Pintura y fotografía en la obra de Luis Gordillo

Luis Gordillo. Fotoalimentación
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)
Plaza Santa María, 3. Alicante
Hasta el 17 de enero de 2019

El Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, con el apoyo del Ayuntamiento de Alicante presenta ‘Luis Gordillo. Fotoalimentación’, la primera exposición monográfica dedicada al artista sevillano, Luis Gordillo, en un museo alicantino y la primera también en la Comunitat Valenciana después de 25 años. Luis Gordillo es una de las figuras más influyentes y punto de referencia esencial del arte español del último medio siglo.

El Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) inaugura ‘Luis Gordillo. Fotoalimentación’, una muestra que ahonda en el Gordillo más cercano a la fotografía a través de 200 piezas de los años 70. Procedentes en su mayoría de la colección del artista, se trata de un conjunto importante, ya que son obras de las que Gordillo no ha querido desprenderse por considerarlas únicas y especiales.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

El artista explicó que en los años setenta empleó «la fotografía en blanco y negro con numerosos propósitos, pero quizás el más importante y el que he mantenido a lo largo del tiempo, es el de analizar los elementos orgánicos de la pintura, neutralizando y cosificando el gesto”.

“En la actualidad trato de crear espacios en los que la pintura y la fotografía dialogan e interactúan entre sí; intento articular maneras para la expansión de la fotografía en mi obra”, manifestó el creador sevillano, quien añadió que le seguía interesando «primordialmente la pintura como interrogación corporal; no obstante, la intervención técnica de la fotografía crea una tensión dialéctica, un espacio mental en crecimiento”.

Luis Gordillo durante la presentación de su exposición. Imagen cortesía del MACA.

Luis Gordillo durante la presentación de su exposición. Imagen cortesía del MACA.

La muestra fue presentada por el director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont, y la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, María Dolores Padilla, acompañados por la comisaria de la muestra, Rosa Castells y el propio artista. Pérez Pont señaló que la exposición profundizaba «en el conocimiento de Gordillo como una de las figuras más importantes en el arte español de los últimos 50 años”, destacando asimismo el impulso que se le está dando desde el Consorci de Museus a la provincia de Alicante en materia cultural con exposiciones como esta en el MACA, que ha permitido que Gordillo vuelva a la Comunitat Valenciana donde no exponía desde el año 1993.

Por su parte Rosa Castells, coordinadora del MACA, que ha comisariado la muestra junto al artista, subrayó que se trataba de una exposición «espectacular, una revisión de la experimentación fotográfica de Gordillo en los años 70 cuando nadie se interesaba por la fotografía”. Castells explicó que “el sistema de reproducción y multiplicación de la imagen conforma nuevas imágenes que vuelven a ser tratadas y así hasta el infinito” y agradeció al artista “que haya accedido a exponer en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante, un museo pequeño, tras haberlo hecho en todas partes”.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

Gordillo utiliza desde principios de los años 70 la fotografía con la finalidad de encontrar otras opciones al color dominante en su pintura, con el objetivo de abrir una investigación neutralizadora de su utilización violenta de colores complementarios. La exposición ‘Fotoalimentación’ muestra dos etapas con claras diferencias: una primera con el trabajo fotográfico de los 70, casi en su totalidad en blanco y negro y otra posterior donde ya aparece el color y la utilización de la nueva tecnología digital que le abre a Gordillo un campo casi infinito a la experimentación.

Luis Gordillo nace en Sevilla en 1934. Su carrera artística comenzó a mediados de los años cincuenta cuando decidió ser pintor tras licenciarse en Derecho y haber estudiado música. Vivió en París un clima de libertad entonces difícil en España y allí amplía sus conocimientos sobre la vanguardia. Su obra se conforma en los años sesenta recogiendo tres influencias básicas: el informalismo, el arte Pop y el geometrismo. Con estos elementos, algunos contradictorios, configura un estilo ya propio, que ha tenido una fuerte influencia sobre artistas de las siguientes generaciones.

Espectadores ante algunas de las obras de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

Espectadores ante algunas de las obras de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

A partir de los años 80 alcanza su madurez creativa con un estilo artístico inconfundible que lo ha mantenido alejado de grupos y tendencias en una especie de automarginación. Gordillo es Premio Nacional de Artes Plásticas (1981) y el Premio Velázquez a las Artes Plásticas (2007).

La práctica fotográfica experimental permite a Gordillo indagar sobre la construcción, reconstrucción y destrucción de la imagen. Técnicas de transformación como la fotografía pero también la imprenta, la fotocopia y el collage reciclándose y trabajando en espiral. A través de esas técnicas Gordillo adopta modos del arte óptico y constructivista como la seriación, la repetición, las variantes y diferencias entre lo casi idéntico que le permiten desdoblar, simultanear y copiar una misma imagen obsesivamente.

Tras su paso por el MACA, la exposición se mostrará en 2019 en el Centre del Carme de València y en el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerní de Vilafamés, de la mano del Consorci de Museus.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

Vista de la exposición de Luis Gordillo. Imagen cortesía del MACA.

El MACA como Espacio de batalla

Todo paisaje es ficción 2. Colección Caja Mediterráneo
Espacio de batalla, de Miquel Navarro
MACA
Plaza Santa María, 3. Alicante
Hasta finales de abril de 2017

La primera Ciutat de Miquel Navarro fue expuesta en 1974 en el Colegio de Arquitectos de Valencia. Desde entonces, el escultor se especializó en estas instalaciones, paisajes escultóricos compuestos por montajes de pequeños elementos variables en serie, construyendo así paisajes urbanos. En aparente contradicción, Navarro construye ciudades como forma de hacer paisaje. Y esta obsesión por la ciudad como materia plástica se explica desde su biografía.

Miquel Navarro nace en Mislata, una ciudad cercana a Valencia con una gran extensión de huerta. El artista fue testigo de la desaparición del paisaje rural conquistado poco a poco por la metrópoli, por la expansión urbana de la capital al tiempo que desaparecía al ritmo desenfrenado de la industrialización. La ciudad iba invadiendo el paisaje rural.

Espacio de batalla, de Miquel Navarro. Imagen cortesía del MACA.

Espacio de batalla, de Miquel Navarro. Imagen cortesía del MACA.

Desde los años 70, Miquel Navarro construye ciudades, pequeñas o grandes instalaciones que extienden, en superficie y a vista de pájaro, decenas, cientos o miles de piezas en madera, terracota, plomo, cinc o vidrio de distintos tamaños y que configuran un paisaje metafísico. Paisaje como reflexión del mundo que nos rodea pero también sobre nuestra propia mirada o forma de mirar ese mundo que nos rodea. Miquel Navarro ha sabido desarrollar una manera de aproximarse al fenómeno artístico extraordinariamente singular en el contexto de la escultura occidental contemporánea.

La pieza que se muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) es ‘Espacio de batalla’, del año 2001 realizada en aluminio y cinc mediante una instalación compuesta por 2500 piezas, de la Colección Fundación Caja Mediterráneo
en depósito en el MACA. La obra que se encuentra expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) es una de las ciudades más significativas del artista valenciano por la dimensión y presencia que adquiere este ‘Espacio de batalla’. Se presentó por primera vez en 2002 en la galería Marlborough de Nueva York con gran éxito de crítica y público. Era la primera exposición individual del artista en la capital neoyorkina y en ella quería rendir homenaje a la ciudad tras el brutal atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre.

Espacio de batalla, de Miquel Navarro. Imagen cortesía del MACA.

Espacio de batalla, de Miquel Navarro. Imagen cortesía del MACA.

El centro de la exhibición era esta instalación, ‘Espacio de Batalla’, compuesta por una serie de esculturas de aluminio y cinc de formas y tamaños que asemejan una fantástica ciudad en miniatura, mitad urbe, mitad cementerio. Navarro nos propone percibir la ciudad desde lo alto, a modo de travelling, en una escala que convierte al hombre en gigante.

La instalación, de quince metros de largo, siete de ancho, y dos de altura, está compuesta por varias series de figuras geométricas de pequeñas dimensiones, organizadas en forma de bloques de casas, que también podrían ser las lápidas pulidas y ordenadas en serie de un cementerio.

Y se completa con algunos elementos de gran tamaño que semejan los rascacielos neoyorkinos. Un total aproximado de 2.500 piezas que, en rigurosa disposición, se extienden conformando pura creación poética entre arqueología y modernidad, una metáfora de la civilización destruida.

Miquel Navarro en el MACA.

Miquel Navarro junto a su escultura Espacio de batalla. Imagen cortesía del MACA.

 

Los títeres ocultos de Joan Miró

Mori el Merma. Joan Miró Joan Baixas
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 13 de septiembre de 2015

No fue una rueda de prensa, sino una novela de aventuras. Porque la historia de los decorados, máscaras y grandes títeres creados por Joan Miró para el espectáculo teatral Mori el Merma, de la compañía Teatre de la Claca, lo requería. Más de 30 años llevaban encerrados en baúles de mimbre. Acumulando polvo y olvido. Hasta que la insistencia de algunos, entre ellos el artista alicantino Eusebio Sempere, Joan Baixas, que fue quien dirigió el espectáculo junto a Teresa Calafell, y Rosa Castells, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), lograron casi lo imposible: que aquel valioso material vea ahora la luz tras múltiples vicisitudes.

Dibujos de Joan Miró en la exposición Mori el Merma en el Centro del Carmen de Valencia.

Dibujos de Joan Miró en la exposición Mori el Merma en el Centro del Carmen de Valencia.

El Centro del Carmen, tras su estancia en el MACA, expone los muñecos diseñados por Miró, felizmente restaurados por el IVACOR de la Generalitat, junto a litografías, documentos, apuntes, fotografías de Francesc Català-Roca y un video relacionados con el proceso creativo. Joan Miró, que desde hacía tiempo mantenía su obsesión por el Ubú rey de Alfred Jarry, volcó todo su talento en la construcción de unos personajes en tela y goma espuma que fueran la encarnación de la España negra que la Transición negociaba por dejar atrás.

Mori el Merma, estrenada en el Liceo de Barcelona en 1978, no fue, según recordó Baixas, teatro político, “sino un vómito”. Un vómito de celebración, y en esto corrigió las palabras de Rosa Castells, “no por la muerte del dictador Franco, sino por la muerte del régimen franquista”. Porque el franquismo “era una araña que se metió por todos los sitios, creando una atmósfera irrespirable”. El espectáculo de la Claca venía a oxigenar todo eso y lo hizo a lo grande, con Joan Miró a la cabeza.

Muñecos de Joan Miró en la exposición Mori el Merma, en el Centro del Carmen de Valencia.

Muñecos de Joan Miró en la exposición Mori el Merma, en el Centro del Carmen de Valencia.

“Fue nuestro comodín, porque en plena Transición nadie se hubiera atrevido a prohibir una obra firmada por un artista tan reconocido”, explicó Baixas, quien recordó lo “delicado y divertido” que resultó su estreno. “La fila 0, destinada a las autoridades, la ocuparon anarquistas y travestis, mientras que a Tarradellas y demás políticos los ubicamos en el palco”. Y Tarradellas quejarse se quejó poco, porque “se durmió durante la representación”.

Mori el Merma, insistió Baixas, fue un espectáculo para que la gente se divirtiera: “Ese era el mensaje”. Felipe Garín, director del Centro del Carmen, señaló que más que una crítica a la dictadura, “es una crítica al abuso de poder”. De hecho, destacó el mérito de una obra que “convierte la crítica política en obra de arte”. Joan Miró prefirió, llegado el momento de elegir entre marxismo y surrealismo, combatir la falta de libertades con poesía, que es la que “vomita” en el diseño tanto del fondo teatral como de sus grotescos personajes: el Merma, la Dona y sus ministros de la Guerra y Finanzas.

Fotografías del proceso de elaboración de los muñecos de Joan Miró para el espectáculo Mori el Merma. Centro del Carmen de Valencia.

Fotografías del proceso de elaboración de los muñecos de Joan Miró para el espectáculo Mori el Merma. Centro del Carmen de Valencia.

“Los títeres siguen la tradición de gigantes y cabezudos y fueron creados siguiendo la verticalidad de la pintura, más que la horizontalidad teatral, de manera que había un peligro real a la hora de manejarlos dada su altura, por lo que utilizamos artistas de circo, saltimbanquis y gimnastas”. Baixas, a medida que avanzaba en la novela de aventuras que ha supuesto el rescate de tamaño material, se congratuló del resultado expositivo. “Es una rara avis en este país donde la cultura está embarrada”, dijo refiriéndose a la colaboración entre instituciones públicas y privadas de diferentes lugares. También matizó que el mal estado de los muñecos no se debía únicamente a su encierro durante 30 años en cestos de mimbre: “Nosotros también los maltratamos en escena”. Los dictadores como Ubú o el Merma son, por lo que se ve en el Centro del Carmen, resistentes. La creación de Joan Miró para Teatre de la Claca, también.

Instalación de Mori el Merma. Centro del Carmen.

Muñecos de Joan Miró para el espectáculo Mori el Merma. Centro del Carmen de Valencia.

Salva Torres

Mujeres a la vista

Marina Anaya y Natividad Navalón. Festival Miradas de Mujeres

Alba Cabrera y Punto

C/ Félix Pizcueta, 20 y Avda. Barón de Cárcer, 37. Valencia

Hasta principios de mayo

Es, sobre todo, “una llamada de atención”. Más que una queja. Y, desde luego, “ningún llanto” de por medio. En todo caso, el “trabajo ímprobo” por “dar visibilidad al trabajo de las profesionales de las artes visuales”. Así se presenta el Festival Miradas de Mujeres. Y así lo hace su directora Mareta Espinosa, en la segunda edición del certamen. Nació en Madrid, pero este año se ha extendido al resto de España. Un total de 13 comunidades autónomas participan en el evento. Las galerías Alba Cabrera y Punto son las únicas valencianas. Marina Anaya y Natividad Navalón, sus artistas visibles.

“Casi el 90% de las matriculadas en Humanidades son mujeres. ¿Por qué luego sólo hay un 17% de exposiciones realizadas por mujeres?”, se pregunta Mareta. Y halla dos respuestas posibles: “Porque, aunque parezca increíble, en 2013 todavía hay discriminación”, y porque hablamos de “una cosa casi cultural”. Es decir, que más allá de la discriminación, hay también un caldo de cultivo que favorece la presencia masculina en los espacios públicos y privados. Lo primero se combate con festivales como el que dirige Mareta Espinosa. Para lo segundo se requiere del concurso de antropólogos, sociólogos y psicoanalistas.

El Festival Miradas de Mujeres nace con la vocación de poner en su justo lugar a las artistas visuales. “El día que no haga falta un festival como éste, es que habremos logrado la normalidad”, subraya Mareta. Más de 800 profesionales participarán en las exposiciones, conferencias y talleres previstos en 195 centros de arte de toda España. De manera que, hasta que esa normalidad se alcance, hay festival para rato. Y marzo y abril serán sus meses de referencia. En Valencia, esas miradas femeninas se concentran en dos únicos espacios privados (Alba Cabrera y Punto). También participan dos espacios públicos: el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante y Las Cigarreras.

ALBA CABRERA: MARINA ANAYA

Graciela Devincenzi, responsable de Alba Cabrera, tiene claro que “hay que hacer espacio a las mujeres para que se expresen, porque no tienen la misma visibilidad”. En su caso apuesta por Marina Anaya. Y lo hace con un conjunto de dibujos y esculturas que vienen a expresar el carácter íntimo de la artista, al tiempo que engarza con el espíritu mismo del Festival Miradas de Mujeres. Hay espíritu viajero en la obra de Marina, bandadas de pájaros y libertad, mucha libertad Por donde pasa el viento, título harto elocuente de la exposición.

En los dibujos manda el color naranja, efervescente, primaveral, repleto de alusiones a esa libertad o desenfado que domina el conjunto. En las esculturas, a base de latón y roble, predominan los pájaros que, aunque enredados muchas veces en varillas de hierro, sacuden el aire. Bandadas de pájaros o de simples parejas disfrutando de ese viento pasajero que les anima a vivir. Un horizonte de buenos deseos que Marina Anaya despliega en 53 obras y pequeñas joyas, declaración de sus mejores intenciones.

PUNTO: NATIVIDAD NAVALÓN

Natividad Navalón. Galería Punto

Natividad Navalón. Galería Punto

Amparo Agrait, de la galería Punto, se ha sumado al Festival Miradas de Mujer porque considera vital “reivindicar el papel de la mujer en el mundo del arte”. Y lo hace con una espectacular muestra de Natividad Navalón. Espectacular porque, en medio de la sala, se zambulle en un pesado estanque de agua una figura femenina en bronce y acero inoxidable. Una pared estampada con flores y un gran espejo al lado contrario sirven para componer El paso del testigo, conjunto de tres piezas introductorio al Cuéntame un cuento más general.

Navalón remata el título así: …Qué cuento me contaste!? De manera que las esculturas en bronce de la superficie dejan paso a una serie de fotografías, en el piso inferior, directamente relacionadas con esos cuentos que la artista somete a cruda revisión: Alicia ya no está, Blancanieves busca en el espejo o La Bella Durmiente no quiere despertar. Imágenes inquietantes, fruto de la propia inquietud de la artista por indagar en la trama de esos cuentos infantiles. La relación materno filial como trasfondo de una exposición entre lúdico-festiva y crítica. Como el propio Festival Miradas de Mujeres: luminoso y reivindicativo.

Salva Torres