacia afuera, sugiriendo una progresión simbólica hacia el infinito en todo los aspectos del proceso artístico.

Representación escultórica en que el todo se nos muestra pero nunca se nos da.

Observamos como las construcciones pueden montarse de maneras distintas, según la característica del lugar donde se efectúe la instalación, prevaleciendo la coexistencia dialéctica de las formas. Esta lógica estructural que presentan permite observar cómo Ulmi otorga un valor idéntico en la ubicación de todos los elementos. Es decir, en su obra no se percibe ningún valor jerárquico entre lleno y vacío, abierto y cerrado, delante y detrás. Paradigma insoluble de una misma realidad, donde el artista ordena el sigiloso laberinto de la mirada, mediante geometrías y juegos visuales de nuestro espacio imperecedero. Y es, en esta particular falta de jerarquía donde se haya el enigma de cualquier laberinto, no únicamente como la misteriosa estructura arquitectónica descrita a lo largo de la historia por artistas, arquitectos, o escritores, sino como la inquietud y la incertidumbre de la mente humana ante los caminos desconocidos del conocimiento, la razón, la vida.  

Una espectacular construcción vertical de cubos flanqueados por espejos, trasporta al espectador por un viaje espacial, y es al final de este recorrido donde muy a menudo el hombre se encuentra así mismo. Donde el conocimiento ulterior es el de uno mismo, la comprensión del propio yo, reflejado en el propio conocimiento, como señala Paolo Santarcangeli autor de “El libro de los laberintos”: Allí reside la razón profunda de que en el fondo del laberinto figure muchas veces un espejo, para que el hombre, al llegar por fin a la meta de su peregrinación, descubra que el último misterio de la búsqueda es el mismo.

Alegorías que encontramos a lo largo de la Historia del arte, y la literatura en esas construcciones asfixiantes sin salida, sin fin. Como describieron, por ejemplo, los grabados de Piranesi y que también narra muy sabiamente en el cuento “Los dos reyes y los dos laberintos”, el escritor Jorge Luis Borges, acercándonos a este  misterio de la propia vida, y a la infinitud del espacio-tiempo. Cuenta la historia que el rey de Babilonia mandó construir un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros. Una obra escandalosa, porque la confusión y la maravilla eran operaciones propias de Dios y no de los hombres. Un laberinto que sucumbió finalmente ante la infinitud del laberinto de un rey árabe, donde no había escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que vedasen el paso. Metáfora del desierto, donde murió de hambre y de sed el mordaz rey de Babilonia.

Encontraríamos que en este caso, el laberinto simbolizaría el proceso transformador de la experiencia artística donde el hombre constantemente se enfrenta al vacío, pero también a la creación. Concepciones de universos infinitos en la levedad interior de los cubos, que el escultor extiende a través de la simplicidad formal en el horizonte. Un mismo símbolo que puede servir para evocar las realidades invisibles: el destino humano o como en el cuento, la voluntad inescrutable de Dios, el misterio de la obra de arte.

Rosa Ulpiano