“El éxito de la Mostra es poder celebrarla”

#MAKMAEntrevistas | Eduardo Guillot (director de programación de la Mostra)
Mostra de València – Cinema del Mediterrani
Del 22 de octubre al 1 de noviembre
Viernes 16 de octubre de 2020

Eduardo Guillot, al frente de la Mostra de València como director de programación, lamenta que el festival desapareciera en 2012, por muy degradado que por aquel entonces estuviera. Recuperado hace tres años, aboga, esté quien esté dirigiéndolo, por que el certamen de cine mediterráneo no se vuelva a ver envuelto en la bronca política. Él, desde luego, no se ve como responsable del mismo durante muchos años, de manera que se limita a ir sembrando para que las mejores cosechas de ese cine mediterráneo tengan larga vida en València.

Se muestra cauto con respecto al hecho de que las series, ahora en auge, lleguen a competir en la Mostra: “Lo veo muy complicado”, aunque manifieste que “igual me desdigo de esto dentro de unos años”.

Tiene claro que la respiración de un festival pasa por su presencia en las calles, aunque eso cueste dinero, y por su difusión mediática, que lamenta sea tan escasa. Defiende que Portugal y Serbia, sin estar bañados por el Mediterráneo, puedan entrar con sus películas a competición, porque así ha sucedido desde que nació el certamen, e insiste en el espíritu romántico del cine proyectado en la gran pantalla, donde radica el alma de todo festival cinematográfico.

Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿Cuándo tuvieron claro que la Mostra se celebraría de forma presencial? ¿Pensaron en un plan B online

Pensamos en un plan B, no solo porque tal y como está la situación hay que tenerlo previsto, sino porque dependemos de una institución pública y tenemos que rendir cuentas de lo que hacemos. De manera que si la opción online estaba ahí, teníamos al menos que valorarla. José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, dijo que San Sebastián sería presencial o no sería. Y si el Festival de Cannes, el más importante del mundo, había cancelado, nosotros no podíamos andarnos con medias tintas.

Sí es cierto que éramos pesimistas en primavera, porque veíamos que los eventos se cancelaban o se aplazaban, pero, al mismo tiempo, cuando un festival como Málaga decidió que lo haría en agosto, San Sebastián y Venecia lo mismo, teniendo además en cuenta que los cines estaban abiertos con reducciones de aforo, pensamos que sí se podía hacer presencial. Hubiera sido terrible tener que dar marcha atrás y no celebrar el festival, cuando la Mostra se está reiniciando, tras un parón de seis años.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

¿Los festivales, visto lo visto, llevan camino de potenciar su carácter virtual?

La pandemia lo que ha hecho, sobre el debate de los festivales online y/o presenciales, ha sido acelerarlo un poco, pero estaba en el ambiente. Un festival no solo es un espacio donde se proyectan películas, sino un punto de encuentro. Eso el online no lo va a tener nunca, de ahí que el festival presencial no vaya a morir. Otra cosa es que si la pandemia se alarga, a lo mejor haga una criba.

Por lo que están optando algunos festivales es a hacer online las secciones de industria. Es decir, los encuentros, los pitchings, las reuniones con productores, se hacen a través de Zoom para no tener que desplazarse, pero las películas y los autores sigue siendo fundamental que sean presenciales. Ver el cine en sala sigue siendo importante, hasta el punto de que los propios creadores de las películas, cuando negocias con ellos, te preguntan si el festival es presencial u online y muchos, si les dices que va a ser online, te dicen que prefieren esperarse.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

Además de un mayor presupuesto económico por parte del Ayuntamiento de València, ¿se necesita una mayor presencia visual de la Mostra en la ciudad?

Para que se respire festival tiene que haber sin duda una presencia en las calles, pero es que eso también cuesta dinero. Que los autobuses lleven publicidad, que haya banderolas, que haya mupis, todo eso requiere de una inversión económica. Nosotros no podemos ser San Sebastián, porque ellos tienen ocho millones de presupuesto y nosotros no llegamos a medio millón. Pero, por otro lado, tanto en Sebastián, como en Valladolid, Gijón o Sevilla, parte de esa respuesta que recibe el festival tiene que ver con la difusión mediática, y eso en València tampoco pasa, lo cual lamento profundamente.

Que un evento como la Mostra, de un nivel importante para la ciudad, tenga más o menos difusión en función de inversiones publicitarias, pues es una pena, aunque sepamos que se hace así porque es de dominio público. En cualquiera de los casos, en el contexto de pandemia que estamos padeciendo, el éxito de la Mostra es poder celebrarla. Y, a partir de ahí, veremos lo que nos depara el futuro.

Detalle de las manos de Eduardo Guillot, durante la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

La película inaugural de la Mostra, ‘The mystery of the Pink Flamengo’, es de los valencianos Hermanos Polo, aunque su producción no sea de ámbito local.

Bueno, cada película es un mundo. Hay de todo, pero lo que sí creo es que en València se está apoyando al sector. Nosotros este año teníamos 13 películas valencianas sobre la mesa para programar, contando con que al Festival de Málaga ya fueron otras 12. Estamos hablando de un volumen de producción que en València hace unos años era impensable. Después, hasta dónde llegan esas películas, cuáles son valencianas o no, pues son temas para entrar en detalle en cada uno de los títulos.

Hay películas dentro de la Mostra que son de Portugal y de Serbia, países ajenos a la cuenca mediterránea.

Nosotros cuando llegamos dijimos que queríamos recuperar el espíritu de la Mostra original. Y en el 80, cuando empezó el festival, Portugal ya formaba parte del mismo, porque, si bien es cierto que geográficamente no toca el Mediterráneo, si queremos hablar de cultura ibérica, que siempre ha estado ahí. Lo incluía la Mostra desde sus orígenes y nos pareció que debíamos mantenerlo.

También en la década de los 80 participaba Yugoslavia y nuestro criterio desde el principio ha sido que todos los países surgidos de la antigua Yugoslavia formaran parte de la Mostra. Los límites son siempre un poco elásticos, pero las únicas excepciones de países no bañados por el Mediterráneo son ésas.

De izda a dcha., Merche Medina y Salva Torres (Makma), y Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

Hay una sección de películas dedicada al conflicto vasco, de moda por las series ‘La línea invisible’, de Mariano Barroso, o ‘Patria’, de Aitor Garmendia. ¿Las series terminarán siendo parte de los festivales de cine?

Las series forman parte de los contenidos audiovisuales hoy en día y nosotros no les cerramos la puerta. Igual me desdigo de esto dentro de unos años, pero veo muy complicado que una serie esté en una competición oficial de la Mostra. En las competiciones paralelas sí se puede estrenar alguna, como ya sucedió con ‘Parany’, o si dentro de un ciclo hay algo en televisión que nos parece interesante, por supuesto que vamos a contar con ello.

Hacer maratones, como hacen otros festivales, solo tiene sentido si estrenas la serie, como ocurrió con ‘Patria’ en el Festival de San Sebastián. En nuestro caso, no creo que en un futuro cercano, ni a medio plazo, vayamos a tener una sección de series, ni nada por el estilo.

¿Qué películas de las que compiten en la Mostra conviene subrayar?

Estoy encantado con muchas de las películas de la ‘Sección Oficial’, pero entiendo que no debo hablar de unas sobre otras, porque todas tienen valores y motivos para estar ahí. Pero sí es cierto que, por subrayar alguna, estaría ‘Kala Azar’, ópera prima de Janis Rafa, que es una artista visual griega; ‘Luxor’, de Zeina Durra, artista egipcia afincada en Londres, o ‘Between heaven and earth’, de la directora palestina Najwa Najjar.

La buena noticia, con todo esto, es que no tenemos que buscar películas de directoras, simplemente llegan. En el caso de ‘Coses a fer abans de morir’, que es una película valenciana, ha sido también una sorpresa, porque Cristina Fernández es sobre todo actriz y Miguel Llorens director de fotografía, y se han aliado un poco los dos, a partir de un guion de Cristina, para hacer su primer largo juntos.

Eduardo Guillot, en una de salas del Palau de la Música, donde se realizó la entrevista. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿El público que acude a los cines en nuestro país, como ha señalado en alguna ocasión el director Jaime Rosales, es conservador? 

Al final es una cuestión de educar la mirada. Nosotros tenemos películas que son del alcance de todos los públicos, junto a otras quizás más lentas o raras o difíciles. Sí es cierto que cuando volvimos en 2018, una de las dudas que teníamos era saber si el público vendría, porque, si no viene, carece de sentido el festival. En este sentido, va creciendo cada año. Conservar públicos cuesta, pero crearlos cuesta todavía más. Ése es uno de los objetivos del festival y creo que estamos en el buen camino.

La artista Marina Abramovic es uno de los platos fuertes de la Mostra.

A Marina Abramovic la vamos a tener en directo, lo que pasa es que va a ser online porque, dada la edad que tiene, es persona de riesgo. La esencia del festival es la presencia de los autores e invitados, pero, en un año como éste, tener a Marina Abramovic, aunque fuera online, es un lujo.

Eduardo Guillot, durante la entrevista en el Palau de la Música. Foto: Fernando Ruiz.

La Mostra de València fue objeto, antes de su desaparición hace ocho años, de intensa confrontación política. ¿Han entendido los partidos políticos que el festival hay que dejarlo al margen de las disputas ideológicas?

A mi me gustaría que fuera así. Cuando la Mostra desapareció en 2012 yo trabajaba como periodista y a mí me resultó muy triste constatar que las reacciones eran contrarias, aunque fuera cierto que el festival se había degradado mucho; se había desnaturalizado. Lo que yo lamentaba, con todo, era que se perdía una dotación cultural para la ciudad. Nosotros dependemos del Ayuntamiento y de un Consejo Rector en el que están representados todos los partidos políticos y al que rendimos cuentas.

Pues bien, cuando hablamos del festival en ese consejo, nos encontramos con una receptividad por parte de la oposición que me sorprende. Creo que han entendido perfectamente el proyecto. Y que el festival siga será señal, esté quien esté, de que València tiene una oferta cultural interesante. Cualquier evento cultural que desaparece es una pérdida para la ciudad. Incluso la Mostra de 2012 fue una pérdida para la ciudad, por lo degradada que estuviera, pero es que se trataba de tenerla degradada o no tenerla.

 

La Mostra
Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista realizada en el Palau de la Música de Valencia. Fotografía de Fernando Ruiz.

Salva Torres

El EACC se prepara para Chiharu Shiota

Chiharu Shiota. Cartas de agradecimiento
Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n. Castellón
Inauguración: 26 de septiembre, 20 h.
Hasta el 11 de enero de 2015

El trabajo de Chiharu Shiota (Osaka, 1972) no sólo hace referencia al uso de los hilos y nudos, sino también nos muestra el viaje de su historia personal a través de temas como la soledad, la diáspora, la incomunicación del ser humano y, en definitiva, distintas memorias encerradas en los objetos usados por la artista: desde las maletas de su instalación Accumulation: Searching for the Destination, hasta las camas, zapatos, vestidos de novia o pianos. Todos ellos aparecen envueltos en una maraña de hilos que en parte los ocultan y los desproveen de su materialidad hasta convertirlos en evanescentes y sutiles recuerdos.

Desde sus años como estudiante de pintura en la Seika (Universidad de Kyoto), entre 1992 y 1996, previos a su traslado y definitivo establecimiento en Berlín, Shiota ya había estado usando los hilos de lana con los que ataba objetos en los pasillos y las escaleras de la escuela como una manera de desafiar el restrictivo uso de la pintura y del papel y con la voluntad de dibujar líneas en el espacio.

Líneas que se entrelazaban y se separaban las unas de las otras creando «otro» espacio en el espacio, un mundo propio. Ya en estos trabajos previos los hilos entrecruzados (como si estuviera protegida y prisionera a la vez por ellos) funcionaban tanto como una manera de vincular a los seres humanos entre sí como imagen del mundo espiritual de la artista y de sus memorias, en definitiva, un símbolo de las relaciones humanas. Como por ejemplo una de sus primeras exposiciones Breathing from Earth, en Munich, en la que la artista dormía dentro de los hilos negros.

En su instalación Reflections of the Past, una red densa y opaca envolvía y semiocultaba un espejo antiguo roto, entendiendo el acto de romper el espejo como un acto de separación, pérdida o incluso muerte.

La obra In Silence, atrapaba en su red de más de 170 kilómetros un piano antiguo, que como los pianos preparados de John Cage, reduce el sonido del instrumento al puro silencio.

También en el interior de un túnel tejido de hilos negros (State of Being), como una «verdadera mujer araña» (llevando a un plano real las metáforas de las que ser servía la artista Louise Bourgeois), la artista nos mostraba otro de sus objetos «semiocultos». En este caso un solemne vestido de novia colgado del techo que, como ocurre con el resto de los objetos, busca representar la vida de la supuesta persona que lo ha habitado, su memoria.

Algo parecido ocurría con uno de los primeros objetos que Chiharu Shiota colocó en su red de hilos: una reliquia personal, un fragmento del cordón umbilical de la artista que su madre, siguiendo una tradición japonesa, guardaba como símbolo de una permanente conexión entre madre e hija.

El cordón umbilical junto con la sangre explicarían una nueva serie de obras que la artista titula Red line, un conjunto de dibujos realizados con las manos que actúan a modo de pinceles no con pigmento rojo sino con sangre.

La sangre es un fluido que alimenta los órganos vitales y, a la vez, es símbolo de la herida, la enfermedad y la muerte. Porque, como dice la artista: «En la sangre siempre se condensa el rastro de una pertenencia –el país, la nación, la religión, la familia– todo lo que somos se representa en el fluido sanguíneo de las personas». Todo ello desde una clara actitud performativa que atestigua la vinculación de la artista con el trabajo de Marina Abramovic y Rebecca Horn, por no hablar de sus vínculos, eso si mucho más indirectos, con la obra de Ana Mendieta en los que el cuerpo y la naturaleza se fusionan desde un punto de vista ritualístico.

La concentración de los materiales orientados a un proceso físico cobra especial relevancia, situándose al borde de los movimientos contemporáneos del Arte Japonés, entusiasmados por los medios de comunicación electrónicos y, principalmente, la conexión cultural establecida entre la tradición y la adaptación a un mundo hipermoderno.

En ocasiones las instalaciones de Shiota se convierten en una maraña de hilos que envuelven cuerpos y objetos personales donde el espectador es invitado a contemplar este mundo mágico que se esconde tras ellos. Donde las chicas que duermen vestidas de blanco pueden ser insectos atrapados en las redes de una gran araña que está esperando a tener hambre. En cualquier caso se trata de respetar la paz y tranquilidad hasta que despierten y las camas queden vacías.

Vacías como las teclas de un piano rodeadas de hilos. El vacío que provoca el silencio. ¿Y qué sería de la música si sólo existiera un enorme silencio? Chiharu Shiota posee la misteriosa capacidad para dotar a su mundo de una fragilidad cuyas hebras individuales pueden llenar una habitación, remitiéndonos a una experiencia, una vida o a un espíritu infinitamente paciente.

Los hilos que utiliza son en su mayoría de color negro, rojo y en ocasiones su efecto combinado. La tendencia a llenar el espacio es comparable al efecto del humo en el mismo, como si los objetos fueran atrapados en el acto de la quema en silencio los unos con los otros.

A nadie se le escapa la potencia melancólica de sus instalaciones generada mediante redes trenzadas alrededor de recuerdos, de objetos congelados en el tiempo, anclados en un lugar y en un espacio ciertamente inquietante. De este modo, Shiota crea dramatizaciones artísticas espaciales entendidas como reformulaciones constantes de su relación con el arte. De ahí que cada pieza sea una respuesta directa, física y emocional resuelta en paralelo con el espacio expositivo que la acoge.

Para esta artista el sentido del arte sólo existe cuando el creador y el instrumento ha perdido su función respectiva. De este modo Shiota restablece la conexión en el triángulo de percepción del arte que se creía «perdido» en el que las categorías aparentemente autónomas de: «obra de arte», «artista» y «observador», criticadas explícitamente por la performance, se disuelven en favor de una red que constantemente se desplaza del sujeto al objeto.

Chiharu Shiota, actualmente afincada en Berlín, estudió Bellas Artes en la Universidad de Kyoto y posteriormente en Alemania. Expone regularmente en Madrid (Galería Nieves Fernádez), París (La Maison Rouge y Galerie Daniel Templon), Nueva York (Haunch of Venison), Londres (Hayward Gallery), Helsinki (Kiasma Museum), Berlín (Neue Nationalgalerie), Osaka (National Museum of Art) o Hiroshima (Museo de Arte Contemporáneo), entre otras ciudades. Recientemente ha sido seleccionada para representar a Japón en la Bienal de Venecia de 2015.

Para el Espai d’art contemporani de Castelló, Shiota realizará una nueva instalación de carácter específico concebida ex profeso para la sala y el contexto en el que se ubica, contando así con la participación desinteresada de diferentes personas de la ciudad de Castellón y su provincia. Su instalación, titulada Letters of Thanks, ha sido realizada anteriormente en el Museum of Art, Kochi, en Japón.

«El lugar donde uno duerme está destinado a la estrechez íntima del sueño, no a la amplitud pública de la vista panorámica. Las miradas hacia el interior, son siempre, miradas perturbadoras, hirientes, prohibidas…» «La creación con hilos es un reflejo de mis propios sentimientos. Un hilo es un corte o un nudo, una lazada, o suelta, o a veces enredada. Un hilo puede ser reemplazado por sentimientos o por relaciones humanas. Cuando utilizo hilo, no sé cómo mentir. Si estoy tejiendo algo y resulta ser horrible, enredado o anudado, entonces así deben haber sido mis sentimientos mientras estaba trabajando.» Chiharu Shiota

Chiharu Shiota. Letters of Thanks en el Museum of Art, Kochi, en Japón. Imagen cortesía EACC.

Chiharu Shiota. Letters of Thanks en el Museum of Art, Kochi, en Japón. Imagen cortesía EACC.

“Queremos una ciudad viva, que ofrezca otras miradas”

Desayunos Makma en Lotelito
Entrevista a Irene Ballester, Lucía Peiró y Teresa Legarre por parte de José Luis Pérez Pont y Salva Torres, del equipo de dirección de Makma
Con motivo del Festival Miradas de Mujeres

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Foto: Consuelo Chambó.

 

 

 

“Este festival no debería existir”. Lo dijo Marián López, presidenta de Mujeres en las Artes Visuales (MAV), durante la presentación del Festival Miradas de Mujeres en la reciente edición de ARCO. No debería, pero existe. “Y hay festival para rato”. Al menos, “hasta que se alcance la igualdad entre hombres y mujeres”. Lo dice Irene Ballester Buigues, directora del festival en la Comunidad Valenciana, y asienten a su lado Lucía Peiró, artista, y Teresa Legarre, galerista. Para alcanzar esa igualdad se hace necesario derribar algunos muros. El de Berlín cayó hace 25 años; el que discrimina a las mujeres artistas sigue al parecer levantado. Enseguida veremos por qué.

El Festival Miradas de Mujeres, que nació hace tres años en Madrid y ahora se extiende por 15 comunidades autónomas, pretende abrir grietas en ese muro. De momento, ahí están las más de 1.000 artistas participantes, un centenar en la Comunidad Valenciana, mostrando sus obras en 308 espacios, de los cuales casi 30 se encuentran en territorio valenciano. “Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo”, destaca Irene Ballester, para quien dirigir el festival ha sido “un reto”, no exento de “un poco de susto” y de “responsabilidad”. Y añade: “Le hemos dedicado muchísimas horas, pero ha sido un trabajo fructífero y gratificante, porque he conocido espacios, artistas y galeristas que no conocía”.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó.

¿Cómo se ha llevado a cabo el Festival Miradas de Mujeres?

Irene Ballester: “Teníamos claro que para que el festival saliera bien había que entretejer entre nosotras una red de colaboración en la que primase la igualdad, con reuniones a través de skype y mediante correos. Hubo espacios que nos dijeron que el festival les parecía muy interesante, pero que ya tenían cerrada su programación, como es el caso de Cataluña, que lo hace con dos años de adelanto. Aún así, hemos conseguido más de 300 espacios y quienes no han podido ya nos han dicho que les guardemos un sitio para el año que viene”.

Teresa Legarre: “Yo ya tenía claro lo de Andrea Nacach, que es la artista que propuse para el festival”.

En este sentido, Irene Ballester subraya que le ha parecido “muy interesante” poder mostrar galerías dirigidas por mujeres, como la de PazYComedias de la propia Teresa Legarre. “Eso es muy importante. Al igual que las comisarias, como Johanna Caplliure, María Luisa Pérez, Lidón Sancho Ribés, Inma Coll, Carolina Maestro o Elena y Cristina Roig Cardona. Es decir, hacer visible el trabajo de galeristas, artistas y comisarias”.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

Mujeres en las Artes Visuales (MAV), que es el colectivo del que parte la iniciativa del festival, aporta una serie de datos reveladores de esa discriminación de las mujeres artistas. ¿Cuáles son?

Irene Ballester: “Sí, desde MAV todos los años se realizan estudios acerca de cuántas son las mujeres que exponen en galerías y en museos o cuántas adquisiciones de obras de mujer se llevan a cabo en esos espacios. Y lo que descubrimos es que las redes museísticas, artísticas, siempre están dominadas por los hombres. De hecho, en el Museo del Prado en la actualidad sólo hay dos obras de Sofonisba Anguissola, lo cual ya nos indica algo; es un signo. Y en Historia del Arte, nos pasamos cinco años estudiando la obra de hombres artistas. Bien, Miguel Ángel es muy interesante, pero Sofonisba Anguissola también lo es y pasa completamente desapercibida. ¿Por qué en los planes de estudios no tenemos asignaturas de arte contemporáneo específico de mujeres? Y no sólo en arte contemporáneo, sino a lo largo de Historia del Arte. En MAV también denunciamos que sólo el 15% de las adquisiciones de museos es obra de mujeres.

Teresa Legarre: “¿Cuántas mujeres hay en el comité de ARCO? Yo he oído a gente del comité de ARCO decir que ellos no exponen a mujeres”.

Irene Ballester: “El festival lo que pretende es precisamente mostrar nuestro punto de vista, la pluralidad de miradas de mujeres que forma parte del espíritu del festival. Porque a lo largo de toda la tradición artística hemos encontrado siempre que son los varones los protagonistas, mientras que el arte realizado por mujeres se ha entendido, desde esa mirada machista, como una cuestión femenina cuyos temas eran infravalorados, denostados, como si fuera un simple hobby para la mujer. A nosotras se nos ha limitado a ser observadas, objeto de representación para disfrute de la mirada masculina. Lo que el festival pretende es mostrar muestra mirada como mujeres y como sujetos de empoderamiento, y no como objetos”.

Lucía Peiró: “Llenar la sociedad de artistas es tener un punto de vista diferente, lo cual ayudaría a que las relaciones humanas fueran completamente distintas. Esa capacidad artística hace que obtengas cosas que no puedes lograr sólo con la burocracia”.

¿Cómo llegar a eso en un país tan reacio a la cultura, reducida al puro entretenimiento?

Irene Ballester: “La cultura en este país no es valorada y mucho menos el trabajo realizado por mujeres. De manera que nosotras estamos doblemente discriminadas: por ser mujeres y por dedicarnos a la cultura”.

Lucía Peiró: “La política y la cultura deberían ir por separado. Y creo también que debería de haber una equidad mayor a la hora de distribuir los recursos públicos. Queremos una ciudad viva, que ofrezca otros modos de ver, de pensar. Para eso hace falta un equipo que no esté supeditado a lo político, sino guiado por la calidad profesional. Y Valencia carece de eso. A mí me parece bien que haya falleros o artistas joyeros, porque todas las disciplinas son respetables, interesantes y necesarias, pero lo que no debe haber es un agravio comparativo, porque ese agravio supone una unilateralidad en la forma de ver”.

Irene Ballester: “Nos han llegado a decir, cuando solicitamos al Ayuntamiento de Valencia permiso para ciertas actividades en la ciudad, que no podíamos tomar la calle porque del 1 al 20 de marzo Valencia es de los falleros, remarcando además que todas las personas que viven en Valencia eso lo debían de tener muy claro”.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, junto  a Álvaro de los Ángeles (de espalda), Salva Torres y José Luis Pérez Pont. Foto: Consuelo Chambó.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, junto a Álvaro de los Ángeles (de espalda), Salva Torres y José Luis Pérez Pont. Foto: Consuelo Chambó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el dossier del festival aparecen como patrocinadores instituciones públicas de otras comunidades autónomas. La valenciana, por número de espacios, es la tercera después de la andaluza y la madrileña. ¿Por qué no hay un respaldo similar?

Irene Ballester: “Pues porque nos pusieron muchas trabas. Aquí en Valencia, los grandes museos han optado por el silencio. Si salvamos la disposición que en todo momento ha tenido Felipe Garín, cediéndonos el Centro del Carmen para la presentación e incluyendo la muestra de Helena Sorolla en el programa de actividades, el resto de espacios públicos no participa en el festival. Luego está la burocracia en estos museos, que lo complican todo, porque el Museo de la Universidad de Alicante (MUA) ha participado sin problemas, como también lo hecho el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)”.

Y qué decir del Ayuntamiento de Valencia, que colabora con uno de sus espacios, el Museo de Ciencias Naturales, pero que manifestó, por boca de su concejala delegada de Cultura, Mayrén Beneyto, su rechazo al festival. Un rechazo sorprendente, por cuanto lo hizo en plena rueda de prensa, teniendo al lado a una estupefacta Irene Ballester y a un hierático Felipe Garín, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana. La explicación de que el Ayuntamiento ya tenía su festival de miradas de mujer en Atarazanas fue como un jarro de agua fría, por parte de un responsable público que debería tener como consigna la suma de voluntades ciudadanas, en lugar de andar restándolas para mantener un protagonismo político que entorpece la dinámica cultural.

Teresa Legarre, Irene Ballester, Lucía Peiró y José Luis Pérez Pont, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

Teresa Legarre, Irene Ballester, Lucía Peiró y José Luis Pérez Pont, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

¿Cómo vivisteis ese episodio?

Irene Ballester: “Con sorpresa, porque el Ayuntamiento no ha pagado nada por su participación [las instituciones públicas abonan 180€ y los espacios privados 80] y nos encontramos con que Mayrén Beneyto dice que ya tiene su propio festival y que el nuestro, por tanto, no lo iba a apoyar. Al final, ha tenido que ser la propia artista María José Alvarado quien ha pagado la cuota asignada, aunque en su caso la hayamos rebajado. Pero es que no es el mismo festival, por mucho que Pepe Garnería dijera que lo habíamos copiado, lo cual demuestra que ni siquiera se habían leído la finalidad del Festival Miradas de Mujeres, y no miradas de mujer como lo llamaba Mayrén. En fin, de todo se aprende y, desde luego, si el año que viene quieren participar tendrán que pagar como el resto de espacios públicos y privados”.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, en un momento de la entrevista. Foto: Consuelo Chambó.

¿Y las galerías cómo participáis?

Teresa Legarre: “Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombres que mujeres los que exponen en PazYComedias, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas”.

Lucía Peiró: “Las galerías deberían apostar al máximo por todo el arte que se está haciendo aquí. Deberían abrir sus puertas a esos artistas que muchas veces por vergüenza no se acercan”.

Teresa Legarre: “Hay un problema y es que a veces muchos de esos artistas de la Comunidad Valenciana están habituados a vender en estudio. Se saltan a la galería y de eso te enteras a veces de manera casual”.

Lucía Peiró: “Pero hay una cosa que se llama contrato y ética profesional, y tienen que funcionar las dos cosas”.

Teresa Legarre: “Pero esto es así, porque también los compradores se han acostumbrado a ir a los estudios. Y como ahora todo el mundo tiene web, pues lo primero que se hace es contactar con el artista. Y luego está ARCO, que ha invertido un millón de euros en traer coleccionistas, lo cual me parece un gasto salvaje”.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó

En cuanto al lema del festival, La artista está presente, en alusión al título de la exposición de Marina Abramovic en el MoMA de Nueva York, ¿qué se puede decir?

Lucía Peiró: “Marina Abramovic es una performer que habla de vender. De hecho, Marina convierte su presencia en una venta. Ésa no es la esencia del arte en acción, que lo que hace es poner en cuestión lo que hay a tu alrededor, porque tal y como está no funciona. Y el arte debe de ser eso: acción, reacción”.

Irene Ballester: “Nosotras lo que pretendíamos con La artista está presente es, de nuevo, llamar la atención acerca del trabajo de las mujeres, que su obra se haga visible. También poner en valor ese trabajo de las mujeres, que no se valora con criterios de igualdad”.

Ponerlo en valor y, por supuesto, pagarlo.

Irene Ballester: “Bueno, ésa es otra. ¡Estamos tan acostumbrados a trabajar en la cultura de manera gratuita!”.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó.

De izquierda a derecha, Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró. Fotografía: Consuelo Chambó.

Salva Torres