La mujer salvaje, en Bluebell Coffee

La mujer salvaje, por Araski
Bluebell Coffee co.
C/ Buenos Aires, 3. Valencia
Inauguración: sábado 17 de enero, a las 20.00h

«Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas», señala Clarissa Pikola Estés.

Los arquetipos son prototipos que ordenan la psiquis en imágenes arquetípicas que sólo se pueden reconocer por los efectos que producen. La mujer salvaje es el alma femenina, es el origen de lo femenino. Ella es el Yo instintivo intrínseco en cada mujer. Se trata de una mujer completa, con ganas de vivir plenamente su feminidad con convicción.

El nombre del proyecto lleva intrínseco el origen del mismo. «Mujer» y «Salvaje» son dos palabras que llaman a la puerta de la profunda psique femenina. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de lo femenino.

Nastassja Kinski en 'El beso de la pantera' (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

Nastassja Kinski en ‘El beso de la pantera’ (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

“Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras mujer y salvaje», subraya Pikola Estés.

La representación de la mujer salvaje se vincula directamente con el retrato de estas mujeres como forma de representación. Para ello se utiliza el desnudo como forma de destapar su Yo instintivo y los elementos de la naturaleza las pone en contacto con el Yo salvaje del que están tan desvinculadas. En definitiva, se trata de mostrar la naturaleza salvaje con una identidad propia e integridad.

Este es un proyecto muy personal que intenta proyectarse a un nivel más colectivo. El objetivo del proyecto es mostrar de una manera artística el arquetipo de ‘La Mujer Salvaje’ que tanto me ha ayudado a mí y que creo que puede ayudar a muchas mujeres. Se centra en el género femenino como base de la creación de una “nueva” manera de hacer y construir las cosas. Una manera muy merecedora de nuestra atención, pero sobre todo, olvidada y desvalorizada durante muchas generaciones.

Simone Simon en 'La mujer pantera', de Jacques Tourneur.

Simone Simon en ‘La mujer pantera’ (1942), de Jacques Tourneur.

“La identidad de las mujeres es el punto clave. Definiendo ésta como el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la experiencia de la vida en sociedad. Perspectiva ideológica a partir de la cual, cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría y de los confines de su universo”, postula Marcela Lagard en ‘Identidad femenina’.

La exposición intenta hacer una mínima representación de este arquetipo, teniendo como nexo de unión el hecho de ser mujeres salvajes, reales, naturales y diferentes, desligadas de cualquier estereotipo impuesto por la sociedad. Teniendo como objetivo principal el dar a conocer este arquetipo como manera profunda de conexión con el instinto de la psique femenina y motivar a las mujeres a sentirlo sin miedo.

«La Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece, debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan”, concluye Pikola Estés.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Labelle Coffee.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Bluebelle Coffee.

Araski

Moingeon: Construcción de la solución

Sinergia, de Xavier Moingeon
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 21. Valencia
Inauguración: 9 de enero
Hasta el 31 de enero de 2015

Si tratamos de comprender la idea impulsora que una y otra vez nos conduce a nuevas exaltaciones, encontramos el mismo anhelo de creación inspirada que se atestigua en los primitivos y se conoce en los grandes períodos culturales. La experiencia primaria que precede a todo saber se desarrolla sin un plan, forzosamente, como todos los acontecimientos primordiales. La reevaluación del primitivismo desde una perspectiva contemporánea nos instala otra vez en la tensión en continua lucha y negociación en el arte.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

No hay una visión de lo primitivo sino una pluralidad. Dimensión que nos permite dar cuenta de la pluralidad de visiones posibles donde el autor vincula la memoria del pasado con el presente. Los diferentes criterios constituyen una postura integradora que permite valorar una posición artística actual ante lo primitivo. Y en el proceso negociador de esa tensión entre los polos de la máxima proximidad a la naturaleza – naturalismo – y la máxima lejanía de la naturaleza – abstracción – el artista traslada ya el acento al proceso configurativo, renunciando al detalle en beneficio del efecto unitario, elige, abstrae. Es justo la tensión polar entre contenido expresivo y forma lo que el virtuosismo resuelve en favor de la forma, culminando cada vez en el componente acentuado, reduciendo cada vez esa imagen a sus factores determinantes.

Escultura de Antonio Sánchez. Sporting Club Russafa.

Escultura de Antonio Sánchez. Sporting Club Russafa.

El escultor Antonio Sánchez deja huella con su patrimonio genético de un equilibrio complejo entre lo innato y lo adquirido. Valorando la materia prima que la naturaleza le regala, ha sabido aportar con su gesto a base de cincel y martillo una lucha propia donde el individuo una vez realizado en el ejercicio de su expresión se petrifica dejando constancia eterna de su proceso. El resultado es un universo cálido con un sentir primario nutriéndose en ese nido. La temperatura constante e ideal. Gran flexibilidad. Marcada elasticidad. Compás y ritmo en un mundo de seguridad y vitalidad donde parece invitarnos a una regresión placentera y placentaria.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Y en ese registro los trazos del pintor Xabier Moingeon, que, con independencia de los medios expresivos frente a la realidad exterior y con primacía de la intuición sobre la razón, fija los circuitos donde establece las redes de cooperación que conducen al proceso negociador, integrando las leyes de la perspectiva con su pulsión interior. En su proceso de gestión ha sabido canalizar bien la liberación respecto de las compulsiones de la apariencia externa, ocupándose sólo de las propiedades puras traducidas en códigos universales para entrar en una “unio mystica” con el mundo.

Dentro de estos presupuestos los dos autores han sabido luchar en un proceso en el que ganan todos integrando lo mejor de cada uno en su proceso vital de necesidad de expresión, construyendo la solución para saciar el ansia de placer como un impulso primordial en la vida, como un medio para satisfacer las demandas de los impulsos de la vida. El placer no como idea, sino como experiencia organizada químicamente en el cerebro, fruto de la lucha en la consecución de una tregua entre nuestras pretensiones y nuestra propia naturaleza.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xavier Moingeon de la exposición Sinergia en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Constance Celta

Xabier Moingeon, al fondo de la caverna

Códigos. Alquimia de pulsiones, de Xabier Moingeon
Biblioteca Municipal de Ruzafa
C / Matías Perelló, 5. Valencia
Hasta el 3 de enero

La finalidad del arte, decía Victor Sklovski, “es proporcionar una sensación del objeto como visión y no como reconocimiento”. Cuando la mirada se detiene en aquello que prontamente reconoce como fácil asidero, deja de estar perdida, pero nada entonces sabe de la radical experiencia humana: ésa que nos confronta con los múltiples agujeros de que está hecha la vida. Asomarse a ellos es cosa de la visión; taparlos, con el objeto de acolchar la realidad, constituye la base del reconocimiento. Xabier Moingeon explora esos agujeros con su obra expresionista, hasta el punto de sumergirse al fondo de la caverna de la que parece brotar su pintura o al inconsciente mismo como depósito de atávicas sensaciones.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Lo hace dejándose llevar por cierta visión que, a ciegas, le va guiando a impulsos durante el proceso creativo. “Yo me baso en el expresionismo abstracto, de manera que me pongo a trabajar y van surgiendo cosas por azar”, explica Moingeon. He ahí su inmersión en la caverna o en el inconsciente; inmersión mediante la cual va extrayendo líneas, formas y colores dotados de cierto primitivismo que luego va depositando en la superficie del lienzo o de la madera como si fueran restos de un sueño. Sólo al final, como por arte de magia, todo esos restos se van entrelazando en un conjunto coherente.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Por eso tiene sentido que la exposición, que permanecerá en la Biblioteca Municipal de Ruzafa hasta el 3 de enero, lleve por título Códigos. Alquimia de pulsiones. Quizás hubiera sido más exacto al revés: Alquimia de pulsiones. Códigos porque, después de todo, primero está el desorden al que nos convoca la energía desbordante del artista y luego aparece la trama que, poco a poco, contiene en el mejor de los casos la avalancha de sensaciones allí emergidas. En todo caso, como bien apunta el propio artista, se trata de “crear un repertorio, aunque sea inconsciente, para después acabar el cuadro”. De manera que lo que empezó “sin nada claro” (he ahí la visión), termine, tras ímprobos esfuerzos, en arrojar cierta luz.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Y luz, en esta obra más reciente de Xabier Moingeon, hay mucha, si bien mortecina. Tonos rojos, grises azulados, verdes, ocres, todos ellos pugnando por abrirse paso en medio del desconcierto inicial, para ofrecer finalmente ese “equilibrio” que destila el conjunto expositivo. Solsticio recuerda, más que ninguna otra, ese fondo primitivo, cavernario, plagado de signos tribales que parecen serpentear el aire como si fueran chispas de una hoguera nocturna. Solaire, Ocarina, Quatre saisons prolongan esa sensación arcaica del hombre confrontado a su propia naturaleza convulsa. La troisième femme apunta en la misma dirección, con formas ligeramente más apacibles, pero sin duda igualmente ligadas a lo ancestral. Mientras en Samourai, ese “trazo violento, como si fuera un harakiri” (Moingeon dixit), nos devuelve el gesto expresionista que late en el fondo de toda su obra.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Códigos. Alquimia de pulsiones se puede ver como un mapa del vasto territorio interior que despliega Xabier Moingeon, para que el espectador lo explore acicateado por su visión. En el fondo, se trata de descifrar los signos depositados en el interior de esa caverna o inconsciente que Moingeon rastrea con pulso equilibrado.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Obra de Xabier Moingeon. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres