Alicia post-Podemos

Alicia en Wonderland, de Chema Cardeña, versión del clásico de Lewis Carroll
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Hasta el 11 de enero de 2015

“Una declaración de intenciones, una muestra de que el teatro y la sociedad está por reinventar, de que no hay barreras entre la música, la danza o la interpretación, de que las historias para niños también pueden ser para adultos y de que los clásicos son grandes porque pueden tener nuevas vidas hoy día”. Así define el actor y director Chema Cardeña su obra ‘Alicia en Wonderland’, una irónica y ácida versión libre y para adultos del clásico de Lewis Carroll. Con este montaje que combina la interpretación, danza y música en directo, Sala Russafa salta al año que viene e inicia la celebración de los veinte años de la compañía Arden que culminará la próximo mes de abril. Esta atrevida pieza se puede considerar,  en palabras de su director, “una propuesta post-Podemos, si es posible hablar en pasado del presente, y quién sabe si del futuro”.

Elenco de 'Alicia en Wonderland', de Chema Cardeña. Sala Russafa

Elenco de ‘Alicia en Wonderland’, de Chema Cardeña. Sala Russafa

Alicia ha crecido y es una treintañera con una licenciatura y un par de másters que no logra encontrar un hueco a su medida en el competitivo mundo laboral. En su viaje al otro al país no tan maravilloso de hoy,  la protagonista tropieza con el nepotismo, la burocracia, las estafas, la corrupción de algunos políticos y demás miserias del tiempo que nos ha tocado vivir. El propósito de Cardeña es sacudir al público, estimular su conciencia, tocando temas como la justicia, la sanidad o la educación, siempre desde la óptica del humor.

“Es más fácil llegar a la mente del espectador si le abrimos la boca con una carcajada”, dice Cardeña. “En esta función hay momentos en que nos cuesta mucho aguantar la risa, incluso a los propios actores, pero las situaciones y personajes que interpretamos son un puro retrato de nuestra sociedad. Nos hemos acostumbrado a hechos y situaciones tan delirantes y kafkianas que  cuando las pones sobre las tablas, inevitablemente llega la comedia”. Al igual que la historia original de Lewis Carroll puede leerse como un retrato de los inicios del siglo XX en Inglaterra, una monarquía alejada del pueblo y el feminismo incipiente, ‘Alicia en Wonderland’ muestra con humor e ironía una radiografía de la actualidad española.

Iria Márquez es Alicia, Rosa López la Reina de Corazones, José Doménech el Sombrerero Loco y Darío Torrent La Liebre. Juan Carlos Garés da vida a El Señor Blanco, Cardeña interpreta a El Señor Azul la oruga y Toni Aparisi es el sonriente gato Chausure Le Chasir.

Cartel de 'Alicia en Wonderland', obra de Paula Bonet. Sala Russafa

Cartel de ‘Alicia en Wonderland’, obra de Paula Bonet. Sala Russafa

Música, luces y danza

Tres disciplinas se reúnen sobre las tablas para contar esta historia. El bailarín y coreógrafo Toni Aparisi (Premio Max) es el responsable de la danza y sobre él recae el mayor peso de las coreografías. “Todos los actores tenemos que bailar un poco, igual que intervenimos en la música en ciertos momentos. Algunos incluso cantan solos, como Rosa López o Darío Torrent”, explica Cardeña.

La música es otro de los elementos clave de la puesta en escena. David Campillos dirige a una banda en la que colaboran Johnny B.Zero, José Montoro (The Someone Else’s) y Rebeca Ibáñez (Néstor Mir & The Pinnetes), ofreciendo divertidas versiones de grandes éxitos de artistas como Michael Jackson, Lou Reed, Las Bácara, Bob Marley, Pink Floyd o The Rolling Stones, que interactúan con la trama.

“Los efectos escénicos y la iluminación son muy importantes”, apunta Cardeña. “Queremos que la gente se ría, que se lo pase bien, que llore de risa en vez de impotencia frente a ciertos temas, porque también es una manera de hacer crítica”, concluye.

Escena de 'Alicia en Wonderland', de Chema Cardeña. Sala Russafa

Escena de ‘Alicia en Wonderland’, de Chema Cardeña. Sala Russafa

Bel Carrasco

Alicia en Wonderland, maravillosa pesadilla

Alicia en Wonderland, dirigida por Chema Cardeña
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Estreno: jueves 18 de diciembre, a las 20.30h
Hasta el 11 de enero, 2015

“Alicia empezaba a cansarse de estar allí sentada con su hermana a orillas del río sin tener nada que hacer”. Así comienza ‘Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, poco antes de introducirse en la madriguera del conejo que le deparará toda suerte de sorprendentes y surrealistas aventuras. Chema Cardeña lo toma como referencia para dirigir un espectáculo trasladado a la actualidad.

Así, Alicia es una joven que acaba de finalizar sus estudios e intenta integrarse en la sociedad, iniciando así su carrera. Pronto descubrirá que para una chica que quiere abrirse camino en la vida, las cosas no son fáciles en el país maravilloso donde vive.

Cartel de Alicia en Wonderland, espectáculo dirigido por Chema Cardeña. Ilustración de Paula Bonet. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de Alicia en Wonderland, espectáculo dirigido por Chema Cardeña. Ilustración de Paula Bonet. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Tropezará con la burocracia, la política, la religión, la corrupción, las estafas, el nepotismo de quienes gobiernan y la falta de escrúpulos y valores de esa sociedad.

Conocerá a personajes increíbles que a su vez representan los pecados de una sociedad enferma y decadente, casi moribunda, (la envidia, la pereza, la soberbia, la lujuria). Todo ello vivido en una metáfora a través del cuento de Lewis Carrol.

Personajes como el señor blanco o el señor azul, la reina de corazones o el sombrerero loco, que simbolizan los estamentos de un país extraño, cruel y cerrado al futuro y los que tratan de abrirse camino en él. Un país maravilloso, visto por la joven Alicia a través de un espejo.

Son los intérpretes de la función: Iria Márquez, Juan Carlos Garés, Chema Cardeña, Rosa López, José Doménech, Toni Aparisi, Miguel Machado, Darío Torrent, Rebeca Ibáñez, David Campillos, José Montoro y Johnny B. Zero. Todo ellos bajo la dirección de Chema Cardeña.

Detalle del cartel de 'Alicia en Wonderland', obra de Paula Bonet, que dirige Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Detalle del cartel de ‘Alicia en Wonderland’, obra de Paula Bonet, que dirige Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Eduardo Arroyo: “Ahora hay una sovietización del arte”

“No quiero ser un cascarrabias”. Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) lo dice poco después de dejar constancia del aburrimiento que le produce el mundo del arte actual. “Es muy difícil de comprender y me produce agotamiento”. El marco de ese aburrimiento y de esa incomprensión lo describe con la elegancia ácida del artista que vivió el incendio parisino de Mayo del 68. Pasados los años, habla como si leyera el presente sobre las cenizas de aquella experiencia. Y esto es lo que ve. Primero: “Ahora hay una sovietización del arte”. Y segundo: “Estamos en un mundo lleno de funcionarios, consejeros y burócratas”.

Eduardo Arroyo desgrana cada una de sus afirmaciones con una voz que suena socarrona. Quizás no lo pretenda, pero así le sale. “Hoy día el artista trabaja para el Estado, por la naturaleza misma de su trabajo”. Y para subrayar esa crítica, pone un ejemplo acerado. “Supongo que no es nada fácil vender 200 camellos disecados, salvo que todo ello termine en un museo”. Museos que ve todos iguales, “con los mismos nombres y las mismas exposiciones”. Es lo que ocurre cuando el mundo (segundo de sus postulados) se llena de funcionarios y burócratas que ejercen un poder muy grande (“habría que preocuparse por ello”).

Salva de la quema al MuVIM. Arroyo ha realizado el cartel anunciador de la exposición que el Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat dedica a Blasco Ibáñez, y que se inaugurará mañana. Del resto no dice nada bueno. No sólo por lo que respecta al IVAM. El alcance de sus críticas abarca toda España. “Lo que he dicho es algo generalizado”. Y se sustenta en lo que considera una “connivencia muy fuerte entre el poder político y las instituciones culturales”. Espera, sin mostrar demasiado optimismo, que tras las próximas elecciones “no se vuelva a desmantelar todo en función del partido ganador”.

Eduardo Arroyo no dejó títere con cabeza en los años 60. Concretamente, las cabezas de los dictadores que cáusticamente pintó en la III Bienal de París: Franco, Hitler, Mussolini y Salazar. Tampoco vio con buenos ojos las vanguardias que, a su juicio, adormilaban con su propuesta rupturista absorbida en última instancia por la cultura dominante. “Hoy se habla de pintura política, pero yo no la veo”. El escándalo que Breton dio por finiquitado en aquellos años del mayo francés, Arroyo lo sitúa precisamente en 1965. “Dicen que el último escándalo lo protagonizamos nosotros por haber asesinado a Marcel Duchamp”.

De aquella batalla por las libertades, Arroyo recuerda sus cenizas. Y se apresura a decir que, lo mismo que sucedió en París, también aquí se produjo un cambio de la dictadura a la apertura en todos los órdenes. Apertura con el mismo tufillo regresivo. “Ahora hemos vuelto a lo anterior: somos un país cuyo tema mayor es prohibir, prohibir, prohibir”.  Y de nuevo la clase política como máxima responsable. “La culpa no la tiene el banquero, que va a lo suyo, a ganar dinero, sino el Estado que le ha dejado ganar ese dinero a mansalva”.

De Blasco Ibáñez dice que es un personaje cosmopolita que, al igual que Sorolla, ha sufrido injustamente la tendencia a subrayar sus aspectos más folclóricos y localistas. La exposición que le dedica el MuVIM (“va a sorprender muchísimo”) viene a subsanar ese sesgo. Arroyo ha realizado asimismo 31 ilustraciones “bastante duras” de Sangre y Arena. Como duro es el mundo  del boxeo y de los toros por los que el pintor madrileño siente verdadera pasión. “Yo no veo la violencia en los toros o el boxeo, sino la misma persecución por el deseo de prohibir”. Y pone como ejemplo Cataluña: “Les molesta una fiesta que consideran española”.