Schadeberg: lucidez y perseverancia

Jürgen Schadeberg
PhotOn Festival
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, Valencia
Hasta el 27 de junio

La presente edición del festival internacional de fotoperiodismo PhotOn, que ha celebrado su primer lustro de existencia bajo la dirección de Tania Castro, ha brindado a los diletantes de este género periodístico la excelsa ocasión de aproximarse a la figura octogenaria de uno de los fotógrafos ineludibles de la segunda mitad del siglo XX, Jürgen Schadeberg.

Bajo el criterio estilístico del desemejante y singularísimo Juan Pedro Font de Mora, la Librería Railowsky exhibe una antología de imágenes del autor berlinés, que el librero tuvo oportunidad de seleccionar de entre cuantas habitan en un inmenso contenedor de carga afincado en la propiedad valenciana de Barx, en la que Schadeberg reside habitualmente.

"Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania". 1942

“Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania”, 1942.

Desde una perspectiva cronológica, la muestra compendia seis de las siete décadas de trabajo del autor, partiendo de su primera instantánea, tomada con una rudimentaria cámara en el interior de un refugio antiaéreo berlinés en 1942 -el autor contaba con tan sólo once años de edad-, en la que se observa, curiosamente, una consuetudinaria y sosegada estampa de una de tantas estructuras de protección para la población civil, habituales en Alemania durante el transcurso de la II Guerra Mundial, hasta merodear los albores del siglo XXI mediante la imagende una guardería en Kliptown, barrio negro de Soweto (Johannesburgo), en 2003.

"Encendiendo un cigarrillo", 1953.

“Encendiendo un cigarrillo”, 1953.

Sirviéndose del horizonte geográfico, la exposición permite constatar el devenir biográfico de Schadeberg, revelando fotografías de su primer periplo en la Sudáfrica de la década de los cincuenta, habiendo ya instaurado el Partido Nacionalista de François Malan el conspicuo e infausto sistema de segregación racial, apartheid, desde su controvertida victoria electoral en 1947. De este período destacan algunos retratos de explícito norte estético, junto con escenas callejeras populares y desarticulaciones sociales en sales de plata, amén de la Sudáfrica contemporánea y el mirífico retrato del abogado y líder político Nelson Mandela, observando, introspectivo, a través de los barrotes de la celda en la que permaneció confinado durante diecisiete años, en el penal de Robben Island.

"Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro", Berlín, Alemania, 1961.

“Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro”, Berlín, Alemania, 1961.

El levantamiento del eximio y universalmente conocido como “Muro de la vergüenza” (Schandmauer), erigido durante el verano de 1961 como frontera estatal entre la extinta RDA y la región de Berlín Oeste, atesora cabida, en dos etapas diversas, mediante algunas peculiares fotografías mundanas y curiosos encuadres de intrascendencia cotidiana en el enclave occidental.

"Al final de la vía, London Docks", 1977.

“Al final de la vía, London Docks”, 1977.

Asímismo, de su ciclo londinense, tras verse obligado a abandonar el país africano a mediados de los sesenta, se muestran algunas obras de una serie -incluyendo su primer contacto con los paisajes del sur de España- que, genéricamente, reporta constancia tanto de las transformaciones sociales del país británico como de su solidificada inquietud por radiografiar atmósferas inequívocamente populares.

Tal y como el propio autor berlinés hubo rubricado durante su ponencia en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, merodear la figura de Jürgen Schadeberg supone, ante todo, aproximarse al trabajo de un fotógrafo obsesionado por la idiosincrasia del comportamiento humano -revelador de desequilibrios y contrastes sociales-, provisto permanentemente de la herramienta de trabajo con la que aún prosigue en compañía: la lucidez de la perseverancia.

Jose Ramón Alarcón

 

Crisis o la avaricia que rompió el saco

Crisis. Exposición colectiva

Centre Cultural La Nau

C/ Universidad, 2. Valencia

Hasta el 1 de septiembre

Si usted, en tiempos de bonanza económica, fue a pedir un crédito y se lo dieron, estuviera o no por encima de sus posibilidades, ahora seguramente lo estará pagando con creces. Aquellos que se lo prestaron, siguiendo las directrices del manirroto sistema bancario, olvidan su responsabilidad en la crisis, colocándola toda en la ciudadanía y en sus tristes gobiernos. De manera que nos vemos de nuevo inmersos en la vieja dinámica: “Privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas”. O lo que viene a ser lo mismo: la banca, como en los casinos, siempre gana.

Fotografía de Rober Solsona para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Fotografía de Rober Solsona para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Si usted, al frente de su pequeña empresa, no puede hacerse cargo de ciertos pagos, seguramente lo pagará con el cierre. Si usted, en cambio, dirige un gran banco, ya puede acumular pérdidas que alguien le rescatará sin tener, por ello, que dar explicaciones. La responsabilidad, como los balances, tiene sus escurridizos activos y sus paganos pasivos. O lo que viene a ser lo mismo: la irresponsabilidad se paga, siempre y cuando seas objeto de contabilidad y no el contable.

Para ponerle imágenes a todo ese despropósito que se ha dado en llamar crisis económica, el III Festival Internacional de Fotoperiodismo PhotOn ha reunido en el claustro del Centre Cultural La Nau de Valencia la obra de un puñado de reporteros gráficos. Alberto Di Lolli, Olmo Calvo, Juan Carlos Barberá, Bernardo Pérez, Rober Solsona y Andrea Comas, entre otros, ilustran con sus respectivos trabajos esa deriva del sistema financiero, de aquellos que lo amaron tanto y de quienes lo están pagando en injusta proporción al dinero que supuestamente obtuvieron en pleno vendaval económico.

Imagen de Olmo Calvo para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Imagen de Olmo Calvo para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Con la cara pintada, como se les ha quedado a muchos, aparece la joven que Di Lolli recoge en una de sus fotografías, aquella que sirve de protesta contra los recortes en sanidad, esta última palabra escrita en la frente de la joven protagonista. Su palidez y perplejidad refleja el malestar extendido entre la ciudadanía, que asiste atónita a la alegría de los dirigentes de Bankia que allí mismo recoge Rober Solsona en su imagen. En el centro, Rodrigo Rato y José Luis Olivas, junto a otros responsables, celebran la presentación en el Palau de les Arts de la nueva entidad bancaria. Mientras por un lado se recortaba, por el otro se anunciaba una próxima y venturosa salida a Bolsa, cuya avariciosa operación terminó rompiendo el saco de Bankia.

Y así hasta las cargas policiales, los desahucios, las ventas al mejor postor, en fin, la economía sumergida y sumergiéndose en un océano de calamitosas decisiones gubernamentales, bajo la luz y taquígrafos del abstracto mercado. Todos los nombres y apellidos vienen de abajo, mientras por encima se extiende una densa bruma. Crisis, tal es el título de la exposición colectiva. Y, puestos a recortar, bien pudiera decirse: Crisis colectiva. Eso sí, por muy colectiva que sea, en tanto la avaricia se extendió por la sociedad como un virus, algunos ya la están pagando, mientras otros se limitan a seguir echando cuentas.

Fotografía de Alberto Di Lolli para la exposición Crisis. PhotOn Festival. La Nau

Fotografía de Alberto Di Lolli para la exposición Crisis. PhotOn Festival. La Nau

Salva Torres

Meneses, la actualidad fue poesía

Enrique Meneses. Exposición homenaje

Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)

C / Guillem de Castro, 118. Valencia

Hasta el 2 de junio

Como ocurre en (casi) todas las cosas importantes de la vida, el detonante fue una mujer. Pero por una vez no fue una de esas de acariciar su espalda; era su prima. Enrique Meneses (Madrid, 1929-2013) viajó para liberar a su pariente Paloma, ‘secuestrada’ por unos padres que querían llevarla a Costa Rica. Así llegó a Cuba y oyó hablar de un tal Fidel Castro. Estuvo 15 días esperando para unirse al grupo que estaba armándose en Sierra Maestra; fue el primer periodista en lograrlo. Era 1957.

Las fotografías que tomó allí —«incluso conseguía los carretes que Castro requisaba y los escondía hasta poder sacarlos de Cuba» según cuenta Aurelio Martínez, patrono de la Fundación Enrique Meneses— son Historia. Castro a la luz de una vela, leyendo (qué cosas) el Kaputt de Curzio Malaparte con una pistola en la muslera, compartiendo maleza con un jovencísimo Raúl de sombrero a lo Indiana Jones. «Historia y arte», según Martínez, de uno de los nombres «más importantes de la historia mundial del fotoperiodismo». Respeto.

Esa serie de fotos se suma a otra, aparentemente más frívola, en la que Meneses retrata a los mitos de los años sesenta para conformar Enrique Meneses. Exposición homenaje, una muestra que puede verse en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) como avanzadilla del festival Photon de fotografía. La directora del museo, Consuelo Císcar, definió con acierto la figura del fotógrafo: «un hombre que trató la actualidad como medio artístico». Plástica y verdad, independencia y testimonio. «Poesía social».

En las paredes del centro, enmarcadas como polaroids multiformes, instantáneas de M. Luther King, Paul Newman con barbita, Dalí rodeado de gatos y colas de ratón, Joan Baez con pelazo y guitarra en mano o Muhammad Ali (sólo, sin aditivos, no los necesita). «Es su etapa más brillante», cuenta Martínez, «y de la que más documentación tenemos». Muchas de elllas ya se han mostrado antes, claro, pero la exposición del IVAM es «la primera que se plantea desde la muerte de Meneses».

Enrique Meneses estuvo más de un minuto sin respirar para hacer de trípode humano; pagó 450 pesetas por un taxi que recorrió 500 kilómetros y entregar un trabajo por el que sólo cobró 150; repintaba de blanco las líneas de la zona azul de la Ciudad de los Periodistas en Madrid, donde vivía. Meneses fue otra cosa. Recuerdo de una forma de hacer periodismo que la zona de confort (qué calentito se está ahí) nos hace a veces olvidar.

Daniel Borrás