El cine español disemina su acento por Italia

XI Festival del cine español de Italia
Diversas ciudades italianas
Del 3 de mayo a diciembre de 2018

La 11ª edición del Festival del cine español de Italia, que se celebra entre mayo y diciembre de 2018 en casi una veintena de ciudades (Roma, Venecia, Treviso, Trento, Trieste, Perugia, Campobasso, Senigallia, Turín, Milán, Génova, Boloña, Florencia, Padua, Bérgamo, Cagliari, Reggio Calabria), arranca en Roma el próximo 3 de mayo y se llevará a cabo en todo el territorio italiano a través de un circuito dedicado a la circulación y a la difusión de cine español asentado en el territorio.

Esta edición, cuya imagen oficial es obra de la fotógrafa Isabel Muñoz, ha sido organizado por EXIT media y la Oficina Cultural de la Embajada de España en Italia, y cuenta con el apoyo de Regione Lazio, la Real Academia de España en Roma, el Instituto Cervantes Italia, y Acción Cultural Española (AC/E), gracias a su Programa para la Internacionalización de la Cultura Española (PICE) en la modalidad de Movilidad, por el que este año el festival contará con la presencia de numerosos profesionales del sector como Ángela Molina, Verónica Forqué, David Trueba, Ana Asensio, Pepón Nieto, Adelfa Calvo, Bruna Cusí o Agustí Villaronga, entre otros.

El Festival, dirigido por Federico Sartori e Iris Martín-Peralta, presenta quince títulos en rigurosa versión original subtitulada. En esta ocasión serán Invitadas de Honor dos actrices: Ángela Molina en Roma, cuya estrecha relación con Italia a lo largo de su carrera la ha vinculado con este país y, con los directores de cine italianos Gillo Pontecorvo, Elio Petri, Marco Bellocchio, Tornatore o los hermanos Taviani; y, en Trento, Verónica Forqué, símbolo y referencia del cine europeo gracias a sus inolvidables interpretaciones de la mano de Berlanga, Almodóvar o Fernando Trueba en la oscarizada ‘Belle époque’.

El Festival en Roma se inaugurará con la cinta ‘Perfectos Desconocidos’, de Álex de la Iglesia, remake de la película italiana ‘Perfetti Sconosciuti’, de Paolo Genovese, y estará presentada por el actor Pepón Nieto. La sección principal, La Nueva Ola, que presenta las últimas tendencias del cine español contemporáneo, contará en las diferentes ciudades con títulos como ‘Contratiempo’, de Oriol Paulo; ‘El Autor’, de Manuel Martín-Cuenca (que será presentada en Roma por Adelfa Calvo, ganadora del Goya 2018 como Mejor actriz de reparto; ‘Most Beatiful Island’, opera prima de Ana Asensio, que estará presente también en Roma para el Evento de clausura; ‘Estiu 1993 (Verano 1993)’, de Carla Simón, que contará en Perugia con la presencia de Bruna Cusí, Premio Goya 2018 como Mejor actriz revelación; ‘Incerta Glòria’, de Agustí Villaronga, que presentará la película en Campobasso; y ‘Demonios tus ojos’, de Pedro Aguilera, que acudirá a las etapas del Festival en Venecia y Treviso.

El Festival en Roma, que finaliza el 8 de mayo, rinde además homenaje a David Trueba, flamante ganador del Premio del Jurado en el Festival de Málaga, que visitará la ciudad eterna con ocasión del lanzamiento en Italia de su última novela, ‘Tierra de Campos’.

En la segunda mitad del año, otros profesionales y nuevos títulos se sumarán a las diferentes citas del Festival.

El programa cuenta también con la sección La Nueva Ola Latinomericana, una ventana hacia este continente que presentará cuatro largometrajes: ‘La Educación del Rey’, opera prima di Santiago Esteves (Argentina), ‘Una mujer fantástica’, de Sebastián Lelio (Chile), ‘Poesía sin fin’, de Alejandro Jodorowsky (Chile) y ‘As duas Irenes’, de Fabio Meira (Brasil).

El Festival del cine español de Italia se inaugurará en Roma con la cinta 'Perfectos Desconocidos', de Álex de la Iglesia. Fotografía cortesía del festival.

El Festival del cine español de Italia se inaugurará en Roma con la cinta ‘Perfectos Desconocidos’, de Álex de la Iglesia. Fotografía cortesía del festival.

 

Gervasio Sánchez preside el Helie Memorial

Conferencia de Gervasio Sánchez
V Concurso Internacional de Fotografía Helie Memorial
Casa de Cultura de Villena
Plaza Santiago, 7. Villena (Alicante)
Viernes 12 de febrero de 2016, a las 20.00h

El prestigioso fotorreportero Gervasio Sánchez, presidente del jurado de la V edición del Concurso Internacional de Fotografía Helie Memorial, impartirá el 12 de febrero (20.00h) una conferencia abierta al público en la Casa de la Cultura de Villena. La conferencia, que precederá a la deliberación y fallo del jurado al día siguiente, ofrecerá a los asistentes una oportunidad única para conocer de primera mano la opinión de Sánchez sobre asuntos de actualidad como la crisis migratoria desde Siria e Irak.

Fotografía de Duna Canyet Gifreu. I Premio de la primera edición del Helie Memorial.

Fotografía de Duna Canyet Gifreu. I Premio de la primera edición del Helie Memorial.

El fotógrafo cordobés, especializado en captar el drama humano que generan los conflictos armados, ha sido galardonado con premios como el Ortega y Gasset de Periodismo en la categoría gráfica (2008), el Premio Nacional de Fotografía (2009) y el Premio Internacional Jaime Brunet a la promoción de los Derechos Humanos 2014, por citar solo algunos.

Tras la publicación de su libro ‘Vidas minadas’ en 1997 fue nombrado Enviado Especial de la UNESCO por la Paz por el “extraordinario testimonio que ofrece del calvario que padecen las víctimas de las minas antipersonas y por su infatigable promoción de una cultura de paz al sensibilizar a la opinión pública mundial sobre la necesidad de proscribir estas armas y de ayudar a los mutilados a reinsertarse en su vida cotidiana”. Gervasio Sánchez es conocido además por su defensa del periodismo honesto y su crítica a los gobiernos que se lucran con la venta de armamento a los países en guerra.

Fotografía de Manuel Jesús Pineda. I Premio de la segunda edición del Helie Memorial.

Fotografía de Manuel Jesús Pineda. I Premio de la segunda edición del Helie Memorial.

El jurado del V Concurso Internacional de Fotografía ‘Helie Memorial’ se completa con otros dos reconocidos profesionales. Camilla de Maffei (Cles, Italia, 1981), finalista de Photo Press en 2013 que ha explorado en profundidad la temática de la mujer y las definiciones de fronteras y periferias en el contexto político y geográfico europeo.

El último miembro del comité de selección es el profesor y artista contemporáneo Carlos Balsalobre (Alicante, 1970), cuya obra se caracteriza por el empleo de la fotografía con criterios plásticos. En anteriores ediciones, el jurado del concurso ha estado presidido por fotógrafos como Chema Madoz, Ouka Leele, Isabel Muñoz y Cristina de Middel. La deliberación y fallo del jurado podrá seguirse en streaming el 13 de febrero a través de la página www.heliememorial.com.

Obra de Helena Ferrando. I Premio de la tercera edición del Helie Memorial.

Obra de Helena Ferrando. I Premio de la tercera edición del Helie Memorial.

Bases de la convocatoria

Podrán participar en el concurso personas de cualquier nacionalidad o residencia.

Cada participante podrá enviar hasta 4 fotografías inéditas que versen sobre el tema de ‘La mujer viajera’. La técnica de las fotografías es totalmente libre.

El plazo límite para la entrega de trabajos será el 8 de febrero de 2016.

La participación en el concurso no ha dejado de crecer con cada edición. En 2015 se presentaron más de 1000 obras de 470 autores procedentes de 22 países de todo el mundo.

Las bases de la convocatoria, que pueden consultarse en la página web de Helie Memorial, establecen tres premios de 2.000, 1.000 y 500 euros respectivamente, así como un reconocimiento específico para el Mejor Participante Extranjero y otro al Mejor Participante Local (ambos dotados con 500 euros).

La entrega de premios se llevará a cabo el 5 de marzo en la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura de Villena. Las obras premiadas y seleccionadas formarán parte de una exposición que acogerá este mismo centro hasta el 3 de abril.

La organización Helie Memorial, constituida por la familia de Helie Salas y la sociedad fotográfica de Villena, fundó este certamen en el año 2011 con la finalidad de promover el arte de la fotografía y, en última instancia, ceder todas las obras ganadoras (y una de cada presidente del jurado) para su venta benéfica a favor de la Asociación Nacional de lucha contra el Cáncer.

Fotografía de Roberto Milán.  I Premio de la cuarta edición de los Helie Memorial.

Fotografía de Roberto Milán. I Premio de la cuarta edición de los Helie Memorial.

Cara a cara. La fuerza del retrato en la fotografía

Fundación Foto Colectania. Cara a cara
Julián Romea, 6. Barcelona
Hasta el 13 de febrero de 2016

La Fundación Foto Colectania muestra desde el 6 de octubre la fuerza del retrato en la fotografía a través de una selección de más de cien obras de 49 fotógrafos de su colección, algunas de las cuales se presentan por primera vez al público. La diversidad de esta selección nace de sumar al retrato de estudio – la aproximación más común sobre este género – la instantánea de la fotografía de calle. El principal objetivo de esta exposición colectiva es enseñar al público destacados ejemplos de fotografía española y portuguesa desde la década de los cincuenta hasta la actualidad. Una licencia que permite descubrir trabajos que se acercan a la temática desde ópticas tan diferentes, y a veces tan opuestas, como la racionalidad, el control, la complicidad, la espontaneidad o el azar.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

El retrato está contemplado a veces como un enfrentamiento en el que el fotógrafo debe vencer, como es el caso de Humberto Rivas; otras veces como un proceso de seducción, como en las fotografías de Leopoldo Pomés; o una experiencia tan intensa como entrar en trance. Este último es el caso de Alberto García-Alix que en palabras propias describe: “A mí, las fotos que realmente me gustan son las que hago cuando estoy en trance. Si no he vivido ese trance, si la sesión ha sido anodina, las fotos podrán resultar buenas, pero no tendré la sensación de haberlas hecho.”

El retrato es uno de los géneros más atractivos del medio porque remite a algo muy próximo: nosotros mismos y los otros. La tendencia de los fotógrafos a prestar atención a los detalles les convierte en diestros analistas de las miradas y de los gestos; ellos saben captar como nadie la manera de posicionarnos, la gestualidad corporal que nos identifica y nos delata. Por todo ello, las obras de esta exposición se agrupan alrededor de dos elementos que concentran la atención de los fotógrafos cuando se enfrentan al cara a cara con el retratado: la mirada y el cuerpo. El espectador vivirá la experiencia de verse envuelto y rodeado de una infinidad de miradas: directas, provocadoras, esquivas, cruzadas, miradas que se esconden. Junto con ellas, los autorretratos: la mirada del fotógrafo sobre sí mismo.  Seguidamente, el espectador se encontrará con una serie de fotografías caracterizadas por la expresividad de los cuerpos, que también nos miran y que nos hablan con sus gestos.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

La exposición «Cara a cara» no pretende ser un recorrido por el género del retrato en la fotografía, pero sí quiere mostrar ejemplos destacados de fotografía española y portuguesa desde los años cincuenta hasta la actualidad a través de la colección de la Fundación Foto Colectania. Presentada ya en varios municipios de Barcelona gracias a un programa de itinerancias organizado por la Diputació de Barcelona, «Cara a cara» culmina con su presentación en la propia ciudad después de estar revisada y ampliada para esta ocasión.

Autores participantes:
Helena Almeida, Manel Armengol, Atín Aya, Javier Campano, Vari Caramés, Josep Maria Casademont, Gérard Castello-Lopes, Juan Manuel Castro Prieto, Francesc Català-Roca, Toni Catany, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Ricky Dávila, José Miguel de Miguel, Jordi Esteva, Manuel Ferrol, Eugeni Forcano, Albert Fortuny, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero, Francisco Gómez, Inês Gonçalves, Fernando Gordillo, Jorge Guerra, Cristóbal Hara, Gloria Giménez, Fernando Lemos, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Jorge Molder, Nicolás Muller, Isabel Muñoz, Francisco Ontañón, Carlos Pérez Siquier, Leopoldo Pomés, Jorge Ribalta, Xavier Ribas, Humberto Rivas, Pablo San Juan, Gervasio Sánchez, Rafael Sanz Lobato, Alberto Schommer, António Sena da Silva, Ricard Terré, Miguel Trillo, Javier Vallhonrat, Antoni Vidal, Virxilio Vieitez.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

La Fundació Foto Colectania es una entidad privada sin ánimo de lucro (nº reg. 1554) que se inauguró en Barcelona en el año 2002 y cuya finalidad es difundir la fotografía y el coleccionismo a través de exposiciones, actividades (coloquios, seminarios, viajes) y la edición de catálogos. Foto Colectania cuenta además con una colección de fotografía que reúne más de 2.000 obras de autores españoles y portugueses desde 1950 hasta la actualidad. Además, dispone de una biblioteca de consulta libre y de una cámara de conservación donde se guarda el fondo fotográfico, el archivo de Paco Gómez (donado por su familia en 2001) y el depósito de una parte de la colección de Juan Redón.

Isabel Muñoz, a todo color en Centro Niemeyer

‘A todo color’, de Isabel Muñoz
Organizada por diChroma photography
Centro Niemeyer
Avda. del Zinc, s/n. Avilés
Hasta el 16 de noviembre

El Centro Niemeyer de Avilés acoge la exposición de Isabel Muñoz ‘A todo color’, que muestra 30 fotografías a color muy poco conocidas junto a otros ocho platinos en blanco y negro, de piezas más populares. Las imágenes a color, varias de ellas platinotipias, pertenecen a las series Etiopía (2002), Omo River (2005), Amor y Éxtasis (2008) y Mitologías (2012). En ellas la fotógrafa barcelonesa pasa de la fascinación por los cuerpos desnudos de los Omo y los Surma de Etiopía a la exhibición del dolor en las extremas prácticas religiosas de la cofradía Al Qadiriya en Iraq que, por otro lado, despiertan en el espectador ecos de la iconografía religiosa occidental.

Favorecidas por la sensualidad y delicadeza de la impresión de platino en gran ―incluso, muy gran― formato, las fotografías en blanco y negro de Isabel Muñoz resultan inconfundibles. Presentan, de serie en serie y de viaje en viaje, bailes tan diferentes como el tango, el flamenco, el ballet clásico cubano o la danza del vientre, mezclándolos sin problemas con instantáneas de toreros, luchadores turcos, monjes voladores chinos y acrobáticos capoeiristas brasileños. Estas imágenes, en toda su elegancia nada presuntuosa, encuadradas con una precisión tan quirúrgica que son capaces de recrear la idea de movimiento, nos hablan, colocadas unas al lado de otras, de una fascinación por el cuestionamiento del cuerpo erotizado tan intensa como su atención por las vibraciones de la luz. No cabe duda: Isabel Muñoz es una de las fotógrafas en blanco y negro más sabias y sutiles que hay.

Obra de Isabel Muñoz, de su serie Mitologías. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Obra de Isabel Muñoz, de su serie Mitologías. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Pero existe sin embargo, más allá de sus trabajos para revistas, una parte importante y muy poco conocida de la obra de Isabel Muñoz realizada en color. Si aproximamos dos series, que podríamos pensar opuestas, relacionando así dos técnicas de revelado que no tienen aparentemente nada en común, podemos vislumbrar la naturaleza del color en una artista que no cesa de explorar. La serie más espectacular es la que, al precio de mil riesgos y otras tantas trampas burladas, nos introduce en las prácticas de una cofradía religiosa, la de Al Qadiriya, redescubierta en Iraq, donde los adoradores de Alá entran en trance, se evaden de su cuerpo y no sienten dolor alguno cuando se sajan con cuchillas de afeitar que luego engullen, caminan impertérritos sobre montones de vidrio machacado o se perforan impávidos las carnes.

Resulta impresionante, más por los hechos y actos a los cuales nos remite que por el posicionamiento de la fotógrafa, que no se sabe cómo puede seguir, en un ambiente tan delirante, encuadrando con precisión y acercándose a la materialidad de las texturas y de las pieles. Sentimos aquí rápidamente los ecos de la gran pintura clásica, la misma que nos ha sido provista con abundancia desde iglesias y museos y que viene aquí servida en revelados fotográficos clásicos que nutren la profunda intensidad de los tintes y la estridencia de algunas carnaduras incendiadas por la luz. Visualmente, estos «locos de Dios» no son muy diferentes a los mártires y otros santos del catolicismo más exacerbado.

Frente a esto, las hieráticas figuras de los Surma o de los Omo de Etiopía también dialogan con la pintura. Para empezar, porque estos pastores guerreros de las altas mesetas se pasan el día pintándose el cuerpo, inventando paisajes en sus espaldas, transformando sus rostros y manos en escritura, luciendo a veces sencillas y ricas joyas de oro o de conchas, envolviéndose con simples y raídos trapos como si de chales de una gran elegancia se tratara. Pero también porque el tratamiento dado, entre retratos y detalles corporales, afirma una misma intensidad lumínica que permite que los trazos de color surjan suavemente de la fineza del grano de la piel.

El tono mate de las increíbles impresiones de platino en color permite recrear toda suerte de sutilezas materiales y tonales ―dan ganas de tocar―, mitiga el aspecto más decorativo o frívolo y, paradójicamente, intensifica en semitintado el efecto cromático. Entonces, y esto es lo que aproxima a estas dos series en su propia naturaleza, el color se convierte en el protagonista mismo de la fotografía, más allá de las temáticas representadas. Pues nos hallamos, en los dos casos, ante fotografías de color y no sólo ―lo que es atribuible a la pura técnica― ante fotografías en color.

Otra prueba de la unidad en una obra que se presenta a menudo por tramos, series, destinos, es que estos dos conjuntos tan distantes nos reenvían de nuevo a la cuestión del cuerpo y de su representación. Entre la soberbia desnudez de los africanos y el deseo de dolor para alcanzar el éxtasis de los místicos, se da ―como en dos polos que se atraen y se repelen― ese misterio de la forma que toma cuerpo, siempre en busca de una forma de placer.

De momento, el hallado por nuestra mirada es total, nutriéndose de los matices de una paleta que parece ilimitada en sus variaciones, siempre insatisfecha pues busca una totalidad que no sabemos si se halla en el exceso o bien en el absoluto de la tranquilidad reafirmada.

Detalle de una de las obras de Isabel Muñoz. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Detalle de una de las obras de Isabel Muñoz. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Christian Caujolle

Valencia se llena de ‘Vidas gitanas’

Vidas gitanas
Organizada por Acción Cultural Española, Fundación Instituto de Cultura Gitana y
Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana
Comisarios: Joaquín López Bustamante y Joan M. Oleaque
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 4 de mayo

Primero fue el director del Instituto de Cultura Gitana, Diego Fernández, quien se refirió a la exposición de Vidas gitanas en Valencia como “la más completa de todas”. Ni Budapest, ni Viena, ni Lisboa, ni Granada, ni Madrid: ¡Valencia! Lo cual demostraba, en su opinión, la raigambre de la cultura gitana en territorio valenciano. Luego fue el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, quien se fue encendiendo en su defensa de la cultura caló, hasta el punto de reivindicar la igualdad de la mujer gitana en el terreno laboral. Y entre unos y otros convirtieron el Centre del Carme, donde se inauguraba Vidas gitanas, en un improvisado foro de ensalzamiento gitano.

Asentamiento gitano junto a la Plaza de España.Década 1920. Archivo Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Asentamiento gitano junto a la Plaza de España.Década 1920. Archivo Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como dice Juan de Dios Ramírez-Heredia, en el catálogo de la exposición, ese cambio en la percepción de la cultura gitana sólo se dará cuando converjan dos comportamientos igual de arraigados en la opinión pública. Por un lado, “la voluntad manifiesta de los propios gitanos de superar siglos de separación”. Y, por otro, “que los medios de comunicación no difundan informaciones que…puedan crear o fomentar una imagen de los gitanos que no se corresponde con la real”. Es decir, que ni se trata de identificar al gitano “con todos los vicios y comportamientos incívicos”, ni de describirlos como “los mejores cantaores, bailaores o toreros como si se tratase de cualidades intrínsecas a nuestra manera de ser”.

Fotografía de Colita. La singla, 1963. Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Colita. La singla, 1963. Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alberto Fabra, quien sabe si contagiado por el apasionado discurso de Diego Fernández (“la Comunidad Valenciana también es gitana”), pareció inflamarse de la segunda acepción descrita por Ramírez-Heredia, como queriendo dejar bien claro su rechazo a la identificación primera. Ni tanto ni tan calvo. El justo equilibrio hay que buscarlo precisamente en la muestra Vidas gitanas, cuyas más de 300 piezas exhibidas hablan por sí solas de un modo más ecuánime que el empleado por el máximo mandatario de la Generalitat. Piezas entre las que se halla la primera edición del Romancero Gitano, autografiada por Federico García Lorca y nunca antes expuesta, o la Pastora Imperio de Mariano Benlliure.

 

Fotografia de David George. Manolito de María, cantaor. Flamenco Project. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografia de David George. Manolito de María, cantaor. Flamenco Project. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vidas  gitanas, comisariada por Joaquín López Bustamante y Joan M. Oleaque y organizada por Acción Cultural Española y la Fundación Instituto de Cultura Gitana, lleva por subtítulo Lungo Drom o Largo Camino, en lenguaje caló. Un camino tan largo como “complicado” para la historia del pueblo gitano que, sin embargo, no hace de la exposición una muestra “victimista, sino positiva”, subrayó Diego Fernández, quien recordó al desaparecido Carlos Pérez como uno de los principales artífices de Vidas gitanas, “una exposición parida por valencianos”. Un parto en el que abundan las referencias a personajes tan ilustres como Camarón, Carmen Amaya, Peret, La Chunga o la propia Pastora Imperio, junto a imágenes de la vida cotidiana de los gitanos, “muy poco conocida”.

Fotografía de Isabel Muñoz en la exposición 'Vidas gitanas'. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Isabel Muñoz en la exposición ‘Vidas gitanas’. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese desconocimiento, propiciado de nuevo por el conjunto de estereotipos divulgado, pretende ser paliado mediante Vidas gitanas. A ello contribuyen las fotografías de Cristina García Rodero, Isabel Muñoz o Jesús Salinas, cuyas imágenes nos acercan una visión atemperada del gitano “cantaor, bailaor o torero” referida por Ramírez-Heredia. En ese sentido, la exposición tampoco obvia este aspecto del pueblo gitano, pero introduce matices que obligan a ampliar la estrecha percepción que desde el mundo payo se tiene. Como afirmó Diego Fernández, “no hay línea de separación entre payos y gitanos, sino entre racistas y no racistas”. La exposición recoge imágenes que trazan la dilatada historia de los gitanos, desde la primera referencia de su llegada a España en el siglo XV, hasta la promoción de su cultura mediante películas con temática andaluza en la época franquista. En algunas vitrinas se pueden ver objetos característicos, libros, discos y hasta una Constitución Española traducida al romanó-kaló de la Biblioteca del Instituto de Cultura Gitana.

Fotografía de Cristina García Rodero en la exposición 'Vidas gitanas'. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Cristina García Rodero en la exposición ‘Vidas gitanas’. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Salva Torres

Adsuara, el mayor coleccionista de cuerpos

El cuerpo de la fotografía
Colección de Alberto Adsuara

No hay otra igual. No, al menos, de imágenes sobre el cuerpo y el desnudo contemporáneos. Alberto Adsuara posee tan inigualable colección de más de medio millar de fotografías, realizadas por autores prestigiosos y grandes fotógrafos, tras años de intenso intercambio, búsqueda y captura. La colección destaca no sólo por su cantidad, sino por lo que el propio Adsuara considera primordial: “El conjunto posee una alta calidad debido a la excelencia de las imágenes seleccionadas”. Por eso junto a autores de la talla de Toni Catany, Sally Mann, Alexis Edwards o Isabel Muñoz, figuran otros que por su sobresaliente trabajo profesional rayan a igual altura: Pedro Hernández, Paco Moltó, Joaquín Collado, JAM Montoya, Miguel de Miguel, Juan Manuel Castro Prieto, Mariano Vargas o Manuel Sonseca.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

La mayoría de esas fotografías que se refieren al cuerpo, en sus diversas modalidades representacionales, son fotografías analógicas en toda su amplitud. Otro hecho destacable de la colección. “Son fotos positivadas en papel químico a partir de un negativo de celuloide y, por tanto, fotografías irrepetibles”. Es decir, que no hay dos iguales y encima con la notable peculiaridad de que, como subraya Adsuara, “ya hace años que nadie copia en químico”. “Son fotos vintage que adquieren después en subastas los precios más altos”. Y pone como ejemplo las dos imágenes que tiene de Sally Mann, cuyo valor rondaría los 15.000€ cada una.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

SIN TRADICIÓN FOTOGRÁFICA

Para denominar su colección, Adsuara ha optado por El cuerpo de la fotografía. ¿Por qué ése y no el más directo de El cuerpo en la fotografía? “Es más ambiguo el primero”, dice, para redondear la respuesta con otra pregunta: “¿La fotografía de un cuerpo se parece más un cuerpo o a otra fotografía?”. Y así, mediante ese cuerpo a cuerpo de unas fotografías con otras, es como Alberto Adsuara ha ido montando tan singular colección, apenas vista públicamente. Sólo Railowsky y una sala de Vinaroz perteneciente a la Universidad Jaume I han tenido el privilegio de una reducida exhibición.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

“No ha habido tradición fotográfica en España, tal y como ha existido en Francia, Inglaterra o Dinamarca”, afirma quien hace tres años dejó la profesión de la fotografía “porque no daba más de sí y no quería repetir lo mismo”. De manera que su colección está a la espera de que una institución pública o privada se atreva con ella. Lo cual se antoja difícil, no sólo por los tiempos que corren, que se precipitan, sino por el terreno escasamente abonado con que cuenta Valencia. “Mientras en París había cuatro galerías por cada uno de los 16 distritos de la ciudad, aquí apenas contábamos en los 80 con Railowsky, Visor y la Sala Parpalló, hoy desaparecida como tal y en la que Artur Heras hizo un trabajo excepcional”.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

CIUDAD CAINITA

De aquella tímida efervescencia fotográfica (“había cuatro salas dedicadas a la fotografía en toda España y dos estaban en Valencia”), ahora “no queda prácticamente nada”. Los directores de museos, según Adsuara, se han ido cargando el tema de la fotografía (“algunos lo han incluso reconocido”). De hecho, la bienal Fotográfica Valencia, que se celebró de 2006 a 2010, no ha tenido continuidad y, cuando la tuvo, tampoco llegó a contar con el suficiente calado, proyección y cuerpo que, precisamente, tiene la colección de Adsuara. “Somos una ciudad cainita”, remacha.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Mientras tanto, ahí está la estupenda serie de Paco Moltó sobre El Balnerario de Las Arenas, la de Joaquín Collado sobre el barrio chino de Valencia, el autorretrato de Isabel Muñoz, el “increíble” Alexis Edwards, los desnudos siniestros de JAM Montoya, el “menos habitual desnudo” de Castro Prieto, la carnalidad de Pedro Hernández o el excelente trabajo de Toni Catany. Todos ellos esperando algún día ver la luz pública a través de una colección que Adsuara completa, aunque “en tono menor”, con una serie sobre el paisaje y el entorno. Medio millar de fotografías con el cuerpo como protagonista. Una sorprendente historia del ojo en imágenes que cautivan por su alta calidad, su rareza y el misterio de su privacidad.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Salva Torres