Teatro en familia por Navidad

Teatro para los más pequeños
Programación de Navidad 2014

Los niños son los grandes protagonistas de las fiestas navideñas y la cartelera de espectáculos ofrece un sinfín de posibilidades dedicadas a ellos acompañados de sus padres. Pistas de circo y de patinaje sobre hielo, películas de dibujos animados, la Feria de Atracciones, actividades especiales en Bioparc y un largo etcétera. Iniciar a los niños en la magia del teatro es el mejor plan para pasar una agradable velada festiva. Los clásicos personajes de la literatura infantil como Pinocho o Peter Pan invaden los escenarios, junto a comedias musicales para toda la familia y ciclos teatrales dedicados a la infancia como Contaria y Nadal a L’Escalante.

Obra teatral programada en El Escalante. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación.

Obra teatral programada en El Escalante. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación.

Pinocho

Del 29 de diciembre al 11 de enero, en el Teatro Olympia, un clásico de la literatura fantástica infantil. Pinocho, un musical para soñar cuenta las aventuras de un travieso títere de madera empeñado en convertirse en un niño de verdad. Su curiosidad por conocer el mundo que lo rodea lo lleva al teatro de marionetas de Stromboli, a la feria, al fondo del mar e incluso al estómago de una ballena glotona. Un sinfín de peripecias en las que Pinocho cuenta con la ayuda de sus amigos Grillo y Hada, aunque tendrá que esquivar las trampas de los malvados Zorro y Gata

Tras el éxito de Aladín, Trencadís Produccions presenta esta nueva visión del niño de madera. “Con Pinocho la diversión está asegurada”, dice José Tomás Chàfer, director del musical. “Esa visión del mundo que nos ofrece un títere que acaba de cobrar vida, es un valor impagable para reírnos de nosotros mismos”.

Peter Pan

Otro clásico inmortal, el chico de las calzas verdes estará en el Teatro Flumen desde el 20 de diciembre a 4 de enero.  En ‘Peter Pan. La batalla final’ el héroe volador ha crecido, se ha olvidado de su pasado, de volar, de reír y de jugar. Ahora es un famoso hombre de negocios, Peter Baning. Pero el malvado Capitán Garfio secuestra a su hija Maggie y Peter regresa a Nuca Jamás para rescatarla. Campanilla y los Niños Perdidos hacen recordar a Peter su auténtica personalidad y le ponen en forma para enfrentarse a Garfio y a los piratas y recuperar a su hija Maggie.

Cartel de la obra Peter Pan.

Cartel de la obra Peter Pan, de la compañía La Milotxa.

Los tres cerditos

Es la pieza que presenta el Teatro de Marionetas La Estrella en la Sala Petxina, con Cuchufleta y Coscorrito. Tres hermanos cerditos en edad de dejar el hogar familia deciden buscar su propia suerte. Cada uno tiene distinto carácter y esto se refleja en la forma en que deciden construir su casa que les protege del acecho del temible lobo feroz.

En la Sala Cabanyal Los Músicos de Bremen. Es la historia de  un perro cantante, una gata bailarina, un burro poeta y un gallo cantante, que acabarán formando la famosa banda. Un grupo de animales diferentes que lucharán por seguir siéndolo.

El árbol de Navidad

Un musical  familiar que habla de la necesidad de celebrar la Navidad a pesar de la lucha que supone la vida, sobre todo en los tiempos de crisis que estamos viviendo. Del 22 de diciembre al 4 de enero en el Teatro Talía. Los niños a partir de seis  años entenderán perfectamente la historia y disfrutarán con las canciones  muy conocidas popularizadas por cantantes como Frank Sinatra o Barbra Streisand, y de las coreografías creadas por Paco Bodi. Intérpretes: Óscar Rico, Silvia Rico, Luis Amando, Rebeca A. Dato y Laura Rico.

Festival Contaria

En la Sala Russafa el Festival de Teatro Contaria celebra este año su octava edición con seis propuestas procedentes de tres comunidades autónomas. La programación arranca el viernes 26 de diciembre con la versión de  los madrileños Cre.Art Project y Amanece Teatro de una de las obras más conocidas de Cervantes, El Coloquio de los perros. Los canes Cipión y Berganza adquieren durante unas noches la capacidad de habla,  tiempo que aprovechan para contarse las experiencias vividas con sus diferentes amos y recordar  divertidas aventuras de las que serán partícipes los espectadores.

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=-hs7hWcRsb0

La siguiente pieza es Qué bonito es Panamá! de la compañía  valenciana Títeres de Cuento basada en  la fábula del escritor alemán Janosch. Sus protagonistas son un oso y un tigre que viven felices en su casa junto al río. Una tierna y cálida historia sobre la infancia dirigida a espectadores a partir de los tres años.

Obra Los tres cerditos.

Obra Los tres cerditos.

En el equinoccio del Festival El Molinillo Mágico, adaptación de la compañía gaditana La Gotera de Lazotea de un cuento popular que responde a la pregunta de por qué el mar es salado. Los personajes de esta breve pero intensa historia, son títeres de varillas que surcan los mares sobre un pequeño escenario, que tan rápido se transforma en mar o cueva como en continente.

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=46so2JRu4BM

En enero llega La Milotxa Teatre con un pequeño y revoltoso personaje, El Grinch de la Navidad, un ladrón muy astuto. Para evitar que se salga con la suya, será necesaria la participación de todos los espectadores en esta divertida pieza, que invita a los pequeños a cantar y bailar en sus butacas, y a participar de lo que ocurre en el escenario.

La última obra es un montaje de la compañía valenciana La Milotxa Teatre, que propone al público familiar viajar hasta el País de Nunca Jamás con su versión de Peter Pan. Combinando el uso de títeres de mano, la interpretación y la música, los personajes necesitan la ayuda de los espectadores para vencer al temido Capitán Garfio.

Obra programada para el Festival Contaria.

Obra programada para el Festival Contaria.

Nadal al Escalante

Del 26 de diciembre al 4 de enero, excepto el 31 de diciembre y el 1 de enero, el Centre Teatral de la Diputación acoge siete espectáculos teatrales, además de pases de magia, diversos talleres relacionados con las artes escénicas y un curso de danza.

Cada día se ofrecen tres representaciones gratuitas del Retaule de Nadal (12, 16 y 19:30 horas), una pieza escrita y dirigida por Vicent Vila que recupera los tradicionales retaules que se representaban con marionetas en Valencia, en los inicios del siglo pasado. Hasta 25 títeres artesanales contarán el nacimiento de Jesús intercalando pasajes bíblicos con cómicas alusiones a la actualidad, como las tarjetas black, la saga de los Pujol o El Pequeño Nicolás.

La XXVI edición de Nadal a l’Escalante comienza con la versión que la compañía Rayuela Teatro realiza del clásico de Jules Verne 20.000 leguas de viaje submarino. Menos aventurera, pero igual de emocionante es la segunda pieza de la programación, El Cascanueces, una sensible obra de los aragoneses Teatro del Temple (ganadora del Premio MAX), que combina interpretación actoral, danza y manipulación de marionetas.

Mi  barrio es una original, colorista y divertida obra de la compañía del teatro madrileño La Cuarta Pared. La programación del Festival continúa con una de sus piezas más destacadas, Alegría, palabra de Gloria Fuertes, Premio MAX Mejor Espectáculo Infantil en 2013, de los castellano-manchegos Teatro de Malta.

A principios del 2015, la compañía alicantina Jácara Teatre representa Violeta i Pantagruel una pieza que transmite a los pequeños el amor por los libros. La última propuesta  será Un lugar en tu corazón, de los asturianos Teatro del Cuervo que incluye acrobacias con pompas de jabón y una estética que recuerda a las películas de Tim Burton.

Para cerrar Nadal a l’Escalante, el 4 de enero se celebra la tradicional gala benéfica, que en esta ocasión destinará todo lo recaudado en la venta de entradas a la AFAV (Asociación Familiares Alzheimer Valencia) y  con la actuación del Mago Darío.

Imagen de una de las obras del festival Contaria.

Imagen de una de las obras del festival Contaria.

Bel Carrasco

Martín Begué, un Sigfrido callejero

Fundación Chirivella Soriano

Sigfrido Martín Begué. El lado valenciano

Valencia

Palau Joan de Valeriola

C/Valeriola, 13

Hasta el 2 de junio

Con un nombre tan wagneriano, Sigfrido Martín Begué (Madrid, 1959-2010) parecía destinado a la rimbombancia épica. Su obra así lo atestigua y, quienes le conocieron, pueden dar fe igualmente de su deslumbrante y espitosa prodigalidad verbal. Pero habría que matizar, a su vez, esta manera intempestiva, casi nietzscheana, de recordar al que fue tildado como “pintor de la movida”. Porque Martín Begué, siendo un torrente de imaginación creativa, prefirió rebajar las alturas épicas al terreno más prosaico, mordaz y sarcástico de la cultura popular.

Y así, moviéndose a saltos entre los rápidos que van del clasicismo a la vanguardia, este artista madrileño tempranamente desaparecido ha ido dejando un reguero de pólvora con su irreverente obra. El director del Consorcio de Museos, Felipe Garín, afirma que Martín Begué aceptó las reglas del juego para subvertirlas, principio de todo acto revolucionario. Como el que protagonizó, que es a lo que íbamos, en 2001 con su Pinocho de 23 metros de altura para la falla Na Jordana. Tituló la inolvidable falla Pinotxada universal. Unos meses después, ya en el plano de la tragedia histórica, se produjo el derrumbamiento de las torres gemelas de Nueva York.

Y es que Martín Begué siempre se ha movido a rebufo de ese temperamento épico rebajado por los vientos alisios de su ironía. El Pinocho de Na Jordana, que el comisario Vicente Jarque recuerda como una de las mejores fallas que ha tenido ocasión de ver en vida, sirvió para remover las estancadas aguas de la fiesta fallera. Vestido con indumentaria del siglo XVIII, matamoscas en mano, actitud pensativa y larga, larguísima nariz afilada, el Pinocho de Martín Begué sirvió precisamente para eso: para echarle un par de narices a la tradicional quema de ninots.

De hecho, esa nariz, que al Pinocho del cuento le crece con cada mentira, es la nariz que siempre tuvo Martín Begué para la pintura. Su olfato le decía que las reglas pictóricas y sociales estaban para saltárselas, a condición de respetar el trasfondo del que se nutre su acto trasgresor. Las crecidas y oblongas narices de su Pinotxada universal revelaban cierta mentira de una fiesta fallera que pedía a gritos aires de renovación. Como la propia pintura, de la que Martín Begué se ocupó de dar cumplida cuenta. Ahí están, por ejemplo, sus versiones de La isla de los muertos, de Arnold Böcklin, y el Entierro del conde Orgaz, de El Greco, transfiguradas en La isla de los cuadros y El entierro de la pintura, respectivamente.

La Fundación Chirivella Soriano subraya el lado valenciano de un pintor siempre a orillas del humor, la irreverencia y la indudable calidad plástica. Su amistad con el artista fallero Manolo Martín, con quien trabajó en su taller para poner en pie tamaño Pinocho, le permitió a su vez realizar las Euromeninas con motivo de la presidencia española de la Unión Europea. Velázquez y Duchamp, juntos; de nuevo la tradición y el acto rupturista cogidos de la mano. Como cogidas de la mano van en la exposición de Chirivella Soriano la pintura, el diseño de muebles (con Loewe al fondo), singulares escenografías, esculturas como la “divina” de El Cid y una planta dedicada a su pasión por el cine, amén de los numerosos bocetos de Pinocho.

Martín Begué, como recuerda Vicente Molina Foix, sabía moverse “entre las grandes arterias de la ciudad y la periferia rústica y hasta un poco canalla”. Y lo hacía “sin perder la compostura”. He ahí su olfato, su enorme nariz fallera y su talento a caballo entre lo alto y lo bajo; la tradición clásica y la trasgresión vanguardista. Aquel Pinocho de 2001, realizado paso a paso y con todo lujo de detalles en el taller de Manolo Martín, se derrumbó además como mandan los cánones: con la verticalidad apropiada y sin perder, como Martín Begué, la compostura. Un artista de los pies a la cabeza.

Salva Torres

 

 

La cremà de Martín Begué

Fundación Chirivella Soriano

Sigfrido Martín Begué

Inauguración: viernes 1 de marzo

C / Valeriola, 13. Valencia

La Fundación Chirivella Soriano inaugura Sigfrido Martín Begué. El lado valenciano, una exposición comisariada por Vicente Jarque, fruto de la colaboración con el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana. La muestra no pretende presentar el conjunto de su obra pictórica posterior a la expuesta en el Centro Cultural Conde Duque, es decir, su pintura desde 2001, ya que desde ese año hasta su muerte apenas terminó algo más de veinte óleos, junto a no mucho más de otras tantas acuarelas aparte de numerosos bocetos, ilustraciones y piezas varias. Sino que, según nos explica el comisario Jarque, “las pinturas para esta exposición han sido seleccionadas con el propósito de ubicar el trabajo de Sigfrido Martín Begué en Valencia en el contexto de su trayectoria fundamental como pintor”.

La idea, por tanto, de esta exposición estriba en presentar un conjunto de pinturas que sirvan para hacer entender al espectador que los años de trabajo de Martín Begué en relación con Valencia no sólo iban mucho más allá de unos intereses de orden meramente artesanal, presuntamente menor, sino que se fundaban en una poética compleja de la que podemos encontrar, en su pintura (su actividad fundamental, sin duda) hallazgos antecedentes y figuras coetáneas, en todo caso derivadas de una trayectoria tan brillante y polifacética como extraordinariamente coherente.

Jarque ha detallado algunas de las obras que forman parte de esta exposición, como antecedente y fundamento tanto visual como intelectual del conjunto de las Euromeninas. Se podrá ver, sin duda, Las Meninas-Malic, de 1995, así como Caja de música soltera (1992), en donde ya aparecen los moldes de Duchamp. Lo mismo puede decirse respecto a los muebles realizados para la firma Loewe en 1995, de pinturas como Septenario (1986), Torre con perro (1987) o Máquina de cine (1992).

La conexión entre la falla para Na Jordana en 2001 (el efímero Pinocho de 20 metros de altura, rescatado en la exposición junto a la maqueta, las figuras y los bocetos diseñados por Sigfrido) y el Pinocho de 1991 (concebido, por tanto, diez años antes) y los posteriores Pinochos de Art-cidente y Pinnarciso parece obvia, en palabras de Jarque.

Martín Begué se ha planteado la situación problemática de la pintura en el presente (algo evidente igualmente en sus Meninas duchampianas): La isla de las pinturas (2002, como evocación de la famosa obra de Boecklin), Storie della vera pintura (con estructuras arquitectónicas análogas a los muebles-ciudad para Loewe) y El entierro de la pintura (obviamente alusiva al Orgaz de El Greco).

El resto de las pinturas que se podrán ver enlazan con la misma de manera más específica, pero más suelta. L’Alpha-belgue, una imagen de Tintín, tiene que ver con registros subjetivos: el interés de Martín Begué por el personaje (posible compañero de Pinocho), por la “línea clara” de Hergé y, por qué no, por Bélgica (a la que veía, como Marcel Broodthaers, determinada por las conchas de los mejillones), en cuya capital presentó sus Euromeninas. Santa Bárbara se vincula con la afición mediterránea a la pirotecnia. Suso5V50 es la imagen de un cochecito semejante a una carroza para el 125 aniversario de la falla Na Jordana.

Salva Torres