Teriomorfismo y ciberpunk en Plastic Murs

‘Real Fiction’, de Deih, Dhani Barragán y Jay Bisual
Plastic Murs
Denia 45, València
Del 1 de febrero al 1 de marzo de 2019
Inauguración: viernes 1 de febrero a las 19:30

Es obvio que en la segunda década del siglo XXI, las nuevas expresiones del arte contemporáneo están consolidando un marco de actuación creativa, dejando atrás un modelo de modernidades que durante todo el siglo XX estaba asociado a los diferentes ismos. Todas las corrientes de ruptura del siglo pasado propusieron un esquema diferente de percepción de la realidad y, por tanto, de su representación. Pero nunca hasta ahora la libertad de interacción entre la creatividad artística, la realidad y la ficción habían sido tan activas y, por qué no, efectivas.

Imagen de la obra 'Hunch', del artista Deih, que forma parte de 'Real Fiction'. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Imagen de la obra ‘Hunch’, del artista Deih, que forma parte de ‘Real Fiction’. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Vivimos tiempos en que la actualidad hiperconectada nutre de forma inmediata la creación artística, dando como resultado nuevas tipologías de obras como las que componen esta exposición; obras que van desde las representación artística de un insider interestelar en la soledad de parajes deshabitados espaciales, hasta elementos de teriomorfismo, ciberpunk y post-pop, realizadas bajo una utópica realidad paralela e inquietante, plasmada por propuestas estéticas creativas que componen esta exposición, creada bajo tres manos que dibujan una alternativa ficción real.

Los potentes matices narrativos propios del cómic, manga y lowbrow, son las líneas gráficas elegidas con las que se encontrarán los visitantes de la exposición ‘Real Fiction’. En estos diferentes modelos de experiencia artística hay algunos que incluso no tienen razón de ser, si no es alimentándose del combustible temático del día a día existencial de la real ficción de los autores, encontrando la inspiración narrativa en los medios y la técnica en el histórico valor de la tradición gráfica oriental y occidental.

A su vez, sus creaciones artísticas nos devuelven la mirada, inundando nuestra consciencia de realidades nacidas de su ficción, reclamando en la composición de sus obras el poder de anticipación visionaria o el paralelismo residente en la obra representada de este hecho y que así lo confirma.

Imagen de la obra 'Creepy House', de Dhani Barragán, que forma parte de 'Real Fiction'. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Imagen de la obra ‘Creepy House’, de Dhani Barragán, que forma parte de ‘Real Fiction’. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Plastic Murs presenta un reflejo del momento creativo de las nuevas expresiones del arte contemporáneo, centrándose en un tándem que siempre ha disfrutado de mucho prestigio en la cultura valenciana: la ilustración y el arte urbano. Una propuesta que busca equilibrio y la contraposición, la posibilidad de disfrutar de una enérgica exposición de una forma única.

Forman este conjunto Deih, Dhani Barragán y Jay Bisual, artistas que de una forma brillante, consiguen trasladar su estilo desde la hoja hasta el muro, pasando de la ilustración al dibujo, con una fidelidad que hace que sus obras sean perfectamente reconocibles por la gente que habita las ciudades y el “gran público virtual” que sigue a estos artistas a través de sus redes sociales.

La exposición ‘Real Fiction’ es un ejemplo de cómo el arte plural actual, lejos de buscar un nombre comercial con el que #etiquetarlo, desea acceder a la gran lonja del reconocimiento mundial por mérito propio, crear nuevos lenguajes más allá de ser un simple idioma.

Imagen de la obra 'Producer', de Jay Bisual, que forma parte de 'Real Fiction'. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Imagen de la obra ‘Producer’, de Jay Bisual, que forma parte de ‘Real Fiction’. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Deih (València, 1977), con un trabajo que habitualmente apunta hacia la representación icónica de un insider en un paraje interestelar, representando procesos, inquietudes y razonamientos, experimentados por el propio artista.

Dhani Barragán (Sevilla, 1989), con una estética lowbrow, elementos que evocan a la contracultura utilizando personajes que suelen ser animales personificados representados en forma de collage imposible, enmarañados y aparentemente desordenados, que esconden una orquestada harmonía lowbrow.

Jay Bisual (Vic, 1984), robots, calaveras y seres freaks que conviven en una especie de versión distópica de una neociudad, configurando un mundo psicodélico y surrealista, donde crea retratos distorsionados y con un toque de humor, mezcla de la realidad callejera y la ciencia ficción.

Fran Picazo

“El ero-guro es un transgénero bastardo»

Entrevista con Jesús Palacios
‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’ (Satori Ediciones)
XXXI Semana Negra de Gijón

Bajo una incivilizada y asfixiante canícula, tan portuaria como insólitamente cantábrica, Jesús Palacios (Madrid, 1964) transita avezadamente por el tórrido asfalto de la XXXI Semana Negra de Gijón, portando en el morral de caza su más rozagante título, ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, una de esas lúbricas publicaciones de Satori que erigen al sello gijonés (y a sus progenitores, Marián Bango y Alfonso García), en una excelsa editorial de referencia para el orbe patrio necesitado de ardor oriental y japonología.

Abanderado por Palacios, en calidad de editor literario, coordinador y ensayista, ‘Eroguro’ se revela como un proyecto de consumación polifónica por el que transitan, en compañía del escritor madrileño, autores como Iria Barro Vale, Daniel Aguilar, Rubén Lardín y Germán Menéndez Flórez –quien secunda por estos lares y a quemarropa al creador de turbios enveses goremaníacos y conspicuos sótanos infernales, zombis y hollywoodienses–.

El volumen –que cuenta con una ilustración en portada de Shintaro Kago (‘Head Explosion’) y la rúbrica de artistas como Miguel Ángel Martín, Sandra Uve, Félix Ruiz, Albert McTorre, Suki, Pablo Morales de los Ríos y Lolita Aldea–, atesora los más inquietantes mimbres y conceptos proposicionales como para situarse frente a uno de esas conjunciones y florilegios que se alumbran, ya de partida, verticales, totémicos y endriagos. Por ello, se antojaba preciso y necesario que MAKMA alzara la mano y cuestionara, supeditados a la fértil prosodia de Jesús Palacios.

eroguro-satori

¿Qué raíces fonéticas y semánticas perfilan el término ero-guro, sin duda un peculiar extranjerismo híbrido?

El ero-guro, como su propio nombre indica, es una corriente cultural, que en Japón surge en las primeras décadas del siglo XX, aunque se pueden trazar sus orígenes hasta mucho tiempo antes, dentro de las grandes tradiciones culturales niponas. Es una costumbre que los japoneses tienen también de adoptar vocablos de otros idiomas, sobre todo del mundo anglosajón, para definir cosas que no forman parte del propio lenguaje y de la tradición concreta japonesa; de ahí que se llame ero-guro-nansensu, siendo erótico, grotesco y sin sentido o absurdo (siendo esta la traducción más adecuada).

Una corriente cultural que se extiende por toda una serie de elementos propios de la cultura japonesa del siglo XX, que caracteriza una forma particular de abordar y mostrar en su literatura y sus artes gráficas y formas de expresión más contemporáneas, como el cine y, sobre todo, el manga; un universo donde lo erótico, lo sensual y lo sexual se mezclan, se da citan y se simbiotizan con un sentido del humor y del horror marcadamente grotesco, que busca la erotización de lo terrible, de la deformidad, de la mutilación, de los elementos que asociamos con la propia fisicidad del horror. Es un concepto que encaja, en cierto modo, con la idea expuesta por Freud acerca del Eros y el Tanatos –de la pulsión de vida y la pulsión de muerte–, de cómo el erotismo y los impulsos aparentemente opuestos de muerte, dolor y destrucción, van inextricablemente unidos en la experiencia humana y en su expresión artística.

A todo ello se le suma ese elemento del nonsense, del absurdo, porque detrás de todas esas expresiones culturales hay una especie de mirada desesperanzada hacia el ser humano, por una parte muy lúdica (e incluso con su dosis de crítica social), pero, sobre todo, es índice del absurdo de la existencia humana; en un mundo donde cosas como la mutilación y la exhibición gráfica de la violencia se convierten en sensualidad pura, en fetichismos eróticos, se convierten en una incitación al carpe diem.

En el prólogo, ‘Eroguro: el lado oscuro de Japón’, haces referencia a sus raíces espurias como género, indicando que es “un producto bastardo de una época y lugar concretos, los años veinte y treinta en Japón”.

El ero-guro es un género de géneros, un metagénero o un transgénero que participa de muchas expresiones culturales distintas y de muchos elementos bastardos; fundamentalmente, es un género bastardo, porque también surge a principios del siglo XX en un momento en el que Japón se está abriendo a Occidente, se está abriendo a la influencia no solo de Estados Unidos, sino también a la que provenía de la URSS y de todos los ámbitos occidentales, con todas sus vanguardias, con todos sus ismos.

 

¿Qué elementos singularizan a esta corriente cultural para radicarse y evolucionar con tal grado de excepcionalidad en Japón?

Se puede pensar que todo ello podemos aplicarlo a, prácticamente, todas las expresiones culturales del mundo entero, de la cultura occidental: sea el Marqués de Sade en Francia y toda la tradición decadentista y perversa de la literatura francesa o de la inglesa, con Oscar Wilde; obviamente, la gran figura central, muy importante para el desarrollo del ero-guro en Japón, es la Edgar Allan Poe (el santo patrón del ero-guro).

A pesar de que eso es cierto y se refiere a una experiencia universal del ser humano, en Japón adquiere unas tonalidades muy propias y distintivas. Japón, por sus características físicas y geográficas, por su aislamiento de Occidente y tardar tanto tiempo en integrarse en su corriente cultural, desarrolla estas inquietudes, esos elementos mórbidos y esta estetización del mal, de la violencia y de lo perverso, de una forma particularmente extrema.

Por una serie de condicionantes, que se abordan y reflexionan en el libro, podemos incluir que Japón es una sociedad muy tradicionalista, una sociedad donde ha habido siempre, salvo en breves períodos de su historia, un gran control jerárquico de los comportamientos sociales y culturales de la población y, por tanto, una especie de censura especialmente potente por parte del Emperador y del Estado. Bajo ese régimen feudal e imperialista, que presionaba tanto sobre las formas de expresión vinculadas con la sensualidad, el erotismo, la violencia, etc., se provocó que esa presión hiciera salir a los fantasmas libidinales de una forma radicalmente perversa, por comparación con la nuestra.

¿En qué territorios de la creación debemos encontrar los antecedentes, causas, motivos e influjos del ero-guro?

En ese momento hay un gran movimiento joven en Japón que quiere modernizar el país en todos los sentidos, y uno de ellos también es el sentido estético y cultural. Recibe con los brazos abiertos el cine expresionista alemán y toda esa serie de películas fantásticas y morbosas, como ‘El Gabinete del Doctor Caligari’, ‘Nosferatu’, etc., ideas del futurismo y el constructivismo, el cubismo, la deconstrucción del cuerpo humano y todo tipo de ideas vanguardistas, pero que al mismo tiempo encaja, que es lo importante –de ahí esa idea netamente bastarda y japonesa del fenómeno, que lo diferencia y lo distancia del resto de esas expresiones erótico-grotescas que podemos encontrar en otras tradiciones culturales occidentales–, en un terreno muy abonado, como el teatro Kabuki, la época dorada de las artes gráficas japonesas, como el grabado Ukiyo-e, que empieza alrededor del siglo XVI y continúa hasta el siglo XIX, donde aparecen dos fenómenos concomitantes con el ero-guro y que lo nutren.

Normalmente, cuando hablamos de Ukiyo-e pensamos en las bonitas vistas del monte Fuji, de Tokio, pero, aparte de esto, existían también los llamados “grabados de primavera”, entendiéndose “primavera” como un eufemismo para sexo, para erotismo, que llegaron a ser terriblemente explícitos, hasta que en un momento determinado el Emperador dictó un edicto que prohibía esas expresiones pornográficas que, sin embargo, el pueblo japonés había asumido, hasta entonces, como perfectamente lícitas.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Por otra parte, tenemos los grabados Muzan-e, que vienen a traducirse como “grabados sangrientos”, y que eran la manera en que los artistas gráficos japoneses, cuando no existía la fotografía e, inlcuso, cuando ya empezó –pero era demasiado cara para la mayor parte de los medios periodísticos japoneses–, representaban con todo lujo de detalles los crímenes populares de la época. Era la página de sucesos, pero en lugar de recurrir o utilizar una fotografía, publicaban un maravilloso grabado en madera que representaba, por ejemplo, al samurai que degolló a su mujer y sus dos hijos y, después, se ahorcó, y lo hacían recurriendo a todo tipo de elementos coloristas y truculentos.

Por tanto, ya el propio Japón había generado una serie de tradiciones de lo grotesco, de lo erótico, muy ligadas entre sí; una concepción particularmente exótica a nuestros ojos de todo lo que eso conlleva, muy diferenciada de la occidental, y al choque y la influencia del exterior, de la llegada y recepción de la obra, principalmente, de Edgar Allan Poe, obras divulgativas como las de Freud o como el ‘Psychopathia sexualis’, de (Richard) von Krafft-Ebing –que conoció varias traducciones al japonés–; un aperturismo cuando, curiosamente, en Japón había mucha censura para lo interior, pero lo extranjero en ese momento se veía como particularmente chic, un signo de modernidad, sobre todo en el período Taiso –que fue un período muy corto, de un emperador muy débil (que son los mejores emperadores que se pueden tener)–, que permitió, precisamente, que entraran todas esas influencias modernizantes occidentales.

¿De qué modo se reciben esos céfiros modernizantes en el horizonte de las circunstancias políticas, literarias y artísticas imperantes?

De ese encuentro, de todas esas tendencias, de la novela popular occidental, la novela policial, de crimen y misterio, los primeros atisbos de ciencia ficción, la literatura, sobre todo, decadente, surge una gran reacción contra un realismo social, digamos, de primer cuño que hubo en Japón, a imitación de las novelas y las ideas de (Émile) Zola o del primer (Gustave) Flaubert, etc.; una reacción esteticista y espiritualista, en cierto modo.

Curiosamente, el ero-guro, con todo lo que tiene de fisicidad y perversión, es también un género muy simbolista. De todas esas fusiones surge este gran monstruo maravilloso que es el ero-guro, porque fueron unos aires de libertad absoluta los que se vivieron en esos años 10 y 20 en Japón, hasta incluso los primeros 30 o, prácticamente, hasta la entrada de Japón en la II Guerra Mundial, momento en el que el gobierno japonés pretende resucitar el espíritu imperial y militarista necesario, patriótico, para invadir el resto del mundo y para llevar su idea del orden y del concierto al resto de Asia.

Obviamente, el ero-guro, con toda esa carga de nihilismo, de visión sórdida de la humanidad, de sacar a la luz el lado oscuro de los seres humanos –en relatos, por ejemplo, como ‘La oruga’, de Edogawa Rampo, escritor que se hizo llamar así en honor a Edgar Allan Poe–, era lo que menos convenía a la ideología militarista y totalitaria del Japón que ya se preparaba para entrar en la II Guerra Mundial y para conquistar a sus vecinos asiáticos.

El ero-guro fue algo que transpiraba por toda la sociedad nipona. El término se le atribuye al gran escritor japonés Yasunari Kawabata, –que luego sería ganador del Premio Nobel–, que en su primera novela, muy vanguardista, ‘La pandilla de Asakusa’, dice que en los años 30 todo en Japón transpiraba erotismo, grotesco y absurdo, y de ahí surgió esa etiqueta. El ero-guro propiamente dicho muere con su expansión imperialista y colonial en Corea del Sur y en Manchuria, pero, verdaderamente, no muere nunca, porque en realidad pasa a formar parte del propio riego sanguíneo de la cultura japonesa y se imbrica absolutamente en ella.

Pasada la II Guerra Mundial, la gran catástrofe que dejó a Japón reducida a cenizas, prácticamente –no solo Hiroshima y Nagasaki, con el terror atómico, sino también Tokio, que fue pulverizada por los bombardeos–, fue el escenario ideal para que esas ideas de erotismo desesperado, de revalorizar las experiencias del cuerpo humano y de llevarlo a sus límites, volvieron a surgir no solo en la literatura, sino en nuevas formas que previamente no había podido reflejar el ero-guro de la novela, porque no era el momento adecuado ni desde el punto de vista histórico ni tampoco de las propias capacidades de esos medios de expresión artística, como el cine y el manga.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

¿Qué papel debe atribuírsele al manga en el fenómeno presente del ero-guro?

El manga ha sido el gran embajador de la cultura popular japonesa y, por tanto, gran embajador del ero-guro, a través de la obra de mangakas como Hideshi Hino, Suehiro Maruo o Shintaro Kago, de quien es la portada del libro, y de los que también se ocupa un artículo del volumen. El cine y el manga van a hacer que el ero-guro llegue hasta nuestros días gozando de un excepcional grado de salud.

¿Cuáles han sido los principales motivos que han refrendado la necesidad de abordar este ensayo polifónico?

Uno de los impulsos principales del que surgió el hacer el libro sobre ero-guro fue que la propia editorial Satori estaba publicando cada más y más autores concretamente de este género, en la colección de ficción, sobre todo, pero también, en algunos casos, en la de clásicos estaban dando a conocer a autores no solo consagrados y más conocidos, como el caso de (Junichiro) Tanizaki –que es un autor que, aunque muchas veces no se dice, más de la mitad de su obra es ero-guro–, sino también obras inéditas de Edogawa Rampo –que como he mencionado, es el gran personaje central del género–, al igual que otros como Kyusaku Yumeno –que estaba inédito en nuestro país– o Ango Sakaguchi, autor de ‘En el bosque, bajo los cerezos en flor’. Todo este tipo de escritores que antes eran prácticamente desconocidos aquí o, en algunos casos, mal traducidos del francés o del inglés, Satori lo estaba dando a conocer.

A través de esas lecturas me di cuenta de que no existía ningún libro que diera el marco referencial para encajar a todos esos autores y los temas de los que hablaban y su universo ero-guro, que además tenía esa extensión, después de la II Guerra Mundial, hacia el cine y hacia el manga. En manga había salido mucho editado, muchas publicaciones que se habían agotado, pero que ahora se están editando; por ejemplo, en Glenat y en otras editoriales se estaba publicando a Suehiro Maruo, que adapta muchas obras de Edogawa Rampo y de Kyusaku Yumeno, etc., pero también otros mangakas cercanos al ero-guro, como Junji Ito, como Hideshi Hino –que, a su vez, también es un director de cine de terror ero-guro–.

También en los festivales de cine y en el mundo de los aficionados al cine oriental, directores muy prestigiados e interesantes, como Sion Sono o como Takashi Miike, en las útimas décadas, habían utilizado el género del ero-guro para muchas de sus obras, adaptando, en algún caso, obras literarias, pero siempre muy cercanos al ero-guro; y otros clásicos de los años 60 y 70, como el propio autor de ‘El imperio de los sentidos’, Nagisa Oshima, y otros menos renombrados, que poco a poco se han ido dando a conocer, como Seijun Suzuki, tenían que ver con ese universo.

Y una vez más, te encontrabas con que no había ninguna obra que permitiera acceder al contexto general que, de alguna manera, unificaba todas esas películas, cómics y obras literarias, y que diera también el marco histórico y teórico para fundamentar la existencia del ero-guro, el porqué era así y no solo las anécdotas del nombre del género, sino la naturaleza particular de la expresión de lo erótico-grotesco en Japón, las vicisitudes históricas a las que se debe su aparición, que tienen que ver con fenómenos como el terremoto de Kanto a principios de siglo XX, hasta cómo desaparece al llegar la II Guerra Mundial por la intromisión, cada vez más brutal, de la censura militar, etc.

¿Qué tipo de publicaciones y ensayos existían sobre la materia hasta el momento?

Había libros en el extranjero, en inglés y en francés, pero fundamentalmente tesis doctorales publicadas en forma de libro y, sobre todo, centrados más en el aspecto sociológico que en literario y cultural. Porque, efectivamente, el ero-guro, más que un género literario en sí mismo, era una corriente histórica, artística, que impregnaba todo. A ese respecto, sí que hay un par de libros que lo abordaban, pero que paraban todos con el final de la era del ero-guro en los años 30 y que dejaban de lado expresiones contemporáneas y populares, como la novela de género, el manga, el anime, el hentai, el porno, etc.

Todo eso faltaba, por eso creo que, realmente, el libro es único (en España, desde luego, al 100%) e, incluso, diría que a nivel internacional no existe ninguna otra publicación que se haya atrevido a abordar el ero-guro desde las distintas ópticas de los distintos medios, géneros, etc., en los que te lo encuentras.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

Japón en Silla

Nippon-Go
Nau Jove-Silla (Valencia)
Av. d´Alacant, 63. Valencia
17 y 18 de septiembre de 2016

La cultura japonesa nos ha atrapado, sin duda la irrupción de sus series en los 90 del siglo pasado en las autonómicas fue crucial. Hoy se siguen realizando cientos de eventos por toda la península celebrando nuestro cariño por su tradición, cultura y modo de vida. Nippon-Go es un evento muy divertido, quizás poco promocionado para el nivel que tiene, que sucede en Silla y que durante dos jornadas alegra la vida de miles de personas, para ser más concretos, este año, y según datos de la organización, por allí se han paseado 1.500 personas, 500 más que en su edición anterior.

Nosotros nos acercamos hasta la Nau Jove de Silla, un lugar excelente para organizar este tipo de eventos que precisan de espacios amplios, y en el que presidía todo el tiempo un enorme escenario donde se sucedían las cosas. He de reconocer que tener el escenario en un lugar tan visible y siempre con actividad es una muy buena idea, aunque a priori parezca molesto, en absoluto es así. Se agradece estar siempre con animación y que te inviten a estar en movimiento gracias a la música, que lo que pasa ahí no sea ajeno al evento. Hay otros salones donde el escenario y, por ende, lo que allí acontece, está arrinconado, como si no fuera lo relevante que es.

Joven participante del Nippon-Go de silla. Fotografía: Malva.

Joven participante  en el Nippon-Go de Silla. Fotografía: Malva.

Como íbamos diciendo, fuimos allí el domingo por la mañana, y aunque no estaba a reventar, algo que se agradece, había mucha gente. No tardaron algunos asistentes en decirnos que el sábado estuvo muy lleno y con muchos cosplays por todas partes. El domingo habían menos, pero los que estaban iban muy bien caracterizados. El concurso de dance que sucedía en el escenario nos dejó muy impresionados, como ya he dicho, todo giraba alrededor del mismo y desde cualquier punto lo podías ver. No solo es cuestión de baile, sino de sincronía entre los miembros del grupo, de vestimenta, de mimetismo con el original, sin duda uno de los espectáculos más logrados de Nippon-Go.

Por allí teníamos puestos de comida, de merchan y no comerciales, que estaban fuera, pero que disponían de unas jaimas que les quitaban mucho sol. Los precios eran baratos y la gente de la organización muy amable; en las esquinas del complejo estaban las consolas, y quizás era el lugar más destacable. Allí vimos a abuelas con sus nietos jugando a juegos de lucha, a amigos compitiendo en juegos de carreras y en el otro lado juegos de baile o ritmo, donde un chico caracterizado de spiderman se lo estaba pasando de lujo y se notaba el buen rollo en todo momento.

Nippon-Go es grande, pero no me cabe duda que en unos años se trasformará en algo más grande todavía, ya que si en una edición han metido a 500 personas más, seguro que en breve llegan a las 2000. En nada tendremos el Salón del Manga de Valencia (Japan Weekend), por allí estaremos intentando asistir al mayor número de eventos. Comprobando también su crecimiento.

Os dejamos con unas imágenes de lo que fue Nippon-Go y un vídeo para que aprecieis lo bien trabajado que está.

Ambiente en el Nippon-Go de Silla. Fotografía: Malva.

Ambiente en el Nippon-Go de Silla. Fotografía: Malva.

Joven participante en el Nippon-Go de Silla. Fotografía: Malva.

Joven participante en el Nippon-Go de Silla. Fotografía: Malva.

Javier Caro

 

«Creemos en nuestro producto de calidad»

Entrevista con Ediciones Babylon
51ª Feria del Libro de Valencia
Librería Railowsky
Caseta 44
Jardines del Real o Viveros
San Pío V, s/N, Valencia
Hasta el 1 de mayo de 2016

Incoada la presente edición de la Feria del Libro de Valencia -que amplía en este curso el número de casetas y dilata la proyección morfológica de corpus ferial en diversos apartados- destaca, de entre las novedades, la incorporación a la nómina de sellos literarios/expositores la rúbrica editorial de la onteniense Ediciones Babylon -especializada en manga, cómic y álbum ilustrado, entre otros-. Con tal motivo, Makma conversa con Estefanía Saura -miembro del equipo empresarial- y los ilustradores Marta Nael y Jorge Monreal -en pleno ejercicio de rúbricas y dedicatorias-.

Ediciones Babylon se encuentra presente, por primera vez, en la 51ª Feria del Libro de Valencia, sin embargo vuestra trayectoria atesora un recorrido dilatado.

Estefanía Saura: Llevamos seis años en el mundo editorial. Hasta ahora, lo que estamos haciendo es yendo mucho a ferias de manga y de cómic. Aparte de ser editorial, también vendemos merchandaising, como pósters, libretas y láminas de coleccionista. Tenemos una gran variedad de artistas que ilustran para nosotros y adaptan en papel tanto los libros como las licencias. Igualmente, trabajamos también el libro digital. Cualquier libro que tenemos a día de hoy, exceptuando el área de cuentos ilustrados y pura ilustración, se hace también en digital.

El ámbito digital es vuestro origen.

ES: Sí. Lo que hizo la gerencia de la editorial fue crear un sello futurista, que englobara la edición digital, y a partir de ahí nos hicimos un poquito más grandes, con el tema del libro impreso en papel y merchandising. Lo que pasa es que, al tener ilustradores de cómic y manga, nos hemos movido más por el terreno de ferias especializadas, asistiendo a las de Barcelona, Madrid y Alicante. Ahora, por primera vez, hemos conseguido participar en la Feria del Libro de Valencia. Realmente, también es lo que intentamos, porque igualmente tenemos novelas -biografías, diarios-; un abanico que tenemos que abrir al público. Evidentemente, en las ferias especializadas de manga y cómic no se suele vender mucha novela. Lo que ahora queremos es abrirnos a un público familiar, lectores de novela, para que la gente sepa que disponemos de más géneros, no sólo cómic, manga y cuento ilustrado.

Jorge Monreal y Marta Nael, ilustradores de Ediciones Babylon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jorge Monreal y Marta Nael, ilustradores de Ediciones Babylon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Como ilustradores, presumo que preferís ver vuestro trabajo en edición impresa, en papel, en lugar de en soporte digital.

Jorge Monreal: Yo soy clásico. Todas las obras y autores que me gustan necesito tenerlos en papel. Soy coleccionista.

Marta Nael: Si es una novela es distinto que si es ilustración. Ésta cambia muchísimo impresa. El formato de una novela no lo considero tan importante como lectora.

¿Qué expectativas atesoráis para esta feria, teniendo en cuenta que el perfil de público se antoja mucho más general? ¿Confiáis en poder seducir con vuestra propuesta?

ES: Yo creo que sí, porque tenemos muchos libros que llaman la atención, así como una serie de novelas que gustan mucho. Aparte, también, lo que mueve el impulso de compra es la presencia de autores. Teniendo aquí al propio escritor o ilustrador dedicando las obras hace que el cliente puede ver ese libro más atractivo para adquirirlo.

JM: Por el momento, tras una jornada de feria por mi parte, no puedo decir mucho.

MN: Es un público distinto, porque normalmente acudimos a ferias de cómic y manga. Estar aquí nos puede venir bien, porque hay pocas casetas que tengan ilustración. O tal vez, al contrario, ya que la gente puede estar acostumbrada a encontrar o buscar únicamente novela en esta feria y le cueste un poco habituarse a este tipo de cosas.

¿Cuál es vuestra implicación y trayectoria con Babylon como ilustradores?

JM: Soy ilustrador de Babylon desde hace cinco años. Entré haciendo posters y dibujos para stock. Ahora me dedico más a hacer cuento infantil y relatos para lectores adultos.

MN: Al igual que él, también empecé hace cinco años. Hacíamos imágenes sueltas para venta de merchandising y, a la vez, éstas se agrupan en distintos libros que he publicado con la editorial; en este caso, con dos libros con imágenes finales y un libro de bocetos. Desde este año, también soy editora de arte, con todo lo que ello implica.

¿Quiénes van a estar presentes durante las jornadas venideras en vuestra caseta?

ES: Además de Marta Nael y Jorge Monreal, Javier Bolado el domingo y Ángel Company -autor de ‘Diario de un opositor en paro’-, que firmará ejemplares los dos sábados de la feria.

Regina Sanz y Estefanía Saura, de Ediciones Babylon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Regina Sanz y Estefanía Saura, de Ediciones Babylon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Igualmente, disponéis de un refrendo cuantitativo extraordinario en redes sociales -más de 90.000 seguidores en Facebook-. ¿Cómo se consigue que un sello que se gesta de un modo independiente disponga de ese respaldo y recorrido?

ES: Fundamentalmente moverse y dominar las redes sociales y blogs, además de la mencionada presencia en ferias especializadas. Los propios autores hacen muy buen trabajo. A día de hoy, tenemos tres redes sociales dedicados al cómic, a la ilustración y a la novela; todos esos seguidores en Facebook, por ejemplo, pueden escoger y dirigirse a un tipo u otro de obra.

¿Qué diferencia a Babylon de otras editoriales o publicaciones emparentadas con los géneros que abordáis?

ES: Nuestro producto no lo vas a encontrar en ningún otro sitio, tenemos marca única. Todo lo que planificamos lo producimos nosotros mismos, ello es lo que lo hace atractivo de cara a los clientes. Es lo que nos diferencia de otras editoriales.

¿Habeís advertido durante estos años que hayan aflorado un mayor número de librerías especializadas que pueden dar cobijo a sellos como Babylon, o es el ámbito del libro un poco más ortodoxo y tradicional el que trata de acoplarse a las nuevas publicaciones existentes?

ES: Se está innovando cada vez más, encaminados a propuestas de futuro y la posesión de cosas diferentes. El público general está empezando a ver ese tipo de nuevos estilos y a existir un gusto nuevo.

¿Es Babylon ejemplo de éxito de la especificidad?

ES: Para nosotros, sí. Creemos en Babylon; trabajamos porque creemos en nuestro producto de calidad. Por eso intentamos ir a más.

Una selección de títulos de Edicones Babylon presentes en la 51ª Feria del Libro. Fotografía: Jose Ramón Alarcón

Una selección de títulos de Edicones Babylon presentes en la 51ª Feria del Libro. Fotografía: Jose Ramón Alarcón

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Splash, zambullida al mundo del cómic

SPLASH, Sagunt Comic Festival
Casal Jove del Port de Sagunt
Días 12, 13 y 14 de febrero de 2016

La tercera edición del SPLASH ya está entintada. Desde la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Sagunto se ha preparado toda una serie de actividades alrededor del mundo del cómic. Quieren que sea una divertida fiesta para toda la familia. Será los días 12, 13 y 14 de febrero cuando se tenga a entera disposición del público una maravillosa vorágine de bocadillos y viñetas aglutinadas en SPLASH.

Al igual que el año pasado, esta tercera edición contiene una gran diversidad de acciones creativas, una parte lúdica potente y por supuesto, los autores más destacados del panorama nacional. Se contará con la presencia del maestro Carlos Giménez, que será el gran homenajeado y recibirá de manos de su amigo Álvaro Pons el Premio Una vida de viñetas 2015.

Habrá dos exposiciones. La primera está dedicada al 35º aniversario de la editorial La Cúpula, con una representación de ilustraciones de portadas emblemáticas. Otra de las exposiciones será Sagunt Z: Living Zombieland, un repaso por el universo zombi en el manga y el anime, obra de los cachorros del Mangetsu.

También habrá cine para todas las edades. Charlas, videojuegos y una sección de Auto-editados e Ilustraciones, comandado por los más jóvenes. Más el rendido homenaje a la editorial La Cúpula con el pase de un documental sobre su historia.

Cartel de Splash Sagunt Comic Festival, obra de Laura Pacheco.

Cartel de Splash Sagunt Comic Festival, obra de Laura Pacheco.

Los galardonados del SPLASH 2016 asistirán para recibir sus premios. Carlos Giménez, Paco Roca, Daniel Torres, Nadar y Orgullo y Satisfacción. Para los más pequeños de la casa se han preparado juegos, talleres y zona de hinchables.

En la zona de stands, se contará con algunas de las más interesantes editoriales, librerías y fanzines que expondrán sus interesantes catálogos, y además, acompañados por sus artistas gráficos.

Los autores de SPLASH 2016 son: Carlos Giménez, Sento Llobell, Nadar (Pep Domínguez), Cristina Durán y Miguel Á. Giner, Daniel Torres, Ana Oncina, Mique Beltrán, Paco Roca, Álvaro Ortiz, Elías Taño, Anastasia Bengoechea, Sergio Bleda, Nathalie Bellón, Carles Ponsí, Laura Pacheco (autora del cartel), Toni Cabo, Richard Vilbor, Núria Tamarit, Xulia Vicente.

Las editoriales, librerías y fanzines que exponen su material son: La Cúpula, Astiberri Editorial, Cómics de Colección, Grafito Editorial, Librería El Puerto, Futurama, Arròs Negre, Dib.buks Editorial, Mis 3 Dragones, El Nadir Editorial, Inefable Tebeos, Jojimbo Cómics, Sección Autoedición e Ilustración.

Tras el 5º Salón del Manga

El ocio ha cambiado a pasos agigantados. Lo que a mediados de los 90 eran unos dibujos pseudoinfantiles en las televisiones autonómicas ha devenido en un mercado nacional ingente y poderoso. El Manga, con todos sus subgéneros, y el Anime, son parte esencial del colectivo entretenimiento entre personas de todas las edades. Ya no basta decir que es exclusivo para tal o cual colectivo, ahora es para todos.

La fascinación por el mundo oriental, y en especial por el japones, ha experimentado, a través de la cultura coquiquera del país, un crecimiento exponencial. Japón nos ha colado, en forma de dibujos coloridos de grandes ojos, una cultura poco colonial y más bien querida y amada.

Salón del Manga. Cortesía Lorena Riestra.

Salón del Manga. Cortesía Lorena Riestra.

Y digo colonial, porque no ha sido impuesta, sino progresiva. Nadie ha tenido una sobrecarga de información publicitaria sobre sus productos al modo yanki, sino más bien ha sido un romance a base de sentimiento. El ramen o la tipografía del país del Sol naciente, se nos ha pegado a la piel de forma suave y divertida. Ahora no existe un lugar en la piel de toro donde no haya un evento relacionado con el Manga, un evento que se convierte en lugar de reunión y fascinación por todo lo que huela a japonés. El Manga no es de frikis, y parece que a base de destruir cánones erróneos vamos implantando nuevos conceptos de entretenimiento y animación, o al menos teniendo más claro que que esta corriente cultural lleva con nosotros mucho, y no va a desaparecer. Desde hace cinco años ese fenómeno de masas, en forma de Salón del Manga, se produce en Alicante. La congregación de miles de personas, en su mayoría jóvenes ataviados con las ropas de sus ídolos de tinta, que pasean y ríen, compran y y cantan, al son de todo lo que tenga que ver con ese mundo tan alejado del nuestro, pero paradójicamente tan cercano, hace pensar que el Manga, a nivel sociológico, es parte de nuestra nueva cultura.

Imagino a la persona que se va a vestir como su personaje favorito, que no necesariamente tiene que adscribirse a los preceptos del Manga, en un casa horas antes de salir al Salón con ganas de mostrarse con sus amigos, con orgullos por sentirse parte de una comunidad. Un salón del Manga es mucho más que comprar o que asistir a eventos paralelos como charlas o conciertos, es una demostración de personalidad, de amor y admiración por un universo diferente y diferenciador.

Ser un cosplay es más que enfundarse en un disfraz, es creerse al personaje y mostrarlo al exterior. No es querer ser alguien, es ser ese mismo alguien en el mundo tridimensional de lo humano. Pero también es un acto de encuentro, de conocer con un único vistazo qué corriente, serie o Anime le gusta al que lleva puesta la caracterización. No es un carnaval, aquí se vive y se disfruta del personaje de otro modo. Porque  se parte de la admiración, de ser un fan, alguien que lo hace por amor a lo que representa para él. Es un juego, pero también es algo muy serio, pues es parte de la personalidad de alguien, que sirve para hacerle sentir bien.

Salón del Manga. Cortesía Lorena Riestra.

Salón del Manga. Cortesía Lorena Riestra.

En Alicante este año se batió su propio récord de asistencia. La cola de entrada producía vértigo, casi daba la vuelta al pabellón, hubo tal avalancha de gente que se tuvo que habilitar la zona de acampada para que se oxigenaran un poco los pasillos. Un éxito de los organizadores, pero ahí no acabaría la cosa. Con todo ganado: público contento, eventos a su hora y mucho ambiente, lo tenían todo de cara, nadie les hubiera pedido más , y de hecho no hacía falta que hicieran más los organizadores por los asistentes, pero no fue así. La organización, de forma muy acertada,  abrió las puertas que anexionaban el pabellón del Salón con la feria contigua, que trataba sobre coches antiguos, con el singular nombre de Antiauto. Era gracioso ver a los que habían entrado en el Salón con sus pelucas y trajes paseando entre Ferraris o cerca del coche del Sheriff de algún pueblo americano.

El festival nos estaba dando más de lo que le habíamos pedido, que no era otra cosa que la consagración por estas tierras de un modelo emergente de diversión y entretenimiento.

No sólo sirvió el Salón para conocer las novedades del mercado editorial y videográfico, sino que nos ponía en contacto con el oriente que nos embriaga, con los bonsáis o con el Kárate. Exhibiciones de kárate que nos acercaban a la cultura más milenaria del Japón feudal o que nos emocionaba con las piruetas en papel en forma de origamis.

Siempre nos transporta este tipo de eventos a otras realidades a otras conceptualizaciones de la vida y del arte. Japón, por descontado, es mucho más de Anime o Manga, pero también con ello han conseguido abrirse sinuosamente a un mundo que a veces no los entiende, pero los admira.

https://www.youtube.com/watch?v=EhU9_wheUmI

Javier Caro