45 RPM: El tiempo de las canciones

El tiempo de las canciones, exposición colectiva
Galería My Name’s Lolita Art.
Calle Almadén, 12, bajo. Madrid
Inauguración: jueves 12 de febrero, a las 20.00h
Hasta marzo, 2015

Esta exposición es un homenaje a las canciones. Quienes tuvimos la suerte de tener tocadiscos de jovencitos, paladeábamos la música canción a canción en los discos de 45 rpm. A parte del encanto de sus portadas, en ellos estaba generalmente lo mejor de los LP’S.

El impulso de querer escuchar determinada canción, tenía la ritualización inevitable de sacar el vinilo de su funda, colocarlo en el giradiscos y finalmente con delicadeza posar la aguja. Antes de esto, estaba la decisión de elegirla entre todas las que nos tentaban en la tienda discos, pues era un objeto caro.

Ahora que la música parece llovida del cielo, con Spotify o los MP3, los tres minutos que solía durar una canción, ya no son el formato con el que se suele disfrutar la música. El mismo empacho se ha impuesto en los interminables CD’s, frente a la más o menos media hora que duraban los LP’S.

Obra de Guillermo Trapiello para la exposición 'El tiempo de las canciones'. Cortesía de Galería My Name's Lolita.

Obra de Guillermo Trapiello para la exposición ‘El tiempo de las canciones’. Cortesía de Galería My Name’s Lolita Art.

Me temo que ese cambio no es algo que tiene solo que ver con la forma en que se reproduce la música, sino con la esencia de lo que es o no es una canción.

Hoy mucha gente confunde “temas” con “canciones”. Simplificando, la diferencia entre uno y otro sería que un tema se nos olvida a los pocos minutos de haberlo oído; una canción, buena o mala, se nos graba, a veces a fuego, en nuestra memoria. Basta una ráfaga de notas de una canción que no escuchábamos hace años, para que cobre vida de nuevo. Un tema, debido a su naturaleza amorfa, nace de la nada y se va al olvido. Una canción, a veces a pesar nuestro, es un “alien” que vivirá para siempre dentro de nuestra mente o de nuestro corazón.

El título que he elegido para esta exposición es la frase con la que suele iniciar su programa ‘Islas de Robinson’, Luis de Benito en Radio 3. Un programa que, al igual que el imprescindible ‘Flor de pasión’ de Juan de Pablos, recomiendo siempre a los fanáticos de las canciones.

Aunque, por desgracia, es raro que nos pidan portadas a los pintores, somos probablemente el gremio que más música consume y que por lo tanto más disfrutamos de su influencia.

Obra de Roberto Mollá en la exposición 'El tiempo de las canciones'. Imagen cortesía de la galería My Name's Lolita Art.

Obra de Roberto Mollá en la exposición ‘El tiempo de las canciones’. Imagen cortesía de la galería My Name’s Lolita Art.

Dis Berlin

Miki Leal, por los cerros de Úbeda

Balada heavy, de Miki Leal
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 10 de abril

Miki Leal, en fructífero diálogo con Isabel Puig (de AVALEM: Asociación Valenciana de Educadores de Museos), fue presentando su obra, ‘Balada heavy’, el día de la inauguración en Luis Adelantado. Y entre las cosas que dijo, y dijo unas cuantas a rebufo de los interesantes apuntes de su narradora acompañante, esta reflexión: “Construyo la imagen desde dentro, pero me interesa lo que sucede alrededor”. Algo parecido destacó Isabel Puig, en relación con el bodegón de los vinilos: “El vinilo es una excusa para irse al fondo, a lo que sucede alrededor”. “Hago lo figurativo y luego me pongo a jugar para irme por otros sitios”, agregó el artista.

Obra de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Diríase que Miki Leal se va por los cerros de Úbeda al entonar (pintar) esa ‘Balada heavy’ que da título al conjunto expositivo. Da igual que en el centro de su obra haya cuatro músicos de jazz recortados de una revista, las figuras de una foto de Cartier-Bresson, que pose junto a su primo con mucho verde detrás, que haya bodegones, paisajes o esos vinilos. Da lo mismo, porque Miki Leal lo que pretende es dejarse llevar por los recuerdos que emanan de cada una de esas presencias centrales.

Modern jazz, de Miki Leal en 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Modern jazz, de Miki Leal en ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

De ahí la importancia, que subrayó Isabel Puig, de poner especial “atención a los bordes, a las rupturas”. Del centro, pues, a la periferia. O por decirlo de otra forma: Miki Leal reúne objetos de grato recuerdo para él y, a partir de esos objetos que capitalizan su recuerdo, se extravía por los meandros de la memoria. Una memoria que hace “guiños” a la historia del arte, a su afición por la música, y más en concreto por el jazz y, por supuesto, a todos esos objetos (camisas, zapatos, discos, cuernos de jabalí africano, nudos de árbol) de su “mundo personal”.

Bodegón de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Cortesía de Galería Luis Adelantado.

Bodegón de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Cortesía de Galería Luis Adelantado.

Miki Leal se aproxima a todo aquello que le toca, le motiva, le subyuga, con firme convicción (de ahí que lo ubique en el centro de su obra), para después interponer, velar o sumar elementos que hagan de ese recuerdo una labor arqueológica. El artista agrega geometrías, rayaduras, bordes negros o material cerámico a cuanto constituye el objeto de sus recuerdos, de forma que la balada heavy a la que alude el título de la exposición sea una música original que te lleva a otra parte.

Vista general de la exposición 'Balada heavy', de Miki Leal. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Vista general de la exposición ‘Balada heavy’, de Miki Leal. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

“Tiene un aspecto terapéutico”, apuntó Miki Leal, tras observar ese desplazamiento de lo figurativo a lo abstracto; de lo nítido a lo difuso. Terapia que entronca el recuerdo con la inevitable reinterpretación de aquello que propició cierta experiencia singular. De la supuesta objetividad, en tanto suceso real que deja su huella indeleble en la memoria, a la subjetividad como rememoración de un pasado que, en tanto nos conmueve, es necesariamente reactualizado.

Por eso las figuras y los objetos pierden su condición inicial de prístino recuerdo, para disolverse, difuminarse o simplemente mezclarse con toda suerte de evocaciones presentes. Que Miki Leal se vaya por los cerros de Úbeda es una manera de decir que, en el fondo, los recuerdos siempre tienen esa condición de extravío, de carácter incierto y errático. Lo que hace el artista, con la evocación musical que propone en la galería Luis Adelantado, es reinterpretar aquello que sintió al contemplar un cuadro, una fotografía o poseer ciertos objetos, con pinceladas que transforman su obra en un lúdico recorrido sensorial por los vericuetos de la memoria.

Obra de Miki Leal en la exposición 'Balada heavy'. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Miki Leal en la exposición ‘Balada heavy’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Salva Torres

Nelo Vinuesa o la complejidad de las aristas

Castlehead, de Nelo Vinuesa
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 12 de septiembre, 2014
Hasta el 7 de noviembre

La imagen es el resultado de una construcción espacio-temporal. El espacio suele estar definido por el formato: el rectángulo, el cuadrado, el tondo y, en otras ocasiones, éste somete la representación a la mimesis en paredes o cúpulas, apareciendo el mundo y diluyéndose la arquitectura. El tiempo queda detenido, aprisionado incluso, en los límites del espacio, pero también en la cronología de su época.

La cultura visual, el arte en sus diversas variantes lingüísticas, constata el devenir concreto de estos registros, que actúan como marcas en la pared de la historia. El cuadro se construye asumiendo el peso completo de la representación. Esa imagen generada desde el vacío es el puntal de una mirada personal transformada en acontecimiento: se ofrece como narración de unas ideas y como deseo constatable de que esas ideas encuentren un público.

Arcadia, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Arcadia, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La imagen-fija delimita su complejidad con el paso del tiempo –constatable en el envejecimiento de las cosas y las caras– en el movimiento de las apariencias de sí, como las sombras en la caverna. De ahí que los límites devengan aristas: intermediarias entre un plano y otro, ajenas a las luces y las sombras que éstos reciben y reflejan, pero íntimamente ligadas a ellos, pues permiten la sutura y el pliegue, ejercen su función de bisagra. Las aristas son a la forma lo que las líneas al plano; economía de medios y funcionalidad máxima.

Hounds, de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Hounds, de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El proyecto Wild Pulse de Nelo Vinuesa (Catarroja, Valencia, 1980) gana en complejidad al incluir el tiempo. Dicho así puede parecer una obviedad, puesto que se introduce el movimiento, y éste se genera por la sucesión continuada de escenas. Es un “movimiento aparente” que se ha asumido como ejemplo veraz de la realidad y que ha llegado a día de hoy reincidiendo sobre los mismos planteamientos técnicos, sólo que más sofisticados. Pero en este caso, espacio (escultura) y tiempo (videos) vienen a completar la pintura, imponiéndole ritmo y velocidad por un lado, y convirtiéndola en escultura tridimensional, en el otro.

Relax, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Relax, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El aparataje del artista evoluciona y muta de la superficie plana al movimiento generado por la animación y al espacio necesario para disponer lo escultórico, pero todo sirve al mismo fin. Las piezas que conforman Wild Pulse confeccionan un archipiélago de elementos que por separado mantienen sus individualidades, pero que al estar en cercanía unas de otras, ofrecen una versión más compleja y rica de sus propios planteamientos aislados, unidos por aquello que les separa.

Treasure Island, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Treasure Island, obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Desde sus comienzos, la obra (pictórica) de Nelo Vinuesa ha introducido con naturalidad materiales híbridos ajenos al estado natural de la pintura (por ejemplo plásticos y vinilos), pero cuyas propiedades enlazaban con el acrílico y con la necesidad de plantear el cuadro como tablero de juego y experimentación donde confluyeran todas las posibilidades al unísono.

En esencia, predomina la creación de un universo complejo donde caben todas las inquietudes generadas por el artista, conviviendo juntas en la misma superficie. Al mismo tiempo, este universo resulta familiar por sus múltiples vías de reconocimiento con la pintura clásica y su preocupación máxima por la construcción del paisaje; con la síntesis formal de los juegos de ordenador primigenios y su estética de 8 bits; con la posibilidad constante de una salida de la pintura ante la encrucijada de su ensimismamiento.

Obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel

Obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de Espai Tactel

La serie de seis vídeos es un retrato poliédrico de la ciudad de Londres, la gran metrópoli ajena a muchas influencias y ella misma generadora de todas las imaginables. La ciudad es una protagonista que interpreta varios papeles principales: la mezcla racial y su carácter cosmopolita (Portraits); la dificultad de mantenerse a flote física y anímicamente en una ciudad tan demandante (Fall); los conflictos y revueltas sociales (Isle of Haunts); la omnipresencia del paisaje, de los jardines y bosques dentro de la ciudad o en sus límites (Lotus, Winternight) y la mirada perdida pero activa ante todo lo que ocurre, en ese espléndido Panorama.

Por otro lado, la instalación Treassure Island consigue trasladar al ámbito tridimensional ese propio universo realizado por capas opacas y traslúcidas en los vídeos y las pinturas, predominando una voluntad de juego y de tablero donde desarrollarlo. Realizar la maqueta de un mundo es aprehenderlo y constatar la complejidad de su diseño: conocer el funcionamiento de todo lo que nos rodea para convertir la inconmensurabilidad en simple y llana funcionalidad.

Obra de Nelo Vinuesa para la exposición 'Castlehead'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Nelo Vinuesa para la exposición ‘Castlehead’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Álvaro de los Ángeles