Espaivisor: «Hay que hacer la resistencia»

Entrevista con Mira Bernabeu y Miriam Lozano, directores de Espaivisor

En esta entrevista para MAKMA, Mira Bernabeu y Miriam Lozano exponen sus opiniones y puntos de vista acerca del sistema del arte, señalando algunas de las carencias institucionales que se dan en Valencia y los estímulos que definen el proyecto del nuevo Espaivisor.

Pep Benlloch fundó la galería Visor en 1982, que empezó siendo una galería de fotografía pura y dura, aunque con los años se fue abriendo a otros lenguajes fotográficos con artistas como Antoni Muntadas, Hamish Fulton o Daniel García Andujar. Fue, junto con la galería Spectrum, pionera en España por su dedicación exclusiva a la fotografía. En los noventa empezó a rechazar los proyectos de fotografía al uso y a especializarse en otros lenguajes de la imagen. Miriam Lozano y Mira Bernabeu continúan ese legado desde 2006, cuando tomaron el relevo, convirtiéndose en Espaivisor. En este tiempo han incorporando artistas que en ocasiones se alejan del medio fotográfico para emplear el vídeo, las nuevas tecnologías, el cine o proyectos sonoros. La transición fue para ellos una sorpresa, pues querían montar una galería, ya tenían visto el espacio y coincidió que Benlloch deseaba dejar Visor. No quería cerrarla, quería que siguiera, pero no en cualquier mano. Para ellos fue un regalo, literal, pues no pagaron nada por el traspaso. Durante varios años los siguió acompañando a las ferias para ponerlos en contacto con el sector. Ahora la galería tiene otro aire, se ha internacionalizado en lo que respecta a la selección de artistas y en su presencia en ferias de medio mundo. Pasaron de asistir a ARCO y DFoto a estar presentes en Miami o México entre otras ferias de alto nivel. Para ellos fue todo un ejercicio cargado de responsabilidad asumir el legado de Visor. Ahora cambian de localización en la ciudad de Valencia y amplían el espacio como síntoma de su voluntad de seguir creciendo. Han decidido hacer la resistencia en todos los sentidos.

Miriam Lozano y Mira Bernabeu en el nuevo Espaivisor. Foto: Miguel Lorenzo

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor, Valencia. Fotografía de Miguel Lorenzo.

¿Cómo ha sido vuestro paso de artistas a galeristas?

Ahora ya no se cuestiona tanto, pero al principio muchos cuestionaban nuestro papel. Lo primero que hice (M. Bernabeu) fue quitarme de la lista de artistas de la galería. Como Pep había creado una red de galerías donde yo colaboraba como artista, esas mismas galerías se ofrecieron para seguir colaborando. Lo de ser artista y galerista nos hizo encontrarnos con los prejuicios de que un artista se fuera a convertir en galerista tanto por parte de algunos artistas como de algunos galeristas. Los primeros años percibíamos ciertas extrañezas. Creemos que si eres artista tu papel como galerista se ve beneficiado, pues tienes la capacidad de meterte más a fondo en el trabajo con los artistas, enriqueciendo el proceso con otros aspectos además del económico. Se genera otro contacto con los artistas y también a la hora de explicar sus obras, pues hay una mayor conexión con los trabajos. Ahora estamos teniendo la oportunidad de invitar a participar en la galería a artistas que siempre hemos admirado y de ahí puedes sacar muchas conclusiones, como resultado del proceso de trabajo conceptual con ellos. Animamos a todos los artistas a que monten galerías. Por ejemplo Fernando illana, de la galería Trayecto, es un ejemplo de artista, diseñador y galerista o,  a nivel internacional, está el caso del artista Ernesto Neto. Nosotros también hemos sido artistas y otra cosa, pero gracias a la galería ahora todo nuestro mundo se centra en el terreno del arte tanto como artistas como galeristas. Por otra parte, al ser artistas no tenemos la necesidad de tener un director artístico para la galería, porque esa es la labor más bonita de tener una galería, seleccionar las obras y organizar las exposiciones en contacto con los artistas.

 

Desde vuestra posición, ¿qué opinión tenéis del funcionamiento del mundo del arte y del mercado del arte?

Nosotros, a nivel valenciano, no tenemos el respaldo del coleccionismo. Puede que sea porque hay coleccionistas que tiren mas hacia la pintura, aunque también puede ser por falta de compromiso con el mundo del arte real. Si eres un coleccionista preocupado por el arte antes o después deberías haber pasado por la galería Visor, tampoco somos tantas galerías. Sin embargo hay muchos coleccionistas o pseudocoleccionistas valencianos que nunca han pasado por la galería, pero no tenemos problema con ello porque nunca hemos hecho una programación pensando en el mercado valenciano, porque nunca lo hemos tenido. Es verdad que tenemos unos pocos coleccionistas valencianos que son muy fieles, pero en términos generales para nosotros el coleccionismo valenciano no existe. Siempre nos hemos centrado en el coleccionismo nacional y, principalmente, internacional. Esa mezcla de haber optado por artistas más internacionales lleva consigo que cuando sales a ferias en el exterior se te admite en esas ferias y los coleccionistas internacionales, que suelen estar más informados que los nacionales, admiten tus propuestas y todo ello contribuye a la difusión de los artistas.

En España el coleccionista privado no se ha enterado de los artistas que exponíamos y, en cambio, los museos e instituciones sí han dado valor a nuestras propuestas y han realizado adquisiciones.

Hablar del mundo del arte implica hablar de la situación que estamos viviendo, que es muy complicada para todos, para los artistas, las instituciones, los comisarios y hasta para los coleccionistas, pues en tiempos de crisis hay menos dinero y hay menos alegría para comprar. No tiene nada que ver el mundo del arte nacional con el internacional. El sistema del mundo del arte nacional falla desde la base, desde la manera en al que se dan clases en las facultades, la manera en la que se considera a un artista, hasta como se considera al crítico y al comisario. Falla la educación de la propia sociedad española, el sistema educativo y el sistema económico, lo que conduce a que en la Bienal de Venecia haya solo un artista español. El sistema del arte internacional es completamente distinto a todos los niveles, además de contar con un apoyo económico sustancial que hace que los artistas tengan otras posibilidades.

Si tuvierais la capacidad de introducir cambios en estos campos, ¿por donde empezaríais?

Habría que introducir varios cambios. Uno, que la enseñanza de bellas artes no fuera tan académica y no estuviera tan ligada al modelo universitario tradicional con asignaturas, etc. Van pasando los años y van cambiando los sistemas educativos pero nunca se llega a hacer una reestructuración real. Sería necesario que el 80% de los profesores salieran fuera y entren profesionales que acompañen a esos profesores y den una visión real del mundo del arte a todos esos posibles futuros artistas. Otra cosa que habría que cambiar inevitablemente es el apoyo institucional, pero no mediante grandes eventos como estamos acostumbrados, sino verdaderamente desde la base con becas y facilidades de talleres para artistas. Esas dos cosas habría que cambiarlas inmediatamente.

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor. Foto: MIguel Lorenzo

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor, Valencia. Fotografía de Miguel Lorenzo.

Se percibe un intenso movimiento recentralizador en la política estatal, que tiene sus efectos en la actividad cultural y artística. Muchas galerías y profesionales del arte se están viendo obligados a instalarse en Madrid como estrategia de subsistencia, mientras que vosotros optáis por un ambicioso proyecto de ampliación y reapertura de Espaivisor en Valencia. ¿Cuál es vuestro enfoque?

Estuvimos pensando marcharnos fuera de España. Nosotros nunca pensamos en ir a Madrid. La opción primera era quedarnos en Valencia por una cuestión de compromiso o irnos a Berlín o Londres. Nosotros hacemos muchas ferias internacionales, por lo que nos da igual estar en una ciudad o en otra.  Pero decidimos quedarnos en Valencia por razones personales y de resistencia. Vamos viendo cómo compañeros de profesión como Tomás March o Nacho Valle han tenido que cerrar sus galerías. En nuestro caso no hemos vendido nunca en Valencia, por lo que no hemos notado mucho la actual situación. Si todo el mundo se marcha, una persona que le interese el arte contemporáneo va a tener que irse a Madrid y eso puede ser una catástrofe. Es cierto que las grandes ciudades aglutinan una gran cantidad de artistas y actividad, pero eso no puede anular lo que se hace en las provincias. En España siempre ha habido una centralización madrileña, el dinero se mueve en Madrid, por lo que tienes más posibilidades de éxito en Madrid que en Valencia. El efecto Dr. Fourquet nos encanta, porque cuando vas a Madrid puedes ver un montón de galerías fácilmente después de visitar el Reina, pero no nos interesa.

También es verdad que esperamos que la situación económica y política de esta ciudad cambie, pues ahora no es el lugar más propicio para desarrollar un proyecto. Pero algún día cambiará y cuando la gente vuelva a venir a Valencia a ver exposiciones de nivel en las instituciones, que ahora no existen, se encuentren con algunas galerías de interés. Hay que hacer la resistencia.

¿Qué objetivos os habéis marcado para esta nueva etapa de Espaivisor?

Nuestro objetivo es mejorar nuestras condiciones de trabajo, tener un espacio más grande, tener una oficina más grande, tener un almacén dentro del propio espacio de la galería. Nuestro propósito es seguir la línea que hemos marcado en la galería durante estos años y seguir mejorando. Poco a poco hemos ido encontrando nuestra línea. Queremos seguir avanzando, este es un trabajo de largo recorrido. Lo complicado de ser artista y de ser galerista es mantenerse ahí con un nivel medio-alto durante muchos años. Este es un tipo de proyecto a muy largo plazo, pues es necesaria la confianza. Creemos que las galerías privadas estamos haciendo en Valencia una labor expositiva que las instituciones no están siendo capaces de llevar a cabo.

Espaivisor tiene una marcada línea de trabajo. ¿Se incorpora alguna novedad o artista a vuestro perfil?

Sí, hemos marcado tres espacios en la nueva galería. El espacio #1-galería, que está dividido en tres salas, es donde vamos a exponer a los artistas con los que trabajamos siempre y nuevas incorporaciones. El espacio #2-escaparate es una cristalera de grandes dimensiones donde no vamos a exponer nunca el artista que tenemos dentro, sino dando la oportunidad a las propuestas de jóvenes artistas. Un espacio #3-ventana de la colección invitada, que consiste en solicitarle a coleccionistas piezas de artistas que nos interesan pero no con la intención de venderlas sino de mostrarlas y de que se cree un diálogo con el otro escaparate y con la exposición de dentro. Inauguramos con Sanja Iveković, que ya expuso en la galería y ha tenido desde 2008 una gran visibilidad con exposiciones retrospectivas en el MOMA de Nueva York y en el MUDAM de Luxemburgo, entre otras, y participado en la última Documenta. A partir de ofrecerle la primera exposición a Sanja, y ella acceder, buscamos el trabajo de Inmaculada Salinas, que es una artista mucho más joven, que tiene mucho que ver con el trabajo de Sanja. Para la ventana de la colección invitada contamos con dos piezas de Helena Almeida. Es complicarse la vida, pero nos apetece que haya estas tres cosas a la vez. Nos ilusiona poder trabajar con jóvenes y darles apoyo, entrando en dialogo con los artistas y las exposiciones de dentro, generando una experiencia que creemos que puede ser buena para ellos. Se trata de la invitación para una colaboración puntual. En el caso de Inmaculada Salinas, presentamos una pieza nueva realizada para el escaparate.

Cualquier sector económico o empresarial mantiene cierta constancia en el diálogo con los responsables políticos de las instituciones públicas. Ahora que tanto se habla de los emprendedores, ¿qué apoyos o facilidades habéis recibido de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia para emprender este proyecto? ¿Existe algún plan de apoyo a las galerías de arte valencianas?

No, nada. Nosotros nunca hemos tenido el apoyo de las instituciones públicas valencianas. Había unas ayudas, que eran mínimas en comparación con las ayudas que recibían las galerías de otras comunidades autónomas en época de bonanza, pero incluso esa ayuda mínima desapareció. No hemos tenido ningún tipo de visita o de interés real por parte de las instituciones. Ahora hemos enviado cartas invitándoles a la inauguración del nuevo espacio, si lo desean serán bienvenidos.

Valencia se ha convertido en los últimos años en la representación pública de la corrupción política, a la vez que se producía un giro en las políticas culturales y se potenciaban los eventos espectaculares. ¿Qué efectos creéis que ha tenido esto en el ámbito cultural y artístico valenciano?

Devastador. Ha sido un efecto devastador. La situación política valenciana es el ejemplo de la corrupción a nivel nacional y los extranjeros también lo conocen, a causa de tantos programas e informaciones que han salido dando cobertura. En ocasiones tenemos que explicar que no todo el mundo en Valencia es así y que hay otra mucha gente haciendo un trabajo honesto y digno, al margen del que hacen algunos políticos.

¿Qué opinión tenéis de la actividad de las instituciones públicas valencianas en materia de arte contemporáneo?

Es un fallo desde la base. No se dan cuenta que hay que apoyar a los artistas desde el principio, pero no a través de grandes eventos sino pagándoles, por ejemplo, y organizándoles exposiciones. A las galerías el apoyo debe llegar mediante las adquisiciones. La relación que tienen los políticos y las instituciones con el mundo del arte contemporáneo es puntual, para hacerse una foto, y eso no es suficiente, tienen que preocuparse de verdad de la cultura en general.

En los últimos meses se ha avivado en Valencia el debate acerca de la necesidad de remunerar a los artistas por su trabajo, cuando son invitados por una institución pública. Incluso algún profesor de bellas artes, haciendo de comisario, ha defendido públicamente que esa remuneración no procede. ¿Qué opináis?

Creemos que los artistas merecen un mejor trato del que reciben de las instituciones públicas valencianas. En el caso que mencionas, hay dos cosas muy claras, esa persona debe tener una relación con el poder que le obliga a decir lo que las instituciones esperan y por otra parte debe tener un trabajo que le da una estabilidad económica que le permite decir que los artistas no deben cobrar. Seguro que esa persona sí ha cobrado, y no sé exactamente de quién se trata.

Miriam Lozano y Mira Bernabeu en el nuevo Espaivisor. Foto: Miguel Lorenzo

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor, Valencia. Fotografía de Miguel Lorenzo.

¿Qué tipo de influencia tuvo y qué influencia tiene un centro como el IVAM en la dinamización directa e indirecta del mercado del arte en la Comunitat Valenciana?

La situación de las grandes instituciones artísticas valencianas ha hecho que los profesionales del mundo del arte hayan decidido no venir a la ciudad de Valencia a ver exposiciones. Eso ha repercutido en todo el entramado artístico. Esa falta de interés en las programaciones públicas hace que los profesionales no vengan a la ciudad y por lo tanto no visiten las galerías. Al no visitar las galerías tampoco entran en contacto con los artistas y los críticos, por lo que toda la estructura se destruye. Llevamos viviendo en una isla desde hace muchos años. Nosotros estamos invitando a todo el mundo a que venga a visitarnos. Si hubiera una buena programación de exposiciones en los museos y en las salas públicas eso sería un buen estímulo, pero desde aquí no tienen contacto con otras instituciones ni con la prensa especializada.

¿Qué le pediríais a los medios de comunicación?

Los medios de comunicación de la ciudad nos parece que muestran una falta de rigurosidad increíble a la hora de apoyar el mundo del arte contemporáneo. No decimos que se apoye a las galerías, sino a la difusión y visibilidad de la obra de los artistas. En los diarios locales faltan páginas y páginas para cultura. Es demasiado habitual que se fusile la nota de prensa y se publique tal cual, sin que el periodista llegue a pasarse por la galería. Nosotros no somos de los que llaman a los medios para que saquen nuestras exposiciones y vamos a continuar en esa línea. Enviamos la información y creemos que es una obligación del periodista pasar a verlo. A nivel nacional tenemos un gravísimo problema, pues tenemos en Valencia una serie de corresponsales de los grades medios que no hacen su trabajo, que no se pasan nunca a ver las exposiciones. Podríamos entender que no les interese algunas exposiciones, pero ninguna… en ocho años. Es un poco extraño. Creemos que deberían sustituir a esos corresponsales por gente más joven, quizás con menos experiencia pero con más energía y entusiasmo, que de verdad impulsaran y proyectaran lo que sucede en la ciudad.

Lo que ya ni existe son los medios de comunicación de titularidad pública en la Comunitat Valenciana. Nunca hay una relación con la televisión pública de aquí. Nosotros hacemos exposiciones para que la gente las visite, no pensamos en vender, pero si no se favorece la relación con el entorno desde los medios de comunicación, pues ahí queda todo.

¿Qué papel creéis que juegan las galerías de arte en la vertebración cultural de la ciudad?

Un papel muy importante, sobre todo de difusión de artistas de la propia ciudad, pero también una función de educación y continuidad de exponer artistas que deberían mostrarse en las instituciones pero que actualmente solo se ven en las galerías. También echamos de menos la visita a la galería de alumnos de bellas artes para ver las exposiciones. Ahí hay un fallo, no se les educa para que vayan a ver exposiciones, no hay una cultura de ir a ver las galerías, eso lo echamos de menos, aunque muchos de esos profesores tampoco visitan exposiciones. Es curioso que muchas personas cuando viajan van a visitar museos y galerías, pero no lo hacen en su ciudad. Para todas esas personas que no hacen esa labor y se consideran artistas, les decimos que es un gran error, porque los artistas que consiguen forjarse una trayectoria son aquellos que van a ver exposiciones, tanto en su ciudad como cuando viajan.

Ningún museo ni centro de arte público en la Comunitat Valenciana cuenta en su dirección con un profesional seleccionado mediante un concurso. La designación política y el perfil partidista suele ser la norma ¿Cómo creéis que afecta eso al sector del arte?

Fatal. Siendo sinceros, pensamos que hasta que no haya un cambio político en esta comunidad no va a haber ningún movimiento dirigido a profesionalizar el mundo del arte en el ámbito público. Sabemos que habrá que esperar  a que haya un cambio de gobierno para que se produzcan esos otros cambios. Resistiremos!

Invitamos a todos a la inauguración del nuevo Espaivisor y a visitar la galería en cualquier otro momento.

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor, Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Mira Bernabeu y Miriam Lozano en el nuevo Espaivisor, Valencia. Fotografía de Miguel Lorenzo.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle: «Que abran los ojos»

La galería Valle Ortí de Valencia cierra sus puertas tras casi cuarenta años. Nacho Valle ha estado al frente los últimos doce, cuando tomó el relevo a su padre, creando una apuesta con carácter propio que ha servido para proyectar a algunos de los nuevos valores artísticos de la órbita valenciana y abrir un camino de internacionalización en dos direcciones.

Conforme se ha ido deteriorando la política cultural en la Comunitat Valenciana, las galerías han mostrado una mayor voluntad de asumir en sus programaciones los riesgos y el apoyo a los creadores que las instituciones públicas han desatendido. Una situación que tiene su origen en decisiones políticas anteriores a la llegada de la crisis económica, pero que como cualquier veneno administrado progresivamente va mostrando sus efectos irreversibles. La sociedad globalizada y la deslocalización de las responsabilidades quieren mostrarnos que no hay un culpable determinable, aunque aquí conocemos sus nombres y apellidos.

Nacho Valle responde con franqueza a esta entrevista con un pie en Nueva York, donde ha asumido la dirección de la Y Gallery. No duda y apunta a los responsables de la situación de la cultura y el arte en Valencia. Las cosas no suceden sin más.
El silencio ya no es la opción.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

En tu experiencia personal y profesional al frente de Valle Ortí durante estos años, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor ha sido desarrollar un proyecto personal expositivo y poder contar con los artistas que me habían entusiasmado desde que empecé. Preparar las exposiciones, ir a los estudios, ver las obras que iban a la galería, recibir la visita del público en la sala, estar en las ferias, preparar los books y conocer a mucha gente dentro del mundo el arte.
Lo peor ha sido el desamparo que hemos tenido en la ciudad, darse cuenta que estamos completamente solos, que no les importamos, no tienen en cuenta el esfuerzo tan grande que estamos haciendo. Siempre quise hacer este proyecto aquí, en Valencia. Lo malo ha sido darme cuenta poco a poco de que no, que en Valencia no se puede hacer. Eso ha sido lo peor. Me he ido dando cuenta de las taras que tiene la ciudad, de los obstáculos que ha habido que ir salvando hasta que ha llegado uno que ha sido infranqueable.

 ¿Qué fue lo que te decidió para tomar el testigo de la galería? ¿Cuales fueron tus propósitos?

Siempre lo tuve bastante claro. La galería era algo que me encantaba, era un sitio mágico, hipnótico, también era un lugar con muchas cosas de mi padre. Mi padre era muy coleccionista –yo también lo soy- y en la galería había objetos, muñecos, esculturas, cuadros, había de todo, era un sitio al que me encantaba ir, además del contacto con las exposiciones y las inauguraciones. Cuando venían los artistas, que siempre eran muy amigos de mi padre, ver lo que hacían, cómo dibujaban, cómo escribían… me parecían una pasada. Cuando estaba estudiando me di cuenta de que quería empezar a ir de ayudante a la galería y poco a poco cuando volví de Londres tuve claro que quería llevarla en serio, pero la galería era de mi padre y por mucho que me decía “vas a llevarla tú”, pues en realidad no era así. Cuando ya tenía decidido que me iba a montar mi galería, qué tipo de artistas quería llevar y hasta tenía decidido donde la iba a poner –en el primer bajo donde Tomás March tuvo la galería Temple-, a mi padre le diagnosticaron cáncer y se paralizó todo. Hablé con mis hermanos y les propuse llevar yo la galería, ocupándome de la programación sin consultar con nadie. Me dijeron “sí” y con el tiempo les dije que la galería me gustaría quedármela yo y estuvieron de acuerdo. A mi padre le encantaba que yo estuviera involucrado con la galería, había mucha compenetración entre él y yo.

 ¿En qué medida crees que has influido mediante tu galería en el panorama artístico y cultural de Valencia? ¿Hasta dónde te habría gustado llegar?

No lo sé, me gustaría pensar que he influido, de hecho parte del bagaje anímico que me llevo es pensar que hemos hecho muy buenas exposiciones y que eso quedará en el recuerdo de la gente, de exposiciones que vio en la galería. Hay artistas que nos ha costado mucho traer, tanto a nivel personal de convencerlos, de involucrarlos en el proyecto, como a nivel económico de producción y de trabajo. Hay exposiciones que nos ha costado un gran trabajo montar. Recuerdo una que nos costó una semana y media trabajando día y noche haciendo turnos, uno llegaba y se iba otro, haciendo una instalación enorme, pidiendo colaboración a gente para tener suficientes proyectores, porque hemos hecho un trabajo de supervivencia, nosotros no podíamos permitirnos cuatro proyectores o unos focos de teatro… hemos colaborado mucho entre nosotros, entre algunas galerías. Pero se han hecho exposiciones que nos ha costado mucho hacer, me gustaría pensar que eso ha servido para que la ciudad pudiera disfrutar de una mejor calidad expositiva, con exposiciones que las instituciones no hacen. A nuestra galería siempre ha venido mucha gente, mucha gente joven, gente de la universidad y me gustaría pensar que hemos influido en ellos, en su creatividad, en su carrera, en sus iniciativas. Han sido diez años de exposiciones y yo siempre he intentado que tuvieran el máximo nivel.
Me habría gustado retirarme aquí. Siempre pensé que me jubilaría en la galería, en la calle Avellanas. Me hubiera gustado seguir incorporando artistas, seguir desarrollando el proyecto y hacer cada vez Valle Ortí más grande y más internacional, pero desde Valencia es muy difícil. Es complicado traerte a un artista que está exponiendo en Nueva York o en Londres a esta ciudad. Una ciudad que ya sabes que no va a tener ninguna influencia, que no va a vender nada, que no va a conseguir mucho… es muy difícil venderle que venga a Valencia, te va a decir: a Valencia, ¿a qué? Es duro, le tienes que decir que no va a vender, no le puedes engañar, en Valencia no hay coleccionistas y en la inauguración va a haber mucha gente joven pero no va a haber coleccionistas, porque en Valencia escasean. Y si los hay son tan especiales que prefieren irse a Madrid o Copenhague. Me he encontrado a coleccionistas de Valencia en inauguraciones en Bruselas, Copenhague… y gente que me decía que era un coleccionista valenciano, a pesar de que yo nunca lo había visto en la galería. Es frustrante. Llevo ocho años en ARCO, ¿cómo es que nunca ha pasado ese coleccionista por el stand? ¿Cómo nunca ha tenido la curiosidad o la inquietud de acercarse por mi galería? Eso es Valencia. Es duro. A mi personalmente me ha ido debilitando el ánimo, a pesar de que soy una persona con mucho ánimo, pero tiene un fin y llega un punto que entras en reserva. Me hubiera gustado llegar hasta el final, pero llega un momento que son demasiados obstáculos y no puedes seguir invirtiendo en una labor que no es la tuya por amor al arte y, o cambias, o vas a tener que empezar a bajar el nivel; para eso prefiero acabar. No voy a hacer exposiciones que no me gusten, ni más baratas porque el artista esté más cerca… no, no es mi objetivo ni el de la galería. Llegado ese momento decides.

¿Qué motivos han pesado más a la hora de optar por cerrar la galería?

Básicamente no se planteó un cierre como tal, era un cambio de localización, íbamos a cerrar el espacio de Valencia porque no tenía ningún sentido tener un espacio de 250 m. como el nuestro en el centro de Valencia haciendo exposiciones de artistas de Chicago –como el que tenemos ahora- con lo que ha costado el transporte de la obra y que viniera él… no tiene sentido. Yo no quería cerrar en Valencia, me unen muchos recuerdos a ese bajo y a ese nombre. Me ha costado mucho, me da mucha pena cerrar la galería de mi padre. Definitivamente nos hemos dado cuenta en el último año. La idea era que Valle Ortí siguiera on line hasta reinventarse de alguna forma. Ahora se va a reinventar en otro sitio, el proyecto sigue, pero la galería en Valencia cierra.
Me llevo a Nueva York el bagaje de Valle Ortí, con mis artistas, mis contactos y mis coleccionistas. Voy a hacer de los dos proyectos uno, voy a imprimirle el carácter de Valle Ortí. He encontrado este trabajo para dirigir la Y Gallery de Nueva York cuando en realidad no me ha dado tiempo ni a redactar mi currículum.
Si Valencia quiere un espacio tendrá que apoyarlo. Me voy porque no me han apoyado. Las subvenciones de 2010 a las galerías valencianas para ir a ferias las pagaron la semana pasada, más de mil cien días después. El IVEX todavía me debe dinero. Solo les preocupa hacerse la foto, se olvidan de que deben ayudar. En otras comunidades autónomas han recibido un apoyo que en la Comunitat Valenciana nunca hemos tenido. Las galerías que aguanten, que creo que van a ser dos, será con las ventas que realizan fuera en ferias. Por ejemplo, EspaiVisor podría estar en Berlín o en Motilla del Palancar, no le sirve de nada estar en Valencia, si está aquí es circunstancialmente. Eso es lo que le ha pasado a Valle Ortí, que nosotros estábamos haciendo un esfuerzo tanto físico como económico por tener un espacio aquí, pero hay cosas que ya no tienen sentido, ya no. Durante un tiempo sí lo tenía, pero cuando ya has cogido la velocidad de crucero que te permite estar donde tienes que estar no puedes ir hacia abajo, no puedes ir hacia atrás. En España una galería fuera de Madrid es difícil que pueda aguantar y yo a Madrid no me quiero ir. Como decía mi abuela, para hacerla “ben grossa”, si te vas vete.

¿Cuantas ventas has hecho a museos o colecciones dependientes de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia?

Una vez, una sola venta en doce años, hasta este año en ARCO que compraron a todas la galerías valencianas. Dos ventas en total a las instituciones públicas valencianas.
En una ocasión el IVAM compró toda una serie de la artista Cristina Lucas que yo había expuesto en la galería, pero la compra la hicieron a través de la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Cuando necesitaron la información de la obra de Cristina Lucas no se la pidieron a Juana de Aizpuru, me la pidieron a mí, que ya es para echarse a llorar. Esa compra habría supuesto mucho para Valle Ortí, por una parte como crédito de la galería frente a la artista, además de una inyección de dinero importante que te aseguro que Juana de Aizpuru no la necesita. Esa es la realidad de esta ciudad, es como vivir en una familia desestructurada en la que tu padre es alcohólico y tu madre es ludópata y ves que tu única opción es irte de casa. Esto es lo que sucede en Valencia. La gente que maneja esto están enfermos de ambición o no sé exactamente el mal que tienen, pero esto es un desgobierno. Es una tras otra y debilita, no ya como galerista sino como ciudadano. He tenido cuatro negocios en Valencia y no invierto ni un euro más, ni un minuto más.

¿Cuantas veces has recibido en tu galería la visita de directores de museos valencianos y de responsables políticos en materia de cultura?

Dos visitas en doce años, y porque había un evento organizado por todas las galerías y era casi ineludible hacerlo, la otra vez fue la noche que se inauguró la temporada el año pasado.

 ¿A que crees que se debe esa desatención?

A que les da completamente igual todo. No tienen respeto, no tienen educación, no tienen consideración ni interés. Esto es como un cortijo, “ella” (refiriéndose a la directora del IVAM) compra lo que le da la gana sin ningún tipo de asesoramiento, hace las exposiciones que quiere… no está cualificada para nada de esto. Les da completamente igual. Ni siquiera tienen el respeto de pasar por las galerías valencianas, es tan flagrante la poca consideración y lo poco que les importa esta ciudad y el mundo del arte que no cumplen ni el mínimo canon de visitas y cortesía. En el polo opuesto te encuentras museos como Artium, dirigido por Daniel Castillejo, que está al pie de la calle, que es capaz de venirse de Vitoria a Valencia para la inauguración de un artista que le interese, que conoce a todos tus artistas, que sabe cuales son sus proyectos, que pregunta para saber de aquellos a los que no conoce. Ese museo que tiene mucho menos presupuesto que el IVAM está compuesto por gente joven, gente inquieta, gestores con ganas, con inauguraciones que concitan a profesionales de toda España, comisarios, galeristas, críticos, artistas… Cuando comparas las exposiciones que hacen con las que hace el IVAM es terrible. No puede usar el museo como si fuera suyo, y ella lo hace. Yo no voy en contra de un partido, de un museo ni de una señora, estoy en contra de lo que pasa. La gente se tiene que dar cuenta de que esto es insostenible.

Se ha hablado mucho del progresivo desprestigio del IVAM en los últimos años, ¿qué opinión tienes?

El IVAM no puede estar más desprestigiado. Lo sabe todo el mundo en Valencia, en España y fuera de España. El IVAM es como un pollo sin cabeza. No te sabría citar una exposición del IVAM, la última que recuerdo es de James Turrell y fue hace ya unos años. No va nadie al museo, nadie te dice voy a ir el domingo al IVAM. Vas a ver más arte en el rastro que en el IVAM. El desprestigio es total. Da igual que haya dinero o que no haya dinero. Las cosas se pueden hacer bien o mal y ella ha decidido hacerlas mal. Cuando decides comprar de golpe artistas chinos de ese modo, cuando haces exposiciones en el museo a tu peluquero o a tu diseñador, cuando metes a tu hijo en bienales… Hacer las cosas de ese modo es como quien va al rastro y compra lotes de vinilos y por uno de Mozart te dan otro de Georgie Dann. Ella misma se ha puesto el adjetivo y es impresentable, es sangrante, es doloroso. A ella la acuso directamente de gran parte de lo que pasa. Ella podría haber hecho muchas cosas y no las ha hecho. Ahí estamos.

¿En que medida crees que afecta a las galerías de arte valencianas la devaluación del IVAM?

Directamente, porque tiene una implicación total. El IVAM era la imagen de la ciudad, era el buque insignia. Eso nos da y nos quita. Se supone que las galerías tendríamos que ir de la mano del IVAM y tendría que contar con nosotros. El IVAM tiene que tener un contacto con la ciudad, tiene que hacer un patriarcado con las galerías y mantener una relación tanto con artistas nacionales como con artistas internacionales. El IVAM tiene que dar oportunidades a los jóvenes artistas valencianos y ayudar a consagrar a los que ya tienen un trabajo. Un museo como el IVAM, que tiene en sus fondos obras de artistas que nadie sabe quienes son, es alucinante que no tenga obras de artistas valencianos como Xisco Mensua, Mira Bernabeu o Chema López. Es increíble, porque además los ha visto crecer. Se pueden realizar millones de actividades donde los artistas participen, el IVAM debería dirigir la política cultural. Con un IVAM completamente despótico y prepotente como el que tenemos todo eso se enturbia y no se consigue nada. No se puede meter la cabeza en el agua porque no se ve. Otra ciudad sería Valencia si el IVAM hubiera hecho en estos años todo lo que en realidad ha dejado de hacer.

 ¿Cómo ves la situación artística y cultural en Valencia?

Muy mal. Vamos a ver, la situación artística la veo bien en cuanto a que en Valencia hay un gran potencial a todos los niveles, hay una gente increíble. Pero ese potencial increíble no se ha podido desarrollar como en otros sitios. Veo grupos de artistas que representan al País Vasco, Madrid o Andalucía que lo han tenido más fácil que aquí. No hemos sabido encontrar el camino, aunque creo que hemos tenido más obstáculos que en el resto de España y no solo a nivel artístico, también a nivel musical, etc. A nivel intelectual alternativo le veo un gran potencial, dentro del zombieland en el que vivimos, dentro de esta plaza sitiada, de esta casa tomada, hay un 5% que resiste. Cada vez se van a ir más, yo cada diez días tengo una despedida de alguien que abandona Valencia. Se ha trabajado mucho para aguantar. A mi me ayudaron mucho Tomás March y Pep Benlloch, pero no se ha podido. Se ha intentado pasar el testigo pero llega un momento en el que deja de tener sentido. Mi proyecto aquí es inviable y más con el tiempo que viene. Hay gente como Álvaro de los Ángeles que después de tanto tiempo ha tenido que volver a trabajar en una galería, porque no era capaz de vivir como crítico, a pesar de ser un crítico extraordinario. ¿Quién escribe mayoritariamente en los catálogos de las instituciones públicas valencianas y a quien se encarga los comisariados? Habitualmente a momias totalmente alejadas de la realidad. Son todo continentes sin contenidos, catálogos que son carne de reciclaje, sin sentido. No se cuenta con la gente cualificada, muchos ya se han ido, pero aún quedan. Quedan artistas jóvenes que creo que son muy buenos, pero no se cuenta con ellos, como tampoco se cuenta con los jóvenes críticos y comisarios ni se ha contado con las galerías. No se cuenta con nadie y al final la gente tiene que hacer trabajos de guerrilla desde espacios non profit, con cero presupuesto, pidiendo los marcos a no se quién y haciéndolo todo por amor al arte. Pero por amor al arte uno se cansa, no puede ser así toda la vida. No puede haber artistas lavando platos, deberían tener menos obstáculos. La gente está preparada, pero no se cuenta con ella. La vida cultural la veo insuficiente. La gente con dinero no quiere apoyar la cultura, quiere coches, quiere eventos, pero no quiere eso y sin ese apoyo no se puede mantener el sistema del arte. La oferta cada vez será menor.

¿Alguna sugerencia a quienes tienen en sus manos la posibilidad de marcar una nueva hoja de ruta?

Sí, que sean más humildes, muchísimo más humildes. Que salgan a la calle y tengan contacto con la vida cultural valenciana. En cuanto hagan un pequeño esfuerzo van a recibir mucho más de lo que están dando. Que intenten colaborar con los artistas, que intenten hacer exposiciones que tengan sentido, que no quieran dirigirlo todo. Que vean los proyectos que hay, que consulten con otra gente, que sean menos caciques. Por ejemplo, que pregunten a Nuria Enguita, a José Luis Pérez Pont, a Álvaro de los Ángeles qué podría hacerse en el Centro del Carmen. Se podrían hacer cosas con sentido que implique a los profesionales y coleccionistas valencianos, en vez de traer colecciones de no sé donde que nadie se entera. Que vean la temperatura de la ciudad, que pidan consejo… pero es que no lo van a hacer. Que abran los ojos, porque los tienen cerrados. Pero no lo van a hacer. En Valencia la gente tiene que dar un paso al frente y decidir el tipo de ciudad que quiere, la ciudad tiene que despertar.

¿Qué retos te planteas para tu nueva etapa al frente de la Y Gallery en Nueva York?

Quiero imprimirle un poco del carácter de Valle Ortí. Esta galería que está ubicada en Nueva York y muy enfocada a Latinoamérica, quiero imprimirle un carácter más europeo a nivel artístico, de coleccionistas y de estilo. Nuestra galería siempre ha sido una galería que no ha sido como otras galerías españolas, hemos intentado incorporarle una estética de artistas nórdicos, nuestro proyecto ha sido un proyecto muy personal, creo que allí puede encajar muy bien. Mis objetivos son internacionalizarla un poco más. Básicamente trabajar, porque a mí este trabajo me encanta. A mí las semanas se me hacen cortas. Creo que va a ser más fácil y más difícil. Más fácil porque voy a tener una respuesta inmediata de la gente y más difícil porque voy a tener que trabajar muchísimo más. Mi objetivo es también intentar hacer ARCO, quisiera lanzar puentes entre los dos proyectos, linkearlo todo. Definirlo y seguir desarrollando el proyecto que aquí se había quedado finito. Tirar para delante y seguir lo que han sido estos últimos diez años de Valle Ortí. Hemos estado formándonos para lo que viene, para cada vez hacerlo mejor. Cada vez que volvía de la feria de Basel miraba y veía que la galería era mejor que el año anterior. Es seguir con esa inercia, pues aunque la galería ha ido evolucionando, en Valencia habíamos entrado en una inercia que no era agradable y me estaba desgastando mucho. Tengo 41 años y me quiero comer el mundo, lo necesito. Quiero acción.

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo