El silencio antisistema de Marcelo Fuentes

Notas urbanas. Marcelo Fuentes
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de julio

Marcelo Fuentes dice que en su obra hay una “voluntad metafísica”. Preguntado acerca de si esa metafísica no es un modo de dejar de comprometerse con la realidad circundante, responde taxativo: “Mi arte es muy comprometido”. Y acto seguido se explica: “Ahora mismo, la dualidad es el sistema, y el arte [su arte] lo que debe hacer es abrir grietas en esa dualidad”. Por eso, frente a la ciudad monumental “que más o menos goza de la atención general”, Fuentes aboga por esa otra ciudad que pasa desapercibida de tanto transitarla deprisa. “Para verla, necesitamos la pausa, el sosiego, la tranquilidad, el silencio”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Las 78 piezas que el Centro del  Carmen acoge en su Sala Dormitorio (espacio que ni pintado) descansan sobre esa máxima: la exploración del vacío. “La nada asusta”, subraya el artista. Y cuando dice nada se refiere a los espacios despojados de seres humanos: “La urbe como un gran escenario cuando ha descendido el telón y los actores descansan”. Aunque su obra destile una luz semejante a la de algunos cuadros de Edward Hopper, Marcelo Fuentes establece las distancias: “En Hopper siempre hay algún personaje que transmite la sensación de soledad, mientras que en mi obra esa soledad la transmite el propio espacio vacío”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas', en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’, en el Centro del Carmen.

A pesar de todo, Fuentes no piensa que su obra se halle atravesada por la angustia que pudiera derivarse de esa soledad. “El espectador participa en esa realidad; la hace suya”. Como hace suyas las emociones derivadas del infinito juego de luces y sombras. “Una fachada iluminada por el crepúsculo o la pared de un acantilado” son algunos de los desencadenantes de esa emoción. “Tal vez”, precisa Fuentes, “porque los ritmos de la naturaleza son inexorables y nuestros modos de ser mundo sólo resisten en el consenso”.

Su obra está plagada de volúmenes propiciados por esa luz que martillea edificios, muros, acantilados o bancos de arena. Volúmenes que terminan por diluirse en manchas abstractas, de manera que lo sólido (la dualidad fácilmente reconocible) se vuelve poroso hasta producir esa sensación vaporosa que envuelve gran parte de su trabajo. De ahí que las ciudades reflejadas se refieran sin duda a Valencia, pero también a Nueva York (“sobre todo”), Berlín, Roma o Estocolmo. Ciudades distantes y distintas que, sin embargo, terminan hermanadas por ese vacío que todo lo llena en la producción de Marcelo Fuentes.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

“Mi visión no cambia ante un paisaje natural o urbano. En cierto modo, el paisaje urbano no deja de ser una forma sofisticada de oquedad en la montaña, de cueva o de nido”. La corrupción, ajena por completo a los vaivenes de la economía, se refiere en la obra de Fuentes a lo que el paso del tiempo impone con rotundidad. “Nuestro modo de ser naturaleza, sometidos al tiempo”. Por eso las ciudades de Marcelo Fuentes conmueven: porque registran esa fragilidad de lo sólido percutido por la débil luz.

Las ‘Notas Urbanas’, tal es el título de la exposición, que ha venido tomando el artista, concentradas en los dos últimos años, son como anotaciones musicales de la urbe en perpetuo cambio lumínico. Alrededor de 15 años después de que expusiera en el IVAM su visión más racionalista de Valencia, vuelve a la carga en el Centro del Carmen con otra percepción de la ciudad más líquida. Los mismos volúmenes sometidos a una voluntad metafísica de total entrega. Y muy comprometida.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Salva Torres

La esencia de hacer grande lo pequeño

Marisa Casalduero. Retrospectiva
Sala Dormitorio. Centro del Carmen
Museu, 2. Valencia
Hasta el 15 de enero de 2015

Sigilosamente nos adentramos en la exposición retrospectiva sobre Marisa Casalduero (Valencia, 1961), que alberga la Sala Dormitorio del Centro del Carmen de Valencia. Una muestra que nos ofrece un minucioso recorrido excelentemente vertebrado por Marisa Giménez -comisaria de la exposición-, galerista y amiga personal de Casalduero, quien, junto a Teté Amat y Juan Ramón Bertomeu -su pareja y mayor apoyo desde que se conocieron en 1998-, nos presenta a esta artista de oficio, sentimiento y vida.

"Sin título", 1986. Fotografía de Merche Medina.

“Sin título”, 1986. Fotografía de Merche Medina.

A las puertas de la sala nos recibe su obra referente, una casa pequeña con la puerta entreabierta y, como ella decía, además de símbolo de su apellido, icono identificativo y lugar de refugio en toda su trayectoria pictórica y creadora. A partir de ahí, sus primeras obras expanden un abanico de oxígeno, aire, mar y naturaleza que la autora plasma en lienzos de gran formato, con texturas terrosas, ocres y motivos marinos -reminiscencias de sus veranos en Moraira junto a su madre-, elementos  sobre los que investiga, geometriza y define en sus lienzos ulteriormente. Casalduero transmite a la perfección un pulso de existencia allá dónde ésta se encuentra.

"Franjas". 1990. Fotografía de Merche Medina.

“Franjas”. 1990. Fotografía de Merche Medina.

Por propia evolución e inquietud personal y plástica, la artista, influida por herramientas de la cultura popular y la comunicación, cambia radicalmente su plataforma expresiva y comienza a realizar collages con veladuras y papeles vegetales repletos de mensajes directos, explícitos, a la par que aleatorios, azar que va puliendo cuando sus contenidos se tornan más concisos, vislumbrándose un halo de naturaleza, piedras y nubes – siempre presentes de algún modo en su obra-.

Tras permanecer apartada de la pintura un tiempo, retorna a los formatos primigenios, lienzos con fondos planos, colores intensos y motivos repletos de detalles arquitectónicos resueltos a gran escala, a modo de “remate final”, nombre que recibe la serie que comienza a desarrollar y que, según todo aquel próximo a su trabajo -tal y como apunta  la comisaria de la muestra-, evidencia su sensibilidad en “hacer grande lo que es pequeño”.

"Islas enramadas", 2009. Fotografía de Merche Medina

“Islas enramadas”, 2009. Fotografía de Merche Medina

Continuando en esta línea pictórica, las circunstancias vitales de Marisa Casalduero no cesan de influirle y determinan sus puntos de inflexión. Acrílicos, cromatismo y formas planas, junto a los colores pastel no son más que una vía a través de donde la artista manifiesta un mensaje de dulzura simbólica, plasmados de un modo figurativo y evidente con las técnicas que protagonizan sus lienzos, explicitando un mensaje recurrente y propio de esta etapa: “hay que saborear la vida”. Momentos dulces, momentos felices.

"Caramelízate", 2000. Fotografía de Merche Medina

“Caramelízate”, 2000. Fotografía de Merche Medina

Prosigue esta estela creativa y, por motivos personales, comienza a investigar en formatos más pequeños. Cabe destacar que Marisa Casalduero siente devoción por las sillas de diseño, característica que fusiona con una de sus pasiones: el mar. Casalduero crea una serie de telas dónde sitúa la silla vacía como espectadora de diferentes paisajes marinos. Dicha inquietud se materializa en esta época con sus continuos viajes a Formentera, donde sublima su contacto y la presencia de la naturaleza como objeto en su obra. Posteriormente fusiona collage, fieltros, papel vegetal y otros rudimentos que conjuga desde una perspectiva fotográfica que le apasiona.

"Sombras", 2008. Fotografía de Merche Medina

“Sombras”, 2008. Fotografía de Merche Medina

El material de estudio, libretas de viaje, acuarelas, lápices y otros aditamentos que siempre le acompañaron en su día a día -como señala Bertomeu-, nos hace darnos cuenta de la implicación de Casalduero con su trabajo en todo momento.

Influida por Kandinsky -en particular por su ensayo “Punto y línea sobre el plano”-, Marisa Casalduero incorpora en su obra formatos, puntos y objetos circulares, así como maderas y otros materiales que encuentra en la naturaleza  y que conjuga sutil y arbitrariamente de una forma más ecléctica. Construye y customiza casas de pájaros, troncos surcados por maquetas de figuras humanas en miniatura -despidiéndose y en tránsito-, estableciendo un diálogo muy particular entre ellos.

"Caja de pájaro", 2012. Fotografía de Merche Medina

“Caja de pájaro”, 2012. Fotografía de Merche Medina

En su última etapa, Marisa Casaldurero comienza una serie de prismas cuadrangulares en madera, con colores pastel y collage de composiciones geométricas, hilos y clavos al modo spidertag.

"Prismas spidertag". 2013. Fotografía de Merche Medina

“Prismas spidertag”. 2013. Fotografía de Merche Medina

La retrospectiva nos permite descubrir sus últimos acentos, obras inéditas, otras inacabadas, algunas imágenes de la atmósfera que gobernaba la cotidianidad de su taller, la columna vertebral de su trabajo y, cómo no, una trayectoria vital entregada al arte como vestigio de su esencia definitiva.

Merche Medina