Lo especulativo y el valor de las cosas

Isidro López-Aparicio. Sobre el cómo y el cuánto
Galería pazYcomedias
Plaza del Patriarca, 5. Valencia
Inauguración: 24 de abril de 2015, 19 h.

La Galería pazYcomedias presenta la exposición “Sobre el cómo y el cuánto” del artista Isidro López-Aparicio, producida para la ocasión, que ocupará la sala principal de la galería en diálogo con una intervención sonora de Isidoro Valcárcel Medina (Premio Nacional de Bellas Artes) en el espacio Glass Wall de la entrada.

Isidro López-Aparicio interviene con sus proyectos en contextos sociales, como herramienta colaborativa, pero también sobre algunos aspectos cotidianos de las relaciones humanas aquejados de cierta atrofia.

En la sociedad actual el valor de las cosas forma parte de un ámbito especulativo. Tanto lo económico como lo legal es susceptible de estructuras de poder en el que las cosas desaparecen por su valor en términos economicistas. Pero los objetos, poseen un valor más allá  de su tasación, que se basan en su relación con las personas, en su utilidad, en su carga simbólica y  conceptual, en su vínculo con lo humano. Los elementos que representan el valor económico son utilizados como objetos por López-Aparicio en “Sobre el cómo y el cuánto”. Consciente de su simbolismo, son usados como meros objetos que forman parte de construcciones o sirven de vehículo para cuestionar su propia función.

Los procesos son una parte fundamental en el trabajo de Isidro López-Aparicio, pues su reflexión no persigue necesariamente objetos finales, sino experiencias capaces de condensar y comunicar las ideas que maneja.

Para López-Aparicio, el arte no es solo un campo de satisfacciones estéticas y desarrollos ficcionales, sino que la realidad es el argumento de lo creativo.

Esta muestra, comisariada por José Luis Pérez Pont, es la segunda del programa de Galería pazYcomedias centrado en expresiones artísticas de cuestionamiento y crítica social, y que se inició con la exposición de Yara El-Sherbini (artista participante en la Bienal de Venecia 2015). El programa continuará con Fermín Jiménez Landa, Escif, Ernesto Casero, Rogelio López Cuenca, Antoni Abad y Nuria Güell, entre otros.

Isidro López-Aparicio. La más cara, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Isidro López-Aparicio. La más cara, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Isidro López-Aparicio es un artista con una sólida presencia y reconocimiento profesional participando con asiduidad en ferias internacionales y realizando numerosas exposiciones individuales y colectivas en España, Italia, Reino Unido, Portugal, Alemania, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, Hungría, Finlandia, Rusia, Egipto, China, Grecia, Fiji, Rumania, Papua Nueva Guinea, Noruega, Jordania, Unión de Emiratos Árabes, etc. en centros como Darat al Funum (Aman, Jordania), Inter Art Gallery, 798 Art Distric (Pekin, China), Tate (Londres, UK), GAM, Galería de Arte Moderno de Palermo, Sicilia, Columbia, ARTifariti, Sahara Occidental, S.C., EEUU, Tamarind, N. Mexico, Imatran Taidemuseo, MNCA Reina Sofía, Madrid, Finlandia, Pushkinskaya 10 Art Center, St. Petersburg, etc.  Premiado y becado para la ampliación de estudios y la creación artística en más de treinta instituciones. Ha comisariado cinco festivales artísticos internacionales trabajando con más de un centenar de artistas y miembro del panel de expertos del proyecto comisarial internacional Artist Pension Trust.

Ha trabajado en un centenar de instituciones de los cinco continentes, en la actualidad compagina su docencia en la Universidad de Granada con otras en instituciones de Finlandia y del Reino Unido. Autor de numerosos libros y artículos.

Master en Gestión Medioambiental, EU, Miembro del Instituto de investigación de la Paz y los Conflictos y Director del Grupo de Investigación CreaciónECI.

Presidente de honor del Fine Art European Forum y de la ejecutiva de la European League of Institutes of Art. Miembro de la comisión editorial del Journal of Art Research. Presidente de la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales de España. Vicepresidente de la Unión de Artistas Andaluces. Estrella de oro por la EU por programas de movilidad.

FRANK. Musicoterapia

Componer no resulta fácil para Jon (Domhnall Gleeson), un joven músico en ciernes de cuestionable talento y existencia soporífera. El encuentro con un grupo de músicos bastante singulares supone un drástico giro en su rutina, especialmente tras conocer al líder de la banda: Frank (Michael Fassbender), quien, desde hace años, oculta su verdadero rostro tras una cabeza falsa con aires de dibujo animado.

La última producción del dublinés Lenny Abrahamson, director de Garage (2007) y Adam & Paul (2004), parte de la historia del cabezudo Frank Sidebottom, personaje creado por el músico y cómico inglés Chris Sievey a mediados de los ochenta. Aunque la película no resulta completamente biográfica, sí se basa, de manera libre, en las experiencias vividas por Jon Ronson –autor del libro sobre Frank y responsable del guión con Peter Straughan− junto al verdadero Sidebottom en la Oh Blimey Big Band, donde Ronson tocaba los teclados.

Frank comienza como una alocada aventura musical para el atolondrado Jon, nuevo y ambicioso componente de The Soronprfbs, una banda en absoluto al uso: la fría e iracunda Clara (excelente Maggie Gyllenhaal) únicamente posee corazón para Frank y su theremín, Don (Scoot McNairy) elogia la quietud femenina hasta límites insospechados, Baraque (François Civil) tan sólo habla en francés y jamás atusa su cabello, mientras que Nana (Carla Azar, batería real del grupo Autolux) apenas habla para comunicarse. No poseen un nombre comercial de fácil pronunciación ni se rigen por las redes sociales o las visitas de Youtube, sólo la investigación artística les guía. Jon, sin embargo, vive la música a velocidad de megabyte, ansiando una rápida fama online que resulta tan falsa como la cabeza de Frank. Sólo tras varias tribulaciones descubre que su locura es mayor que la del resto, que la celebridad no es la meta, sino el arte en sí y el proceso creativo que desemboca en él.

Inicialmente construida como comedia juvenil de cierto toque hipster con tuits impresos en pantalla y planos cortos y dinámicos, sorprende un final mutado en drama, siendo las últimas escenas de Fassbender una nueva demostración de su talento interpretativo. El espectador, desubicado por ese desenlace impredecible y amargo aunque esperanzador, comprende entonces que la película se vertebra en dos partes y en dos argumentos, que además de narrar las vicisitudes de un grupo de música alternativa y experimental en clave de humor, la película versa sobre los límites entre lo verdadero y lo falso, la genialidad y el delirio, la excentricidad y la enfermedad. Frank se define como una película sobre la aceptación propia y ajena, una historia agridulce en donde la máscara resulta imprescindible para la supervivencia, y el arte, en este caso musical, es –como afirmase Louise Bourgeois− la única garantía de cordura.

Tere Cabello

Bichobola o la luz interior de la naturaleza

Naturaleza enmascarada, de Davy Bytrap y Mercedes Mollá
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta finales de marzo

Cogen troncos que yacen junto a los lagos y les dan vida. Es la manera que tienen Davy Bytrap y Mercedes Mollá, con su proyecto artístico Bichobola Creativo, de poner en cuestión la naturaleza robada por los múltiples enmascaramientos de la sociedad contemporánea. Hablan, lógicamente, de la naturaleza exterior con la que ellos trabajan, pero incidiendo en la repercusión que tiene sobre la naturaleza humana. Al conjunto expositivo que presentan en la galería Imprevisual lo han llamado Naturaleza enmascarada, porque a su juicio “nuestra esencia queda oculta bajo máscaras sociales que nos convierten en seres neutros”.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y como queriendo dar cuenta de esa esencia, Bichobola arroja luz al interior de esos troncos, después del adecuado tratamiento plástico de la naturaleza rescatada. De manera que Bytrap y Mollá intervienen las piezas con resina de poliéster, a las que añaden trozos de mecedoras o telas de ganchillo a sus esculturas de luz. El resultado es un inquietante paisaje de restos mortales procedentes de esa naturaleza que los artistas invocan, devolviéndoles la vida tras la inyección de diversos artificios. El desenmascaramiento de esa esencia interior oculta, luminosa, se lleva a cabo mediante la naturaleza enmascarada a la que alude el título del conjunto expositivo.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Así explica Bichobola su laborioso trabajo: “Realizamos esculturas de luz partiendo de estructuras naturales a las que alteramos su carácter expandiendo sus formas y aplicándoles capas de color”. Esta alteración del carácter natural de los troncos de árbol, que luego se convierten en piezas expositivas, tiene algo del enmascaramiento que los artistas denuncian. Por lo que se daría la paradoja de estar señalando cierta recuperación de la identidad perdida, enmascarándola de nuevo. “Transformamos partes de árboles varados en lagos, en objetos atrayentes que enmascaran formas existentes en la naturaleza”, explican Bytrap y Mollá.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Lo antiguos griegos lo tenían claro, cuando los actores en sus representaciones de la tragedia clásica utilizaban máscaras, que etimológicamente asociaban con la palabra persona. Y es que para tocar lo real de la experiencia humana, necesitaban esas máscaras que amortiguaban el dolor o el intenso goce narrado. La persona, su identidad, guardaba relación con la máscara, la cual además de ocultar servía para acceder a ese interior en llamas del sujeto. La posmodernidad ha hecho de esa máscara un lugar vacío.

Bichobola retoma ese debate para ofrecernos la posibilidad, mediante sus esculturas de luz, de avivarlo. Así lo proclaman en su proyecto artístico, el cual se anuncia como una “apuesta por establecer conexiones con la naturaleza como medio para recuperar nuestra identidad perdida en la masificación y el gregarismo de la ciudad”. Sus conexiones con esa naturaleza pueden verse en la galería Imprevisual, donde se exhiben sus esculturas de luz con el objeto de proyectar las sombras de nuestra sociedad contemporánea.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Salva Torres

Claudio Zirotti, ¡qué Butoh!

Teatro, danza, ciudad. Claudio Zirotti
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta el 12 de noviembre

A Claudio Zirotti, italiano de Modena pero residente en Valencia desde hace más de 20 años, le apasionó en su momento el Art Brut de Jean Dubuffet. Le apasionó las posibilidades que le ofrecía ese arte marginal que pretendía recoger experiencias lindantes con las enfermedades mentales; la vuelta a cierto primitivismo. Pasados los años, y tras exploraciones varias, Zirotti vuelve a hacerse eco de las emociones más recónditas, más oscuras e inaprehensibles, que afloran en la superficie del cuerpo. Inspirándose en la danza japonesa Butoh, ha creado una serie de obras con la figura, el cuerpo y el rostro como protagonistas. Al conjunto lo ha llamado Teatro, danza, ciudad. Un conjunto plástico que puede verse en la galería Espacio 40 de Russafa, y en el que Zirotti explora la expresividad del cuerpo humano doliente.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

La danza Butoh ya tiene un origen que, clamando al cielo, se fija en los infiernos terrestres. Se atribuye su creación a Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, especialmente sensibilizados con las pavorosas imágenes de Hiroshima y Nagasaki. Para dejar testimonio crítico del dolor contenido en los cuerpos quemados por la guerra nuclear, utilizaron la danza como vehículo expresivo de lo que resulta inexpresable. Esa misma paradoja entre lo que el cuerpo reclama como verdad sin tapujos, por apelar a cierta hondura prístina, y la necesidad de un conjunto de imágenes que traduzcan la desolación en historia sentida y compartida, es la que anima la obra de Claudio Zirotti expuesta en Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Kazuo Ohno lo dejó bien claro: “Yo aprendí el Butoh en el vientre materno”. Se trata de sentir, por tanto, ese pálpito primigenio, esa oscuridad de las entrañas que se va revelando poco a poco mediante la compleja luz que arroja el arte. Las expresiones de los rostros dibujados por Zirotti, la tensión de los cuerpos, así como los collages empleados, hechos con trozos de cartas y pedazos de sellos, están pensados para vehicular esos sentimientos que el cuerpo manifiesta sin ambages, una vez caídas todas las máscaras. Y, sin embargo, la sola dramatización de esa danza, de ese teatro, que utiliza el cuerpo dolorido, aquejado de una cultura que se vive con opresión, ya supone una mediación entre lo real del instante y su posterior creación plástica. Y es que se nos olvida que máscara significaba ‘persona’ en el teatro clásico, ya que los actores la necesitaban para protegerse de los brutales hechos que interpretaban.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Claudio Zirotti, queriendo expresar en su serie titulada Teatro, danza, ciudad esa sensación primigenia, diríase que por fuera de los límites de la cultura, entendida aquí como institución represora, no deja de contener el grito y la desolación mediante un conjunto plástico dramatizado. Y lo hace, además, con un papel Arches de gran calidad, lo que permite asistir a ese despliegue corporal y gestual, como si se tratara de una rigurosa y cuidada puesta en escena. El cuerpo se revela así como soporte de una verdad que exige cierto desnudamiento, las justas y precisas mediaciones, en esa búsqueda del acto primordial. Zirotti se adentra en ello con la pulcritud del escenógrafo que asiste a cierto alumbramiento.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Salva Torres

Tactelgraphics. Lost Boys

Tactelgraphics. Lost boys
Galería Mister Pink
C/ Guillem de Castro, 110, Valencia
Hasta el 15 de octubre de 2013

Paul Ricoeur compara las visiones de la vida buena a una nebulosa. Las nebulosas están llenas de estrellas, tan llenas que no seremos capaces de contarlas, y las incontables estrellas brillantes y parpadeantes cautivan y tientan. Entre ellas, las estrellas podrían mitigar suficientemente la oscuridad para permitir a los errantes trazar algún tipo de camino, pero ¿qué estrella debería guiar sus pasos? ¿Y en qué momento debería uno decidir si la selección de una determinada estrella como guía entre la multitud de estrellas ha sido una decisión acertada o desafortunada? ¿Cuándo  debería uno llegar a la conclusión de que el camino elegido no lleva a ninguna parte y que ha llegado el momento de abandonarlo?[1] En una de esas encrucijadas se encuentra nuestro sistema económico y político. Los brillos y destellos que se superponían a la realidad habían logrado generar una máscara que ocultaban la verdad tras cada resplandor. Tanta luz artificialmente generada, administrada a ráfagas estertóreas sobre la población, produjo un efecto más pernicioso que la propia oscuridad, causando una ceguera general.

Tactelgraphics. La piscine (suite) 1, 2010. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. La piscine (suite) 1, 2010. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics, integrado por Ismael Chappaz (Valencia, 1982) y Juanma Menero (Vila-real, 1982) presentan en la galería Mister Pink de Valencia su nuevo proyecto, titulado Lost boys (2013). Un trabajo que enlaza con Somewhere Over Summer (S.O.S.) (2012), iniciado con la serie La Piscine (2010), en el que se toma como escenario espacios residenciales y de ocio construidos en la época de la transición española, que muestran hoy un estado de decrepitud y abandono similar al de tantos ideales que se han visto mancillados en el proceso desarrollado en estas décadas democráticas. De las expectativas de desarrollo al desarrollismo, de la universalización de los derechos a la precarización generalizada, de la exaltación materialista de los grandes eventos a la amenaza de quiebra. Esa es, en cuatro palabras, la fisonomía de una sociedad que se dejó seducir por el fragor oportunista que prendió los estómagos de norte a sur y de este a oeste, sin hacer escala en otros órganos vitales que dictaran la oportunidad, o no, de tantos fuegos fatuos.

Tactelgraphics. Le Chemin, 2012. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Le Chemin, 2012. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Chappaz y Menero superponen a las imágenes formas geométricas realizadas en vinilo que actúan a modo de trama, de filtro que turbia la razón, para evidenciar la interferencia que tiene en la memoria y en las emociones nuestra percepción de los acontecimientos, así como en nuestra capacidad para procesar e interpretar la información encriptada que construye el relato social. Un relato del que nosotros, nuestras vidas, forman parte desde la autonomía de nuestras decisiones, a partir de la intensidad con la que deseemos que se produzcan cambios y nuestra capacidad para traducir esos deseos en potencialidades.

Tactelgraphics. Lost boys, 2013. Pieza única, fotografía sobre bastidor de madera, rótulo de neón y metacrilato. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Lost boys, 2013. Pieza única, fotografía sobre bastidor de madera, rótulo de neón y metacrilato. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Son numerosas las referencias cinematográficas y musicales que estimulan algunos de los proyectos de Tactelgraphics, que se definen como cinéfagos más que cinéfilos. En esta ocasión toman prestado el título de la película Lost boys (1987), dirigida por Joel Schumacher y traducido en España como Jóvenes ocultos, a partir del cual desarrollan un proyecto con varias series fotográficas. La pieza que da acceso a la exposición es una fotografía en blanco y negro que ha sido intervenida con un texto en neón superpuesto, en el que puede leerse Lost boys. Se trata de una imagen encontrada, datada en los años 1980, que reproduce un paisaje de camping próximo a Valencia, junto a un río, en el que se mezcla la sensación vintage como efecto del tiempo detenido y la superposición de capas como resultado de un sistema acumulativo.

Para la pieza We are phanthoms (2013), compuesta por una secuencia de fotografías polaroid, se ha elegido un espacio natural de cruising, en el que el personaje aplica la idea de disfraz –de ser otro- para escenificar un rol “fantasmal” con el que se evidencia la todavía persistente necesidad de ocultar la preferencia sexual. El uso de la máscara se hace más explícito en la serie Meshes of the afternoon (2013), título tomado de la película experimental dirigida y protagonizada por Maya Deren y Alexander Hammid en 1943. Para este trabajo realizan una serie de autorretratos en los que la identidad queda negada, para representar el momento de ocultación, en los que la complementariedad de los colores y su relación con títulos de canciones y grupos musicales juega el papel de definir las personalidades y reforzar la individualidad grupal del carácter.

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Chemical Brothers - Orange Wedge - 1999. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Chemical Brothers – Orange Wedge – 1999. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

El trabajo de vídeo Deconstructing lost boys (2013) reafirma el signo apropiacionista marcado en el proyecto. Ha sido compuesto a partir de fragmentos del film Lost boys –esa versión hardcore de Peter Pan- en los que no existe presencia humana, convirtiéndose en una sucesión de ambientes, elementos y encuadres en movimiento sobre la que se extiende en loop el resultado sonoro de la pieza principal de la película tras eliminar la intervención vocal de la misma. Podría decirse que se ha procedido a un proceso de higienización que conlleva la inevitable extinción de todo signo de vida, enlazando con los ambientes siniestros mostrados en Somewhere Over Summer (S.O.S.).

El uso de la superposición de capas en la construcción de la imagen, es empleado por los autores como referencia a las máscaras y los parches con los que los individuos ocultan aspectos personales socialmente problematizados. Si en Somewhere Over Summer (S.O.S.) centran su atención en el entorno y en el espacio como escenografía simbólica, en Lost boys abordan la representación del sujeto, de un modo autorreferencial, en el desarrollo de la identidad sexual desde la infancia y la adolescencia. Los condicionantes de un entorno hostil a las diferencias y con los diferentes han generado y genera elevados niveles de presión personal. La necesidad de pasar desapercibido es observada como una herramienta de superviviencia por algunos individuos en esos momentos incipientes, a la vez que supone una actitud de negación de la propia identidad. El asunto de la infancia es tratado aquí desde el territorio de la no-felicidad, rompiendo el estereotipo algodonado de un tiempo vital sin aristas, pues la realidad de los diferentes es dura en los primeros años de vida, un tiempo en el que la crueldad azota con dureza a quienes exceden los márgenes de lo estereotipado, aún hoy.

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Soft Pink Truth - Soft Pink Missy - 2001. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Soft Pink Truth – Soft Pink Missy – 2001. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. Aphex Twin - Yellow Calx - 1996. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. Aphex Twin – Yellow Calx – 1996. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

José Luis Pérez Pont


[1] Bauman, Zygmunt. El arte de la vida. De la vida como obra de arte. Paidós, Barcelona, 2009.

Los cuerpos siniestros de Barroso

Moments Maniacs. Antonio Barroso.
La Lisa Arte Contemporáneo
C / Collado Pina, 10. Albacete
Inauguración: 3 de mayo
Hasta el 14 de junio

Dice Jean-Luc Nancy, citado por el comisario Fernando Castro, que “tocar la interrupción del sentido” es lo que, “por mi parte, me interesa del asunto del cuerpo”. Y dice bien. Al menos en lo que se refiere a la exposición de Antonio Barroso, que la galería La Lisa Arte Contemporáneo acoge hasta el 14 de junio. Interrupción del sentido: eso es lo que reflejan los retratos y figuras, literalmente plastificadas, que Barroso muestra en la sala albaceteña.

Castro ha seguido el rastro de esa interrupción para hablar de “función del velo” acerca del conjunto expositivo. Y, además de citar a Nancy, también se refiere al Freud de Mas allá del principio del placer. Otra cita ajustada a lo que la muestra concita. Porque es sin duda del goce, en tanto pulsión de muerte, lo que  aflora en esos cuerpos plastificados y un tanto mortificados de Barroso. O, por seguir la estela freudiana, la revelación del cuerpo en tanto cuerpo siniestro.

Y como lo siniestro el padre del psicoanálisis lo asoció a lo familiar, lo más íntimo y cercano, que, de pronto, se vuelve extraño, nada más natural que trasladar ese enunciado a las figuras y retratos de Antonio Barroso. Ahí, en esos cuerpos fotografiados como si fueran mortajas o diana de punzantes sensaciones, se ubica lo siniestro freudiano que el artista valenciano parece hacer leit motiv de su obra.

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Fernando Castro, quizás más pudoroso, levanta un velo para fijar su meditación en el enmascaramiento de esos modelos, en ocasiones forrados “literalmente de plástico adhesivo”. Pero el Más allá del principio del placer va más allá de ese velo; que es, sin duda, el lugar al que apunta Barroso. Un lugar siniestro por cuanto la “interrupción del sentido” lo provoca, lo reclama, hurgando en la oscuridad del cuerpo lacerado, mortificado, “preparado para escuchar lo inaudito”, precisa Castro.

El velo y lo inaudito no terminan de cuadrar en la obra de Antonio Barroso, porque lo que el velo vendría a tapar es precisamente la voz estentórea, radical, de lo que debiendo permanecer oculto se revela, por seguir a Rilke. En todo caso, Barroso no vela nada, sino que utiliza el velo como anunciación del cuerpo siniestro. Un cuerpo tocado por la “interrupción del sentido”, en tanto ningún horizonte simbólico parece aguardarle. Nada que pueda hacerse cargo de eso real, amenazante, que en la obra de Antonio Barroso se manifiesta como destino inexorable de esa carnalidad lacerada.

Salva Torres