Más artes escénicas y menos IVA

Presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Lunes 4 de mayo de 2015

“No es un problema del gobierno, es un problema nuestro. ¡Allá el gobierno!”. Y José Luis Alonso de Santos, encendido como un rayo por la mecha de las palabras, fue desgranando la importancia, tremenda importancia, de la prácticamente recién nacida Academia de las Artes Escénicas de España, que se presentó el lunes en Valencia de la mano de Sala Russafa. “Tenemos que hacernos respetar y recuperar el prestigio social”. ¿Cómo? Recuperando el buen correr del ciervo frente a la resignada tortuga, por utilizar su propia metáfora.

“Hablamos de la ambición de la excelencia, porque al igual que los médicos tienen que curar bien, nosotros tenemos que hacer buenas obras de arte con las que mover los cimientos del mundo”. Un mundo, continuó el presidente de la Academia, “que nos ha ido quitando las ambiciones y nos ha convertido en tortugas en lugar de ciervos”. Por eso insistió en la importancia de los profesionales del sector de las artes escénicas: “No somos un grupo marginal que nos quejamos de lo mal que está todo; somos una entidad de primerísimo orden que acaba de nacer para dignificar la profesión”.

Logotipo de la Academia de las Artes Escénicas de España. Imagen cortesía de la Academia.

Logotipo de la Academia de las Artes Escénicas de España. Imagen cortesía de la Academia.

Para ello, Alonso de Santos incidió en algo que es extensible al resto de colectivos agrupados en torno a una misma práctica cultural: “Tienen que ver que nos creemos el teatro, porque si no, es como el cura que no cree en Dios”. Y aunque el símil produjera entre el medio centenar de profesionales reunidos en la Sala Russafa un runrún de incredulidad, lo cierto es que el ciervo lo necesita para abandonar el lánguido paso de la tortuga.

En el editorial de la revista ‘Artescénicas’, cuyo primer número también se presentó en Valencia, Alonso de Santos explica que no es normal que, “entre la indiferencia y la resignación de los ciervos, las tortugas se vayan apropiando de todos los resortes para impedir ese ‘buen correr’, imprescindible para el positivo desarrollo de la humanidad, tal como la sueñan los ciervos”.  Pero lo peor, sigue diciendo el dramaturgo, es que “hasta los mismos ciervos empiecen a pensar que tal vez lo que ellos hacen no sea tan necesario, ya que la sociedad no lo estimula ni facilita, sino todo lo contrario”.

De ahí su hastío con el gobierno y el maldito IVA del 21%. “El IVA es una maldad, pero la cuestión fundamental estriba en ser nosotros grandes ante ese gobierno pequeño, siendo orgullosos como artistas”. De hecho, habló del nacimiento de la Academia como antídoto contra la peor de las enfermedades del ser humano: la resignación. Contra eso y contra la oscuridad que impone la maraña del bosque. “La sociedad es un bosque que nos está comiendo, porque hasta que algunos crearon un espacio abierto donde actuar, crear ritos y ceremonias, estábamos perdidos, y la Academia viene precisamente a hacer llanura en ese bosque”.

Imagen de los Premios Max de la web de la Academia de las Artes Escénicas de España.

Imagen anunciadora de los Premios Max en la web de la Academia de las Artes Escénicas de España.

Por eso era tan importante darle sentido a la institución, porque “el gran peligro es que exista para nada”. Encontrar el “para qué”, que uniera a tanto “disidente orgulloso de serlo”, fue capital a la hora de poner en marcha la Academia: “Tenemos la responsabilidad de hacer el mundo menos inmundo; no es idealismo, es dar sentido a lo que no lo tiene”. No fue fácil ponerse de acuerdo con el término de Academia y menos aún con el de España que sigue al de Artes Escénicas: “La palabra España viene precisamente a descentralizar la institución, porque así tienen cabida todos”. De hecho, el presidente animó a los valencianos a que presentes proyectos, actividades y que encabecen propuestas.

“Y aquí estamos”, concluye José Luis Alonso de Santos en el editorial de ‘Artescénicas’, “metidos en esa eterna batalla entre crear o destruir, entre estimular posibilidades más enriquecedoras y creativas del ser humano, o dejar que crezcan solo las malas hierbas del egoísmo, la necedad pueril y el adanismo primitivo, fuera de los mejores canales del arte y la cultura que el esfuerzo de los mejores del pasado nos han legado”. La presentación acabó con la polémica, sin duda germen creativo de la propia Academia, entre teoría y práctica, y entre pathos y logos. Pero esa es ya otra historia…

Más información:
http://academiadelasartesescenicas.es

Profesionales del sector en la presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España en la Sala Russafa de Valencia.

Profesionales del sector en la presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España en la Sala Russafa de Valencia.

Salva Torres

 

«La crisis ha ajusticiado el materialismo»

Entrevista al poeta Juan Pablo Zapater por su libro La velocidad del sueño
Editorial Renacimiento
De venta en librerías

Salinas, Neruda, Hernández, Aleixandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez y Rabindranath Tagore. Fueron los primeros guías que iniciaron a Juan Pablo Zapater (Valencia, 1958) en la poesía cuando era un niño. Una colección de libros de estos autores, un tesoro que encontró en el cajón de la mesita de noche de su madre,  lo contaminó con el veneno de la poesía y desde entonces se consagró a ella, alternando periodos de voz y de silencio. Este otoño su voz se alza doblemente con la aparición de dos de sus poemarios separados por veintidós años: La velocidad del sueño (Renacimiento) Premio de la Crítica literaria Valenciana y una reedición de La coleccionista, Premio Fundación Loewe, 1989 realizada por Leteradura.

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

¿Cómo ha evolucionado el Zapater hombre y poeta entre estos dos libros?

Estoy plenamente convencido de que no se escribe igual a los veintitantos años que habiendo sobrepasado la frontera de los cincuenta. Tampoco se vive de la misma forma, ni corporal, ni espiritualmente. Porque si bien las cuestiones eternas que desvelan al ser humano en sus diferentes edades no varían en su esencia, sí que resultan distintos los puntos de vista desde los que se observan y se asimilan. En mi primer poemario, La coleccionista, o en este último recientemente publicado en Editorial Renacimiento, La velocidad del sueño, se tocan temas como el amor, la soledad, el placer, el desengaño o la muerte, pero la mirada del poeta ya no es la misma, como tampoco es idéntico el sentimiento que esa mirada le provoca. Quizás ahora exista menor ímpetu, menor vehemencia contenida en mis poemas, aunque han ganado absolutamente en cuanto a la profundidad, a la matización y a la autenticidad de lo expresado.

¿Qué impresión le causa verlos en sus manos?

Cuando tomo en mis manos los dos libros, el de mi juventud y el de mi madurez, llego a reconocerme en ambos, pero me identifico más con el último escrito, como es natural. Es lo mismo que repasar las fotografías de un viejo álbum y después contemplar tu imagen de hoy en el espejo. En todo caso, cada nuevo libro no deja de ser un puente entre el poeta que uno fue y el que será, con la continuidad y el alcance que la poesía y la propia vida le concedan.

¿Cuáles son los temas recurrentes en sus poemarios?

Cualquiera que lea La coleccionista se da cuenta al momento de que el amor pasión y el erotismo son los temas predominantes en el libro. Eso no quiere decir que no aparezcan en segundo plano otra serie de cuestiones que ya entonces formaban parte de mis preocupaciones vitales, como la soledad y el desengaño, por poner dos ejemplos. Lo que resulta evidente es que, sin dejar de lado lo anterior, en La velocidad del sueño se amplía mi universo poético y se abordan nuevos temas como el del menoscabo de la fe, la consagración de la amistad, el valor de la familia, la celeridad del paso de los años o la consideración de la vida como un hotel de paso.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

¿Hay vida más allá de la poesía de la experiencia?

La poesía es tan generosa que en su seno admite muy diversos credos. Lo que verdaderamente importa no es el tipo de poesía que se escriba o se lea, sino que se trate en todo caso de buena poesía. La literatura de calidad no sabe de tendencias, a veces surge como la flor silvestre y otras veces se cultiva como la flor de invernadero. Yo disfruto con toda clase de manifestación poética y no sólo con la que se basa en las palabras, también con la que se apoya en las imágenes o la música.

¿Cuál es la función de la poesía en estos tiempos tan malos para la lírica?

Yo no creo que los de hoy sean tan malos tiempos para la lírica. De hecho cada vez se programan más actos, se crean más asociaciones, se adivina un mayor interés de la gente por el fenómeno poético y se crean nuevas editoriales, como esta surgida del Café Malvarrosa de Valencia que ha reeditado mi primer libro, bajo el sello de Leteradura editores. Acabamos de dejar atrás un largo periodo de materialismo que la propia crisis económica se ha encargado de ajusticiar en la plaza pública. Tal vez a partir de ahora el ser humano se dé cuenta de que su bien más preciado reside en la espiritualidad, en la riqueza interior que es capaz de atesorar y compartir. La poesía es un buen camino para conocerse, para intentar salvarse del vacío existencial que todo hombre y mujer llega a sentir en tantas ocasiones a lo largo de su vida.

¿Le preocupa la creciente competencia de las redes sociales, blogs, microrrelatos y  otras propuestas que absorben el tiempo y el interés de los presuntos lectores?

¿Debería estar preocupado por eso? Creo que el poeta tiene que dedicarse fundamentalmente a observar, sentir y escribir, a pesar de que no pueda quedar aislado del inquieto y cambiante mundo que le rodea. Si en palabras de Eliot la “Poesía es la zona de intersección de lo intemporal con el tiempo”, será necesario que el poeta se adapte a ese tiempo que le ha tocado vivir, pero igualmente será preciso que contribuya a preservar lo que de mágica intemporalidad encierra el hecho poético. Luego vendrá a plantearse el posible interés de los lectores, que siempre los habrá, aunque ya se sabe que la poesía va para la “inmensa minoría” a la que dedicó su obra Juan Ramón Jiménez.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

¿Se interesa por la poesía que hacen hoy los jóvenes?

Claro que me intereso por lo que hoy escriben los jóvenes poetas. De lo contrario estaría perdido como un ciego sin lazarillo en mitad de una inmensa plaza desconocida. Y además, gozo leyendo a muchos de ellos. En nuestra Comunidad van apareciendo nombres, como los de Lola Mascarell, primera mujer que ha obtenido el prestigioso Premio Emilio Prados, Natxo Vidal, candidato al último Premio de la Crítica literaria valenciana, o Bibiana Collado Cabrera, reciente ganadora del Premio Arcipreste de Hita, por citar sólo algunos de los ejemplos que conozco y que ya están recibiendo un merecido reconocimiento.

¿Nunca sintió la tentación de pasarse a la prosa?

No, nunca he sentido ese impulso, ni como autor de novela, ni como creador de cuento, ni siquiera como escritor de prosa poética. Tal vez esto último lo haga algún día, pero siempre será buscando otros caminos para desplegar mi poesía, para experimentar con ella. Admiro a los narradores y disfruto enormemente leyendo sus obras, esos formidables entramados de palabras que transcurren como ríos caudalosos hacia su desembocadura, pero yo prefiero el rumor de ese arroyo cristalino o la densidad contenida de esa oscura ciénaga que, según los casos, se adivina en cada poema.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Bel Carrasco