¿Qué quieren? Miradas de mujeres

En torno a la visibilidad de las mujeres en el Arte

No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección. En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. «Queremos más visibilidad». Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista… de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que «al parecer» es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa… por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Obra de Ana Gesto exhibida en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Ana Gesto mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Mutatis Mutandi

Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.  ¿Y qué quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo… a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares… y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch… Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres… (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo…) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había eran los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa…

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): «exigimos más visibilidad», «queremos la igualdad». Cada año lo mismo: «exigimos más visibilidad». Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición «de» mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, ‘Las dueñas del arte’. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

Obra de Diana Coca expuesta en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Diana Coca mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia en La Nau de la Universitat de València.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que MAKMA les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester: «Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo». Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas («arte hecho por mujeres»). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en sus sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, «la política y el arte deberían ir por separado». Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): «Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas».

Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Una mujer galerista y su programa: se identifica con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en su galería. Pero después se suma a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuestas que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.

Cristina Lucas.

Imagen del video de Cristina Lucas mostrado en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Alberto Adsuara

Nacho Valle: «Que abran los ojos»

La galería Valle Ortí de Valencia cierra sus puertas tras casi cuarenta años. Nacho Valle ha estado al frente los últimos doce, cuando tomó el relevo a su padre, creando una apuesta con carácter propio que ha servido para proyectar a algunos de los nuevos valores artísticos de la órbita valenciana y abrir un camino de internacionalización en dos direcciones.

Conforme se ha ido deteriorando la política cultural en la Comunitat Valenciana, las galerías han mostrado una mayor voluntad de asumir en sus programaciones los riesgos y el apoyo a los creadores que las instituciones públicas han desatendido. Una situación que tiene su origen en decisiones políticas anteriores a la llegada de la crisis económica, pero que como cualquier veneno administrado progresivamente va mostrando sus efectos irreversibles. La sociedad globalizada y la deslocalización de las responsabilidades quieren mostrarnos que no hay un culpable determinable, aunque aquí conocemos sus nombres y apellidos.

Nacho Valle responde con franqueza a esta entrevista con un pie en Nueva York, donde ha asumido la dirección de la Y Gallery. No duda y apunta a los responsables de la situación de la cultura y el arte en Valencia. Las cosas no suceden sin más.
El silencio ya no es la opción.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

En tu experiencia personal y profesional al frente de Valle Ortí durante estos años, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor ha sido desarrollar un proyecto personal expositivo y poder contar con los artistas que me habían entusiasmado desde que empecé. Preparar las exposiciones, ir a los estudios, ver las obras que iban a la galería, recibir la visita del público en la sala, estar en las ferias, preparar los books y conocer a mucha gente dentro del mundo el arte.
Lo peor ha sido el desamparo que hemos tenido en la ciudad, darse cuenta que estamos completamente solos, que no les importamos, no tienen en cuenta el esfuerzo tan grande que estamos haciendo. Siempre quise hacer este proyecto aquí, en Valencia. Lo malo ha sido darme cuenta poco a poco de que no, que en Valencia no se puede hacer. Eso ha sido lo peor. Me he ido dando cuenta de las taras que tiene la ciudad, de los obstáculos que ha habido que ir salvando hasta que ha llegado uno que ha sido infranqueable.

 ¿Qué fue lo que te decidió para tomar el testigo de la galería? ¿Cuales fueron tus propósitos?

Siempre lo tuve bastante claro. La galería era algo que me encantaba, era un sitio mágico, hipnótico, también era un lugar con muchas cosas de mi padre. Mi padre era muy coleccionista –yo también lo soy- y en la galería había objetos, muñecos, esculturas, cuadros, había de todo, era un sitio al que me encantaba ir, además del contacto con las exposiciones y las inauguraciones. Cuando venían los artistas, que siempre eran muy amigos de mi padre, ver lo que hacían, cómo dibujaban, cómo escribían… me parecían una pasada. Cuando estaba estudiando me di cuenta de que quería empezar a ir de ayudante a la galería y poco a poco cuando volví de Londres tuve claro que quería llevarla en serio, pero la galería era de mi padre y por mucho que me decía “vas a llevarla tú”, pues en realidad no era así. Cuando ya tenía decidido que me iba a montar mi galería, qué tipo de artistas quería llevar y hasta tenía decidido donde la iba a poner –en el primer bajo donde Tomás March tuvo la galería Temple-, a mi padre le diagnosticaron cáncer y se paralizó todo. Hablé con mis hermanos y les propuse llevar yo la galería, ocupándome de la programación sin consultar con nadie. Me dijeron “sí” y con el tiempo les dije que la galería me gustaría quedármela yo y estuvieron de acuerdo. A mi padre le encantaba que yo estuviera involucrado con la galería, había mucha compenetración entre él y yo.

 ¿En qué medida crees que has influido mediante tu galería en el panorama artístico y cultural de Valencia? ¿Hasta dónde te habría gustado llegar?

No lo sé, me gustaría pensar que he influido, de hecho parte del bagaje anímico que me llevo es pensar que hemos hecho muy buenas exposiciones y que eso quedará en el recuerdo de la gente, de exposiciones que vio en la galería. Hay artistas que nos ha costado mucho traer, tanto a nivel personal de convencerlos, de involucrarlos en el proyecto, como a nivel económico de producción y de trabajo. Hay exposiciones que nos ha costado un gran trabajo montar. Recuerdo una que nos costó una semana y media trabajando día y noche haciendo turnos, uno llegaba y se iba otro, haciendo una instalación enorme, pidiendo colaboración a gente para tener suficientes proyectores, porque hemos hecho un trabajo de supervivencia, nosotros no podíamos permitirnos cuatro proyectores o unos focos de teatro… hemos colaborado mucho entre nosotros, entre algunas galerías. Pero se han hecho exposiciones que nos ha costado mucho hacer, me gustaría pensar que eso ha servido para que la ciudad pudiera disfrutar de una mejor calidad expositiva, con exposiciones que las instituciones no hacen. A nuestra galería siempre ha venido mucha gente, mucha gente joven, gente de la universidad y me gustaría pensar que hemos influido en ellos, en su creatividad, en su carrera, en sus iniciativas. Han sido diez años de exposiciones y yo siempre he intentado que tuvieran el máximo nivel.
Me habría gustado retirarme aquí. Siempre pensé que me jubilaría en la galería, en la calle Avellanas. Me hubiera gustado seguir incorporando artistas, seguir desarrollando el proyecto y hacer cada vez Valle Ortí más grande y más internacional, pero desde Valencia es muy difícil. Es complicado traerte a un artista que está exponiendo en Nueva York o en Londres a esta ciudad. Una ciudad que ya sabes que no va a tener ninguna influencia, que no va a vender nada, que no va a conseguir mucho… es muy difícil venderle que venga a Valencia, te va a decir: a Valencia, ¿a qué? Es duro, le tienes que decir que no va a vender, no le puedes engañar, en Valencia no hay coleccionistas y en la inauguración va a haber mucha gente joven pero no va a haber coleccionistas, porque en Valencia escasean. Y si los hay son tan especiales que prefieren irse a Madrid o Copenhague. Me he encontrado a coleccionistas de Valencia en inauguraciones en Bruselas, Copenhague… y gente que me decía que era un coleccionista valenciano, a pesar de que yo nunca lo había visto en la galería. Es frustrante. Llevo ocho años en ARCO, ¿cómo es que nunca ha pasado ese coleccionista por el stand? ¿Cómo nunca ha tenido la curiosidad o la inquietud de acercarse por mi galería? Eso es Valencia. Es duro. A mi personalmente me ha ido debilitando el ánimo, a pesar de que soy una persona con mucho ánimo, pero tiene un fin y llega un punto que entras en reserva. Me hubiera gustado llegar hasta el final, pero llega un momento que son demasiados obstáculos y no puedes seguir invirtiendo en una labor que no es la tuya por amor al arte y, o cambias, o vas a tener que empezar a bajar el nivel; para eso prefiero acabar. No voy a hacer exposiciones que no me gusten, ni más baratas porque el artista esté más cerca… no, no es mi objetivo ni el de la galería. Llegado ese momento decides.

¿Qué motivos han pesado más a la hora de optar por cerrar la galería?

Básicamente no se planteó un cierre como tal, era un cambio de localización, íbamos a cerrar el espacio de Valencia porque no tenía ningún sentido tener un espacio de 250 m. como el nuestro en el centro de Valencia haciendo exposiciones de artistas de Chicago –como el que tenemos ahora- con lo que ha costado el transporte de la obra y que viniera él… no tiene sentido. Yo no quería cerrar en Valencia, me unen muchos recuerdos a ese bajo y a ese nombre. Me ha costado mucho, me da mucha pena cerrar la galería de mi padre. Definitivamente nos hemos dado cuenta en el último año. La idea era que Valle Ortí siguiera on line hasta reinventarse de alguna forma. Ahora se va a reinventar en otro sitio, el proyecto sigue, pero la galería en Valencia cierra.
Me llevo a Nueva York el bagaje de Valle Ortí, con mis artistas, mis contactos y mis coleccionistas. Voy a hacer de los dos proyectos uno, voy a imprimirle el carácter de Valle Ortí. He encontrado este trabajo para dirigir la Y Gallery de Nueva York cuando en realidad no me ha dado tiempo ni a redactar mi currículum.
Si Valencia quiere un espacio tendrá que apoyarlo. Me voy porque no me han apoyado. Las subvenciones de 2010 a las galerías valencianas para ir a ferias las pagaron la semana pasada, más de mil cien días después. El IVEX todavía me debe dinero. Solo les preocupa hacerse la foto, se olvidan de que deben ayudar. En otras comunidades autónomas han recibido un apoyo que en la Comunitat Valenciana nunca hemos tenido. Las galerías que aguanten, que creo que van a ser dos, será con las ventas que realizan fuera en ferias. Por ejemplo, EspaiVisor podría estar en Berlín o en Motilla del Palancar, no le sirve de nada estar en Valencia, si está aquí es circunstancialmente. Eso es lo que le ha pasado a Valle Ortí, que nosotros estábamos haciendo un esfuerzo tanto físico como económico por tener un espacio aquí, pero hay cosas que ya no tienen sentido, ya no. Durante un tiempo sí lo tenía, pero cuando ya has cogido la velocidad de crucero que te permite estar donde tienes que estar no puedes ir hacia abajo, no puedes ir hacia atrás. En España una galería fuera de Madrid es difícil que pueda aguantar y yo a Madrid no me quiero ir. Como decía mi abuela, para hacerla “ben grossa”, si te vas vete.

¿Cuantas ventas has hecho a museos o colecciones dependientes de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia?

Una vez, una sola venta en doce años, hasta este año en ARCO que compraron a todas la galerías valencianas. Dos ventas en total a las instituciones públicas valencianas.
En una ocasión el IVAM compró toda una serie de la artista Cristina Lucas que yo había expuesto en la galería, pero la compra la hicieron a través de la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Cuando necesitaron la información de la obra de Cristina Lucas no se la pidieron a Juana de Aizpuru, me la pidieron a mí, que ya es para echarse a llorar. Esa compra habría supuesto mucho para Valle Ortí, por una parte como crédito de la galería frente a la artista, además de una inyección de dinero importante que te aseguro que Juana de Aizpuru no la necesita. Esa es la realidad de esta ciudad, es como vivir en una familia desestructurada en la que tu padre es alcohólico y tu madre es ludópata y ves que tu única opción es irte de casa. Esto es lo que sucede en Valencia. La gente que maneja esto están enfermos de ambición o no sé exactamente el mal que tienen, pero esto es un desgobierno. Es una tras otra y debilita, no ya como galerista sino como ciudadano. He tenido cuatro negocios en Valencia y no invierto ni un euro más, ni un minuto más.

¿Cuantas veces has recibido en tu galería la visita de directores de museos valencianos y de responsables políticos en materia de cultura?

Dos visitas en doce años, y porque había un evento organizado por todas las galerías y era casi ineludible hacerlo, la otra vez fue la noche que se inauguró la temporada el año pasado.

 ¿A que crees que se debe esa desatención?

A que les da completamente igual todo. No tienen respeto, no tienen educación, no tienen consideración ni interés. Esto es como un cortijo, “ella” (refiriéndose a la directora del IVAM) compra lo que le da la gana sin ningún tipo de asesoramiento, hace las exposiciones que quiere… no está cualificada para nada de esto. Les da completamente igual. Ni siquiera tienen el respeto de pasar por las galerías valencianas, es tan flagrante la poca consideración y lo poco que les importa esta ciudad y el mundo del arte que no cumplen ni el mínimo canon de visitas y cortesía. En el polo opuesto te encuentras museos como Artium, dirigido por Daniel Castillejo, que está al pie de la calle, que es capaz de venirse de Vitoria a Valencia para la inauguración de un artista que le interese, que conoce a todos tus artistas, que sabe cuales son sus proyectos, que pregunta para saber de aquellos a los que no conoce. Ese museo que tiene mucho menos presupuesto que el IVAM está compuesto por gente joven, gente inquieta, gestores con ganas, con inauguraciones que concitan a profesionales de toda España, comisarios, galeristas, críticos, artistas… Cuando comparas las exposiciones que hacen con las que hace el IVAM es terrible. No puede usar el museo como si fuera suyo, y ella lo hace. Yo no voy en contra de un partido, de un museo ni de una señora, estoy en contra de lo que pasa. La gente se tiene que dar cuenta de que esto es insostenible.

Se ha hablado mucho del progresivo desprestigio del IVAM en los últimos años, ¿qué opinión tienes?

El IVAM no puede estar más desprestigiado. Lo sabe todo el mundo en Valencia, en España y fuera de España. El IVAM es como un pollo sin cabeza. No te sabría citar una exposición del IVAM, la última que recuerdo es de James Turrell y fue hace ya unos años. No va nadie al museo, nadie te dice voy a ir el domingo al IVAM. Vas a ver más arte en el rastro que en el IVAM. El desprestigio es total. Da igual que haya dinero o que no haya dinero. Las cosas se pueden hacer bien o mal y ella ha decidido hacerlas mal. Cuando decides comprar de golpe artistas chinos de ese modo, cuando haces exposiciones en el museo a tu peluquero o a tu diseñador, cuando metes a tu hijo en bienales… Hacer las cosas de ese modo es como quien va al rastro y compra lotes de vinilos y por uno de Mozart te dan otro de Georgie Dann. Ella misma se ha puesto el adjetivo y es impresentable, es sangrante, es doloroso. A ella la acuso directamente de gran parte de lo que pasa. Ella podría haber hecho muchas cosas y no las ha hecho. Ahí estamos.

¿En que medida crees que afecta a las galerías de arte valencianas la devaluación del IVAM?

Directamente, porque tiene una implicación total. El IVAM era la imagen de la ciudad, era el buque insignia. Eso nos da y nos quita. Se supone que las galerías tendríamos que ir de la mano del IVAM y tendría que contar con nosotros. El IVAM tiene que tener un contacto con la ciudad, tiene que hacer un patriarcado con las galerías y mantener una relación tanto con artistas nacionales como con artistas internacionales. El IVAM tiene que dar oportunidades a los jóvenes artistas valencianos y ayudar a consagrar a los que ya tienen un trabajo. Un museo como el IVAM, que tiene en sus fondos obras de artistas que nadie sabe quienes son, es alucinante que no tenga obras de artistas valencianos como Xisco Mensua, Mira Bernabeu o Chema López. Es increíble, porque además los ha visto crecer. Se pueden realizar millones de actividades donde los artistas participen, el IVAM debería dirigir la política cultural. Con un IVAM completamente despótico y prepotente como el que tenemos todo eso se enturbia y no se consigue nada. No se puede meter la cabeza en el agua porque no se ve. Otra ciudad sería Valencia si el IVAM hubiera hecho en estos años todo lo que en realidad ha dejado de hacer.

 ¿Cómo ves la situación artística y cultural en Valencia?

Muy mal. Vamos a ver, la situación artística la veo bien en cuanto a que en Valencia hay un gran potencial a todos los niveles, hay una gente increíble. Pero ese potencial increíble no se ha podido desarrollar como en otros sitios. Veo grupos de artistas que representan al País Vasco, Madrid o Andalucía que lo han tenido más fácil que aquí. No hemos sabido encontrar el camino, aunque creo que hemos tenido más obstáculos que en el resto de España y no solo a nivel artístico, también a nivel musical, etc. A nivel intelectual alternativo le veo un gran potencial, dentro del zombieland en el que vivimos, dentro de esta plaza sitiada, de esta casa tomada, hay un 5% que resiste. Cada vez se van a ir más, yo cada diez días tengo una despedida de alguien que abandona Valencia. Se ha trabajado mucho para aguantar. A mi me ayudaron mucho Tomás March y Pep Benlloch, pero no se ha podido. Se ha intentado pasar el testigo pero llega un momento en el que deja de tener sentido. Mi proyecto aquí es inviable y más con el tiempo que viene. Hay gente como Álvaro de los Ángeles que después de tanto tiempo ha tenido que volver a trabajar en una galería, porque no era capaz de vivir como crítico, a pesar de ser un crítico extraordinario. ¿Quién escribe mayoritariamente en los catálogos de las instituciones públicas valencianas y a quien se encarga los comisariados? Habitualmente a momias totalmente alejadas de la realidad. Son todo continentes sin contenidos, catálogos que son carne de reciclaje, sin sentido. No se cuenta con la gente cualificada, muchos ya se han ido, pero aún quedan. Quedan artistas jóvenes que creo que son muy buenos, pero no se cuenta con ellos, como tampoco se cuenta con los jóvenes críticos y comisarios ni se ha contado con las galerías. No se cuenta con nadie y al final la gente tiene que hacer trabajos de guerrilla desde espacios non profit, con cero presupuesto, pidiendo los marcos a no se quién y haciéndolo todo por amor al arte. Pero por amor al arte uno se cansa, no puede ser así toda la vida. No puede haber artistas lavando platos, deberían tener menos obstáculos. La gente está preparada, pero no se cuenta con ella. La vida cultural la veo insuficiente. La gente con dinero no quiere apoyar la cultura, quiere coches, quiere eventos, pero no quiere eso y sin ese apoyo no se puede mantener el sistema del arte. La oferta cada vez será menor.

¿Alguna sugerencia a quienes tienen en sus manos la posibilidad de marcar una nueva hoja de ruta?

Sí, que sean más humildes, muchísimo más humildes. Que salgan a la calle y tengan contacto con la vida cultural valenciana. En cuanto hagan un pequeño esfuerzo van a recibir mucho más de lo que están dando. Que intenten colaborar con los artistas, que intenten hacer exposiciones que tengan sentido, que no quieran dirigirlo todo. Que vean los proyectos que hay, que consulten con otra gente, que sean menos caciques. Por ejemplo, que pregunten a Nuria Enguita, a José Luis Pérez Pont, a Álvaro de los Ángeles qué podría hacerse en el Centro del Carmen. Se podrían hacer cosas con sentido que implique a los profesionales y coleccionistas valencianos, en vez de traer colecciones de no sé donde que nadie se entera. Que vean la temperatura de la ciudad, que pidan consejo… pero es que no lo van a hacer. Que abran los ojos, porque los tienen cerrados. Pero no lo van a hacer. En Valencia la gente tiene que dar un paso al frente y decidir el tipo de ciudad que quiere, la ciudad tiene que despertar.

¿Qué retos te planteas para tu nueva etapa al frente de la Y Gallery en Nueva York?

Quiero imprimirle un poco del carácter de Valle Ortí. Esta galería que está ubicada en Nueva York y muy enfocada a Latinoamérica, quiero imprimirle un carácter más europeo a nivel artístico, de coleccionistas y de estilo. Nuestra galería siempre ha sido una galería que no ha sido como otras galerías españolas, hemos intentado incorporarle una estética de artistas nórdicos, nuestro proyecto ha sido un proyecto muy personal, creo que allí puede encajar muy bien. Mis objetivos son internacionalizarla un poco más. Básicamente trabajar, porque a mí este trabajo me encanta. A mí las semanas se me hacen cortas. Creo que va a ser más fácil y más difícil. Más fácil porque voy a tener una respuesta inmediata de la gente y más difícil porque voy a tener que trabajar muchísimo más. Mi objetivo es también intentar hacer ARCO, quisiera lanzar puentes entre los dos proyectos, linkearlo todo. Definirlo y seguir desarrollando el proyecto que aquí se había quedado finito. Tirar para delante y seguir lo que han sido estos últimos diez años de Valle Ortí. Hemos estado formándonos para lo que viene, para cada vez hacerlo mejor. Cada vez que volvía de la feria de Basel miraba y veía que la galería era mejor que el año anterior. Es seguir con esa inercia, pues aunque la galería ha ido evolucionando, en Valencia habíamos entrado en una inercia que no era agradable y me estaba desgastando mucho. Tengo 41 años y me quiero comer el mundo, lo necesito. Quiero acción.

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo