Las Animaladas de Mar Villar

Animaladas, de Mar Villar
Estudio 64
Benicolet, 2, plaza de Benimaclet. Valencia
Del 18 de enero al 20 de febrero de 2019

El segundo domingo del pasado 2018 comenzó Mar Villar, sin casi darse cuenta, con este proyecto al que ha titulado ‘Animaladas’. El proyecto nació sin el objetivo de ser un proyecto, sin una idea fija y sin saber en lo que se iría convirtiendo. Un domingo decidió elegir un animal y dos colores de lápiz, y con estas limitaciones, realizar diferentes propuestas gráficas de animales.

Al domingo siguiente Mar volvió a realizar el mismo proceso, y al otro también, y al otro, y al otro, y al otro… y así surgió un método de entrenamiento para desarrollar personajes, un proceso de trabajo, una manera de dar forma a imágenes, expresiones y acciones en los cuadernos de trabajo cada fin de semana, una simbiosis entre el placer de dibujar sin objetivos, la tranquilidad de los domingos, el tiempo sin límite y el disfrute sin más necesidades ni búsquedas que el propio disfrute.

Ilustración de Mar Villar. Imagen cortesía de Estudio 64.

Ilustración de Mar Villar. Imagen cortesía de Estudio 64.

Mar Villar estuvo casi un año repitiendo este proceso y subiendo cada domingo la nueva propuesta a Instagram, reuniendo todos los animales bajo el hashtag #animalicosdedomingo. En 2019 llega el proyecto en forma de exposición a la galería de Estudio 64, muestra en la cual, Mar Villar, nos muestra parte de este proceso, los resultados físicos, en papel, para poder verlos en directo, de cerca y en su conjunto. Un semillero cuajado de personajes que quizá algún día den vida a historias, cuentos o relatos.

Mar Villar es ilustradora licenciada en Bellas Artes, que después de sus estudios se mudó a Madrid con la idea de mostrar el portfolio. Desde entonces ha trabajado principalmente para el mundo editorial, sobre todo para libro de texto y libros infantiles. Entre sus clientes están Santillana, SM, Bloomsbury Books, Macmillan Education, Edelvives, Loqueleo, INJUVE, Nubeocho… Actualmente vive en Valencia.

En 2009 obtuvo un áccesit en los Premios INJUVE para la creación gráfica, modalidad cómic e ilustración. El pasado 2018 fue seleccionada para el 9º Catálogo Iberoamérica Ilustra (Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México), y para la exposición ‘Babalunga i Kamolongos’, dentro del Festival Baba Kamo (Valencia).

Obra de Mar Villar. Imagen cortesía de Estudio 64.

Obra de Mar Villar. Imagen cortesía de Estudio 64.

Generación Bibliocafé ‘re-cuenta’ a Blasco

150 aniversario del nacimiento de Blasco Ibáñez
‘Reescribiendo a Blasco’, de Generación Bibliocafé
Wayco
C / Gobernador Viejo, 29. Valencia
Viernes 26 de enero de 2018

A lo largo de su vida Blasco Ibáñez recibió un sinfín de homenajes y honores que culminaron en su multitudinario sepelio en Valencia, además de llegar a ser un hombre acaudalado. Excepto algunos fracasos puntuales como su fallido proyecto argentino, su trayectoria fue la del triunfador por antonomasia que destacó en múltiples facetas desde la política y el periodismo a la literatura y el amor. Sin embargo, tras su muerte la potente luz que irradiaba se fue debilitando y su figura quedó postergada en un puesto secundario en la historia de las letras.

Su 150 centenario celebrado el pasado año con la publicación de una serie de libros y varios eventos ha intentado sin mucho éxito revertir esa injusta situación. Pese al fervor que despertaba en las clases populares, Blasco nunca fue profeta en su tierra y la envidia que suscitaron sus éxitos en sus colegas de la pluma le pasaron factura. Masón, anticlerical y fiel a los ideales republicanos, despertó suspicacias tanto en los partidos de derechas como en los de izquierdas que condenaban su estilo de vida burgués. En los actuales libros de texto su presencia es anecdótica, casi insignificante y el centenario de su best seller,  Los cuatro jinetes del Apocalípsis pasó sin pena ni gloria.

Portada del libro

Portada del libro ‘Reescribiendo a Blasco Ibáñez’, de Generación Bibliocafé.

Pero los lectores de a pie de calle no olvida su memoria y así un grupo de escritores y jóvenes estudiantes de diseño se confabularon para, sin ningún apoyo institucional brindar su espontáneo homenaje al gran autor. El resultado es ‘Reescribiendo a Blasco’, una colección de 16 relatos y 17 ilustraciones en torno a su vida y obra que se presentará el 26 de enero en Wayco, en la calle Gobernador Viejo, 29. Los textos son obra de los miembros de Generación Bibliocafé y, aunque el tema era libre, curiosamente la mayoría se centraron en la faceta amorosa de Blasco en atención a su fama de mujeriego y su gran pasión por Elena de Ortúzar y Bulnes.

Las imágenes las ha aportado un grupo de alumnos de la asignatura Profesionalización y empleo en la ilustración y diseño gráfico, a cargo de la profesora de BBAA de la Universidad Politécnica, Victoria Cano. Entre los 20 proyectos presentados se eligieron 16 más el que por su originalidad se destinó a la portada, obra de Aarón Gabino.

El libro se cierra con El retrato del historiador José Antonio Vidal Castaño, autor de varios estudios sobre los maquis y la guerra civil española, que se pone en la piel de una nonagenaria Elena de Ortúzar y Bulnes para evocar una apasionada historia de amor. Blasco eludió muchos peligros incluso una bala que pudo acabar con su vida en un duelo, “pero nunca supo nunca escapar del atractivo fatal de las mujeres”, dice Vidal Castaño,  “o mejor de ciertas mujeres y en particular de Elena de Ortúzar, la bella y enigmática hispano-chilena que pintara su fraternal compadre Joaquín Sorolla.

 

Sin dejar de eludir sus responsabilidades conyugales o, eso creía —siendo lo contrario— flirteó o coqueteó con algunas de las más deslumbrantes damas de su época. Pero lo de Elena fue distinto: una relación desbordante, compleja, adictiva, sujeta y sujetada a la vida de una mujer que buscaba y defendía un espacio propio. Una historia interminable, la de Vicente y Elena, de la que él no llegaría a escapar con vida. De eso va mi homenaje al escritor. De realidad y fantasía mezcladas, de historia y ficción revueltas como la literatura requiere”.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Alicia Muñoz Alabau también se ha transformado en otra mujer, en su caso en uno de los personajes de Flor de mayo, que en un monólogo interior titulado La Dolores recrea sus tribulaciones. “Elegí esta novela que narra la dura existencia de las familias que se dedicaban a la pesca por motivos personales ya que mi abuelo navegaba en uno de esos barcos y mi abuela, mi madre y mis tías se dedicaban a la venta de pescado”, cuenta Muñoz Alabau.  “Así que mi homenaje a Blasco Ibáñez lo es también a mi familia materna”.

La obra maldita de Benjamín Blanch plantea un inquietante paralelismo entre pasado y presente en torno a una pieza teatral de Blasco, El juez que él mismo retiró de la circulación al coincidir su estreno con la muerte de su madre Ramona. “Desde el punto de vista literario lo que más admiro de Blasco son sus  novelas de ambiente valenciano por la magnífica recreación de personajes, escenarios y ambiente de la sociedad valenciana de su época, que nos permite conocer y respetar nuestro pasado reciente”, dice Blanch. “También su capacidad de convocatoria y agitación del pueblo. La transmisión no solo escrita, sino oral, de los valores republicanos pisando los barrios y pueblos, la cercanía con la gente llana”.

Vidal Castaño también prefiere al Blasco Ibáñez  más próximo, narrador de personajes y tensiones familiares, de paisajes y ambientes cercanos al lugar que le vio nacer. “Fue un cuentista genial, tan bueno como Gógol o Maupassant, salvando las diferencias. Sus relatos cortos son expresión de su capacidad para la síntesis y retrato social de formas arcaicas de convivencia teñidas de violencia. El melodrama impregna su naturalismo para formar una amalgama, un estilo con matices impresionistas moteados de barroquismo nativo. Lo mejor de su escritura está ya en sus Cuentos valencianos y en los relatos de La condenada y otros cuentos. Su costumbrismo es un tanto engañoso, los tipos y situaciones corrientes son tratados como universales. Sus novelas valencianas, con sus derramas pasionales como: Cañas y barro, Entre naranjos, La barraca, Flor de mayo o Arroz y tartana refuerzan esa dirección.

Muñoz Alabau destaca la labor que su literatura realiza como crónica social. “Sus obras más costumbristas están impregnadas de un sentido de denuncia, además de reflejar fielmente cómo vivían sus contemporáneos en distintos ámbitos económicos y sociales. Se adentra en los recovecos de las vidas de los personajes y dibuja un panorama exterior e interior de los mismos tan creíble que rezuma estilo cinematográfico”.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

«El valenciano ha estado en las catacumbas»

Entre dones, de Raquel Ricart
Editorial Balandra

Cada escritor tiene su propia evolución y recorrido que viene a ser como una huella digital que lo identifica. Unos triunfan en la juventud con una obra que da mucho que hablar y luego desaparecen del mapa. Otros no alcanzan la notoriedad hasta edad avanzada o incluso después de su muerte. La trayectoria de Raquel Ricart es canónica, casi de manual. Un ascenso suave pero constante jalonado de premios cada vez más significativos. El último, El lector de L’Odissea, prestigioso galardón literario sin parangón en España lo recibió el pasado año por su obra El temps de cada cosa (RBA-La Magrana).

Ricart nació en Bétera, en 1962, en un ambiente teatral y con  el amor a las letras fluyendo en la sangre. Sus padres se conocieron y enamoraron en el teatro de aficionados y su hermano, Pep Ricart, es actor profesional. Bajo ese influjo escribió Ferrabràs, una obra dramática que combina intérpretes humanos con títeres que montó la compañía Bambalina Titelles. Tras esa incursión dramática y en sucesión de continuidad, una novela negra inspirada en su ambiente profesional, trabaja en CCOO del País Valencià, titulada Un mort al Sindicat y varios títulos infantiles: Van ploure estrelles, El quadern d’Angela y En les mars perdudes.

El temps de cada cosa, de Raquel Ricart.

El temps de cada cosa, de Raquel Ricart.

En 2010 alcanzó la consagración con Les ratlles de la vida (3i4), historia de tres generaciones ambientada en un pueblo imaginario, que cosechó varios premios: el Andròmina, el de la Crítica dels Escriptors Valencians y el de creació literària de l’Institut Interuniversitari de Filologia de la Universitat de València.

También ha escrito una novela de ciencia ficción, El ciutadà perfecte y participado en proyectos pedagógicos de la Fundació Bromera, Llegir en valencià. Su último trabajo ha sido coordinar una colección de diez relatos Entre dones, publicado esta primavera por Balandra que las autoras se presentaron el 4 de setiembre en Barcelona. La primera recopilación de relatos compuesta íntegramente por autoras valencianas pone de manifiesto que las narradoras han aumentado en número y peso literario.

Una decena de escritoras unidas por una premisa: concebir un relato que hablara de las relaciones entre mujeres. El epílogo es de María Lacueva filóloga que ha dedicado su tesis a estudiar las escritoras valencianas de postguerra. A partir de un conjunto de protagonistas femeninas, historias de madres, hijas, hermanas, colegas  y amigas, se agrupa un conjunto interesante de relatos de contenido y  estilos muy diversos.

Dentro de su versatilidad y variedad de géneros que practica Ricart se mantiene fiel a los dos ejes de coordenadas que son su marca de fábrica: el valenciano y su propio estilo que ha consolidado a lo largo de su carrera literaria. “Escribo en valenciano porque es mi lengua materna, con la que pienso, siento y me expreso mejor”, dice. “Es una decisión que se toma a la vez con la cabeza y el corazón, un forma de dignificar mi cultura y mi conciencia”.

Es consciente que escribir en valenciano limita el número potencial de lectores, pero también tiene algunas ventajas, pues “al haber menos autores resulta más fácil llegar a las editoriales”. Aunque lamenta la falta de ósmosis entre los sellos en castellano y catalán. De hecho, sólo un par de sus libros han sido traducidos: uno al castellano y otro al gallego.

Paso a paso, peldaño a peldaño,  Ricart ascendió a la cima con El temps de cada cosa, hasta ahora su obra cumbre un reflexión intimista sobre las relaciones paternofiliales. Tomás Bel, un profesor universitario reconoce entre sus alumnos un rostro que le resulta familiar y en ese momento sufre un infarto. Guillem atropella a un niño y se da a la fuga, y en un tercer vértice, la anciana María cierra el triángulo de una novela coral de compleja estructura que se desarrolla a lo largo de varias épocas en Valencia, Estados Unidos y otros lugares.

Entre dones, recopilación de Raquel Ricart.

Entre dones, recopilación de Raquel Ricart.

Los miembros del jurado que le otorgó el Lector de l’Odissea, formado por un grupo de lectores que organizan y financian este premio singular, la han comparado con Lezama Lima y destacan que El temps de cada cosa es “una novela escrita en voz alta, que induce al lector a un estado hipnótico y logra convertir lo concreto en colectivo”. También valoran el punto experimental de un lenguaje “que sorprende y atrapa”.

La propia Ricart define su estilo como “hondo y profundo”. Dice que al narrar “su principal objetivo es llegar al corazón”.  Para eso hay que darle muchas vueltas a la cabeza, planificar con detalle la estructura y dosificar la intriga. Pero no es de los autores que dedican varios meses a documentarse o a tomar notas antes de poner manos a la obra. “Una vez tengo claro lo que voy a contar, me lanzo a escribir”, comenta. Eso sí, el proceso de corrección es arduo y riguroso. “Tengo bastante capacidad para ponerme en la piel del lector y, a veces incluso leo lo escrito en voz alta para detectar el sonido y la impresión que causa al oído. Procuro que cada capítulo sea como una novela independiente y que exista una transición de sentido entre ellos”.

Sobre el cambio de política cultural del tripartito opina que se ven signos positivos, “pero habrá que hacer un gran esfuerzo, una gran operación de limpieza tras años de ignorancia en los que se ha mantenido al valenciano en las catacumbas. Lo más importante es la normalización”, concluye Raquel Ricart.

Raquel Ricart. Imagen cortesía de la autora.

Raquel Ricart. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Cuentos narrados en cerámica

Once upon a time… (Érase una vez)
100 años de l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises
MuVIM
C / Quevedo, 4. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

Ahora que la batalla gira en torno al libro en papel o digital, va l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises e introduce otra versión de los cuentos y relatos utilizando precisamente la cerámica como soporte. No viene a competir con lo tradicional o lo moderno, simplemente a dejar constancia del valor de la cerámica como “material para la creación artística, más allá de su carácter objetual”, subraya María José Sanz, directora de la escuela que celebra su centenario. Lo hace con una muestra de trabajos en el MuVIM, obra de ocho ceramistas que han plasmado sus inclinaciones literarias sobre material cerámico.

El clásico de Lewis Caroll Alicia en el País de las Maravillas, el cuento francés El proxeneta de las flores, Los siete pecados capitales de Clara Moltó Gisbert, y otras diversas e imaginativas aproximaciones al relato conforman el trasfondo de la exposición. Expuestos en vitrinas o a modo de instalación escenográfica, el espectador puede aproximarse a ese mundo de los cuentos sintiendo el relieve, la textura y el pálpito de objetos y personajes ideados para navegar por tan sólida cerámica.

“Como la exposición iba a estar en un museo de la ilustración pensamos que lo ideal era que tuviera que ver con ella y con la literatura”, señala Sanz. Es una muestra que viene a continuar las celebradas en La Nau de la Universitat de València, esta de carácter más didáctico, y en La Rambleta, de cerámica contemporánea. Le seguirán otras en el Museo de Cerámica González Martí (28 de abril) y en el Centro de Artesanía (10 de mayo), para seguir conmemorando los 100 años de la Escuela de Cerámica de Manises.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

En ‘Séquence narrativa’ de Sarah Maso sorprenden las tres piezas, “a modo de tebeo en tres dimensiones”, de un hombre que saboreando una taza de café se le escapa de entre las manos y cae a sus pies. Como especifica la autora en su proyecto, se trataba de ilustrar la trama característica de todo relato, con su “principio, desarrollo y final”. “Es como un cómic que en lugar de mostrarse sobre papel se hace en escultura”, explica Sanz. Porque ese es el objetivo de la exposición, “mostrar las posibilidades expresivas de la cerámica como objeto artístico desligado de su estricta funcionalidad”, precisó la directora.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Hay más soportes en forma de tazas, azucareros, teteras, cuencos, baúles, platos y vasijas, pero todos ellos están al servicio de un relato. Sofía Porcar se hace cargo de “todas esas palabras que desean salir de los libros” mediante su obra ‘Guardianes de papel’ realizada con porcelana, gres y barro. Esa misma imaginación literaria, sin que remita a relato alguno, se da en el trabajo de Aude Aliénor Martín, con sus ‘Cajas’ “alojando nuestros recuerdos”. Xema Cejudo hace lo propio en ‘Transiciones’, conjunto escultórico “pensado para la playa de Huelva, a modo de lengua de arena que entra en el mar, y que representa el ciclo del día y la noche”, comenta Sanz. Trini Roig utiliza los dibujos de su sobrina para conformar el más genérico ‘Cuento’.

Obra de Alicia Díaz en la exposición 'Once upon a time', en el MuVIM.

Obra de Alicia Díaz en la exposición ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Alicia Díaz se ocupa, valga la redundancia, de Alicia, la del País de las Maravillas. Lo hace centrando su trabajo en el capítulo 7 ‘La merienda de locos’, desplegando toda una vajilla surrealista. Patricia Vera pone el acento en los siete pecados capitales, mostrándolos mediante diversos rostros sobre cerámica. Y el gres y el collage le permiten a Myriam El Zein recrear al proxeneta de las flores del cuento francés. Once upon a time…(Érase una vez), expresión habitual para iniciar un relato, da título al conjunto expositivo. Porque también “érase una vez”, hace ya 100 años, que nació l’Escola d’Art de Ceràmica de Manises.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra 'Once upon a time', en el MuVIM.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Salva Torres

“La guerra civil aún interesa a los jóvenes”

Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal
Editorial Mandor

Una locomotora, un grupo de maquis, una pareja de guardias civiles y el jefe de una estación. Son los distintos puntos de vista desde los que José Antonio Vidal Castaño urde un relato de corte cinematográfico, escrito “como si llevara la cámara al hombro en vez de un lápiz en la mano”, inspirado en un hecho real ocurrido en Teruel, en 1946. El asalto y robo a un tren en la estación de Caudé llevado a cabo por los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) que consiguieron un importante botín, 750.000 pesetas de la época.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Asalto al tren pagador es el primero de una colección de doce relatos, publicados por  Mandor con ese título, elegido por el autor para encabezarlos, “porque las historias relacionadas con trenes tienen un halo entre romántico y aventurero”. Su hilo conductor es la guerra civil española, inagotable filón que ha inspirado no ríos sino océanos de tinta. “La guerra civil ya no apasiona tanto como en la Transición, pero sigue despertando interés, sobre todo entre los jóvenes que la ven idealizada como una época épica”, dice Vidal Castaño.

Aventuras, batallas, sexo salvaje y desenfrenado, tiernos recuerdos de la infancia, amor, humor y muerte se entrelazan en estas historias, “la mayoría escritas en los últimos años”, dice Vidal Castaño. “Si tengo una idea que puede dar origen a un cuento, la anoto en el primer papel que tenga a mano. Hay tres relatos  publicados en mi primer libro de narraciones, Ciudad sitiada, que he recuperado para conectar pasado y presente. Componen un libro que puede leerse cuento a cuento y salteados o todo seguido como si formasen parte de una novela.  En el orden hay un contexto común, los imaginarios  de guerra y posguerra, que parecen enredar y envolver al conjunto”.

De colofón, Vidal Castaño viaja al futuro y cuenta una sorprendente noticia, fechada en abril de 2019, que reproduce una patriótica receta de sopa de ajo a la burgalesa atribuida al  mismísimo General Franco, elaborada con productos genuinamente españoles.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds, de José Antonio Vidal Castaño.

Varios relatos están protagonizados por el inefable Oriol Ruvira i Furtamantes, inspirado en los personajes de Eduardo Mendoza. “Es una mezcla de periodista free-lance al servicio de quién le contrate y también un peculiar investigador privado, no exento de un toque de romanticismo y enajenación”, comenta Vidal Castaño. Las potentes figuras de Ernest Hemingway y Manolo Vázquez Montalbán también están representadas. “Además de ser dos grandes escritores, eran personajes polémicos, con amigos y enemigos, con personalidades poliédricas. Hemingway fue uno de los protagonistas de la guerra civil y se suicidó de manera poco usual. Vázquez fue protagonista, por sus escritos y actitud vital de la transición a la democracia en España. Ambos merecían el interés de un investigador tan peculiar como Oriol Ruvira i Furtamantes”.

Este año se publicará un nuevo ensayo histórico de Vidal Castaño, La España del maquis, 1936-1965 editado por Punto de Vista,  inicialmente en formato e-book. “Trata de ser un libro riguroso y a la vez de divulgación. Una visión panorámica de los maquis, de su mundo y de sus luchas en los más variados escenarios, desde Galicia o Cantabria hasta Levante o Andalucía, sin olvidar a los anarquistas catalanes y de otras zonas. Abordo esta temática con rigor pero sin academicismos”.

Doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Vidal Castaño  ha combinado la docencia con la escritura en una doble vertiente, ensayo y ficción. Los maquis son uno de sus temas preferidos. “Fueron los resistentes contra el franquismo más silenciados y su historia se ha movido siempre entre la fantasía y la realidad en base a testimonios a veces confusos o incompletos y llenos de temor”, comenta. “El miedo y sus consecuencias en el comportamiento humano han tejido la historia de las gentes que militaron en la guerrilla o que la ayudaron, sin recibir nada a cambio. Es un terreno abonado a los actos de generosidad e incluso de heroísmo, pero también a las delaciones, emboscadas y actos de crueldad, entre los propios maquis y entre estos y sus perseguidores. Mientras que la figura del maqui era asimilada por el franquismo a la de un “bandolero”; para las fuerzas de oposición era un luchador por las libertades políticas; es decir casi un héroe de leyenda. Tal vez todo eso y la soledad e incomprensión en la que vivieron envueltos hizo de ellos una figura romántica y atractiva que me esfuerzo en encajar en personajes, paisajes y circunstancias que sin disminuir su halo romántico nos hagan ver también su lado más dolorosos y sórdido”.

Su próximo proyecto es una novela que a través de una pareja central y un perro camina desde la guerra civil hasta casi nuestros días. “Una novela que se inicia alternando escenas de amor con las de odio, celos, guerra, en la que aparecerán desde seres anónimos y corrientes hasta importantes figuras históricas, todos ellos, pasados por el tamiz de la imaginación”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

Fidel Sáez y sus ciudades ilustradas

Ciudades invisibles, de Fidel Sáez
Hat Gallery
C / Dénia, 37. Valencia
Hasta el 16 de mayo

Dibujar una ciudad invisible puede llegar a convertirse en una Odisea para cualquiera que se lo proponga, pero en este caso, y de la mano de Fidel Sáez (arquitecto en Sanahuja&Partners), nos encontramos con una exposición que nos invita a recorrer lugares a los que solamente podríamos llegar a través de la literatura.

Es un viaje por las ciudades que Italo Calvino describió en su obra ‘Las Ciudades Invisibles’, en las cuales las palabras crean edificios y los versos se materializan en calles, donde tras cada esquina esperan el deseo, la muerte, la memoria y los símbolos, acechándonos para convertirse en parte fundamental de los relatos.

Imagen cortesía de Hat Gallery.

Imagen cortesía de Hat Gallery.

En el libro ‘Las Ciudades Invisibles’, de Italo Calvino, no se encuentran ciudades reconocibles. Son todas inventadas y cada una de ellas lleva un nombre de mujer; el libro consta de capítulos breves, cada uno de los cuales da origen a una ilustración y a una reflexión sobre la ciudad.

Por ejemplo, en el capítulo ‘Las ciudades y los signos’ dice: «La ciudad es redundante: se repite para que algo llegue a fijarse en la mente». O en ‘Las ciudades y la memoria’: «Al hombre que cabalga largamente por tierras selváticas le acomete el deseo de una ciudad».

«Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos».

De todo ello y más da cuenta la exposición que hasta el 16 de mayo acoge Hat Gallery en torno a la obra de Fidel Sáez ligada a esas ciudades invisibles de Calvino.

Obra de Fidel Sáez en la exposición 'Ciudades invisibles'. Imagen cortesía de Hat Gallery.

Obra de Fidel Sáez en la exposición ‘Ciudades invisibles’. Imagen cortesía de Hat Gallery.

 

Voces contra la violencia invisible

016. Relatos que se deben contar, por Generación Bibliocafé
Día Internacional contra la Violencia de Género

Unas 60 mujeres fallecen cada año en España, víctimas de la violencia de género. Desde 2003, un total de 757 víctimas, 44 en lo que va de año. Se estima que  alrededor del 80% de las mujeres que sufre maltrato no lo cuentan y, desde 2009, el número de denuncias ha ido en descenso.  Son algunos de los datos que se barajaron con motivo de la celebración, el pasado 25 de noviembre, del Día Internacional contra la Violencia de Género.

Coincidiendo con esta fecha, el grupo de escritores Generación Bibliocafé presentó un libro comprometido, que se atreve a denunciar esa vergüenza social en clave literaria: ‘016 Relatos que se deben contar’. “Es un asunto difícil de tratar, doloroso y complejo”, dice Mauro Guillén, editor y coordinador del texto. “Conscientes de la seriedad del tema, contamos con la colaboración de Susana Gisbert, autora del grupo y fiscal especializada en la violencia de género, que ha supervisado todos y cada uno de los originales. El prólogo es de otro especialista en la materia, el abogado José Antonio Burriel, que se implicó al máximo en este nuevo proyecto”.

Portada del libro '016 Relatos que se deben contar', de Generación Bibliocafé. Fotografía: Jordi Pla.

Portada del libro ‘016 Relatos que se deben contar’, de Generación Bibliocafé. Fotografía: Jordi Pla.

‘016. Relatos que se deben contar’, reúne las historias de 19 autores, cuatro de ellos hombres, que plasman la violencia de género como denominador común.  Felicidad Batista, María Tordera, Antonio Briones, Isabel Barceló Chico, Alicia Muñoz Alabau, José Luis Rodríguez-Núñez Ramón, Susi Bonilla Hernández, María Isabel Peral del Valle, Luisa Berbel Torrente, Rosa Pastor Carballo, Ángel Marqués, Herminia Luque, Inmaculada Martínez, Susana Gisbert, Loreto Ochando, Inmaculada López Arce, Luz Gómez-Perreta, Pilar Descalza y Nacho Gisbert.

‘Porque me quería’ es el título del relato de Isabel Barceló. “La frase empezó a martillearme en la cabeza aún sin saber exactamente qué historia podría salir de ahí”, dice Barceló. “Esa expresión, tantas veces repetida por algunas mujeres en un tiempo pasado muy reciente, señalaba una especie de aceptación, una asunción del argumento de que era el amor el que llevaba a sus parejas a (mal) tratarlas. Ellos les pegaban por su bien, para que aprendieran de una vez, pues toda la culpa la tenían ellas mismas, por ser tan torpes, tan tontas y tan faltas de competencia para actuar y trabajar como era debido. En una palabra, la víctima asumía el discurso de su verdugo”.

En el perfil del personaje femenino maltratado se refleja esa aceptación del papel que le ha asignado su marido. “Sin embargo, cuando el maltratador excede los límites de lo que esta mujer puede soportar, ella reacciona, actúa por instinto y nos sorprende”, señala la autora. “El relato está teñido de género negro. Hay en él una bajada a los infiernos y también se adivina un resurgir, una salida”.

Integrantes de la compañía Crit en un momento de 'Pausses Luarges'. Imagen cortesía de Crit.

Integrantes de la compañía Crit en un momento de ‘Passos Lleugers’. Imagen cortesía de Crit.

Ocho testimonios

Con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género, el 27 de noviembre se representó ‘Passos Lleugers’ en el Gran Teatro de Alzira ante alumnos del segundo ciclo de ESO y de Bachillerato. Amnistía Internacional, a través de su grupo local de La Ribera, Ediciones 96 y la compañía de teatro valenciana CRIT han colaborado en un proyecto teatral, construido a partir de casos reales, documentados por Amnistía Internacional y dramatizados por la escritora italiana Dacia Maraini, dentro de la campaña mundial, Nunca más violencia contra las mujeres.

‘Passos Lleugers’ (Pase affrettati) es un proyecto de sensibilización contra la violencia machista y una herramienta para la promoción de la igualdad. Consiste en una lectura dramatizada de repercusión internacional que se lleva a cabo desde hace años en Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, Japón y otros países. El evento incluyó un coloquio posterior con participación del público adolescente, la compañía CRIT y activistas de Amnistía Internacional.

La pieza recoge los testimonios de ocho mujeres que simbolizan una tragedia cotidiana. Las crónicas reflejan el horror y el miedo de las que en su propia casa son víctimas de padres, esposos, hijos o compañeros. Integran el reparto: Rosana Pastor, Maribel Bravo, Pau Pons, Anna Marí, Pau Gregori, Josep Valero y Daniel Tormo, bajo la dirección de Dacia Maraini.

Detalle de la imagen de la portada del libro. Fotografía: Jordi Pla.

Detalle de la imagen de la portada del libro 016 Relatos que se deben contar. Fotografía: Jordi Pla.

Bel Carrasco

Canibaal, para voraces del arte y la literatura

Canibaal, revista de arte y literatura
Directores: Ximo Rochera, Fran Amador y Aldo Alcota
Nº 1, Sexo y Locura. 8€
De venta en quioscos y librerías

A rebufo de aquel Manifiesto Caníbal Dadá de Francis Picabia, leído en 1920, nace la revista de arte y literatura Canibaal, dirigida por Ximo Rochera, Fran Amador y Aldo Alcota, así, por riguroso orden alfabético inverso. Con la idea de ponerlo todo patas arriba, o al menos con la intención de no andar cabizbajos, han decidido sacar el primer número de la revista sin publicidad, con la imaginación por montera, poniendo (de momento) dinero de sus bolsillos y dedicando este primer ejemplar al sexo y la locura. Al sexo, es de suponer, porque parir una revista requiere de cierta pasión por el cuerpo textual y la imagen que lo acompaña, y a la locura, porque cierta demencia se hace necesaria para sacar un proyecto editorial en tiempos de virtualidad extrema.

Portada del primer número de la revista Canibaal.

Portada del primer número de la revista Canibaal.

Como el antecedente Caníbal del que maman, Rochera, Amador y Alcota se estarán preguntando por la incredulidad con que muchos habrán acogido su propuesta artístico literaria. Y, al igual que Picabia, dirán: “¿Qué hacen ustedes [ahí], hacinados como ostras serias?” Y la respuesta no se hace esperar en su primera editorial de la revista: “Hay que reventar los globos de la idiotez y la hipocresía”. Para terminar lanzando su grito de guerra: “Canibaal, la disciplina de lo asombroso. Caníbaaaaaaaaaal! Salimos al recreo. A divertirnos con las corbatas de los zombies!”

La bestia humana, de Fillol, obra citada en uno de los artículos de Canibaal.

La bestia humana, de Fillol, obra citada en uno de los artículos de Canibaal.

Para combatir esa idiotez e hipocresía que está provocando la emergencia de tanto zombie desorientado, Canibaal nos propone un menú rico en ensayos con colmillo filosófico (que arranca con El imaginario del escritor loco, de Jesús García Cívico), en entrevistas (a Nazario), en relatos (El año que perdí la inocencia, de Roser Amills, o Art Brut, del propio Ximo Rochera), en poesía (de Bruno Montané, Roberto Yáñez o Lola Pan), en cine (Bienvenido a la carne, de Dani Gascó), en un buen puñado de mordiscos en la red, y en regalos, porque este primer numero lleva en su interior una obra del artista Alfonso Renza.

Fotograma de Chroniques sexuelles dune familie daujourdhui, en el artículo de Dani Gascó para Canibaal.

Fotograma de Chroniques sexuelles dune familie daujourdhui, en el artículo de Dani Gascó para Canibaal.

Canibaal, que ya se puede comprar en quioscos y librerías al módico precio de 8€, tiene 66 páginas bien maquetadas, que arrancan con una ilustración de Aldo Alcota: Caníbal de la confusión patajazz. Un mundo caníbal para lectores con hambre voraz de arte y literatura, en medio, efectivamente, de una confusión alarmante. Quizás alentado por ella, como quien echa gasolina al fuego para acelerar el proceso de combustión interna que parece agitar nuestra, por otra parte, adormecida sociedad, la revista Canibaal inunda sus páginas de sexo y locura.

Hastiados del vacío lenguaje político y del anestesiante, pero sin duda seductor, lenguaje publicitario, el manifiesto caníbal del que se nutre la nueva revista con sede en la Calle dels Tomasos de Valencia, no viene si no a agitar esa coctelera con el fin de revelar su ausencia de contenido. A cambio, prometen palabras subversivas, incendiarias, poéticas, con las que adentrarse en lo real de una experiencia caníbal. Entren a la revista con cuchillo y tenedor, porque con las manos, por muy Canibaal que se anuncie su lectura no entenderemos nada. Debajo del humor siempre hay cierta verdad escondida. Que aproveche.

Fotograma de Shortbus para el artículo de Dani Gascó en Canibaal.

Fotograma de Shortbus para el artículo de Dani Gascó en Canibaal.

Salva Torres

Por si se va la luz

 

«Si me asomo a la delicadeza destructiva del arte, apenas puedo respirar»

 

Lara Moreno (Sevilla, 1978) creció en Huelva y actualmente vive en Madrid. Recientemente ha estado en Lotelito, (Valencia) para presentar su primera novela Por si se va la luz (editorial Lumen). En la obra, cuenta la historia de una pareja de treintañeros, Nadia y Martín, artista y científico, que deciden dar una vuelta radical a su vida y trasladarse a vivir al campo. El pueblo que eligen cuenta con tan solo tres habitantes.

 

¿La lectura es para ti un imprescindible como para Nadia? ¿Te llevarías varios libros en tu equipaje?

Sí, para mí es imprescindible, y siempre me llevaría libros. Para Nadia en realidad no era imprescindible en su vida, pero toma la decisión de llevarse libros porque entiende que allí, sin otros medios, podrá encontrar en la lectura algo más que un simple placer.

¿Serias capaz tu también de ir a una zona perdida con un amor desgastado?

Pues depende de las circunstancias. En realidad, no construí a mis personajes basándome en lo que yo sería o no capaz de hacer: sería muy aburrido limitarse a la valentía o cobardía de uno mismo.

¿Ir a un lugar así une a las personas?

Si te refieres a la pareja, es una gran incógnita. Es imposible saber, creo, qué circunstancia unirá o separará a una pareja. Fugarse del hogar, juntos, ir a un lugar desértico puede ser peligroso para ellos. Pero ¿es que quedarse en el hogar, continuar con lo cotidiano, es una solución mejor? Nunca se sabe… Aparte de la pareja, si pensamos en el resto de los personajes: creo que la convivencia estrecha, directa y basada en la necesidad, a pesar de la tensión que puede generar y la incomodidad, sí une a la gente.

¿A qué lugar te refieres? ¿O nos quedaremos sin saberlo?

No existe el lugar en el mapa. Me lo imagino en España, quizá por el ambiente y algo del paisaje en la meseta, pero en realidad tiene relativamente cerca la costa, y lo cercan unas montañas altas.

¿Ese lenguaje tan cuidado se nace o se estudia? ¿Ha sido muy difícil de escribir?

No sé qué decirte, supongo que un poco de ambas cosas. Hay algo que sale de forma natural, que no se puede forzar ni tampoco dominar, pero luego todo hay que trabajarlo con un poco de frialdad, para limar las aristas. Por supuesto, no trabajarlo hasta el delirio, porque si no puedes volverlo impersonal. Ha sido más difícil calibrar cuánto había que corregir y cuánto no, encontrar ese equilibrio entre ambas cosas dándole prioridad al texto.

Lara Moreno en Lotelito (Valencia)

Lara Moreno en Lotelito (Valencia)

Nadia afirma en la obra «si me asomo a la delicadeza destructiva del arte, apenas puedo respirar». ¿Qué significa para ti el arte?

Una forma de expresión, de comunicación, a veces una forma de vida, una forma de sentir y de percibir.

¿Cómo ha sido el cambio de la poesía  a la novela?

He escrito poquísima poesía en mi vida, y ya bastante tarde. Lo que ha sido más complicado ha sido el cambio del relato a la novela. Creo que algo hay de la estructura del relato en la novela. Pero no fue fácil al principio. Me parecía estar en la cuerda floja todo el tiempo. Hasta que la cuerda se fue haciendo más ancha.

¿Porqué esa línea narrativa? ¿El libro de pedía dividir a los personajes?

Creo que fue primero la idea de una novela coral y luego llegaron los personajes, o si no fue antes fue casi a la vez. Elegí hacer una novela coral y además utilizar la tercera persona porque me apetecía enfrentarme a todo eso, me apetecía tener la libertad de la primera persona y el sosiego de la tercera.

¿Tenías la historia clara desde el principio?

Tenía claros el arranque, el planteamiento, un breve esbozo de los personajes y el contexto, al marco que rodea a la historia. Pero poco más, todo iba llegando poco a poco, conforme avanzaba en la escritura.

¿En qué medida la literatura es arte para ti?

En toda medida.

¿Caerás en los libros electrónicos online?

No lo creo.

¿Si pudieras relacionar tu novela con un olor con cuál sería, y con un color? 

Olor a tierra, color el del cielo en un año de sequía.