Medio centenar de obsesiones

Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja
Fundación Bancaja
Plaza de Tetúan, 23. Valencia
Hasta el 29 de septiembre de 2017

“Recuerdo una vez que Miró me dijo: ‘Mira, este cuadro se me ocurrió de noche. Y yo pensé: ‘Mira, otro que no duerme’. Es que es una obsesión”. Así entiende Manolo Valdés la pintura, tal y como se recoge en uno de los testimonios que viene a subrayar el denominador común de los 14 artistas reunidos en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja. Más de medio centenar de obras que, presentadas por Juan Manuel Bonet, asesor de la colección y actual director del Instituto Cervantes, refleja esa “capacidad que tiene la pintura para generar emociones”, a partir de esa obsesión de los que no duermen.

Vista de la exposición.

Vista de la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Miquel Navarro, que junto a Carmen Calvo, Soledad Sevilla y el propio Valdés, integra el cuarteto valenciano de la muestra, añade a esa obsesión el carácter de infinitud propio de los sueños y de la obra de arte: “Siempre quedan cosas por hacer. Los sueños son así, nunca se realizan del todo. Los propios sueños son fantasías inacabadas”.

Fantasías geométricas que la Fundación Bancaja acoge hasta el 29 de septiembre en una magna exposición que completan, además de los mencionados, Miquel Barceló, Juan Uslé, Juan Navarro Baldeweg (a partir de los cuales tejió Bonet ese intenso mapa geométrico), José Manuel Ballester, Helmut Federle, Günther Förg, Axel Hütte, Imi Knoebel, Sean Scully y Julian Opie, este último ocupando ahora mismo una de las salas de Bancaja mediante una extensa individual.

Obra de Soledad Sevilla en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Fundación Bancaja

Obra de Soledad Sevilla en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

Bonet fue desgranando las características de cada uno de los 14 artistas internacionales contemporáneos seleccionados para advertir que no se trataba de una “colección de cromos”, sino de una “lista corta [de los artistas de la colección Bancaja] para profundizar en su obra”, cuyo hilo conductor él resumió en dos palabras: “Geometría y profundidad”. Geometría con la que atrapar, a modo de malla, esa realidad que nos afecta y motiva, al tiempo que se cuelan por sus intersticios la energía pulsional que empuja con esa carga de profundidad aludida.

Axel Hütte lo viene a decir de esta otra forma: “La fotografía es como el lenguaje, hay muchísimas cosas que no se pueden decir pero está bien que sea así. Todos los intersticios son llenados por la imaginación”. Porque además de pintura, atravesada por esa geometría unas veces fría, otras explotada de color y siempre lumínicas, la exposición también se compone de imágenes fotográficas que, sin embargo, caminan de la mano de esa misma geometría que lo inunda todo.

Obra de Juan Uslé en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

Obra de Juan Uslé en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

La cita de Juan Uslé ayuda a comprender tamaña abstracción: “En pintura, al menos como yo lo entiendo, no tratas de contar historias literales, ilustradas en forma narrativa, sino que mas bien intentas de acercarte a aquello que palpita entre tu mirada cargada de deseo y el destello de su reflejo en la tela”. Reflejos que van de la figuración que se va diluyendo absorbida por la materia, de Barceló, a esa tendencia lírica que adopta luego un enfoque más geométrico, de Uslé, pasando por ese dejar atrás el mundo expresionista para irse decantando por la abstracción, que caracteriza a Navarro Baldeweg, según palabras de Bonet.

Una joven junto a una obra de Axel Hütte en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una joven junto a una obra de Axel Hütte en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Todos ellos, como dejándose llevar por la deriva del sueño, reflejando la realidad que huye de la percepción amable. “Entro y salgo de mis cuadros, buscando algo que no siempre encuentro. Igual que en el mar, lo habitual es bajar y no encontrar nada. Pintar es, casi siempre, hacer cosas en vano”, afirma Barceló, uno de los 14 artistas que no duermen pensando en esa cosa vana que, en apariencia, es el arte. Y la metáfora del mar, de sus profundidades asociadas al propio inconsciente, sirve igualmente para caracterizar esa obsesión geométrica que los emparenta a todos ellos.

Medio centenar de piezas, “el 40% inéditas”, destacó Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja, puesto a disposición de un público al que se quiere ir mostrando poco a poco la extensa colección de más de 2000 obras con que cuenta la entidad bancaria. “Si trazas una línea desde Van Gogh, Mondrian, Rothko y Johns, hallas mi trabajo. Es muy simple”, dice Scully de su obra artística. La de arte contemporáneo internacional de Fundación Bancaja se empezó a construir en 2004 y va saliendo a la luz. Así de simple.

Un joven fotografiando junto a la obra de Günther Förg en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Un joven fotografiando junto a la obra de Günther Förg en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

“La cultura está muy despreciada”

Homenaje a Soledad Lorenzo
Selección de 53 obras de 29 artistas de su colección privada
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de abril de 2014

A Soledad Lorenzo (Santander, 1937) los ojos se le encienden, a juego con su cabello blanco como la nieve, cada vez que le preguntan por el arte. Y esos mismos ojos van perdiendo fulgor cuando detectan que la cultura, por la que tanto amor siente, resulta menospreciada. Habla bajito, que no falto de intensidad, apoyándose en una mirada chispeante que pretende abarcarlo todo. Es su forma de dar a entender que la palabra llega hasta donde llega, mientras que el arte, ¡ay el arte!, alcanza aquellos lugares recónditos de la mente, cuyo acceso únicamente se logra con la más profunda inteligencia. “El arte es emocional, no tiene verdades como la palabra; está lleno de momentos, de vivencias, que sólo un artista puede transmitir gracias a una inteligencia que se oculta y que igual interesa que no aflore”.

Soledad Lorenzo. Fotografía: Makma

Soledad Lorenzo. Fotografía: Makma

Esa inteligencia artística es la que todo país rico culturalmente debe hacer que emerja. De lo contrario… “La cultura está muy despreciada y, sin embargo, se le da importancia desde el punto de vista del honor”. Soledad Lorenzo lo decía refiriéndose a nuestro país, que toma dicha cultura con la rimbombancia de lo fastuoso para que, tras el fuego de artificio, vuelva a ocultarse la inteligencia. “En Francia es otra cosa, porque allí se concentró en su día el talento, que ahora está en Nueva York”. Y volviendo a nuestro país, no entiende que la cultura se entienda como un lujo (“eso es terrible”), cuando es lo que determina su riqueza. A ella, desde luego, el arte le ha proporcionado una “vida intensa”, que le ha ayudado a “educar la mente”.

Obra de Juan Ugalde de la colección de Soledad Lorenzo.

Obra de Juan Ugalde de la colección de Soledad Lorenzo.

Esa vida intensa ha tomado otros derroteros tras el cierre de su galería después de más de 25 años de actividad profesional. El Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana le ha brindado un homenaje con una exposición en el Centro del Carmen.  53 obras de 29 artistas, con los que ha colaborado a lo largo de su vida, integran la muestra. Antoni Tápies, Miquel Barceló, Juan Ugalde, Guillermo Pérez Villalta, Juan Uslé, Pablo Palazuelo, José María Sicilia, Julian Schnabel, Soledad Sevilla o Victoria Civera, arropan con sus obras ese homenaje en el que ha participado igualmente el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria. Su director, Salvador Carretero, enfatizó que Soledad Lorenzo “importó conceptos anglosajones que aquí no se conocían” en la actividad galerística.

Obra de Perejaume, de la colección de Soledad Lorenzo.

Obra de Perejaume, de la colección de Soledad Lorenzo.

“El arte de verdad, entendido como algo necesario, empieza en los 80”, reconoció la homenajeada. En este sentido, el progreso ha sido “enorme”, a pesar de las sombras que luego apuntó en relación con el menosprecio cultural. Y aquí se detuvo para precisar que la cultura estaba muy despreciada “comparada con el valor que tiene”. Por la crisis pasó como un rayo. Con la perspectiva que le da su amplia trayectoria, Soledad Lorenzo explicó que ya había vivido antes dos crisis (“y siempre han sido duras”), pero el arte “puede con ellas”. El arte, porque “a los artistas sí les afecta”. De ahí la importancia de las galerías, en tanto “sirven de puente entre los artistas y la sociedad”, y de los museos como una forma de “ver y contrastar la realidad”.

Obra de Miquel Barceló, de la colección de Soledad Lorenzo.

Obra de Miquel Barceló, de la colección de Soledad Lorenzo.

De nuevo la mirada, que Soledad Lorenzo coloca en la cúspide de esa educación cultural. “No existe una educación visual”. El cine, que se apoya a su juicio en el arte, ha contribuido mucho a la formación de esa inteligencia visual que aún está por explotar. Como está por explotar el papel de las galerías que la consellera de Cultura, María José Catalá, presente en el homenaje, afirmó querer “reforzar”. La apertura de la temporada galerística ya contó el pasado año con el apoyo del Consorcio de Museos. Catalá fue en este sentido bien explícita: “Continuaremos con ese proyecto”. Como continuará Soledad Lorenzo tendiendo puentes entre los artistas y la sociedad, por muy cerradas que estén ya las puertas de su galería madrileña. Sabe que no hay barreras al arte, salvo, parafraseando al John Ford de El hombre tranquilo, las que imponga nuestro mezquino corazón.

Soledad Lorenzo. Fotografía: Makma

Soledad Lorenzo. Fotografía: Makma

Salva Torres