Russafart arranca fuerte pero con débil presupuesto

Russafart. Obrando arte
Diferentes espacios del barrio de Russafa. Valencia
Del 25 al 29 de mayo de 2016

Arístides Rosell, coordinador de Russafart, lo repite una y otra vez: “Tenemos un valor impresionante en el barrio que la institución pública no tiene en cuenta”. Se refiere a los más de 50 estudios que en apenas 5 km2 se concitan en Russafa. “Hasta ahora vive de espaldas a ello”, resaltó. De espaldas a un festival que del 27 al 29 de mayo abrirá las puertas de todos esos estudios que, junto a galerías, comercios y diferentes espacios expositivos, mostrarán el trabajo de 348 artistas. Y todo ello con apoyo en especies, pero nula ayuda económica.

“El Ayuntamiento de Valencia tiene un doble rasero”, denunció Rosell, en referencia a los 20.000€ que sin embargo el Área de Cultura ha aportado al Festival de Artes Escénicas Tercera Setmana, que arrancará en junio. “Han tenido más en cuenta a un festival de reciente de creación que a otros que llevamos años funcionando”. Y demostrando el potencial artístico de un barrio que este año celebra su quinta bienal abriéndose más que nunca al exterior, con la visita de colectivos del barrio de Bellville en París y de Santa Teresa en Río de Janeiro. Artistas de Russafart ya han estado en el barrio parisino, y otros lo harán después con Río, en lo que constituye un enriquecedor intercambio cultural. La galería el Tossal y la Biblioteca Nova Al-Russafí acogerá los trabajos de esos colectivos.

Obra de Marlén Ramos. Imagen cortesía de Russafart.

Obra de Marlén Ramos. Imagen cortesía de Russafart.

“Demandamos acompañamiento de la institución pública: velar por lo que sucede en la ciudad”, manifestó Rosell, contrariado por ese doble rasero institucional. Doble rasero económico que se extiende al régimen de ayudas, “a las que nos presentaremos todos”, aludiendo a las nueve asociaciones que conforman la Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas (PICUV), y de las que han sido excluidos los organizadores de Tercera Setmana recibiendo ese trato de favor. A pesar de todo, el “museo expandido en el barrio”, como fue definido Russafart “continúa creciendo y desarrollándose”, subrayó Rosell.

Román de la Calle, catedrático de Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Valencia, que desde su primera edición viene apoyando el festival, incidió en ese carácter museístico de Russafart: “El IVAM ha introducido la ciudad entre sus reflexiones y vosotros el museo en el barrio”. Pintores, escultores, fotógrafos, videoartistas y performers participan en un festival que desplegará, además, alrededor de 500 actividades paralelas en cuatro días.

Obra de Carlos Hernández Sacristán. Imagen cortesía de Russafart.

Obra de Carlos Hernández Sacristán. Imagen cortesía de Russafart.

De ahí lo de museo expandido y de ahí también el lamento de sus organizadores por tener “que partir de cero” cada año, a pesar del voluminoso y cualitativo aporte artístico del barrio a la ciudad. “Se hace desde la precariedad más absoluta”, insiste Rosell, “cuando estamos contribuyendo a la revitalización de Russafa y a que se conozca Valencia a nivel nacional e internacional”. En cualquier caso, el coordinador del festival artístico huye de la palabra moda. “No me gusta decir que está de moda, porque las modas pasan y aquí se ha creado un tejido cultural que ha dinamizado el barrio y escapa de esas modas”.

Una exposición colectiva en la galería Imprevisual, con obras de formato 20×20 donadas por los propios artistas al precio de 50€ por pieza, combina la exhibición de 149 trabajos y la casi única posibilidad de recaudar fondos. “El recurso de Verkami [plataforma digital de micromecenazgo] no ha funcionado muy bien hasta la fecha”, reconoció Rosell. Lo que sí está funcionando es la aplicación digital creada por Esam Tecnología, de la Universitat de València, que servirá de guía por los diferentes itinerarios. “Apenas puesta en funcionamiento ya llevamos más de 300 descargas”, destacó Vicente Llorens, responsable de la empresa tecnológica.

Obra de Bia Sasso. Imagen cortesía de Russafart.

Obra de Bia Sasso. Imagen cortesía de Russafart.

La empresa privada, a la espera de la tan ansiada ley de mecenazgo, también aporta su grano de arena al festival. Embajada Alhambra, espacio ideado por la marca cervecera, reunirá en Cosín Estudio las últimas creaciones de artistas como Paco Roca, Vicente Talens, Marco Caparrós, Omega TBS y Raquel Rodrigo. Y EMT, empresa de transporte municipal (he ahí el aporte institucional en especie), cederá un microbús para que los niños lo pinten y hagan graffitis sobre su chapa a modo de talleres creativos. La artista de Russafart Hélène Crecent será la encargada de guiar ese “espíritu gamberro” (Rosell) de los más pequeños.

Román de la Calle definió la cultura que a borbotones fluye en Russafart como ese “pequeño afluente que nada entre dos ríos: la política y la economía”. Carmen Amoraga, directora general de Cultura y Patrimonio, en representación de ese primer río, dice en el catálogo del festival que el mundo de la creación es “un sector estratégico en el nuevo modelo de desarrollo socio-cultural y económico justo y sostenible en el que estamos trabajando”. Por eso valora “mucho la aportación que hace Russafart”. Lástima, como ironizó De la Calle “que [el barrio] no tenga mar”, aunque “sí la mar de imaginación”. De momento, a falta de ese otro río económico, Russafart desde luego nada en la abundancia.

Obra de Miguel Ángel Aranda. Imagen cortesía de Russafart.

Obra de Miguel Ángel Aranda. Imagen cortesía de Russafart.

Salva Torres

Melancolía, de Valladolid a Valencia y Palma

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro
Museo Nacional de Escultura
Palacio de Villena
C / Escaleras de San Gregorio, 1. Valladolid
Hasta el 12 de octubre de 2015

La melancolía puede ser devastadora o germen creativo. Es más, si no fuera por la creatividad a que da pie, en el mejor de los casos, la constatación de sentirnos mortales o cuando menos imperfectos, esa melancolía avanzaría letal en busca del abismo al que nos convoca. El director danés Lars von Trier se ha hecho cargo de ella en la película precisamente titulada Melancolía (2011). Y el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hace lo propio mediante una espléndida exposición: Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro.

Vista de la entrada a la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de la entrada a la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Y es que la melancolía, que la muestra focaliza entre el tardío Renacimiento y el Barroco, se extiende a nuestros días y se retrotrae a tiempos lejanos. “Su nombre se remonta al siglo V a.c. –tratados hipocráticos- y dura hasta hoy”, se explica en el catálogo de la exposición. Un verso de Quevedo, intercalado entre las más de 60 piezas que integran el recorrido, ofrece plausible explicación de su alargada influencia: “No hay día que pase por ti que no vaya sacando tierra de tu sepultura”.

Fernando Colina, en su texto ‘Melancolía universal, melancolía particular’, apunta cómo unos la despreciaron –Cicerón y Séneca-, otros se refugiaron en ella, mientras otros la temían. Desprecio que en la propia exposición manifiesta Santa Teresa cuando dice: “No hay otro remedio para él [el aquejado de melancolía] si no es sujetarlo por todas las vías y maneras que pudieren; si no bastaren palabras, sean castigos (…) si no bastara un mes de tenerlos encarcelados, sean cuatro, que  no pueden hacer mayor bien a su alma”.

Dos de las piezas expuestas en 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Dos de las piezas expuestas en ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Quienes se refugiaron en ella fueron los monjes en la Edad Media, cuya acedía o tristeza los tentaba al recogimiento, sufriendo los embates de la melancolía particular que Hipócrates define como “el miedo o la tristeza que duran mucho tiempo”. Y quienes la temían, quién sabe si al descubrir lo que Diderot proclamara de ella (“la melancolía es el sentimiento habitual de nuestra imperfección”), tomaron dos direcciones subrayadas por Colina: “Tan melancólicos son los signos explícitos de tristeza como las reacciones de defensa contra ella, que la cubren de una máscara de actividad, contento y ligereza”.

Lo que el Museo Nacional de Escultura de Valladolid muestra, antes de que lo hagan Valencia y después Palma de Mallorca, es una serie de obras de maestros como José de Ribera, Durero, Berrugete, Velázquez, Rubens, Antonio de Pereda o Diego Bejarano, en las que se reflejan la tensión de tan penetrante bilis negra en conflicto con la pujante razón. Rostros a punto de desfallecer o buscando con la mirada esa luz exterior que les sustraiga del abatimiento; luz procedente del conocimiento, ya sea éste ilustrado o sacralizado. Naturalezas muertas, objetos quebrados, calaveras que simbolizan el fatal destino que nos aguarda.

Vista de una de las salas de la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de una de las salas de la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Tiempos de melancolía, comisariada por María Bolaños y producida por Obra Social La Caixa, recoge lo que Colina llama el “escalón en el desarrollo del sujeto” o “nacimiento de la identidad personal”. Identidad dividida entre la totalidad de la que procedemos (cuerpo materno y su proyección como naturaleza entera) y la difícil asunción de su pérdida. Miradas, pues, extasiadas por alcanzar esa totalidad fascinante, al tiempo que deprimidas fruto del desconcierto que provoca su halo fantasmal. Hay cristos desolados como hay pensadores hurgando en las entrañas de esa melancolía, ya sea para hundirse en ella o para emerger de sus tinieblas con el rostro iluminado tras experimentar y asumir el dolor de tanta pérdida.

Pinturas, esculturas, dibujos y grabados procedentes de diferentes museos e instituciones, a través de los cuales percibimos esa melancolía centrada en el Siglo de Oro pero que sin duda llega hasta nuestros días. Porque la melancolía, he ahí su pertinaz razón de ser, nos convoca a la experiencia de la mortalidad. Experiencia que atraviesa el tiempo y nos atraviesa como sujetos habitados por esa conciencia de muerte.

'Tiempos de melancolía. Desencanto en la España del Siglo de Oro'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Detalle de la Sibila, de José de Ribera, en ‘Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Salva Torres

María Magdalena resucitada

María Magdalena. Apostola Apostolorum

Kir Royal Gallery

C / Reina Doña Germana, 24. Valencia

Hasta el 15 de mayo

No hay nada como detenerse a pensar por unos instantes acerca de algo incuestionable, apelmazado por el paso del tiempo y los prejuicios ideológicos, para descubrir riquezas insospechadas. Para ello, uno ha de estar dispuesto a vencer sus propias defensas; ésas que le mantienen a resguardo de la duda. Tomemos, por ejemplo, la religión. Quienes la profesan a machamartillo, defienden una serie de postulados canónicos. Quienes la repudian, se sirven de la ironía para reírse de tamaña ilusión en tiempos de placeres mundanos. Quienes se mueven por la cuerda floja de la vida, ya no lo tienen tan claro. Como es el caso de Carlota Loveart, comisaria de la sugerente exposición María Magdalena. Apostola Apostolorum, que la galería Kir Royal de Valencia exhibe estos días, patrocinada por Digital Media Art Consultants.

“Me acerqué a María Magdalena desde la curiosidad y desde la agnosticidad, deseando saber más de una figura que se nos ha mostrado desde sus orígenes distorsionada”. Distorsionada por esa interpretación canónica del texto bíblico, porque una lectura más atenta dice de María Magdalena cosas bien distintas. Que es lo que Carlota Loveart ha tratado de hacer con esta exposición, en la que nueve artistas ofrecen una visión contemporánea de tan controvertida mujer. “Es una mujer adelantada a su tiempo, una Rosa de Luxemburgo”, destaca su comisaria.

Antonio Segura. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

Antonio Segura. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

Con el fin de “resucitar” su figura, reducida a simple prostituta, Carlota propuso a Fernando Bayona, Cristina Otero, Helena Segura-Torrella, Mónica de Juan, Antonio Segura, Cova Valdueza, Francisco Mas, Jordi Cervera e Intimidad Romero, una reinterpretación actualizada de la santa cristiana. Nueve fotografías que vienen a poner el acento en la sexualidad, el enigma, la pasión y el atractivo de una mujer que cumplió un “papel fundamental en la fundación de la Iglesia católica como institución”.

Carlota Loveart va más allá. En su afán por buscar a la “sucesora de Jesús y no la meretriz de la Iglesia”, la comisaria explica que María Magdalena “es la primera persona que tuvo contacto con el Jesús resucitado y, por tanto, depositaria de la revelación”. Y agrega: “Si se le hubiera dado desde el minuto cero la importancia y el papel que le correspondió, la Iglesia no se hubiera edificado en torno a Pedro, se hubiera hecho en torno a la figura femenina y, por lo tanto, no hablaríamos de Patriarcado en la Iglesia”. Lo cual le lleva a rematar: Sin duda la historia de la Iglesia como institución  hubiera sido otra”.

Jordi Cervera. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

Jordi Cervera. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

María Magdalena, en tanto “apóstol de los apóstoles”, que revela el propio título de la exposición, cumplió con el papel “tan importante” de “reagrupar a los discípulos en la misión de predicar”, amén de ser el discípulo que “se asemeja a su maestro”. Y aquí Carlota cita a Santa Teresa: “Jesús nos ha defendido en la persona de María Magdalena”.

 

Los nueve artistas de la exposición vivieron como un reto apasionante reflejar en su obra tan controvertida figura. El arte y la religión dándose la mano, en ese esfuerzo por ir más allá de lo evidente. Como apunta Carlota, “siempre ha existido una estrecha relación”, desde el Arte Sacro “que busca el ensalzamiento de lo religioso”, a ese otro discurso “más crítico” con “determinados comportamientos de las religiones, donde no siempre se busca el escándalo, pero sí la denuncia”. Tal y como sucede en María Magdalena. Apostol Apostolorum, a través de nueve imágenes y un escrito de Alejandro Palomas que retratan a esa mujer de “atrevido discurso, voz poderosa, insistente y valiente”. MM o más madera en la caldera para la reinterpretación de los textos canónicos.

 

Intimidad Romero. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

Intimidad Romero. Exposición María Magdalena. Imagen cortesía de Kir Royal

MARIA MAGDALENA, POR SUS AUTORES

Fernando Bayona: “La prostitución que evoca la figura de María Magdalena tiene que ver con los deseos más oscuros y profundos del ser humano, y que mediante el intercambio monetario se hacen realidad. Mi obra ‘Circus Christi’ habla del circo, show, merchandising, montado en torno a Jesucristo”.

Antonio Segura: “Para mí fue un reto, que me ha permitido adentrarme en la figura de María Magdalena y conocer a la mujer. En este sentido, pienso que en cada mujer hay una María Magdalena. Una mujer adelantada a su época: un símbolo”.

Mónica de Juan: “Yo siempre la he asociado a la mujer de Jesucristo. He intentado retratar a una mujer de vida alegre, que no prostituta, que disfrutaba de los bienes materiales de la vida. Y, traída a lo contemporáneo, como una mujer sofisticada, instruida y soltera”.

Cristina Otero: “Es una figura misteriosa, que cambió su vida para seguir a Jesús. En mi autorretrato he mezclado lo terrenal de la sangre con lo divino de la cruz. Y, mediante el llanto, he tratado de reflejar su esperanza por la resurrección de Jesús y la desesperación de esa mujer porque una parte de sí misma se ha marchado”.

Helena Segura-Torrella: “La relación entre María y Jesucristo la imagino carnal y espiritual, de mutuo entendimiento. Por eso mezclo lo físico, junto a lo ingrávido de las palomas y del huevo rojo. El César dijo: ‘Creeré la resurrección de Jesús cuando este huevo sea rojo’. Y lo aproveché para incluir ese rojo tan presente en mi obra.

Francisco Mas: “Intenté verlo todo desde mi perspectiva atea, tal y como me lo explicaron en el colegio. Y yo entonces lo asocié al despertar sexual, que iba ligado a las dos Marías juntas, sin darle más vueltas”.

Cova Valdueza: “Pensé en una mujer bella, exótica y muy diferente. Por eso elegí una María Magdalena de color, recreando una atmósfera de lujo y lujuria, y en cuya mirada se pudiera ver un antes y un después. Busqué reproducir una MM de unión, que no te obligara a tomar parte, y que te llevara a quien produjo esa revolución: Jesucristo”.

Jordi Cervera: “Se trata de una figura femenina intoxicada en algunos aspectos por cierta tradición masculina, que al mismo tiempo refleja al ser humano con mucha claridad. Para mi obra pensé en el velo, en esa fina capa de niebla turbia que nos imponemos y nos imponen durante toda nuestra existencia”.

Intimidad Romero: “Caí en la cuenta de que hoy, de estar viva María Magdalena también tendría su perfil en Facebook, así que me dije: ‘yo también puedo ser María Magdalena’. Y acabé por decidirme por la foto más atrevida que jamás he expuesto sobre mí, tal vez como lo hubiera hecho MM sin su ‘Leonardo’”.

 Salva Torres