Oralidad y vínculo en la obra de José Bedia

‘José Bedia. Trazos de una canción’
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 29 de marzo al 4 de mayo de 2019
Inauguración: viernes 29 de marzo de 2019 a las 20:00

En voz muy bajita, casi como susurrándonos, el artista cubano-americano José Bedia (La Habana, 1959) se empeña –desde hace años– en rescatar la oralidad, dejar sus huellas urdiendo un mapa a través de su quehacer visual, fundamentado en el lenguaje pictórico y el dibujístico, un mapa simbólico sobre la trasmisión de saberes oralmente; una constante que ha sido y es, desde siempre, una de las premisas utópicas y metodológicas de su trabajo.

Bedia edifica su obra desde una operación de arqueología y restauración de sus estudios antropológicos sobre cómo sobreviven, hoy día, las culturas primalistas, en combinación con cómo también sobreviven al avance civilizatorio del progreso social, como maquinaria homogenizadora, las culturas populares. En ese sentido, el artista es un registrador, un anotador de marcas endémicas que tienden a desaparecer de los estratos que componen nuestras voraces culturas omnívoras. Estas culturas trasatlánticas atravesadas por la africanidad, la españolidad y lo aborigen, en una mezcolanza en perpetua mutación, en un movimiento infinito de autodefinición.

Imagen de la obra 'En el tronco de un árbol una niña...', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘En el tronco de un árbol una niña…’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Quizás por esa urgencia de quien no sabe a cuánto estamos de la inevitable desaparición de estos fragmentos culturales que están siendo solapados, ocultados, silenciados, en su última producción Bedia se esfuerza por ilustrarnos –en el sentido de quien enseña, muestra u ofrece una iniciación gnóstica– cómo se mantienen entre nosotros esas transmisiones orales, como el ronroneo de ciertas nanas (canciones de cuna, muchas ya universales que han trascendido su localismo), boleros, danzones, habaneras, cantes de ida y vuelta, canciones susurradas, cantadas como murmullos al oído del iniciado, del recién nacido, del niño ingenuo que todavía el hombre es, pues Occidente se infantiliza cada día en su narcisismo tardío, que aún resuenan entre nosotros.

En un universo de reclamos de egolatrías, Bedia se desliga y baja la velocidad de sus obras, las hace menos escandalosas, más íntimas, más directas, menos enigmáticas, como si primara en él una necesidad de hacerse entender, incluso haciéndose más descriptivo; apelando a una relación narrativa directa, ni siquiera cargada de su habitual sentido del humor, sino didácticamente análoga, clara… clarividente.

Imagen de la obra 'País en premonición', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘País en premonición’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Puede que esta necesidad late en José Bedia porque está anclada en el conocimiento de que en esa relación de fe hay un vínculo, un nexo que debe salvarse, anotándolo, haciéndolo fabulación visual, cuaderno de anecdotario, crónica simbólica que indica una resistencia invicta aún. Una conexión hombre planta, planta animal, animal mujer, mujer luna, luna tierra, monte mar, mar tierra espíritu… y así. Una recíproca relación ecosistémica donde algo de ese saber ancestral podría indicarnos las reglas del juego de nuestra supervivencia como especie, como sociedad presente que se proyecta hacia el futuro desde el pasado. Un vínculo que es transversal y atemporal, poseedor de un saber que traspasa el tiempo. Un diálogo que Bedia comprende como el don en lo dado, en el intercambio, en la voz de los otros, en su palabra y su musicalidad, su sinfonía mínima.

Aún cuando esa música suene detrás, de fondo, como un murmullo, un cántico divino silencioso, en voz baja, sólo para entendidos e iniciados, estudiosos sabedores de esas lenguas otrora misteriosas, enigmáticas y ocultas ante los saberes actuales, idiomática que conoce perfectamente porque sabe que si él pregunta… sus deidades responden. Como dejó plasmado en aquella obra germinal de título: ‘Si yo te llamo tú me respondes’ (1985). Una graficación del sistema dialógico y vinculante que describe la relación del Iniciado y su Nganga.

A día de hoy, tal vez, todavía alguien de fe.

Imagen de la obra 'Múltiples Perfiles de Un Felino', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘Múltiples Perfiles de Un Felino’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Omar-Pascual Castillo

Las trampas de la memoria

Dystopia, de PanicMap
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Del 16 al 18 de septiembre de 2016

La tecnología siempre es un arma de doble filo, especialmente en el mundo del arte. Igual ayuda a potenciar la expresividad del artista que puede contribuir a anularla, como ocurre en tantos filmes que son una mera sucesión de trucos y efectos especiales sin apenas sustancia. Cuando se trata de las artes escénicas lograr una armoniosa conjunción entre arte y tecnología es un asunto delicado. Un osado experimento que muy pocos se arriesgan afrontar. La compañía valenciana PanicMap, creada por Juan Pablo Mendiola y Margarita Burbano en 2012, ha demostrado estar muy capacitada para ello. Pero siempre desde el pánico, el vértigo, el miedo a la página en blanco, de ahí su nombre. “Un pánico que hay que solventar a base de trazar un mapa, una hoja de ruta”, dice Mendiola.

Tras el éxito obtenido con su primer montaje, Harket y tras cuatro años de intenso trabajo regresan a los escenarios con Dystopia protagonizada por Cristina Fernández y Ángel Fígols que inicia mañana la nueva temporada de Las Naves.  Tres únicas funciones hasta el domingo. Tres ocasiones de ver algo diferente sobre el escenario.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

“Dystopia es un viaje emocional de dos personajes en el que nada es lo que parece”, dice Mendiola. “Un laberinto de espejos en el que se ven atrapados y que distorsiona su identidad. La obra reflexiona sobre la memoria. Sobre la necesidad que a veces tenemos de crear una realidad paralela a la auténtica cuando no estamos satisfechos con nuestros propios recuerdos, cuando aquello que nos rodea se descompone a trozos, cuando nuestro presente nos parece un futuro distópico de nuestro pasado. El protagonista se adentra en un laberinto de espejos emocional, en el que le cuesta reconocerse”.

El resultado es un teatro radicalmente contemporáneo que indaga en nuevos lenguajes, sin dejar por ello de buscar la emoción y la reflexión del espectador. Con técnicas innovadoras  construye sobre el escenario historias e imágenes  atractivas y sorprendentes.

A la escenografía convencional se suman proyecciones de mapping 3D y vídeo en directo “que permite transformar el espacio tanto a nivel plástico como emocional”, señala Mendiola. “Mi objetivo es buscar un diálogo entre tecnología y emociones. Lo tecnológico es frío y son los actores los que calientan el ambiente. En este caso, tanto Cristina como Ángel se desdoblan en un auténtico tour de force. Se puede decir que los he exprimido a fondo”, bromea el director.

Ambos mantienen un intenso duelo interpretativo en escena, proyectándose  en unos papeles de gran exigencia emocional y física. Los protagonistas se trasladan a diferentes lugares y momentos interactuando con los elementos visuales que los envuelven en el escenario y descubriendo poco a poco los límites de su propia realidad. En suma, Dystopia profundiza en la búsqueda de un lenguaje multidisciplinar en el que se entrelazan dramaturgia, danza, live cinema y video mapping para dar forma a un rompecabezas escénico.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Mendiola se inició en Teatre de l’Horta con Roberto García y más tarde montó un par de obras para Maduixa. PanicMap nació en plena crisis y a partir de ahí todo ha ido si no a mejor, sí al menos no a peor. “La sensación que tenemos es que la crisis va remitiendo, aunque tampoco se acaba de ver el sol”, comenta. “Nos encontramos en un impase, esperando a Godot. Hay esperanza pero también cierto recelo. El cambio de gobierno se ha traducido en un diálogo más abierto, lo que se podría llamar ‘escucha activa’ por parte de las instituciones y somos conscientes de que se han dado pasos hacia delante.  Se ha incrementado el presupuesto que apoya la cultura pero todavía hay que mejorar su formulación y distribución”.

Una vez estrenada en Valencia Dystopia seguirá el circuito habitual de festivales como Harket. Con su primer montaje PanicMap recorrió parte de la geografía nacional pasando por varios festivales.  Estuvo en Fira Tàrrega, TAC de Valladoli, Burgos Escena Abierta, MADferia, Danza Xixón y Mostra de Teatre d’Alcoi. Tambien recibó el Premio BBVA de Teatro al mejor espectáculo y a la mejor actriz, Cristina Fernández.

“Cuando actuamos en teatros de gran aforo como El Principal de Valladolid hicimos subir el público a escena, unas 150 personas para crear mayor intimidad y proximidad ”, recuerda Mendiola, que también recibió el Premio Max al mejor espectáculo infantil de 2015 por Dot, de Maduixa Teatre, y la candidatura como mejor autor revelación por Harket.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Inmersión en ‘Dystopia’

“Sé lo que necesitas. Un leve balanceo. Un pequeño impulso que te ponga en movimiento.” Se abre el telón y aparece un fragmento del rincón de una habitación inacabada en medio de ninguna parte. Los espectadores se adentran en un bucle emocional en el que memoria, realidad y ficción están en constante lucha. Los personajes también en continua construcción. ¿Qué haces cuando crees vivir en un presente que no es el que te pertenece?

Transformamos los recuerdos y construimos una realidad propia, alternativa.  Al transformar nuestra memoria alteramos también nuestra identidad. ¿Qué margen de error hay entre la realidad y lo que recordamos de ella? “No tienes una grabadora sobre los hombros. Lo siento. No eliges un cassette, le das al play y reproduces exactamente lo que has vivido.”

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Bel Carrasco

Concha Ros: El lugar de partida

The Mirror, de Concha Ros
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 13 de marzo, a las 20.30h
Hasta el 4 de mayo, 2015

“Soy dibujante, pienso en imágenes.” Así empezó nuestra conversación. Siempre he pensado que dibujar es una oportunidad para representar lo que no volverá a ser visible. Es un momento único, irrepetible, lleno de emociones. En palabras de Cézanne: “Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo como es”. Vivimos mirando y buscando zonas intermedias de comunicación a través de la obra que realizamos, motivados por un intento no tanto de identificar, ni hallar, ni descubrir, sino de mirar para poder fijar la imagen, entenderla, traducirla y habitarla. La imagen está en la retina y en el pensamiento y el dibujo contiene la experiencia de mirar, obligándonos a detenernos y entrar en su tiempo. Ese tiempo que reúne la totalidad de los instantes.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

John Ashberg pensó que “La mente es tan hospitalaria, lo aloja todo…”. Nos encontramos envueltos por cientos de imágenes formadas por pequeños puntos de luz que visibilizan nuestro entorno, seleccionando capturas a modo de “pantallazos”. ¡Existen tantas imágenes en el mundo! Pero ¿cuál es, de todas esas imágenes, la que finalmente fijamos?

Concha Ros traduce su memoria de imágenes en un cuerpo femenino, que se repite en su diferencia al igual que el Rizoma que actúa como mapa y no como calco: “El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye. Contribuye a la conexión de los campos, al desbloqueo de los cuerpos sin órgano, a su máxima apertura en un plan de consistencia. Forma parte del rizoma. El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantes modificaciones.” (1)

Se dibuja así misma, desde fuera, pero también desde dentro; sin principio ni final, sin fronteras, adaptándose a la superficie convertida en espacio. No en vano su mano y su lápiz, en muchos de sus trabajos, están todavía terminando el dibujo, lo que los hace realmente inquietantes y nos llevan a plantearnos si debemos terminarlos en nuestra imaginación, apropiándonos de ellos.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Foto de Maite Backman, cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Juan José Gómez Molina en ‘Proyectar y Proyectarse’ escribe: “Asumir como proyecto de dibujo y no como dibujo de proyecto surge también del hecho inquietante de la ineludible necesidad de establecer la propia proyección (…). La línea con memoria que va determinando el dibujo constituye el eje de doble referencia desde donde es posible la separación del objeto y la configuración del yo”.(2)

Este viaje comenzó con el trazo de esa línea con memoria que es el dibujo, produciendo una determinación del límite que focaliza sucesivamente la imagen proyectada en la representación de un ser, que haciéndose se mira. Ofreciendo la suficiente resistencia a la luz para que no la atraviese, estableciendo el perfil preciso. El perfil de una línea fina y sensible sobre papel blanco, pero también sobre papel negro (positivo/negativo), nos señala y desdibuja el paso de dentro a afuera: es el espejo (The Mirror), ese lugar metafórico que aloja la imagen y que la devuelve convertida, mediante el dibujo, en el lugar de llegada.

1 Deleuze, G., Guattari, F., Rizoma. Ed. Pretextos, Valencia 2003. Página 29

2 Gómez Molina, Juan José, La representación de la representación. Ed. Cátedra. Madrid 2007. Página 62

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror' en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’ en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Rubén Tortosa

La selección de García-Alix en ARCO

Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix
ARCO Madrid 2015
Del 24 de febrero al 1 de marzo de 2015

Alberto García-Alix ha realizado una selección de artistas emergentes participantes en ARCOMadrid 2015, cuyas obras integran la guía ‘Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix’. Los artistas y obras  elegidos son: Xavier Arenós (Fragmentación dinámica del búnker de Antonov-Ovseenko –Galería Rosa Santos), Elena Bajo (Is Music the Essence of the World?–García Galería), Jose Diaz (Nec spe, nec metu -Galería The Goma), Santiago Giralda (Erebus –Moisés Pérez de Albéniz), Arturo Hernández (Sedimentary Color Wheel –José de la Fuente), Hisae Ikenaga (Tubular 1-Formato Comodo), Adrian Melis (Línea de Producción por excedente –ADN galería), Asier Mendizábal (Toma de Tierra, Vista de la instalación Installation View -Carreras Mugica), Carlos Motta (Seis actos: un experimento de justicia narrativa –Instituto de Visión) y Belén Rodríguez (Silkanplastic I –Josh Lilley). Todas sus obras estarán expuestas desde el 25 de febrero al 1 de marzo en ARCOmadrid.

Obra de Arturo Hernández, de la galería José de la Fuente. Imagen cortesía de Ron Barceló Imperial.

Obra de Arturo Hernández, de la galería José de la Fuente. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

“Ha sido muy complicado llevar a cabo esta selección, existe mucho talento emergente en la actualidad y es necesario conocer la historia y el contexto que hay detrás de cada proyecto para poder entenderlo. Por ello, además de investigar cada artista y cada obra, me he dejado guiar por las sensaciones que me han transmitido cada una de ellas, utilizando la emotividad y la comprensión como criterios añadidos”, reconoce García-Alix.  Asimismo, afirma que la puesta en marcha de esta acción por parte de Ron Barceló Imperial “es positiva y muy necesaria”, ya que “supone un reconocimiento y un impulso para los creadores emergentes”.

Obra de , de la galería Carreras Múgica. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Asier Mendizabal, de la galería Carreras Múgica. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Las obras y biografías de los 10 artistas emergentes seleccionados por Alberto García-Alix quedarán plasmados en ‘Selección Ron Barceló Imperial de artistas emergentes por Alberto García-Alix’, una guía única que, acompañada de un mapa con la localización del stand de cada una de ellas, será distribuida por la organización de ARCOmadrid en los puntos de información y venta de entradas hasta el próximo 1 de marzo, ofreciéndose como un recorrido imprescindible para los asistentes a esta nueva cita con el arte.

Obra de Hisae Ikenaga, de la galería Comodo. Imagen cortesía de Selección ron Barceló Imperial.

Obra de Hisae Ikenaga, de la galería Formato Comodo. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Además de este proyecto, Ron Barceló Imperial refuerza su implicación con el arte en la 34ª edición de la feria de arte contemporáneo a través de la entrega del Premio Ron Barceló Imperial/ARCOmadrid, que en su segunda edición ha reconocido la exposición colectiva ‘The Apartment (Piloto’), de la Galería L21.

Obra de Xavier Arenós, de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Xavier Arenós, de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Adrian Melis, de ADN Galería. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

Obra de Adrian Melis, de ADN Galería. Imagen cortesía de Selección Ron Barceló Imperial.

 

El haiku en piedra de Cristina Iglesias

Cristina Iglesias
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 13 de abril, 2015

La apariencia de esta obra, su forma, es la del tejadillo de una tienda cualquiera, un lugar público, corriente, que pasa totalmente desapercibido. Pero cuando uno se fija en ella y se acerca, descubre la filigrana oculta de una piedra semipreciosa sumergida en una luz apagada, translúcida, abstraída en su mundo cromático interno.

Este juego que las vetas del alabastro hacen con la luz que le llega indirectamente desde arriba, hacen que el objeto, que es una piedra, se convierta en un cristal. Combina las propiedades luminosas del vidrio con la textura natural de la piedra, cobrando así matices refinados. Seguramente sería por esta sutil belleza secreta por la que en el pasado tallaran con ella objetos sagrados y funerarios.

Detalle de la obra de Cristina Iglesias expuesta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Cortesía del museo bilbaíno.

Detalle de la obra de Cristina Iglesias expuesta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Como un haiku japonés, su discreta sencillez transforma de un modo recogido y femenino el lugar de la sala donde se ubica, al fondo de un corredor que las térreas esculturas de Basterretxea proponen abruptamente como bosque.

Y sin embargo, no por femenino menos escabroso y rotundo. La voluptuosidad de la piedra no oculta la delicada belleza del cristal, su relieve.

“Siempre me ha atraído -dice la autora- la geografía de los objetos, los pequeños detalles que hacen de la orografía un mapa nuevo, un descubrimiento que se observa más con los ojos del alma que con los del cuerpo”.

Obra de Cristina Iglesias en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Cristina Iglesias en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres