“Los toros son más de lo que sucede en el ruedo”

Con motivo de la exposición ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’, organizada por la revista Avance Taurino, en colaboración con la Diputación de Valencia y Simón Casas Producciones, implementada durante el desarrollo de la Feria de Fallas 2017 en el primer piso de la plaza de toros y que ha contado con la participación de un generoso número de artistas, literatos y periodistas  -Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Fernando Savater, Pere Gimferrer, Agustín Díaz Yanes, Andrés Calamaro, etc-, así como recapitulaciones axiomáticas e históricas de diversa índole -Camilo José Cela, Rafael Alberti, Pablo Picasso, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, etc-, con el objetivo de aportar con sus respectivas sentencias un ejercicio de abogacía reflexiva de la tauromaquia, Makma entrevista al periodista Paco Delgado -comisario de la exposición, director de Avance Taurino y colaborador de información taurina en medios como Radio Nacional de España en la Comunidad Valenciana, La Razón, Las Provincias o Valencia Radio- y a Pedro Toledano -columnista taurino de dilata trayectoria en diferentes rotativas como El País, Levante y Las Provincias-, con la pretensión de conversar acerca de la cultura y el periodismo asociados al universo taurino.

¿Se alimenta esta exposición, ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’, de la manifestación acontecida en Valencia el pasado 13 de marzo de 2016, bajo el lema ‘Los Toros, Cultura, Raíces y Libertad de un Pueblo’?

Paco Delgado (PD): ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’ es una forma de dar conocimiento a la gente de que la fiesta de los toros es algo más de lo que sucede en el ruedo, que la fiesta tiene un componente cultural que excede, que es mucho, lo que acontece en el ruedo entre toro y torero, pero que no se limita a este comportamiento, que va mucho más allá, no solamente en el espacio, sino en el tiempo, porque la relación entre el hombre y el toro arranca, prácticamente, desde que aparecen sobre la faz de la tierra y se enfrentan por primera vez; ahí arranca la historia de la tauromaquia.

He apreciado que en el texto curatorial se hace una referencia a una acepción del término cultura emparentada con la antropología, como todo aquello fenotípico que va más allá de la genética.

PD: Sí, claro. Cultura es toda aquella creación humana que no tiene nada que ver con la genética, que requiere de un esfuerzo, de una dedicación y de una reflexión. A partir de ahí hay otras ciento sesenta y cuatro definiciones de cultura.

Paco Delgado y Pedro Toledano durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Paco Delgado (izda) y Pedro Toledano (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Creo que esa acepción prácticamente nadie podría discutirla, salvo fruto del desconocimento, en tanto que compartida y universal. Sin embargo, ¿la acepción específica de cultura contemporánea que se maneja sigue atesorando un parentesco con la tauromaquia?

PD: El término cultura referido a tauromaquia lo tenemos que enfocar desde la etimología. Cultura viene de cultivación y la tauromaquia surge desde el momento en que se cultiva o se cría al toro, porque el toro es un animal que no tiene interés pecuniario, en tanto que no sirve para comer, ni para ayudar en las tareas del campo; no tiene interés nada más que para se lidie en una plaza.

Pedro Toledano (PT): La tauromaquia aparece como cultura cuando va tomando forma de expresión entre el torero y el toro. La tauromaquia llega a ser cultura por el camino del esfuerzo del hombre por crear algo con un material tan dúctil y maleable como es el toro de lidia. Es a partir de ahí cuando va ganando en expresión y llega hasta donde lo ha hecho hoy en día. Pero todo nace de la emoción, de la expresión que consigue el torero a través de su valor.

PD: De su valor y de su manera de intrepretar ese enfrentamiento, que lo traduce en arte. Luego ya enlazamos con ese concepto de arte y cultura en la que los toros han influido en toda las actividades del ser humano, desde la medicina hasta la pintura, la música o la arquitectura. Donde pongas la mirada vas a ver que hay huellas de la tauromaquia.

La tauromaquia, además, es una industria que tiene tres siglos tal y como la conocemos, pero ya existe de antes. En cualquier evento festivo o cualquier acontecimeinto social el toro estaba presente. Una boda, un bautizo real, una alianza, todo se festejaba con el toro. Y no olvidemos que los toros son la gran conquista social del pueblo español. Ahora mismo, en el contexto político en el que estamos, nadie se acuerda y algunos lo tienen como una cosa aristocrática, incluso franquista.

PT: Los aristócratas fueron apartados de la fiesta por el pueblo. El pueblo fue el que dijo “tú vienes aquí con el caballo a matar un toro, pero nosotros venimos a divertirnos”, con toda la expresión que ha ido evolucionando artísticamente.

Paco Delgado y Pedro Toledano durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Paco Delgado (izda) y Pedro Toledano (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

¿La evolucion cultural de la tauromaquia ha afectado, igualmente, a la genética y al ecosistema?

PT: Fíjate desde cuando Cúchares (Francisco Arjona) o Montes (Antonio) empiezan a torear, o darle forma a lo que es hoy la tauromaquia, lo que ha progresado hasta ahora, porque la propia genética del toro ha ido evolucionando hasta llegar a ser un material, de alguna manera, más dúctil, pero con la impronta de que es imprevisible.

PD: Hemos llegado a crear un animal artificial, un animal que no existía. Antes era un animal salvaje prácticamente intratable. Por la evolución y la genética se ha ido creando un animal que hace tres siglos no existía. Ahora tenemos un toro propio que es el toro de lidia, que en el momento en el que se supriman las corridas desparece.

PT: Y el bien ecológico que produce y que hemos visto a lo largo de la exposición. España es un país, afortunadamente, con mucho monte, no tenemos industria pero tenemos mucho campo y la crianza del toro está equilibrando el paisaje y la conservación del ecosistema.

PD: En el momento en que desaparezca el toro desaparece el ecosistema que es la dehesa. Y no solamente desparece el toro, sino un montón de especies que viven en ese ecosistema, aves, reptiles y demás que superviven gracias a la cría del toro. Sin contar ya los más de doscientos mil puestos de trabajo que genera su industria, los miles de puestos indirectos, el dinero que genera e ingresa el Estado gracias a la fiesta de los toros.

Unos de los apéndices fundamentales de la cultura taurómaca debemos encontrarlo en el periodismo taurino, en la crónica, como legado y constatación presente de su devenir histórico. ¿En qué media se ha transformado y cómo ha afectado a su desarrollo la transformación de los medios técnicos y audiovisuales o la formación cultural para el ejercicio de la comunicación?

PT: Creo que hemos salido perdiendo a través del tiempo. En la época anterior a nosotros, y como consecuncia de la guerrra civil, se incoporaron al mundo de la crítica personajes muy cultos, muy preparados, que no tenían cabida en el ámbito político que se estaba viviendo en España, y se refugiaron en la crítica de toros. Entonces había crónicas que eran una delicia. Ahora, el periodista, probablemente, domina más la técnica pero no la literatura, lo que era darle el carácter literiario a la crónica. En este sentido, creo que la crónica taurina del pasado era mejor que la presente.

PD: Ahí influyen dos factores: por un lado la inmediatez que requiere ahora el medio periodístico, en tanto que termina la corrida y tienes que tener la crónica ya hecha. Eso imposibilita que repases la crónica, que la pulas, que se repose. Antes salían las crónicas con dos o tres días de retraso, podía pensarse detenidamente, uno podía recrearse, hacer una pieza literaria. Ahora es una crónica de urgencia. Por otro lado, tenemos un fenómeno que es muy perjudicial, sobre todo para el aficionado, que es que el periodismo taurino está derivando en un medio publicitario de cara a las empresas y los toreros. Ahora hay muchos medios que no hablan para el público, sino para el profesional taurino, con lo cual diría que se está engañando al aficionado.

Pedro Toledano y Paco Delgado durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

En consecuencia, ¿ello contribuye a alimentar ese fenómeno endogámico, asociado a la tauromaquia, que imposibilita universalizar parte de lo que acontece en este ámbito, es decir, que posibilite una mayor democratización del conocimiento taurino?

PD: No es que se limite esa democratización, sino que se está teledirigiendo la información, se está manipulando.

PT: Creo que se ha derivado a proteger lo que es la fiesta y hemos caído en este error. El no criticar lo suficientemente claro lo que pasa en el ruedo para que los que nos leen, que no sean aficionados, no consideren que esto no merece la pena. Nosotros mismos hemos derivado hacia una fórmula de protección y, de alguna manera, le estamos hurtando al lector, aficionado y público asistente, muchos matices que en un momento dado se dirían y permitirían un mayor aprendizaje del aficionado. Hemos perdido algo de frescura.

La crónica taurina probablemente sea la que con más riqueza emplea el lenguaje y, por tanto, también exige de un lector mucho más avezado.

PT: Porque se utiliza mucho el léxico. La tauromaquia es muy rica en expresión, tanto en la plaza como en la literatura. Si embargo, la immediatez y la urgencia de hoy nos ha obligado a soslayarlo y nos basamos más en la técnica del momento.

PD: Un periodista que se dedique a la información taurina tiene que tener unos conocimentos profundos de lo que es la tauromaquia, con unas referencias más complejas de las que pueda tener otro tipo de periodismo.

¿Qué factores han influido en la progresiva animadversión y desconexión hacia la cultura taurina?

PT: Mucha culpa de esa desconexión que existe entre parte de la sociedad y el mundo del toro la tienen los políticos, sólo y exclusivamente. Ya sabemos lo fácil que es majear a las masas y para ser aficionado a los toros también debe tenerse un nivel de preparación más alto que en otras expresiones populares y artísticas, incluso.

PD: Para lograr una mayor conexión son fundamentales los medios masivos, la televisión, que otorgue mayor presencia a los toros. También influye que se ha perdido de vista la vida rural. La gente joven desconoce lo que es el campo.

PT: No han visto matar a un cordero, a un conejo o a un cerdo. Todo eso influye en la relación con la muerte, no se percibe con igual naturalidad.

PD: La corrida de toros, al fin y al cabo, es la representación de la vida. El sufrimiento, la cumbre, el afán de superación, la codicia y también está la muerte; es un personaje principal. Desde fuera la gente ni lo percibe ni se lo puede imaginar.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

“Hacer de uno mismo es lo más difícil”

El sermón del bufón, de Albert Boadella
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 21 al 26 de marzo de 2017

Albert Boadella, es decir, Albert el infantil, juguetón, transgresor, y Boadella el cívico, profesional, moderado. He ahí a una persona, un dramaturgo, un actor, dividido en dos. Por eso dice que “hacer de uno mismo es lo más difícil”, porque Albert y Boadella “no son exactamente iguales”. Como no lo somos ninguno de nosotros, de ahí la “contradicción de los humanos” que hace de El sermón del bufón, la obra con la que viene al Teatro Talía, algo más que una autobiografía del ex director de Els Joglars.

Contradicción que él no percibe en quienes forman parte de la “tribu catalana”, tal y como denomina a los nacionalistas de la sociedad catalana la que pertenece el propio Boadella: “El nacionalismo rebaja la mente de las personas a su estado más primitivo, puesto que apela al terruño y a la nostalgia de la tribu”. Y, ya puestos, no para: “El nacionalismo es ahora mismo la ultraderecha española, que creíamos desaparecida; es políticamente reaccionario”. En El sermón del bufón, que él escribe, interpreta y dirige trata este y otros temas de la sociedad que le rodea, de su vida, su oficio, su profesión y su infancia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

“La esencia del artista está en la infancia”, dice. A ella ha recurrido a lo largo de sus 56 años de oficio que, a través de fragmentos, rememora para llegar a la igualmente contradictoria conclusión de las luces y sombras que atesora su profesión. “Mi oficio, a pesar de lo que me gusta, no sale muy bien parado”. Al conjunto lo acusa de “falta de libertad, de pensamiento único; todos hechos a medida”. Se extraña de la domesticación de los comediantes o bufones a los que representa y de lo igual que terminan pensando todos ellos en cualquier materia, ya sea de Palestina, Israel, España o Cataluña.

“Esa libertad que ha caracterizado a mi oficio se ha perdido”. Y apela al lema que dio sentido al trabajo de Els Joglars, “nada es lo que parece”, para sentenciar que la búsqueda de la verdad se halla detrás de las apariencias: “Las personas que más putadas me han hecho son las que van de buenos”. Entre las más recientes, la tala hace un año de tres cipreses de su jardín, que motivó su protesta junto a la siguiente pancarta: “Aquí crecían tres cipreses, unos cobardes los talaron una noche, quieren imponer el pensamiento único en Cataluña”.

Cartel de El sermón del bufón, de Albert Boadella. Imagen cortesía del Teatro Talía.

Cartel de El sermón del bufón, de Albert Boadella. Imagen cortesía del Teatro Talía.

Eso sí, advierte que actualmente no hay problemas de censura, siempre y cuando “al igual que antes la iglesia católica no se tocaba, no te metas ahora con el nacionalismo”. Ese retroceso en la libertad de expresión le lleva a Boadella a considerar que el teatro de los últimos 30 años “tiene un envoltorio mucho mejor, pero el contenido tiene menos interés”. “No se renueva el lenguaje y la belleza, que es el objetivo del arte, desaparece”, añade, concluyendo que, a falta de esa belleza, el nivel reivindicativo “se hace cutre”.

A juicio del bufón, el teatro se ha dividido entre popular e intelectual, de manera que “si va mucha gente al teatro, como pasaba con Els Joglars, se dice que es comercial y se desprecia”. Boadella ve, en cambio, positivo que sea la gente que pasa por taquilla la que sostenga el teatro, en lugar de las subvenciones: “La libertad al final te la da el público”. Y el público que vaya al Talía se encontrará con una serie de sermones teatrales (“en el teatro siempre se hacen sermones”), que obligan al actor a extremar su oficio. “La realidad hoy es mucho mejor que la ficción, lo cual te obliga a hacer más arte que antes”.

Y se explica: “Ves cosas en televisión que no se ven sobre un escenario, donde nos quedamos cortos”. De ahí que insista en la necesidad del teatro de hurgar en aquello que se oculta tras las apariencias: “Nosotros tenemos que buscar la verdad profunda de las cosas”. Verdad que entra muchas veces en colisión con instituciones políticas y religiosas, tal y como aparece contenido en las palabras sermón y bufón: “El rifirrafe con las iglesias por parte del teatro siempre ha existido, quizás porque es un problema de competencia”.

Liberado de la carga institucional que supuso dirigir los Teatros del Canal de Madrid, Boadella parece ahora más Albert. “El lado cínico, lo justo para vivir en sociedad, se complementa con ese otro lado más asilvestrado del actor”. Actor que elogia a su vez a Arturo Fernández (“actor en muchos aspectos desaprovechado”) y que recuerda entrañablemente al Rey Juan Carlos, “quizás porque hubiera sido un buen bufón para él”, concluye irónico.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Salva Torres

Escénica tiranía infante de Els Joglars

‘V.I.P.’, de Els Joglars
Teatro Talia
Caballeros 31, Valencia
Hasta el 24 de abril

El Teatro Talia acoge, hasta el 24 de abril, ‘V.I.P.’ -universalizado acrónimo anglosajón de Very Important Person-, de Els Joglars, bajo la dirección de Ramon Fontserè, siendo ésta la segunda pieza comandada por el actor torellonense, desde que en 2012 -tras medio siglo de convulsa, popular y refrendada trayectoria- tomara el oneroso testigo de la compañía catalana de manos del eximio Albert Boadella.

Tras el periplo de ‘El coloquio de los perros’, la compañía recorre el orbe escénico con austeros medios, reducido corpus actoral y un objeto temático preciso, que en ‘V.I.P.’ cobra forma de radiografía satírica de los excesos infantes, amparados en la dócil, laxa y mórbida disciplina educativa del mundo adulto para con el universo pueril, permitiendo que esta ausencia de determinación concluya convirtiendo al educando en un autócrata, huérfano ya de lindes y pervirtiendo la insalubre voluntad horizontal del educante hasta subvertirla.

Els Joglars. Makma

Un instante de la representación de ‘V.I.P.’, de Els Joglars. Fotografía cortesía de la compañía.

“Paradójicamente la actitud bien intencionada (sic) de los padres, ya sea por complejo o por dar una confortabilidad a sus hijos de la que ellos carecieron, acerca peligrosamente al niño a un ser intratable con delirios de pequeño tiranuelo”. (Ramon Fontserè)

Fontserè encarna con hilarante carácter la figura del feto/lactante/párvulo/alevín, mientras Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xavi Sais y Xevi Vilà se transmutan en una galería de más de treinta personajes, cuyos perfiles auxilian a retratar (con pretensiones hiperbolizantes) diferentes etapas del incipiente devenir existencial del serpollo. Con resuelta y sencilla eficacia escénica -rúbrica de Martina Cabanas-, ‘V.I.P.’ asienta su morfología en torno de una rueda lumínica, de superficie elástica, que hace las veces de camastro, tatami espiritual, placenta, mesa de exploración ginecológica, cuna, aula y zona de recreo, raquis de las diversas etapas por las que transita el infante, erigido en déspota a causa del edicto in absentia del universo adulto.

Destacan sobremanera tanto el proemio -representación sincopada y cacofónica de una fertilizante fornicación- como el epílogo -consagración real del púber, quien recibe sus definitivas insignias de poder-, marca dramatico-estética de la casa, amén de ingenios como el cordón umbilical -recurrente en el personaje de Fontseré en diversas fases de talante fetal (por nocturnidad o pretensión de retorno al útero)- o el cortinaje de lamas vinílicas, que confiere sentido al trasfondo (escénico y temático) y permite construir con notables resultados el microcosmos placentario o la velada distinción con el universo adulto.

Un instante de la representación de 'V.I.P.', de Els Joglars. Fotografía cortesía de la compañía.

Un instante de la representación de ‘V.I.P.’, de Els Joglars. Fotografía cortesía de la compañía.

Por ‘V.I.P.’ transitan padres con desnortada pretensión naturalista, gestantes sexagenarias -paroxismo y culmen del delirante pragmatismo que dilata la ventana de fertilidad y retrasa la determinación de alumbramiento-, caudillos espirituales de métodos inanes, ineludible familia numeraria, encamastrados pederastas, asténicos maestros y correligionarios de asueto, juego y absolutismo -entre los que cabe mencionar al amigo/inmigrante, encarnación del vástago sometido por pretéritos métodos de disciplina fustigadora-. Galería de personajes que, aún cuando estereotipados (merodeando el frágil linde de la parodia), cooperan en la labor de asentar un espejo deformante de nuestro tiempo, con la plausible combinación formal de hilaridad y pedagogía.

Jose Ramón Alarcón

Los niños malcriados de Els Joglars

VIP, de Els Joglars
l’Auditori de Torrent
C/ Vicente Pallardó, 25. Torrent (Valencia)
Viernes 8 de abril, 2016, a las 20.30h

l’Auditori de Torrent recibe este viernes 8 de abril (20.30h) a una de las compañías de teatro más importantes de nuestro país. Els Joglars, fundada en 1961 por el dramaturgo Albert Boadella, llega para presentar su último trabajo ‘V.I.P.’.

Els Joglars se ha ganado el carisma de una de las voces más críticas y libres de la sociedad española. Desde sus orígenes se ha caracterizado por hacer un teatro crítico directamente relacionado con la realidad circundante. Y con este último trabajo, en el que cinco actores representan a más de 30 personajes, se atreven a criticar y reflexionar sobre la manera en que se educa a los niños de hoy en día.

Escena de VIP, de Els Joglars. Fotografía de David Ruano por cortesía de l'Auditori de Torrent.

Escena de VIP, de Els Joglars. Fotografía de David Ruano por cortesía de l’Auditori de Torrent.

La vida es ondulante y la educación y la relación del mundo adulto con los niños ha ido cambiando a lo largo de la historia. En nuestra moderna sociedad actual nos parece que el niño ha alcanzado el máximo privilegio haciéndolo equiparable al trato que recibe una VeryImportantPerson (V.I.P).

Paradójicamente la actitud bien intencionada de los padres, ya sea por complejo o por dar una confortabilidad a sus hijos de la que ellos carecieron, acerca peligrosamente al niño a un ser intratable con delirios de pequeño tiranuelo. Nos preguntamos si con tantos mimos no estaremos abonando la semilla de un pequeño monstruo. V.I.P, presentado en forma de ceremonial, pretende hacer una reflexión sobre nuestra sociedad que se comporta de esta manera tan condescendiente con sus retoños.

La programación del fin de semana en l’Auditori de Torrent se completa con la puesta en escena de ‘La Bella y la Bestia, un cuento cantado’, musical familiar basado libremente en el cuento de Leprince de Beaumont. Una versión en la que los personajes secundarios adquieren más importancia con el objeto de conseguir una historia más divertida. Una crítica a la excesiva importancia del físico, el aparentar y el materialismo de nuestra sociedad. La función será el domingo 10 de abril a las 18 horas.

Escena de VIP, de Els Joglars. Fotografía de David Ruano por cortesía de l'Auditori de Torrent.

Escena de VIP, de Els Joglars. Fotografía de David Ruano por cortesía de l’Auditori de Torrent.

Un viejo seductor que nunca muere

Ensayando a Don Juan, de Albert Boadella
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 6 de abril

El amor al arte salva todas las fronteras. Incluso las ideológicas. ¿Quién iba a decir hace unos años que dos personajes tan diametralmente opuestos como Albert Boadella y Arturo Fernández iban a colaborar en un proyecto común? Pues ahí están, en el teatro Olympia hasta el 6 de abril con ‘Ensayando a Don Juan’. El irreverente bufón con vocación de mosca cojonera y el atildado galán de derechas que utiliza el insoportable apelativo cariñoso de ‘chatines’. Las dos juveniles viejas glorias se han aliado para de una u otra forma reivindicar el mito ante las nuevas generaciones que lo tildan de trasnochado y obsoleto.

Arturo Fernández en una escena de 'Ensayando a Don Juan', de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Arturo Fernández en una escena de ‘Ensayando a Don Juan’, de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Creado y dirigido por Boadella, que pensó en Fernández como protagonista, el montaje se basa en una versión de Eduardo Galán sobre el Don Juan Tenorio de Zorrilla. Lo escoltan en escena Sara Moraleda, Mona Martínez, Janfri Topera, David Boceta, Jesús Teyssiere y Ricardo Moya.

Angie, una joven directora, se propone montar un Don Juan Tenorio concebido desde una óptica contemporánea y vanguardista, empeñada en demostrar la caducidad del personaje, pues, según ella, el mito es hoy totalmente ficticio, anacrónico y machista.

Considera los versos y las situaciones como simples residuos de un mundo desaparecido. Pero su propósito original tropieza con un escollo cuando en el casting toma una arriesgada decisión de contratar al actor Arturo Fernández para el personaje del comendador Don Gonzalo. A partir de ahí, la intrépida directora se enfrentará a una ardua tarea con el fin de mantener su tesis. Una tarea que se complica considerablemente al intentar mantenerla frente al experimentado actor, que con sus acciones va desbaratando cada uno de los principios de la joven directora.

Una escena de 'Ensayando a Don Juan', de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de ‘Ensayando a Don Juan’, de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

“Posiblemente, la joven y belicosa directora Angie, lleva toda la razón”, dictamina el propio Boadella. “Don Juan Tenorio ha venido justificando entre el género masculino de varias generaciones españolas la apología de un estilo y unas actitudes un tanto villanas ante la mujer. El arte crea la moda y la obra de Zorrilla, aunque solo sea por su popular reiteración, condicionó la mirada de los hombres bajo la coartada de un Tenorio cuyas delirantes tropelías suscitaban una cierta simpatía y condescendencia social”.

Angie no soporta esa herencia e intenta contrarrestarla, eliminando cualquier rasgo romántico u heroico del argumento, poniendo de relieve los perversos y prepotentes objetivos machistas que atribuye al Don Juan.

“La cruzada de Angie no está falta de sensatez si nos referimos a los contenidos, pero las formas acaban por ganarle la partida ya que los valores caducos, como suele suceder, adquieren con el paso del tiempo una pátina novedosa y singular que les infunde un nuevo y poderoso atractivo”, señala Boadella.

Una escena de 'Ensayando a Don Juan', de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de ‘Ensayando a Don Juan’, de Albert Boadella. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Bel Carrasco

Manual de identidades en construcción

Miguel Trillo. Parejas y placeres
Galería Alfredo Viñas
C/ José Benis Belgrado, 19, 1º. Málaga
Inauguración: 13 de diciembre de 2013, 20 h.

Las imágenes de Miguel Trillo rebosan deseo. Sus capturas fotográficas son el resultado de una permanente búsqueda, una revisión constante de la imagen de la juventud a lo largo de las últimas décadas en ciudades como Madrid, Londres, La Habana o Manila. Unos ojos, los de los fotografiados, que delatan a menudo la incertidumbre de su proceso vital, la necesidad de afirmación individual mediante su adhesión a estéticas corporales de grupo, a modo de furia elevada contra el sistema. Trillo muestra, en algunos casos, auténticos archivos de “historia nacional” en los que se relata cómo a principios de los ochenta la banalidad ganó el pulso al compromiso social, cómo bajo los ambiguos signos de la modernidad incipiente se extendía el espejismo de la libertad, celebrada a golpe de laca, anunciándose capaz de redimir a la juventud de la parálisis en justa proporción a la altivez de sus cabellos. Las consignas políticas de esforzadas generaciones de españoles -emigrados, encarcelados o meramente sometidos por el régimen anterior- quedaron silenciadas por el ensordecedor zumbido de decibelios que inundó el hábitat juvenil. Cantaba El Fary, desde su honda sabiduría popular, que “el dinero, para tenerlo hay que saber gastarlo”.

La obra de Trillo se convierte en un manual de identidades en construcción, preservando para el estudio sociológico fugaces destellos de adolescentes insertos en el via crucis del materialismo, donde la relevancia del individuo viene determinada por los atributos que lo adornan y su personalidad se define por la peculiaridad de la apariencia que le devuelve el espejo. Los mismos adolescentes, aunque otros, siguen posando en la actualidad, más complacidos si cabe, ante su objetivo, albergando el deseo aprendido de trascendencia reproductible, inherente a nuestro tiempo, para los que la representación del éxito y el poder se cuenta por impactos mediáticos. Los relatos visuales construidos por Miguel Trillo son, sin duda, una fiel acta de nuestro mundo de consumo, en el que la metamorfosis del cuerpo concentra la revolución egocéntrica del ser, anulando cualquier aspiración introspectiva y derivando hacia una homogeneización identitaria basada en la reafirmación de la estética diferencial. En palabras de Albert Boadella (El rapto de Talía), “se percibe en la juventud una vocación de funcionarios voluntarios en la mundialización de las modas para mayor gloria de las empresas que marcan los límites de la subversión…”, abocados a una realidad precarizada y ausente de valores, sujeta por el dominio de falsos placeres a menudo insatisfechos.

José Luis Pérez Pont