Mecenas al rescate de la poesía

21veintiún versos
Revista de poesía

Cerca de un centenar de personas, asociaciones culturales, editoriales y despachos de abogados han aportado dinero para que la revista 21veintiúnversos nazca en Valencia con vocación de perpetuarse en el tiempo. El objetivo, apunta Francisco Benedito, coordinador de la publicación junto a Víctor Segrelles, es “acomodar en sus páginas toda la poesía que seamos capaces”. Lo harán por entregas, ya que siguiendo al pie de la letra el nombre de la revista, en cada número habrá textos inéditos de 20 poetas, acompañados de la obra de un artista plástico de renombre. De hecho, arrancan con una de Jordi Teixidor, Premio Nacional de Artes Plásticas 2014.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

El poeta Juan Pablo Zapater es el director de 21veintiúnversos, para quien la revista surge de la “necesidad de sentirnos cerca de la belleza”. Partiendo de esa necesidad, la propia publicación está concebida como un objeto bello, impreso en offset sobre papel de alta calidad, reproduciendo en su cubierta la obra plástica realizada para cada número por un artista invitado. Carmen Calvo, la que fuera igualmente Premio Nacional de Artes Plásticas un año antes de que lo fuera Teixidor, será la encargada de ilustrar el número 2 previsto para febrero de 2016, dada la periodicidad cuatrimestral de la revista.

“¿Para qué poetas en tiempos de penuria?”, se preguntó Benedito en la librería Ramón Llull, donde se presentó la publicación arropada por algunos de sus mecenas. Zapater, poco antes, había anticipado su respuesta al tomar prestada una frase de Georges Braque, a su vez citado por Rosa María Mateo: “El arte es una herida hecha luz”. A esa herida abierta por la crisis viene a echar luz cicatrizante la revista 21veintiúnversos, nacida igualmente “con el propósito de preservar algo tan trascendente como es el intercambio entre esos mundos interiores que sobreviven aislados, y a veces hasta amordazados, por la sociedad materialista que los rodea”, según explicaron sus creadores a modo de pistoletazo de salida.

Ejemplares del número 1 de 21veintiúnversos.

Ejemplares del número 1 de la revista de poesía 21veintiúnversos.

Como antídoto a ese materialismo, la revista inyecta esas 21 dosis cuatrimestrales de alma en forma de poemas. De hecho, el alma está inscrita en el origen del nombre de la publicación. “Dicen que el alma no es una sustancia medible”, explicó Zapater. Pero echando mano del físico estadounidense Duncan MacDougall, que postuló que el alma humana pesaba 21 gramos a tenor del peso corporal que se perdía tras la muerte, Zapater lo asumió como seña de identidad del proyecto editorial recién nacido: “El autor no muere al escribir el poema, pero sí que se desprende algo de su espíritu”.

Y como 21 son también los poetas y artistas plásticos reunidos en cada número, además de hallarnos en el siglo XXI, todo llevaba al nombre de 21vientiúnversos como corolario final de tanta casualidad. Incluso casual ha sido el éxito a la hora de captar recursos mediante el micromecenazgo. “Ha sido una sorpresa maravillosa”, destacó Segrelles. Los mecenas particulares tienen tres opciones: 20€ y el derecho a un número de la revista; 30€, por dos ejemplares de la revista, y 50€ por un número y la obra del artista firmada y numerada. La gestación del número 2 ya está en marcha y la campaña de micromecenazgo se mantendrá hasta el 15 de enero.

Las voces más sobresalientes de la poesía contemporánea encontrarán su espacio en la revista. Como ejemplo, César Simón, prematuramente fallecido y del que se recoge un texto inédito de su brillante producción. Junto a él, forman parte del primer número Xelo Candel, Fernando Delgado, Almudena Guzmán, Jaime Siles, Pilar Verdú, Roger Wolfe, José Luis Falcó y Marc Granell, estos dos últimos recitando sus propios poemas durante el acto de presentación en la Ramón Llull. La poesía, como apuntó Gabriel Celaya, es un arma cargada de futuro. Gracias, sobre todo, a las balas de los micromecenas.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Salva Torres

¿Personas de ideologías opuestas pueden quererse?

A cielo abierto, de David Hare, bajo dirección de José María Pou
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 10 al 13 de abril

Carl Schmitt dejó dicho que la política consistía en señalar un enemigo al que odiar, trazando así la frontera que permite a los partidos gestionar ese odio. Es una forma moderna de ocupar el sitio dejado por la religión. De manera que allí donde hay ideología se hace prácticamente imposible que cunda el amor hacia un otro diferente. De eso y muchas más cosas trata la obra de David Hare A cielo abierto, que dirigida e interpretada por José María Pou se presenta en el Teatro Olympia de Valencia.

Josep Maria Pou, en un momento de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

José María Pou, en un momento de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

Entre las múltiples interrogantes que plantea la obra, Pou destacó éstas: “¿Es posible que el contexto político pueda llegar a condicionar una historia de amor?” O dicho de otra forma: “¿El intercambio amoroso puede estar condicionado por lo que nos rodea, ya sea el conflicto social o la situación en la propia empresa?” Para terminar planteando otra cuestión de fondo: “¿Es posible que dos personas de ideologías opuestas puedan quererse?” David Hare (Sussex, 1947), autor entre otras de las cinematográficas Las horas, El lector o Herida, no trata de responder a esas preguntas, sino de estimular la reflexión del público.

“No hay mitin, sino reflexión”

Y una de las reflexiones viene del lado del propio Hare, izquierdista irredento y azote del poder que, a pesar de su adscripción ideológica, logra poner en pie la historia de amor entre un capitalista de derechas (“muy de derechas”, subrayó Pou) y una maestra de escuela comprometida con los más desfavorecidos (encarnada por Nathalie Poza). Y lo hace sin que la ideología, vamos a decir que profesa, enturbie su mirada artística. “Su obra no es un mitin ideológico, sino que hace reflexionar al público desde su planteamiento honesto”. De manera que, como insiste Pou, “ni el capitalista es el malo malísimo, ni la maestra el personaje bueno”.

José María Pou y Nathalie Poza, durante la representación de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, durante la representación de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

“En la historia, los malos momentos son cíclicos”

Esa cualidad artística es lo que permite a una obra alcanzar cierta universalidad. De hecho, como recordó Pou, Hare escribió A cielo abierto en 1995, momento en que Margaret Tatcher estaba aplicando su política económica de privatización de los servicios públicos, recortes y despidos. “Por desgracia, en la historia los malos momentos se repiten y son cíclicos”, destacó Pou. De ahí que ahora, casi 20 años después, A cielo abierto siga teniendo más actualidad si cabe que cuando se estrenó. “Es una función que parece escrita para el pueblo español de ahora mismo”, señala el autor catalán, que dijo haberse quedado “conmocionado” cuando vio el montaje por primera vez en Londres.

Enseguida sintió la necesidad de hacerse con los derechos de la obra, que estrenó en 2003 en catalán en el Teatre Romea de Barcelona. Celobert vive ahora una segunda juventud en castellano, con Nathalie Poza y Sergi Torrecilla acompañando a José María Pou en A cielo abierto. El espectáculo narra la “historia de amor y desamor” de dos personas “que se quieren con locura”, a pesar de representar “dos concepciones del mundo radicalmente opuestas”. El capitalismo salvaje y cierto idealismo de izquierdas, frente a frente y, en ocasiones, entreverado. “No se sabe en la función cuándo se habla de amor y cuándo de ideología política”.

José María Pou y Nathalie Poza, en una escena de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, en una escena de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Un sir contra el poder

José María Pou puso también el acento en la condición de sir de David Hare, noble distinción otorgada por el gobierno británico a uno de sus más brillantes autores contemporáneos. “Es sir a pesar de que en sus obras realiza duros ataques al poder”. Ataques puestos en escena en teatros públicos, lo cual subrayó Pou con sana envidia teniendo en cuenta cómo las gastan por estos pagos en materia cultural. Precisamente como contrapunto a esa idea extendida del entretenimiento como cataplasma beatífica contra la crisis, Pou afirmó que sigue apostando por obras que hagan “pensar al público, que de alguna manera los enriquezca”. Y agregó: “En los últimos 15 años he hecho dramas terribles con gran éxito de público”, defendiendo así su idea de que el drama, al igual que la comedia, también puede ser entretenimiento, más allá de la “risa tonta”. A cielo abierto es un buen ejemplo, del que un teatro privado como el Olympia se hace cargo. “El público sale inquieto del teatro”, dice Pou. Y no es para menos.

José María Pou y Nathalie Poza, en un momento de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, en un momento de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Salva Torres