Teatro en domingo

1789, en un universo paralelo, de Hadi Kurich
Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 11 al 27 de mayo de 2018

¿Qué cosa es el público? ¿El público de qué? O mejor, ¿dónde está cuando no está donde debe?

Llevaba años esperando esperando -sin Godot- que algún espectáculo dramatúrgico me sacara de su estado letárgico. Y mientras esperaba me aburría o me indignaba precisamente por no cejar en esa esperanza. Esperanza en la espera activa, pues. Casi casi basura ha sido todo lo que a uno se le ha venido encima en los teatros a los que he ido acudiendo estos últimos años. No exagero. Basura aplaudida con ímpetu sin duda por un público ignorante por ideologizado o infantilizado. Años acudiendo al teatro, casi cada semana, con la esperanza de que, como en antaño, alguna obra me conmoviera. Alguna. De vez en cuando siquiera. No por una cuestión de innecesaria nostalgia, sino de pragmática necesidad. Cada vez más necesito creer en algo.

Ayer se cambió la dinámica. Tuve la suerte y el privilegio de ver un montaje teatral de primer orden. Como era de esperar, de prever y de suponer no éramos más de 30 personas las que en un domingo por la tarde tuvimos esa suerte y ese privilegio. La obra: ’1789, en un universo paralelo’, de Hadi Kurich.

Escena de '1789, en un universo paralelo', de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

Escena de ’1789, en un universo paralelo’, de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

Pero ¿por qué cree uno que había tan poca gente? Pues por varios motivos, los mismos motivos por los que, ya de entrada, se me hace difícil comprender la existencia de esta obra en los teatros valencianos: NO es una comedia, NO se trata de una compañía valenciana (subvencionada) y por último se trata de una obra exigente en la medida en que pudiendo ser entendida por la universalización del texto, la verdad es que sólo una persona medianamente culta puede disfrutarla en plenitud. Así, pues, obra condenada al fracaso, el fracaso por el que hoy en día se mide todo.

Sin embargo su indudable éxito se encuentra en la obra en sí misma, un prodigio de montaje para un texto milimétricamente preciso. El éxito de esta obra no era probable, pero ya se sabe: hoy en día, en estos tiempos de corrección política y de ideología agresiva, el éxito, cualquier éxito no puede ser otra cosa más que una forma de sofisticado fracaso. Y viceversa: muchos fracasos no pueden ser más que un signo de éxito. Así pues, 1789 un éxito (30 espectadores en domingo). Las cosas excelentes necesitan fracasar en alguna medida para poder ser excelentes. En alguna medida, repito, en alguna medida.

Escena de '1789, en un universo paralelo', de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

Escena de ’1789, en un universo paralelo’, de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

El título ya avisa para que nadie se lleve a engaños. Un título disuasorio -y por tanto valiente- para todos aquellos que no le pongan cara a esa fecha, que son tantos… De hecho mi acompañante no sabía nada acerca de la fecha, ni reconocía los nombres de los personajes ni de lo que supusieron en la historia real. De tal forma que se tuvo que conformar con dejarse llevar por unos diálogos que no le referenciaban ni remitían a hechos concretos del pasado -del que salía este texto ficcional-, pero no por ello dejó de disfrutar por el sentido de universalidad que se desprende de la elaboración de un texto bello y preciso al que se añade la sobriedad de las interpretaciones. ¡Qué raro ya es encontrarse en el teatro algo de inteligente sobriedad!

Un espectáculo… ¡sobrio!, qué extraña paradoja y ¡qué bienvenida!: un espectáculo que utiliza la creatividad escenográfica para generar las sutiles metáforas que le permitirán evitar esa espectacularidad digital que tanto necesitan los ignorantes (al menos cuando no hay risas). Ignorantes, sí, los ignorantes que ha ido generando una Opinión Publicada absolutamente alineada, alienada y cobarde, que dejó de hacer verdadera Crítica de Teatro para que toda obra pudiera tener el mismo éxito merecido.Igualdad: todo es maravilloso y nadie es menos que nadie en el producto artístico. En la era de la corrección política no cabe ya la verdadera Crítica; ya no cabe el derecho al pataleo debido a una suerte del relativismo cultural que se nos ha impuesto por la vía de un buenismo populista; un buenismo cuya principal función es velar por la salud mental de los mediocres. No está hecha la miel para la boca des asno. ¿Éramos 30 personas en el teatro? Pues eso.

Escena de '1789, en un universo paralelo', de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

Escena de ’1789, en un universo paralelo’, de Hadi Kurich. Imagen cortesía del Teatre Rialto.

Alberto Adsuara

¡Cuidado con la revolución!

1789. En un universo paralelo, de Hadi Kurich
Teatre Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 11 al 27 de mayo de 2018

“Vivimos en un mundo donde los líderes de todo tipo han empezado a tener demasiada importancia”. Líderes que, en su mayoría, “(el 90%) son incapaces de llevar incluso su propia casa”. Un liderazgo que empieza a ser “demasiado peligroso” y que a Hadi Kurech, autor de 1789. En un universo paralelo, le da “miedo”. Para poner en solfa esa habilidad de los líderes a la hora de manejar aviesamente el mundo, el autor de origen yugoslavo afincado desde hace 25 años en Vila-real, adonde llegó huyendo del avispero de los Balcanes, se sumerge en la Revolución Francesa derivada a nuestros días.

“No es una obra sobre extranjeros o autóctonos, sino sobre nuestra sociedad occidental”, dijo quien es a su vez director artístico de la compañía elocuentemente llamada Teatro de la Resistencia, fundada en 1993 junto a Ana Kurich y Mima Kuric, su esposa y su madre, respectivamente. De esa sociedad occidental evocada en el espectáculo, reflejo de aquella revolución de finales del XVIII, su autor habló en términos igualmente sospechosos, dado el fuste de sus gobernantes. “Los políticos son inmensamente canallas. Deben de ser muy locos para pensar que pueden arrastrar a millones de personas hacia su causa”.

Escena de '1789. En un universo paralelo'. Imagen cortesía de Teatres.

Escena de ’1789. En un universo paralelo’. Imagen cortesía de Teatres.

De esa causa también habló: “La obra es tragicómica, ya que trágico es que sus líderes acabaran en la guillotina, y cómico por las motivaciones, que no siempre tienen que ver con lo que predicaban”. De hecho, señaló que esas motivaciones suelen ser “oscuras, escondidas o ridículas, creando situaciones burlescas”. Kurich, que se mostró en todo momento escéptico con ese liderazgo desmesurado, apuntó que lo que ocurre “con las guerras y las revoluciones es que en un alto porcentaje se les va de las manos a quienes las fomentan”. Por eso advirtió: “Tenemos una idea romántica de la revolución”.

En 1789, la obra que también protagoniza junto a Héctor Fuster, Alejandra Mandli, Miguel Seguí y la propia Ana Kurich, el pueblo francés queda en un segundo plano a favor de esos líderes cuestionados: “Son los líderes que guían, manipulan, adoctrinan o recurren a la violencia si lo consideran necesario”. Roberto García, director adjunto de Artes Esénicas, planteó la función como enmarcada en “un mundo distópico en el contexto de la Revolución Francesa”, así como el dibujo de “las entrañas podridas del poder y de cierto populismo”, ahora tan de actualidad.

Hadi Kurick (dcha) junto a Roberto García. Imagen cortesía de Teatres.

Hadi Kurick (dcha) junto a Roberto García. Imagen cortesía de Teatres.

Hadi Kurich aclaró que la revolución no estaba de moda en nuestro presente: “Una cosa es que la gente proteste y otra que se utilice esa protesta con fines sangrientos; la gente no está por la labor”. Dijo que había estado en Guinea Ecuatorial, donde sí constató que había pobreza, y que allí “sí pueden salir a la calle a machetazos, pero en España, de qué”. Y aludiendo a la actualidad, dejó caer que quizás por “esos otros motivos” pudiera desencadenarse, pero que desde luego “sería contraproducente”.

¿La revolución en política es un peligro? “Yo prefiero hablar de evolución, porque la revolución suele conllevar sangre”. Incluso en el arte y la cultura, donde sigue viendo evolución frente a tanta ruptura violenta. “En mi obra la guillotina está de por medio, pero la escenografía está basada en el hierro; creo en el reciclaje y la repetición. Jamás he malgastado el dinero”. Y puestos a revolucionar la escena, nada mejor que el actor y la palabra: “Creo en el actor que sale y arriesga”. Actor que Kurich considera, a él sí, un héroe por aquello de salir a escena y tener que enfrentarse “a 500 pares de ojos o los que sean”. “El teatro es igual a actuar. Todo lo demás sobra”, apostilló.

Escena de '1789. En un universo paralelo'. Imagen cortesía de Teatres.

Escena de ’1789. En un universo paralelo’. Imagen cortesía de Teatres.

Así como no cree en los políticos (“entiendo que tengo que tratar con ellos”), sí cree en la política “hecha por la gente de la calle”. “No creo en los grandes estados nacionales”, añadió. Aún así, opina que todo teatro “en su esencia es político”, porque es a través de él como la sociedad puede cambiar. “Toda obra influye en la sociedad, por eso lamento que haya obras estúpidas, porque con ellas la humanidad retrocede”.

Hadi Kurich, que mostró su agradecimiento a Vila-real por haber acogido a su familia cuando abandonó la antigua Yugoslavia (“no he salido de allí porque tengo una deuda con el pueblo”), desgranó 1789. En un mundo paralelo, siempre con la cautela que le provocan “las palabras grandes como revolución, que suelen ser bastante liosas”. Y puestos a ser cautelosos, lo amplía a los líderes: “Controlar a nuestros líderes es lo mínimo que podemos y debemos hacer”. Y concluye: “Estar prevenidos no estaría de más”.

Escena de '1789', de Hadi Kurich. Imagen cortesía de Teatres.

Escena de ’1789′, de Hadi Kurich. Imagen cortesía de Teatres.

Salva Torres

Marat-Sade, teatro de auténtica locura

Marat-Sade, de Atalaya
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Única función: sábado 4 de junio, a las 20.30h

“Es uno de los grandes textos del teatro universal”, dice Ricardo Iniesta, director de Atalaya. Lo cual justifica sobradamente su elección como parte del repertorio de la compañía sevillana. Si a eso le añadimos el hecho de que durante cinco décadas jamás ha llegado a Valencia el Marat-Sade de Peter Weiss, la sola representación en Espai Rambleta el próximo sábado adquiere rango de solemnidad. Algo, sin embargo, ajeno a cuanto ocurre en la obra que describe el choque de caracteres entre el colectivista Marat y el individualista Sade, en el marco de los años posteriores a la Revolución Francesa. Allí donde la solemnidad deja paso a la sordidez.

Pasados más de 200 años desde que Marat fuera asesinado por Charlotte Corday, en el tumultuoso contexto revolucionario, lo cierto es que la obra posee una absoluta actualidad. “Más actual no puede ser, porque se habla de desigualdad, de corrupción, de ir contra los banqueros, los oligarcas, los políticos incompetentes; algo que en Valencia habéis sufrido especialmente”, señala Iniesta. Un espectáculo que dadas las personalidades enfrentadas requería de actores en su madurez. “Es el más difícil que ha afrontado Atalaya y el más extenuante para los actores por su nivel de voltaje, de energía, de compromiso”.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“La obra obliga a los actores a un sobreesfuerzo tremendo”

En este sentido, Iniesta comenta que es “cinco veces” Así que pasen cinco años, la obra con la que Atalaya ha estado en el Teatro Valle Inclán de Madrid, porque “requiere un sobreesfuerzo tremendo”. De ahí la necesidad de “actores muy consolidados”. Se da la coincidencia, además, de que se cumple el centenario del nacimiento de Peter Weiss, lo que termina por convertir Marat-Sade en un espectáculo de “rabiosa” actualidad. Rabia que en el escenario obliga a “darlo todo”.

El título original, con ser largo, resume la acción: La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade, que Weiss acortó a Marat-Sade. Y es que la obra tiene lugar en esa casa de salud mental donde Sade utiliza a internos para representar un hecho de la Revolución Francesa. Teatro dentro del teatro, para poner en escena “el choque entre el individualista exacerbado que es Sade y Marat en tanto representante de las ideas colectivistas que llevaron a la revolución”, explica Iniesta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Más peligroso que el mesianismo es la religión del dinero”

De nuevo, la actualidad. “Esas ideas colectivistas están ahora muy de moda”. Aunque el director de Atalaya subraya que el Marat “más humanista” termina siendo superado por el Sade “cínico, que defiende la destrucción del mundo por el individualismo feroz del hombre”. Hannah Arendt en ‘Sobre la revolución’ dice que “los tiranos se elevan al poder gracias a la ayuda de los pobres o pueblo llano”. ¿Es tan peligroso el mesianismo de ciertos líderes? “Eso es muy peligroso, pero bastante más peligroso son los dictados de la religión y, sobre todo, de la religión del dinero, de aquellos que no quieren que nada cambie”, sostiene Iniesta.

El Marat-Sade que llega a Espai Rambleta viene precedido del éxito cosechado en aquellas ciudades por las que ha ido pasando. “En Barcelona fue toda una catarsis, con el público gritando enfervorizado. Lo mismo que en Málaga, Valladolid…El público la verdad es que ha reaccionado muy cálidamente a nuestra propuesta”. Más que cálidos se muestran los personajes interpretados por Jerónimo Arenal (Marat), Manuel Asensio (Sade), Silvia Garzón (Corday) y Carmen Gallardo (narradora), cuyo papel como maestra de ceremonias “es fundamental” y de quien dice que no se ha llevado el Premio Max “porque no es de Madrid”.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Carlota Corday sería ahora como Marie Le Pen”

De las numerosas versiones de la obra de Peter Weiss, Iniesta dice haber aprendido “por dónde no ir”. Salvo el trabajo de Adolfo Marsillach en 1968, lo que supuso el estreno de Marat-Sade en España, ningún otro le ha aportado algo que no sea para perfilar a su manera los personajes. “A Carlota Corday la he visto en general muy ñoña, cuando era una tipeja peligrosa y llena de fuerza”. Por situarla en la actualidad, sería una mujer “en la extrema derecha, como Marie Le Pen”. Y añade: “Una mujer de los girondinos que defendía postulados reaccionarios y que quería cargarse la revolución”. De ahí el asesinato de Marat, que en pintura inmortalizara Jacques-Louis David.

De Sade tampoco ha encontrado Iniesta en otras obras el personaje que buscaba. Al final ha sido su propia investigación y búsqueda, mediante más de 100 ensayos, las que han ido decantando al maestro del sadomasoquismo. “Quien ha representado la locura y el sadismo no puede aparecer como un gran orador refinado”. El coro o cuarto estado es otro de los protagonistas indiscutibles del Marat-Sade de Atalaya. “El primer estado es la aristocracia, el segundo, la religión, el tercero, la burguesía, y el cuarto, el pueblo”, que viene a “equilibrar la balanza entre Marat y Sade”, explica el director.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“Sade termina comiéndose a Marat”

Siendo Peter Weiss, a juicio de Iniesta, “partidario de las ideas de Marat, con el tiempo se fue radicalizando, al contrario de lo que sucede con la gente que se va haciendo mayor”. De manera que la “fuerza de Sade termina comiéndose a Marat, más apocado”. El individualista extremo aplastando al humanista moderado, en lo que bien pudiera constituir otra lección de vigente actualidad. “Esa idea de apocalipsis está sin duda sugerida”. E Iniesta cita ‘La estética de la resistencia’, en la que Peter Weiss revisita Marat-Sade para establecer esa relectura de su propia obra.

“La pobreza, no la carencia, es abyecta porque coloca a los hombres bajo el imperio absoluto de los cuerpos, de la necesidad”, recoge Arendt. Y los cuerpos están muy presentes en la obra de Atalaya. Cuerpos a punto de ser embalsamados, envueltos en mortajas. “Las grandes telas blancas que forman parte del tejido escénico dan esa idea de sábanas, mortajas, telones, columnas, que aluden a lo que sucede en los baños del hospital de Charenton”. Un teatro de locura en tiempos de revolución que alcanza a nuestros días. Todo ello en Espai Rambleta en una sola función que puede ser memorable. Como memorables son Marat y Sade en un pulso plenamente actual. Rabiosamente actual.

Ver la noticia en ARTS de El Mundo Comunidad Valenciana

Escena de Marat-Sade, de Atalaya.

Escena de Marat-Sade, de Ricardo Iniesta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Salva Torres

Donde habita el olvido

No es cierto que el poder corrompa. El poder, sencillamente, produce amnesia. Del mismo modo que la melancolía, hoy tipificada como depresión, fue una enfermedad corriente a  finales del siglo XIX, la no menos dañina amnesia política, o el olvido sistemático del que ciertos políticos hacen gala  será, con seguridad, una de las patologías características de finales del siglo XX y comienzos de éste. Un olvido selectivo y una falta de pigmentación sanguínea, que impide el rubor en situaciones vergonzantes, en las que un ciudadano normal parecería un crustáceo cocido, son los síntomas más evidentes de esta dolencia. Bajo esta óptica, por tanto, podemos comprender no solamente el sistemático incumplimiento de programas electorales por parte de los dos partidos que se alternan en el poder, sino las recientes declaraciones de Felipe Garín, director del Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, el pasado 24 de junio en este mismo medio, las cuales son el motivo por el que se escribe este artículo.

Pero vayamos por partes. Sería terriblemente indecoroso señalar con un dedo acusatorio a cualquier persona cuyas acciones, palabras o sentimientos son producto de una enfermedad. Por no mencionar que olvidos, sean pequeños o grandes, tenemos todos: ¿quién no se ha visto nunca en la situación de apelar al donde dije digo, digo Diego? Sin embargo, lo que sí se puede hacer es argumentar y razonar, lo cual, si el sentido común imperara en las instituciones culturales  valencianas, tendría que ser la constante dentro del marco de una democracia plena y saludable, pero como ya se ha dicho en alguna otra ocasión recientemente, tenemos la cultura que tenemos (sic), y punto. Y si dicen las malas lenguas que falta comunicación entre las instituciones valencianas y los profesionales del sector del arte, habrá que hacer oídos sordos porque en realidad no hace falta, y es que ya hay una comisión científico-técnica que lo resuelve todo. Para mí, particularmente, el mero hecho de calificar de científica a una comisión encargada de dar el visto bueno a las exposiciones del Consorcio podría aparecer en una antología del dislate, pero nos estamos desviando del tema. El tema es que a estas alturas la comisión científico-técnica todavía no le ha explicado a don Felipe Garín cual es la diferencia entre pagar la producción de una pieza y ponerle un marco, y de que no hay argumento científico que sostenga que el único profesional que no debe cobrar por trabajar en un proyecto expositivo es el artista, como de hecho sucede, de modo que al parecer no sólo no hay comunicación entre el Consorcio y los profesionales del arte, sino que ni tan siquiera hay comunicación entre los propios integrantes de tan magna institución. A ver si un día de estos le explican que en la producción van incluidos todo tipo de gastos, honorarios del artista incluidos.

Porque el artista, y este es otro tema, no es exactamente un trabajador (sic). Al artista las obras le crecen en el estudio por generación espontánea. No son fruto de años de estudio y dedicación, las más de las veces pasando por la Universidad, y el alquiler del taller, los materiales frecuentemente costosos y las horas de trabajo físico y mental son pequeñas bagatelas que corren a cuenta de esa tía ricachona que cualquier artista que se precie tiene a la vuelta de la esquina, encantada de resucitar la antigua costumbre del mecenazgo. De modo que si cede para una exposición alguna de esas obrillas de poca monta que nada le han costado de realizar, pues que no se le suba el ego a la parra que todavía no ha llegado a la categoría de pintor normal. Los cuales habrá que suponer que son los que pintan las paredes de blanco, es decir, los auténticos profesionales.

Esto viene a cuento de que todavía recuerdo la alegría, no exenta de cierto escepticismo, con la que Nacho París, el anterior presidente de AVVAC, tras una reunión con Felipe Garín hará ya más de año y medio, nos transmitió a algunas personas la firme convicción que había mostrado el director del Consorcio respecto a la obvia obligación moral del pago a los artistas en las exposiciones, ejemplificando que a él mismo, tras dar una conferencia, le habían pagado con un libro, a lo que él se había preguntado dónde estaba el libro para pagar al electricista que fuera a su casa. Pero ya se sabe la epidemia que está asolando la política, haciendo estragos en los más inopinados recuerdos de nuestros dirigentes. Algunos de ellos olvidan incluso que su labor consiste en servir a la ciudadanía, y hay que recordarles que la tarea principal del Consorcio de Museos consiste en promover una política museística sostenible y de calidad, que para eso cuentan con un presupuesto de más de dos millones de euros, como se dijo en una rueda de prensa a principios de año. Por tanto, sostenible significa que apoyan y enriquecen el tejido cultural de la región, pagando a los profesionales por su trabajo y ofreciendo una programación expositiva de calidad, que es la única forma de que ese dinero público, de todos los ciudadanos, revierta en la sociedad.  Puesto que si priorizan la financiación privada de las exposiciones y no pagan a los artistas, la gran pregunta que a todos nos gustaría que nos respondieran es a qué pesebres van a parar tantos dineros, y en qué medida ese reparto beneficia a nuestra sociedad. Puesto que con unos presupuestos tan jugosos, y unos resultados tan magros, resulta como mínimo chocante la comparativa con el EACC de Castellón, el cual ha mantenido una política expositiva con unos estándares de calidad muy superiores a la del Consorcio, con una quinta parte de ese dinero y pagando a los artistas, por supuesto. Por no hablar de las maravillas que harían con ese mismo dinero al norte de los Pirineos.

Por otro lado, tengo que aclarar que jamás he puesto en duda la caballerosidad y gentileza, de la que puedo dar fe, de don Felipe Garín: con lo que tengo problemas es con su memoria. Es por eso que creo oportuno repetir, una vez más,  este tema hace tiempo superado, y es que el hecho de que los artistas cobren por su trabajo ya no es un tema de debate. Trabajar y no cobrar tiene un nombre, y es algo que, tras la Revolución francesa y la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se abolió, en Francia, en 1794, y no hay mucho más que decir al respecto. Quizás tan sólo haya que recordarlo.

Ernesto Casero es artista y miembro de la junta directiva de AVVAC

 

“El arte se ha disuelto en la sociedad”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Alberto Adsuara y Carlos Romero, responsables de Visual Talent
Entrevistados por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Ellos lo tienen claro. Bueno, no tanto. Tienen claro que el arte ya no es lo que era desde la eclosión de las nuevas tecnologías. Pero no saben hacia dónde va ese arte ‘liquidado’ por el avance del turbulento caudal de las redes sociales. Por eso han convocado un concurso de caza talentos que permita dibujar ese nuevo panorama del arte contemporáneo. Se llama Visual Talent, va dirigido a jóvenes de entre 18 y 25 años y tiene formato de reality show. Sus artífices son Alberto Adsuara y Carlos Romero, encabezando un equipo de seis personas pertenecientes a la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia.

Alberto Adsuara, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Alberto Adsuara, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

El plazo de inscripción on line termina el 15 de junio y, de momento, ya cuentan con 777 obras presentadas. Obras fotográficas, pintura, diseño, video y, sobre todo, ilustraciones del talento 360º buscado. De todas esas obras, pertenecientes a unos 500 jóvenes, saldrán los 50 seleccionados que pasarán a la segunda fase. Hospedados en el Colegio Mayor Rector Peset, deberán superar una “prueba espectacular” en el cauce del Turia, próximo al Museo de Bellas Artes San Pío V, los días 19 y 20 de julio. “Se les dará pintura negra para que pinten en grupo un gran lienzo, lo cual nos permitirá evaluar sus dotes artísticas, quién manda o quién es más propenso a obedecer, todo ello filmado con dos cámaras”.

Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Queremos hacer un reality espectacular, pero serio”

“No queremos que el reality show se nos escape por el lado de la carnaza; queremos un reality espectacular, divertido, pero serio, de corte universitario”, destaca Adsuara. Los 10 elegidos, tras la prueba del lienzo, deberán luego superar otras cinco pruebas secretas, entre las que figura la programada por el artista fallero Manolo Martín. “Hará diez monolitos o tótems que los alumnos deberán manipular. Finalmente indultaremos uno, que irá a la exposición prevista en Las Naves, mientras las nueve restantes esculturas serán quemadas probablemente en el Puerto de Valencia, el sábado 26 de julio”. De ahí saldrán los tres ganadores premiados con una beca de estudios para Diseño Gráfico 2.0 y Bellas Artes en ESAT, valorada cada una en 20.000€.

Alberto Adsuara (izquierda) y Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Alberto Adsuara (izquierda) y Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Visual Talent nos dirá por dónde van los tiros del arte actual”

“Yo estoy convencido de que el arte está en otro lugar, del que todavía no sabemos nada”. Alberto Adsuara lo dice para situar el objetivo de Visual Talent, que además de buscar a esos jóvenes talentos artísticos en la era de Internet y las redes sociales, pretende extraer conclusiones acerca del advenimiento de ese otro arte. “Visual Talent nos dirá por dónde van los tiros del arte contemporáneo”. Porque Adsuara remarca que “el arte se ha disuelto en la sociedad”, y que los jóvenes “no quieren saber nada de objetos físicos”. De ahí a considerar obsoleto el papel de las galerías y museos no hay más que un leve paso.

Alberto Adsuara (izda) y Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Alberto Adsuara (izda) y Carlos Romero, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Somos de guión lineal, pero los jóvenes son multimedia”

“El arte de autor ha muerto; ahora se busca el arte versátil de una persona capaz de hacer ilustración, capaz de hacer cine, de pintar un cuadro o de hacer pintura mural”, señala Carlos Romero. “Nosotros somos de guión lineal, pero los jóvenes son de guión multimedia, capaces de relacionarlo todo a la vez y hacerlo incluso bien, con sus pros y sus contras”, añade Romero, para quien incluso el espectador ha cambiado: “Ahora participa, se mete dentro de la obra, incluso la manipula y transforma, y esto no se concibe sin la tecnología de por medio”.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont, Alberto Adsuara y Carlos Romero, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont, Alberto Adsuara y Carlos Romero, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“El siglo XXI tiene una deuda con la ilustración”

Esa transformación del arte tiene como paradoja la vuelta, tras un siglo XX de inclinación vanguardista, de cierta figuración. Eso es al menos lo que apuntan Adsuara y Romero. “Hemos observado que hay miles y miles de jóvenes a los que les está gustando la figuración, porque entienden el arte como una necesidad vital que encuentra en la figuración el medio expresivo ideal”. Y Adsuara concluye: “Esa necesidad de figuración habría que analizarla bien”.

“El siglo XXI”, explica Romero, “tiene una deuda educacionalmente hablando con la ilustración, que ha sido menospreciada al más alto nivel de las Bellas Artes”. Y salen a relucir las Fallas, que “son grotescas y son ilustraciones grandes”. De ahí que se puedan “amar las Fallas, pero no el concepto al que estamos acostumbrados desde hace años”, subraya Adsuara. Esa mezcla de figuración y nuevas tecnologías es lo que les permite hablar de nuevo Renacimiento: talento 360º capaz de dominar las diversas herramientas del universo informático.

De izda a dcha., Salva Torres, Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont, Alberto Adsuara y Carlos Romero en los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

De izda a dcha., Salva Torres, Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont, Alberto Adsuara y Carlos Romero en los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

“Los jóvenes sienten aversión total por el objeto”

“Los alumnos ya no quieren ser artistas, no quieren exponer, eso ya se ha acabado. Lo que quieren ahora es hacer cosas que se disuelven en la sociedad a través de las redes, a través de Internet; hacer un producto artístico que nada tiene que ver con lo señalado por la institución”. Y Adsuara cita el caso de Jonan Perrea, el joven que ha revolucionado youtube con sus historias cotidianas, “montadas de maravilla, con sus carátulas y su música sorprendente, volviendo locas a sus niñas seguidoras e incluso seguidores gays”. También señala el caso de Tracey Emin, cuya instalación de una cama con condones comprada por el gran coleccionista Charles Saatchi será subastada en Christie’s por debajo de su histriónico valor.

“Ya no hay arte en el sentido histórico de Hegel, de la Revolución Francesa, de los 250 últimos años: eso se ha acabado”. Para Adsuara, “no es cuestión de despreciar el objeto”, pero entiende que los jóvenes nómadas actuales sientan “aversión total” por ese objeto “acumulador de polvo”, que ya “han dejado de almacenar como lo hicimos nosotros”. Visual Talent es el concurso encargado de captar jóvenes talentos que den ese giro de 360º a la periclitada concepción del arte contemporáneo.  Alberto Adsuara y Carlos Romero reconocen estar asustados, al tiempo que ilusionados, ante semejante reto. No es para menos.

Alberto Adsuara (izquierda) y Carlos Romero, director de producción y coordinador, respectivamente, de Visual Talent, en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Alberto Adsuara (izquierda) y Carlos Romero, director de producción y coordinador, respectivamente, de Visual Talent, en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

TV levante, video concurso visualtalent from Makma on Vimeo.

Salva Torres

Revolución! “Un grito contra la resignación”

Revolución!, de Chema Cardeña
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Estreno: jueves 10 de octubre
Hasta el 10 de noviembre

“You say you want a revolution / We all want to change the world / But when you talk about destruction / Don’t you know that you can count me out” (Dices que quieres la revolución / Todos nosotros queremos cambiar el mundo / Pero cuando hablas de destrucción / Sabes que no puedes contar conmigo) (Revolution, The Beatles).

En ésas estamos. Queremos la revolución, sin duda cansados del injusto tratamiento adoptado tras la crisis económica por las clases dirigentes. La queremos para cambiar el rumbo errático al que nos conducen las torpes medidas gubernamentales. Pero nos preguntamos, con Michel Foucault, “no sólo si la revolución es posible, sino también si es deseable”. Deseable tras comprobar, igualmente, los efectos indeseados de tan explosivas revoluciones pasadas. 

Actores de Revolución! presentando el espectáculo en la Plaza San Valero de Russafa.

Actores de Revolución! presentando el espectáculo en la Plaza San Valero de Russafa.

Aprovechando el arranque de la tercera temporada teatral de la Sala Russafa, precisamente con el espectáculo Revolución!, dirigido por Chema Cardeña y coproducido por la propia sala y Arden, los actores salieron a la calle para presentarla antes de su estreno y, de paso, avivar el debate. “Es un grito contra la resignación”, afirma Cardeña. Un grito que viene a recordar algo fundamental: “El poder pertenece al pueblo y eso es algo que se nos olvida”. Como se nos olvida, subraya Cardeña, la Declaración de los Derechos del Hombre, cuya toma de conciencia figura también entre los propósitos de Revolución!

Actores de Revolución! durante la presentación del espectáculo en la Plaza San Valero de Russafa.

Actores de Revolución! durante la presentación del espectáculo en la Plaza San Valero de Russafa.

Un total de 18 intérpretes, entre actores y músicos, participan en la obra que hasta el 10 de noviembre permanecerá en la Sala Russafa. Actores que recrearán la Revolución Francesa y músicos que, mediante temas de Pink Floyd, David Bowie, Queen, Sex Pistols o el citado Revolution de The Beatles, darán el toque atemporal a una comedia que, tratando la convulsión vivida a finales del XVIII, no deja de reflejar el malestar popular que se vive hoy en día. “Quizá sería poco realista decir que estamos igual que en los días previos a la toma de la Bastilla, pero, medio en broma medio en serio, más de uno habla de volver a instaurar la guillotina”, explica Chema Cardeña.

María Antonieta (Rosa López), durante un momento de la presentación de Revolución! en la plaza San Valero de Russafa.

María Antonieta (Rosa López), durante un momento de la presentación de Revolución! en la plaza San Valero de Russafa.

Durante la presentación por las calles de Russafa, los actores de Revolución! ya lanzaron duros reproches a María Antonieta, interpretada por una Rosa López que devolvía impasible cada una de las críticas sentada en la terraza de un café de la Plaza San Valero. El pueblo, guillotina en mano, contra la Monarquía. En la Sala Russafa rodará la cabeza de María Antonieta, sembrando de terror lo que pretendía ser la causa por la libertad. “Fue el momento en que la Revolución se desintegró en la guerra, en la guerra civil en el interior y en las guerras extranjeras en el exterior, con lo cual el poder del pueblo, recientemente conquistado pero nunca debidamente consolidado, se deshizo en un caos de violencia”, tal y como recoge Hannah Arendt en su libro Sobre la revolución.

Actores de Revolución! durante la presentación del espectáculo en la plaza San Valero de Russafa.

Actores de Revolución! durante la presentación del espectáculo en la plaza San Valero de Russafa.

La propuesta escénica de Sala Russafa y Arden pretende precisamente eso: combinar comedia y reflexión, historia y música, ebullición pasada traída al presente más inmediato para que sopesemos los pros y contras de una revolución que conmueve. Como conmueve la voluntad de los responsables de Sala Russafa, Chema Cardeña, Juan Carlos Garés, David Campillos y Mª Ángeles Marchirant por sacar adelante propuestas culturales en tiempos tan aciagos. Pero ahí está no sólo Revolución!, con la que arrancan, sino las interesantes TV & Miseria de la II Transición, de Carmen Portaceli (5-8 de diciembre), la multipremiada Juana, la reina que no quiso reinar, de la compañía andaluza Histrión (22-24 de noviembre), o las valencianas Quijote, de Bambalina (14-17 de noviembre), Desalmados, de Ananda Dansa (28 de noviembre al 1 de diciembre) y Las rameras de Shakespeare, de Arden (19 de diciembre al 6 de enero). También habrá programación infantil, conciertos, presentaciones de libros y colaboración con festivales. ¡Viva la revolución teatral de Sala Russafa!

Un momento de la obra Revolución! Imagen cortesía de Sala Russafa

Un momento de la obra Revolución! Imagen cortesía de Sala Russafa

Salva Torres

Valerio Adami en Rosalía Sender

Valerio Adami
Galería Rosalía Sender
C/ Mar, 19. Valencia
Hasta el 26 de octubre

Valerio Adami nació en Bolonia en 1935, pero se trasladó con su familia a Milán, donde transcurrieron los primeros años de su vida. En Roma tuvo oportunidad de admirar, desde muy joven, a los maestros del arte antiguo y en Venecia conoció la vanguardia, quedando impresionado por artistas como Oscar Kokoschka. A los 20 años conoció en París al poeta Edouard Glissant, que le descubrió la pintura de Matta y Wifredo Lam. En 1958, durante su primer viaje a Londres, entró en contacto con la joven vanguardia inglesa (Bacon, R. Hamilton).

Ha vivido en distintas ciudades de Europa y América: París, México (con sus amigos Octavio Paz o Carlos Fuentes), Ostende, Caracas, Japón, Londres (frecuentando a Graham Sutherland, Jim Dine, Richard Hamilton), Nueva York, Cuba, Mónaco. En 1976 hace su primer viaje a la India, país al que volverá con frecuencia y en el que pasará largas temporadas. En alguna de las ciudades que frecuenta (París, Montecarlo, Arona) ha llegado a instalar talleres en los que realiza parte de sus obras.

'Desnudo', obra de Valerio Adami. Imagen cortesía de Rosalía Sender

‘Desnudo’, obra de Valerio Adami. Imagen cortesía de Rosalía Sender

También ha expuesto sus obras en algunas de las más importantes galerías del mundo: en Milán, Roma, Bremen, Boston, Picadilly Gallery de Londres, Ginebra, Maeght de París, Maeght de Zurich, Bonn, Düsseldorf, Maeght de Barcelona, Copenhague, Fuji Television Gallery de Tokyo, Marisa del Re Gallery de Nueva York, Madrid, Aix-en-Provence, Amsterdam, Oslo, Helsinki, Turku, Malmö, Lelong de París, Bolonia, Montreal, Chicago, Valencia, Metz, Spoleto, Ravensburg, Munich, Verona, Forsblon de Helsinki, Marlborough de Mónaco y Marlborough de Nueva York.

Ha realizado igualmente diversos encargos institucionales y privados, como las pinturas monumentales de la Estación de Austerlitz en París (1987), el retrato de Pierre Boulez por encargo del Estado Francés (1988), las pinturas del Bicentenario de la Revolución Francesa (1989) o los grandes murales para el Park Hyatt Hotel de Tokyo (1992).

En el 2000 creó la Fundación Europea del Diseño, con sede en Meina, en el Lago Mayor, que organiza importantes muestras, como la exposición histórica sobre dibujo que pudo verse en la Sala de la Muralla del IVAM en 2002. Sus lienzos forman parte de las principales colecciones y museos del mundo. La exposición de la galería Rosalía Sender, que permanecerá hasta el 26 de octubre, consta de 20 obras originales, litografías y grabados de pequeño y mediano formato, fechadas entre 2000 y 2007.

Obra de Valerio Adami. Galería Rosalía Sender

Obra de Valerio Adami. Galería Rosalía Sender