Miki Leal, por los cerros de Úbeda

Balada heavy, de Miki Leal
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 10 de abril

Miki Leal, en fructífero diálogo con Isabel Puig (de AVALEM: Asociación Valenciana de Educadores de Museos), fue presentando su obra, ‘Balada heavy’, el día de la inauguración en Luis Adelantado. Y entre las cosas que dijo, y dijo unas cuantas a rebufo de los interesantes apuntes de su narradora acompañante, esta reflexión: “Construyo la imagen desde dentro, pero me interesa lo que sucede alrededor”. Algo parecido destacó Isabel Puig, en relación con el bodegón de los vinilos: “El vinilo es una excusa para irse al fondo, a lo que sucede alrededor”. “Hago lo figurativo y luego me pongo a jugar para irme por otros sitios”, agregó el artista.

Obra de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Diríase que Miki Leal se va por los cerros de Úbeda al entonar (pintar) esa ‘Balada heavy’ que da título al conjunto expositivo. Da igual que en el centro de su obra haya cuatro músicos de jazz recortados de una revista, las figuras de una foto de Cartier-Bresson, que pose junto a su primo con mucho verde detrás, que haya bodegones, paisajes o esos vinilos. Da lo mismo, porque Miki Leal lo que pretende es dejarse llevar por los recuerdos que emanan de cada una de esas presencias centrales.

Modern jazz, de Miki Leal en 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Modern jazz, de Miki Leal en ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

De ahí la importancia, que subrayó Isabel Puig, de poner especial “atención a los bordes, a las rupturas”. Del centro, pues, a la periferia. O por decirlo de otra forma: Miki Leal reúne objetos de grato recuerdo para él y, a partir de esos objetos que capitalizan su recuerdo, se extravía por los meandros de la memoria. Una memoria que hace “guiños” a la historia del arte, a su afición por la música, y más en concreto por el jazz y, por supuesto, a todos esos objetos (camisas, zapatos, discos, cuernos de jabalí africano, nudos de árbol) de su “mundo personal”.

Bodegón de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Cortesía de Galería Luis Adelantado.

Bodegón de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Cortesía de Galería Luis Adelantado.

Miki Leal se aproxima a todo aquello que le toca, le motiva, le subyuga, con firme convicción (de ahí que lo ubique en el centro de su obra), para después interponer, velar o sumar elementos que hagan de ese recuerdo una labor arqueológica. El artista agrega geometrías, rayaduras, bordes negros o material cerámico a cuanto constituye el objeto de sus recuerdos, de forma que la balada heavy a la que alude el título de la exposición sea una música original que te lleva a otra parte.

Vista general de la exposición 'Balada heavy', de Miki Leal. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Vista general de la exposición ‘Balada heavy’, de Miki Leal. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

“Tiene un aspecto terapéutico”, apuntó Miki Leal, tras observar ese desplazamiento de lo figurativo a lo abstracto; de lo nítido a lo difuso. Terapia que entronca el recuerdo con la inevitable reinterpretación de aquello que propició cierta experiencia singular. De la supuesta objetividad, en tanto suceso real que deja su huella indeleble en la memoria, a la subjetividad como rememoración de un pasado que, en tanto nos conmueve, es necesariamente reactualizado.

Por eso las figuras y los objetos pierden su condición inicial de prístino recuerdo, para disolverse, difuminarse o simplemente mezclarse con toda suerte de evocaciones presentes. Que Miki Leal se vaya por los cerros de Úbeda es una manera de decir que, en el fondo, los recuerdos siempre tienen esa condición de extravío, de carácter incierto y errático. Lo que hace el artista, con la evocación musical que propone en la galería Luis Adelantado, es reinterpretar aquello que sintió al contemplar un cuadro, una fotografía o poseer ciertos objetos, con pinceladas que transforman su obra en un lúdico recorrido sensorial por los vericuetos de la memoria.

Obra de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Salva Torres

Tiepolo y sus retratos de fantasía

Giandomenico Tiepolo
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 20 de abril, 2015

¿Pueden convivir las obras de arte sean de la época que sean? ¿El mural más reciente de Banksy o la última ilustración de Pawel Kuczynski por ejemplo con un grabado de Goya? Las afinidades y divergencias entre las obras podrían tener que ver, más que con el tiempo, con la manera de ver el mundo de los artistas. Miró puede ser más afín a un artista pictográfico de hace doce mil años que a cualquier expresionista de su época.

Los que se interesan sólo por lo último de lo último, o los que consideran que arte es sólo lo que hicieron los clásicos, o sea, que murió antes del impresionismo, creen en la idea de la evolución (o involución) del arte. Pero puede ser que no tenga nada que ver con eso. Que las obras simplemente coexistan.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al fin y al cabo, la evolución es una idea que afirma la existencia de un punto fijo desde el cual arranca todo el proceso. Pero el caso es que aquí no hay ningún punto fijo, ningún centro sobre el que gire nada. Por tanto, no hay proceso lineal. Parece más bien que en el arte el punto es móvil y se desplaza con cada obra que se crea. Como si no pudiera parar quieto. Los estilos se suceden recogiendo elementos de los otros estilos, modificándose y envolviéndose continuamente. Es como un ADN en el que todo está en todo.

Por esas afinidades y divergencias, el tiempo, en el arte, se esfuma, y en su lugar aparece la simple comunicación entre las obras, que parecen hacerse confidencias, como invitados en una fiesta con ganas de conocerse, o que discuten y, al hacerlo, se revelan sus tensiones íntimas, como en una cena de navidad −aquello que más les preocupa o que precisamente mejor (o más dolorosamente) las define.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Bingyi, por ejemplo, con su pandemonium de luces y sombras, tendría mucho de qué hablar con Turner, pero también, por contraste, con su actual coetánea He Zhihong. Los poéticos paisajes de esta, a su vez, convivirían perfectamente con los de Constable, Friedrich o incluso Cézanne, pero se destacarían sobre todo si se encontraran con los de Van Gogh. O en fin, si los retratos en lejía de Barceló tuvieran delante los de Giandomenico Tiepolo que el Museo de Bellas Artes de Bilbao acaba de presentar en su nueva exposición, en colaboración con BancaMarch y Consulnor.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

No son retratos de personas concretas, sino de fantasía, es decir, son inventados. Y lo que Tiepolo ha inventado son tipos genéricos –tres hombres maduros con toque oriental y ocho mujeres jóvenes pintados con un estilo que recuerda a Rembrandt-. Están fechados alrededor de 1768 cuando aprovechó su estancia en Madrid, a donde había ido con su padre y su hermano para pintar al fresco varios techos del Palacio Real.

Al no representar a nadie en concreto, este artista se decide por pintar tipos, como si dijéramos a la manera de Jung, es decir, arquetipos. Su preferencia son los filósofos de la antigüedad, en cuanto a los hombres, y su ideal de belleza femenina en el caso de las mujeres (inocencia, austeridad, personalidad, decisión, bondad). Temas estos que, por sí solos, abren un sin fin de interrogantes.

Completa la exposición doce aguafuertes cedidas por la Biblioteca Nacional de España.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres